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La represión contra el contrabando está sacudiendo la frontera entre Venezuela y Colombia

Les contamos cómo algunas personas viven de cerca la tensionante situación en la frontera colombo-venezolana. Contrabando, guerrillas, menores de edad expuestos al peligro y autoridades incompetentes.

por Meredith Hoffman
05 Octubre 2014, 2:00pm

En las últimas semanas los soldados venezolanos han emprendido una agresiva cacería de gasolina de contrabando en la frontera con Colombia, el mismo contrabando que Remedio Pana, una indígena de 42 años, quien vive en el lado cafetero de la compartida línea limítrofe, guarda en su patio delantero.

Pana ha visto soldados venezolanos abalanzándose sobre su pueblo vecino y maltratar a su gente, en ocasiones ha oído sus disparos. Pero, como ella explicó a VICE News afuera de su casa de barro en Paraguachón, en el nororiente de Colombia, necesita el dinero de la venta ilícita de combustible para alimentar a sus diez hijos.

Pana es solo un grano de arena en la inmensa playa de contrabando que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, culpa de la escasez actual de alimentos y bienes de consumo en su país.

Desde el 11 de agosto el Gobierno de Maduro ha tratado de sellar la basta frontera colombo-venezolana, de aproximadamente 1.300 kilómetros de largo, cerrando por la noche: 10 p.m.- 05 a.m., desplegando tropas y dinamitando los cruces ilegales de la frontera. El Gobierno de Maduro también ha dicho que lanzará un plan para las huellas digitales de los compradores en los supermercados para desalentar el acaparamiento y el contrabando.

VICE News se ha enterado después de más de dos docenas de entrevistas con funcionarios, residentes y contrabandistas que, a pesar de los esfuerzos de Maduro, guardias corruptos, así como traficantes y guerrilleros decididos, han convertido la frontera en una zona de conflicto de alto riesgo, donde el contrabando continúa fluyendo.

Como resultado de los bajos precios en el país chavista, los corredores están moviendo gasolina, alimentos y productos de higiene hacia el exterior, mientras que su Gobierno lucha por contener la inflación en medio de disturbios e inestabilidad política. El Gobierno colombiano no está de acuerdo con el cierre, y varios ministros del Exterior de algunos países se reunieron en Nueva York para discutir aquel movimiento.

Algunas personas vendiendo detergente de contrabando en Paraguachón, Colombia, cerca de la frontera con Venezuela. (Foto por: Meredith Hoffman).

En comunidades como Paraguachón, un polvoriento pueblo abandonado, sin escolaridad disponible pasado el cuarto grado, sin empresas formales, solo ocho agentes de policía y paredes de basura acompañando sus caminos de tierra, el contrabando es el único medio de vida viable, dijo el presidente de la aldea, Yudi Peralta, a VICE news.

"Si no trabajo en esto, ¿cómo voy a sobrevivir?”, pregunta Pana de pie con sus jarras de gasolina. Ella almacena las pimpinas en su casa por $ 0,25 centavos de dólar el día (alrededor de 500 pesos), un servicio que ofrece a los contrabandistas de combustible venezolano. Desde su aldea los contrabandistas introducen la gasolina a Colombia, haciendo uso de lotes más pequeños para pasar desapercibidos.

Los ricos y poderosos también están involucrados en el comercio.

El gobernador de La Guajira, donde se encuentra Paraguachón, se encuentra tras las rejas, enfrentando cargos por vínculos con grupos paramilitares y tráfico de drogas y gasolina. Con los precios de la gasolina venezolana, catalogada como la  más barata del mundo (alrededor de $ 0.05 centavos de dólar por galón, 100 pesos colombianos más o menos, o un centavo por litro, 200 pesos), los incentivos son altos para llevar el producto a través de la frontera con Colombia, donde se puede vender por varias veces el precio de Venezuela. El Gobierno de Venezuela, que subsidia los alimentos y otros bienes necesarios, ha estimado que el 40 por ciento de esos productos son objeto de trata en Colombia todos los días.

“Solo hay cuatro cruces legales entre los dos países, pero cientos de ilegales”, dijo a VICE News la defensora del pueblo fronterizo en La Guajira, Lina Murgas.

En algunos cruces los guardias piden sobornos para dar paso a los viajeros, expresaron algunas fuentes.

Uno de esos puntos es el río Sardinata, donde la nativa de Maicao, Phaola Torres, dijo que recientemente cruzaron en canoa y tuvo que pagar 400 bolívares, alrededor de 120 mil pesos colombianos, al ejército venezolano. 

La práctica parece ser generalizada. Quince soldados venezolanos fueron encarcelados recientemente por abrir un cruce ilegal de contrabando.

Incluso en los cruces oficiales, los sobornos a menudo dominan las reglas.

Un vehículo militar colombiano patrulla la frontera en Paraguachón, cerca a Maicao, La Guajira. (Foto por: Meredith Hoffman).

Actualmente es ilegal transportar incluso una bolsa de arroz para el consumo personal a través de la frontera, aunque VICE News presenció civiles aceptando dinero a cambio de estampar pasaportes para las personas que esperaban con la comida en el cruce oficial (Paraguachón – Paraguaipoa), lo que sugiere un vínculo criminal con los corruptos guardias de la frontera. Estos hombres dijeron que trabajaban con los guardias venezolanos, dándoles una porción del dinero que sacan de los viajeros.

Cruzar la frontera en estos días es siempre una ruleta rusa, incluso si usted no está rompiendo ninguna ley, expresan algunos residentes de la región.

