¿Es buena idea fumar marihuana para salir de fiesta?

Abrimos el debate para ver si el porro pega con el ambiente de un rave.

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20 Abril 2017, 5:12pm

Bienvenidos al Club de Debate , una columna donde planteamos los dilemas más grandes de la cultura club a un panel de expertos que estarán abordándolo todo, desde la ética de coquetear, hasta las políticas espaciales de bailar, la alegría de una salida francesa, y los horrores de la ketamina.

Los panelistas de esta semana son el colaborador de THUMP Reino Unido, Angus Harrison, junto con la Editora de THUMP Estados Unidos, Michelle Lhooq.

La pregunta: ¿El porro es buena para el club?

Michelle Lhooq: Cualquiera que diga que la marihuana no es una buena droga para el club se está fumando una madre chafa o es un cobarde. Mentira, sólo estoy jodiendo. Algunas personas de verdad se hunden en un espiral de ansiedad luego de fumar, y eso está bien porque no todas las drogas van con la bioquímica de la persona. Como cualquier otra droga, encontrar el cepa y la dosis adecuada para que vaya con tu vibra fiestera es algo crítico. A mí me gustan las sativas activas y psicodélicas cuando voy de fiesta, y las índicas sedantes cuando estoy bajando.

Cualquiera puede darse cuenta de que comparada con el alcohol, la marihuana es mucho mejor para los raves; ¿has notado cómo los bebedores son los primeros en desmayarse o en irse tambaleando a sus casas? La mota también es menos intensa con tu bolsillo y el guayabo, y lo más importante, la música suena mucho mejor cuando estás trabado que cuando estás borracho.

He notado un gran contraste entre la cultura marihuanera de club en los Estados Unidos, que actualmente está al servicio de la revolución de la marihuana, y en ciudades como Londres, donde los esfuerzos de la legalización se han tardado en calar. A los británicos no les gusta fumar porque fuman porro de mala calidad. La Guerra Contra las Drogas es un fracaso porque resulta en una proliferación de drogas inferiores que representan un riesgo más grande para los usuarios (ver también: el ascenso de químicos peligrosos como sales de baño y N-BOMe como resultado de la criminalización del MDMA y el LSD). Es la historia de siempre.

La última vez que estuve en Londres, pasé la mitad del show de Dean Blunt en Bloc merodeando en la sección de fumadores buscando hierba desesperadamente (preferiblemente guardada en un auto de juguete). Probablemente le haya preguntado en vano a una docena de extraños. Muchos me dijeron que la mota no es una gran droga para "ir de fiesta" en el Reino Unido, porque es demasiado difícil meterla en los clubes donde las revisiones exhaustivas de las bolsas son la norma, lo que los pone ansiosos y paranoicos, o prefieren fumar en casa para relajarse. En lugar de eso, estos británicos seriamente preferirían consumir montones de píldoras sospechosas y ketamina.

He tenido experiencias similares en Berlín, otra capital de la fiesta con una bareta patética que te hace efecto por una hora y luego te deja con dolor de cabeza. (¡No me escriban en Twitter! Ya peiné esa ciudad.) Aun así, la gente fuma más allá que en el Reino Unido, gracias a Dios, pero la calidad es nula comparada con paraísos de la hierba como Los Ángeles y Portland, donde nubes de kush flotan sobre todas las pista de baile.

Al final, la legalización resulta en hierba de calidad, mientras que la prohibición lleva a una marihuana de orégano vencido que le da a la droga un mal nombre. A cualquiera que diga que la marihuana no es una buena droga para el club, le digo: necesitas fumar algo mejor.

Michelle en un festival de música.

Josh Baines: Aquí habla un cobarde...

Los recuerdos de los principios de mis 20 están profundamente enlazados con los recuerdos de la mota. En cualquier viaje por mis recuerdos me encuentro caminando por la misma ruta noche tras noche acompañado de mis compañeros de casa. Hay bolsas azules llenas de cervezas, el destello amarillo de las cajas vacías de tabaco, el sucio verde de una bolsa de veinte recién comprada, puesta sobre una caja de DVD, lista para ser consumida con la mayor prisa. Veo You've Been Framed y How It's Made, escucho Kurt Vile y Destroyer, y me siento feliz de que la marihuana sea algo que he enterrado en el pasado.

