mujeres

La importancia de reconocer los asesinatos de mujeres como crímenes de odio

La principal causa de muerte prematura para las mujeres de todo el mundo son los hombres, pero reconocer este hecho cuesta más de lo que parece.

por Zoe Holman
06 Febrero 2017, 9:54pm

Samantha Sykes tenía 18 años cuando el exnovio de su amiga la engañó para entrar en su apartamento de West Yorkshire y la apuñaló a ella y también a la hermana pequeña de su amiga hasta la muerte.

El incidente, que tuvo lugar en 2012, fue en su momento un objeto de gran interés por parte de los medios, sobre todo porque el culpable era un afgano en busca de asilo político. Pero las víctimas son solo dos entre las casi 1.000 mujeres asesinadas por hombres en Inglaterra y Gales desde 2009, de cuyos crímenes en su mayoría no se han informado.

Según la encuesta de Small Arms, los feminicidios suponen casi el 20% de los homicidios que se cometen en todo el mundo, o en torno a  66.000 mujeres cada año. Documentando las circunstancias de cada asesinato ―incluyendo el autor, su motivo y el arma―, este censo pretende sobre todo otorgar al feminicidio el estatus de crimen de odio, para asegurarse de que las autoridades y los medios se tomen en serio las amenazas de violencia y los asesinatos de mujeres.

Con frecuencia creo que las mujeres y las niñas que son asesinadas se convierten en una estadística.

Otro aspecto fundamental del proyecto es recordar a las víctimas como individuos, mediante testimonios de miembros de la familia de las víctimas. "Con frecuencia creo que las mujeres y las niñas que son asesinadas se convierten en una estadística", indicó Julie Warren-Sykes (madre de Samantha Sykes) mostrando su apoyo al proyecto, que fue publicado por la ONG comunitaria  Women's Aid. "Pero esta base de datos en realidad representa a personas reales... a las que la sociedad les falló".

El sangriento precio de este fallo lleva siendo objeto de estudio desde hace cinco años para Karen Ingala Smith, cuyo blog  Counting Dead Women ha proporcionado las bases para crear el censo.
Las estadísticas del censo de Karen muestran una imagen clara del feminicidio: un crimen que lleva mucho tiempo sin ser reconocido, a pesar de ser la principal causa de muerte prematura para las mujeres en todo el mundo. Muestra que, en promedio, dos mujeres son asesinadas cada semana en el Reino Unido por su pareja o expareja (en el último caso, la mayoría antes de que haya transcurrido un año desde la separación). También muestra que el feminicidio se produce en todos los grupos geográficos, económicos, culturales y educacionales, así como en todos los grupos de edad.

El principal factor de riesgo es, al parecer, la proximidad: el 64% de las mujeres fueron asesinadas por su pareja actual o por una expareja y el resto por un padre, hermano, hijo, compañero de trabajo, empleado, cliente o amigo. Solo una pequeña fracción de los crímenes (menos del 10%) fue cometida por hombres desconocidos.

Pero estas correlaciones tan evidentes a menudo se maquillan en los informes para ocultar que esa violencia está basada en el género. "Con demasiada frecuencia la policía y los medios tratan los asesinatos de mujeres como incidentes aislados 'sin mayor amenaza para el público', en lugar de verlos como un patrón de comportamiento", explica Polly Neate, CEO de Women's Aid, que publica el censo.

"Nadie se ha dedicado a unir la línea de puntos y nadie lo reconoce. Pero es importante indicar la relación entre las víctimas y los asesinos, porque de lo contrario estamos pasando por alto el hecho de que las mujeres están siendo asesinadas con una frecuencia alarmante por las personas en las que más deberían confiar".

La violencia contra las mujeres tiene sus raíces en la misoginia, pero nos resistimos a aceptar ese hecho.

La violencia contra las mujeres sigue siendo una evidente omisión en las legislaciones contra la violencia de odio en países de todo el mundo. En lugar de ello, las definiciones de crímenes de odio parecen abarcar todas las demás categorías de violencia relacionadas con los prejuicios incluyendo la raza, la religión, la discapacidad y la sexualidad.

"No podemos tener miedo a afirmar que las mujeres están experimentando violencia simplemente por ser mujeres", afirma Neate, que apoya la campaña destinada a conseguir que los crímenes contra las mujeres se consideren crímenes de odio en la legislación del Reino Unido. "La violencia contra las mujeres tiene sus raíces en la misoginia, pero nos resistimos a aceptar ese hecho".
Por suerte, algunas autoridades sí se han decidido a denominar crímenes de odio a los crímenes contra las mujeres. La Fuerza Policial de Nottinghamshire, en el Reino Unido, fue objeto de críticas recientemente cuando  amplió sus categorías de crímenes de odio para incluir los incidentes misóginos. 

Ahora definen los crímenes de odio misóginos como incidentes que incluyen "comportamientos de los hombres dirigidos a las mujeres simplemente porque son mujeres", una clasificación que espera que anime a las mujeres a denunciar los abusos o el acoso que podrían no considerarse típicamente como crímenes. Desde entonces, otras fuerzas policiales de toda Inglaterra han  expresado su interés por seguir sus pasos.

Aunque apoya los esfuerzos por conseguir mayor reconocimiento y penas más severas para los crímenes de odio contra las mujeres, Karen tiene sus reservas y considera que centrarse únicamente en las definiciones oficiales podría aislar o apartar mediante la legislación un problema social más endémico. "No son las instituciones las que están creando el problema", afirma. "Las instituciones están conformadas por personas que están sujetas a las mismas normas culturales que nosotros, de modo que se limitan a reflejar las ideas dominantes".

De hecho, el antagonismo ―o directamente el odio― que se muestra hacia quienes defienden las violencia en contra de las mujeres pone en evidencia la omnipresencia de las actitudes misóginas en la sociedad en general. Apenas pasaba un minuto de las 8 de la mañana el día en que se publicó el Censo de Feminicidios cuando las redes sociales empezaron a incendiarse con comentarios abusivos y con una predecible serie de respuestas del tipo "las mujeres son igual de malas que los hombres".

"Es triste, pero parece que quienes ponemos sobre la mesa cuestiones feministas, en lugar de cambiar el modo de pensar de la gente nos exponemos a más sexismo y misoginia", explica Karen. Gran parte de esta resistencia, tal y como ella lo ve, procede de la presión por parte del gobierno y la sociedad para que las políticas y debates públicos carezcan de género, ocultando de ese modo la realidad de la desigualdad de las mujeres. 

"Lo más importante es atajar los problemas de desigualdad y los estereotipos en torno a la masculinidad y la femineidad, que son la base del problema, ya sea mediante la cosificación por parte de los medios, la prostitución o, por ejemplo, el resurgimiento de los juguetes y la ropa de color rosado para las niñas. Al mismo tiempo que obtenemos más libertad para las mujeres estamos también generando reacciones negativas, reforzando el género con mayor vileza y haciendo que se valore menos a las mujeres".

Este artículo fue publicado originalmente en Broadly, nuestra plataforma dedicada a las mujeres.