David, un ciudadano binacional de 19 años, venezolano y Colombiano, quien suministró solo su nombre de pila, fue detenido durante seis horas en la frontera cuando intentaba cruzar, dijo a VICE News. Los guardias venezolanos le hicieron desnudarse y se llevaron su teléfono celular, acusándolo de transporte de contrabando, a pesar de que no llevaba nada a Colombia. David, oriundo Wayuu, dijo que creía que fue perfilado por ser indígena.

"Las autoridades venezolanas hacen lo que quieren", dijo David, con sus jeans y una camiseta blanca.

Otros residentes venezolanos también confesaron a VICE News tener que esperar horas en las inspecciones de automóviles en el puente del Lago de Maracaibo, para que las autoridades pudieran revisar cada vehículo en busca de contrabando. Y  los conductores de taxi que habían cruzado la frontera hacia el norte colombiano la semana pasada, dijeron algunos residentes de Paraguaipoa, Venezuela, se fueron promulgando una protesta en todo el pueblo contra la continua falta de alimentos.

"Mucha gente trabaja en el contrabando porque no hay otra forma de trabajo", confesó David encogiendo los hombros.

La oficina de prensa del presidente Maduro no respondió las solicitudes de comentarios sobre la situación en la frontera con Colombia. El 11 de septiembre Maduro anunció que más de 830 mil litros de gasolina de contrabando y 2.500 toneladas de bienes de consumo habían sido confiscados en el primer mes del cierre de fronteras del Gobierno.

El programa continuará por lo menos durante tres meses más, dijo. Algunos propietarios de tiendas en la zona de Maracaibo dijeron a un periódico local que han visto resultados positivos desde que comenzaron los cierres, lo que sugiere que ha habido alguna abolladura en el flujo de contrabando de mercancías a Colombia.

Los vendedores en las ciudades fronterizas colombianas dijeron que el contrabando se había vuelto peligroso, pero que igual no planeaban detenerse. El mercado negro de bienes venezolanos incluso atrae a los niños a trabajar.

En el norte de Colombia el contrabando de gasolina, champú y otros artículos de tocador todavía abunda en los mercados del centro, pueblos remotos y a lo largo de las carreteras. Niñas de apenas 13 años contaron a VICE News que cruzaron peligrosos tramos de montaña para transportar productos de higiene hacia Colombia. 

Otro menor de 15 años, oriundo de Cuestacita, quien ha estado en el negocio de la gasolina desde los nueve años de edad, dijo que los precios del combustible de contrabando casi se han duplicado.  Una vendedora de combustible en Cuestacita que se hace llamar a sí misma  "la Señora Gasolinera", dijo también que los viajes se habían vuelto más peligrosos, pero que había que continuar con la práctica por necesidad.

"Siempre supe que esto era ilegal, pero si cruzo los brazos y no hago algo, ¿qué les voy a llevar a mis hijos para comer?", confesó a VICE News un señor de 40 años que hace tres viajes al mes. “Lo hago por la comida de mis hijos”.

La represión puede haber daño a los vendedores individuales, pero las pandillas, guerrillas y otros grupos armados se han mantenido relativamente a salvo, dijo Murgas. "Las nuevas reglas no han perjudicado a la gente en la parte superior".

Gasolina venezolana de contrabando siendo vendida en Cuestacita por un niño de 15 años, quien afirma trabajar en el negocio desde los nueve años. (Foto por: Meredith Hoffman).

La violencia está a menudo involucrada en el comercio de gasolina, con guerrilleros colombianos patrullando gran parte de la frontera y cobrando sobornos a los contrabandistas  que van de paso, dijo Murgas. Los guerrilleros dominan la frontera,  cobrando un millón de pesos por camión que entra gasolina a Colombia, comunicaron algunas fuentes a un periódico local.

Los grupos de contrabando han acumulado tanto poder que Murgas cree que pueden ser los responsables del asesinato del director regional de la agencia de inmigración colombiana en Paraguachón el año pasado. Lo mataron después de realizar las inspecciones de vehículos en el lado colombiano de la frontera .

"Él comenzó las inspecciones de carros aquí,  pero luego de su asesinato, estas se detuvieron", dijo Murgas. "Aquí hay una gran cantidad de intereses involucrados en el contrabando. (Los grupos armados y la mayoría de las personas que viven aquí)".

José Rodríguez, director del Centro sin fines de lucro de Maicao para el Migrante, dijo que la industria del contrabando era tan fuerte que patrullar  la zona solo conduciría a intentos más desesperados de eludir las autoridades.

"Siempre ha habido contrabando entre estos países. Usted puede dinamitar un cruce ilegal, pero la gente simplemente construirá otro", dijo. "Es como la destrucción de algún túnel que utilicen los mexicanos para cruzar la frontera a USA. Mientras que haya una necesidad económica, la gente encontrará una manera de arreglárselas. "

Pero, el residente fronterizo Alejandro Guerrero, quien estudió en una universidad de Venezuela y ahora trabaja como biólogo en Cúcuta, argumenta que la gente en su comunidad debe buscar otro trabajo además del mercado negro, de bienes o contrabando.

"No quiero que mi ciudad dependa de Venezuela para comprar o vender", dijo a VICE News. " El contrabando no es una manera estable o jurídica para hacer dinero. Lo que necesitamos es inversión en industria. Deseo que mi ciudad pudiera crecer sola, que confiara en sí misma".