fronteras

Escenas de la vida en la frontera entre México y Estados Unidos

Algunas personas viven tan pegadas a la cerca que pueden sacar la mano fuera de su ventana y tocarla.

por Erin Lee Holland
06 Marzo 2017, 4:47pm

La primera vez que me paré frente a la frontera México-Estados Unidos me sentí diminuta. No solo por su tamaño sino también por la fuerza emocional que ejerce. Estaba en Tijuana, en ese famoso mirador donde sus barras oxidadas se extienden hacia el océano. Recuerdo haber pensado que no parecía tan lejos nadar hacia el otro lado, especialmente si la marea era baja, y lo extraño que era que una de las fronteras terrestres más transitadas del mundo fuera a la vez un cruce militarmente asegurado y un lugar que la gente podía atravesar nadando.

A estas alturas, todos conocemos los planes para reemplazar esa frontera con una cerca más grande y con mayor vigilancia. Se estima que el muro propuesto por Donald Trump tomará tres años y medio para construirse y costará más de 25 mil millones de dólares. Existen obstáculos obvios para su construcción: el costo, por un lado, y los desafíos topográficos. Y luego están las personas que viven en los territorios justo al lado de la cerca.

En el lado mexicano, algunas personas viven tan próximas a la cerca que pueden sacar un brazo por la ventana y tocarla; muchos recuerdan la vegetación y el acceso al río que tenían antes de que pusieran la cerca.

Estas imágenes fueron tomadas durante 2016 en varios lugares a lo largo del lado mexicano de la frontera, entre Tijuana y Ciudad Juárez. Su objetivo fue capturar algunas de las comunidades que han sido afectadas por la cerca existente y que se preguntan cómo cambiarán sus vidas con un nuevo muro fronterizo.

Ve más de la fotografía de Erin Lee Holland aquí.

Una casa en Nogales, Sonora, construida junto a la cerca fronteriza.

Vista de la cerca de hierro corrugado desde una sala en una vivienda en Pueblo Nuevo, Mexicali.

Un joven se sienta afuera de su casa frente a la cerca de hierro corrugado en Mexicali. Desde su casa, se puede ver un centro comercial al otro lado, en Calexico, y me dijo que no es raro ver a la gente saltar y correr hacia los carros situados en el parqueadero del centro comercial.

La cerca fronteriza se extiende al océano que divide Tijuana, Baja California, de California.

Un hombre que trabajaba como mecánico en Mexicali.


Un cementerio en Tecate, Baja California, que se encuentra junto a la frontera.


Una mujer que creció y que todavía vive en frente de la parte amurallada de la cerca. Antes de construir la cerca, me dijo, se podía sentir una brisa y había acceso al río en el otro lado.


La vista desde un apartamento abandonado en una zona conocida como Nueva, en Mexicali, que mira hacia Calexico.


Este hombre vive justo en frente de la cerca fronteriza de hierro corrugado en Mexicali con su esposa y su hija pequeña. Las temperaturas durante el verano en Mexicali pueden alcanzar hasta 48 grados centígrados, y me dijo que los veranos se volvieron aún más calientes desde que montaron la cerca de hierro.


Dentro de la sala y el dormitorio de una casa situada a dos cuadras de la frontera internacional entre Mexicali y Calexico. Los semáforos de la frontera están justo afuera de sus ventanas día y noche.


Un joven con su hijo en su patio, que da directamente a la cerca fronteriza en Nogales.


Vista de la cerca fronteriza desde una ventana de una cocina en Nogales.


Una casa en Nogales construida junto a la cerca fronteriza.


Una pareja camina por la playa frente a la cerca fronteriza en Tijuana. Partes de la cerca están pintadas de azul para mezclarse con el horizonte.


La cerca fronteriza que conduce hacia la playa en Tijuana.