La marihuana –e incluso ahora, teclear la palabra, decirla, me llena de una palpable vergüenza pasiva que me hace sentir como si mi estómago estuviera a punto de precipitarse por mi boca con una velocidad alarmante– arruina la vida de las personas. Te hace perezoso, improductivo y aburrido. Dejas de comer bien, dejas de dormir bien, dejas de asearte bien. Renuncias a las responsabilidades para poder fumar "nada más otro" porro, siempre diciéndote –una, y otra, y otra, y otra vez– que tú lo controlas, que todo está bien, que el dinero, el trabajo y la vida se resolverán solos. No lo hacen, y no lo harán.

A todos los fumones les gusta pensar que funcionan perfectamente, pero la lamentable verdad es que la mayoría de las veces, incluso ir de volada a Tesco por una bandeja de jamón y una botella de cerveza de jengibre se convierte en una caminata lenta e infernal. Imagínate transferir ese nivel de reacción de perezoso a un ambiente infinitamente más estresante que un supermercado. Imagínate estar completamente fumado en un club. Yo no puedo imaginármelo porque solo el prospecto es tan desafiante que el ojo de mi mente se rehúsa a conjurar cualquier tipo de acompañamiento visual: estoy carente de imaginación.

Si me esfuerzo en mirar, si realmente hago un esfuerzo, todo lo que puedo ver a través de la neblina, el aire contaminado y los penachos verdeazulados, es horror y confusión, un embrollo deforme de cuerpos, y un sentimiento de destrucción mental total que te invade rápidamente. Me siento hundiéndome en las arenas movedizas de la psicosis. No me quiero sentir así.

Y ahí está el por qué nunca quisiera estar trabado en un club.

Angus Harrison: Michelle, definitivamente estás en algo si dices que los británicos no fuman generalmente en los clubes. Yo diría que la marihuana es parte de mis noches de fiesta y de la de mis amigos también, pero aparece cuando llegamos a casa, en lugar de cuando la estamos sudando en la pista. Tal vez más que cualquier otra cosa, sea el producto de que el Reino Unido esté atrasado en lo que respecta a la legalización, pero no puedo evitar pensar que es algo de física elemental.

En mi mente, hay una razón por la que el MDMA es la droga más popular en los clubes nocturnos. Preferiría mil veces que el ritmo de mis latidos aumente para alcanzar el de un bombo, que encontrarme peleando conmigo mismo para controlar la necesidad de sentarme en el área de fumadores y comer toda una caja de huevos escoceses de Quorn. En su mejor etapa, mi relación con la mota es una caminata por una cuerda floja entre una diversión vacía y perder la compostura –sí, soy el cobarde a la que te referías anteriormente– así que preferiría mil veces esperar al final de la noche, cuando puedo deslizarme entre en el éter húmedo de un cómodo sofá.

El porro al final de la noche es una parte básica de la cultura club británica—es el gran nivelador que arrulla las conversaciones intensas o coqueras hasta paralizarlas, convirtiendo rápidamente los monólogos apasionados de las políticas de vivienda en arduas búsquedas de YouTube. Este es el verdadero propósito de la mota en una noche de fiesta: calmarlos a todos gentilmente. La idea de un toque durante la noche simplemente no me atrae mucho, pero es que tampoco me atrae la idea de tomar ketamina en el club, así que tal vez es una cosa personal.

Habiendo dicho eso, no estoy seguro de ser tan radical como Josh. Si Michelle tiene razón y el asunto aquí es que los británicos fuman mota chafa, entonces tal vez no he experimentado por completo las dichas de un toque en el club. Tal vez solo necesito que se alineen los planetas –la cepa correcta, la música correcta, y el club correcto– y de repente entenderé que fumar monte escuchando techno no es ligeramente estresante. Hasta ese entonces, tendré que pecar de precavido y guardar mi mota para la sala mohosa a donde pertenece.

Angus , Michelle y Josh están en Twitter.

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