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Lecturas largas o lo que sea

¿Puede salvarse la música espiritual de Túnez?

El stambeli, la música espiritual tunecina, está cerca de desaparecer, pero hay quienes luchan por mantenerla viva enfrentando el contexto actual.

por Sarah Souli
06 Diciembre 2016, 5:20pm

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El más mínimo movimiento es suficiente para hacer que todo —los tambores de piel de animal, el instrumento de tres cuerdas decorado con bisutería, los retratos desteñidos por el sol— se venga abajo en una extraordinaria cacofonía de sonidos y recuerdos. Por eso Salah el Ouergli se mueve muy despacio frente a la estantería, con los pies descalzos firmemente sobre el suelo y los ojos entrecerrados en plena concentración. Desliza las manos sobre un instrumento intentando alcanzarlo. Es un poco como jugar al jenga, aunque el riesgo es mayor. Contenemos la respiración mientras el estante superior se pone a temblar. Sabrine Touti, una bailarina, le acerca amablemente un palo para ayudarle. Pasan los minutos hasta que por fin el instrumento está a salvo.

Es una gambara, el preferido de Salah. Puntea las cuerdas, tradicionalmente hechas de vísceras de cabra deshidratadas, aparece una sonrisa en su rostro. ¿Suena demasiado cursi si añado que le brillan los ojos? La sala se llena de ritmo y Salah empieza a cantar. Es música stambeli o al menos la parte de ella que nos permiten escuchar.

"[Stambeli] es la música de la paz, paz en todo el mundo", me dice Salah desde su pequeña tienda convertida en estudio escondida en la medina de Túnez. Es la víspera del Eid el Kabir, la celebración musulmana del sacrificio, y las calles están llenas de niños que tiran de ovejas de aquí para allá antes de que las sacrifiquen en un ritual al día siguiente. El balar de las ovejas interrumpe constantemente la música rítmica, pero parece que nadie se da cuenta. Salah continúa tocando y el sonido de su gambara se cruza de vez en cuando con un beee gutural.

La tienda de Salah sirve como punto de encuentro para los pocos bailarines, músicos y estudiantes que quedan en Túnez. Históricamente, el stambeli nunca ha estado completamente integrado en la cultura musical tunecina, pero ahora se encuentra más que nunca en las zonas periféricas, de modo que la tienda de Salah, con la puerta normalmente abierta y la música saliendo hacia las calles de mármol, es un fenómeno especialmente extraño en una ciudad por lo general carente de música.

La gente asoma la cabeza y se queda un rato, dando pataditas con los pies o cantando algunos versos de una canción. Para algunos tunecinos es la primera vez que escuchan stambeli. "¿Qué es?", pregunta una madre joven, arrugando la frente y arrastrando a sus dos hijas. "Esto no es tunecino", dice.

No está del todo equivocada. El stambeli llegó por primera vez a las orillas del norte de África a través del comercio, incluyendo el comercio humano. Túnez, un pequeño país embutido entre Libia y Argelia, era un lugar geográficamente estratégico para las rutas transaharianas, hasta que se abolió la esclavitud en 1846. Las culturas musicales subsaharianas de lugares que ahora conocemos como Mali, Nigeria y Sudán llegaron hasta Túnez a través caravanas de comerciantes y esclavos encadenados.

Los idiomas, costumbres y rituales de estos lugares mezclados con los de Túnez, incluyendo formas de islam y sufismo, dieron pie a una música claramente única. Una actuación elaborada de stambeli implica múltiples músicos tocando una variedad de instrumentos, lo que resulta en una música llena de capas y texturas, aunque tan solo incluye lo esencial. Los instrumentos principales son el gumbri, el shqashiq y el tabla.

Un gumbri es un laúd de tres cuerdas con un cuerpo con forma de tambor, y a menudo se decora con shaqshaqas (una especie de sonajero de metal). Es una pieza de tres por uno y los músicos puntean las cuerdas mientras golpean la base del instrumento con la palma de la mano (los músicos de stambeli casi siempre son hombres). Con cada movimiento se escuchan los shaqshaqas zumbar y sisear. Los shqashiq son castañuelas onomatopéyicas de hierro que se colocan alrededor de los dedos, y el tambor tabla con dos cabezas completa la procesión. La gambara —el instrumento preferido de Salah— se considera la "hermana" del gumbri; se trata de otro laúd de tres cuerdas con el cuerpo con forma de rectángulo.

Mientras suena la música rítmica, el tono va subiendo y la canción se acelera. La música te da vueltas y más vueltas, el objetivo es llegar al trance. En su esencia, el stambeli es una tradición curativa mediante el trance, que surge de las prácticas de posesión del espíritu de ciertas tribus subsaharianas. Puesto que el stambeli tomó influencias de las costumbres del norte de África, llegó a adoptar a los santos que prevalecen en el islam. Los santos y los espíritus son los dos cimientos del stambeli.

Por esta razón, lo importante del stambeli no es solo su sonido, sino que es una experiencia espiritual y religiosa, que combina música, canto y baile para crear un ritual curativo similar al trance. Las actuaciones de stambeli tradicionales también incluyen un arifa, o un curandero, que actúa como una especie de mediator entre el mundo de los espíritus y nuestro mundo. Pero la música stambeli no se toca únicamente en privado cuando alguien queda poseído por un espíritu rebelde; como género, el stambeli presenta varias facetas tanto en su significado como en el lugar que ocupa dentro de la cultura tunecina.

"El stambeli fue estigmatizado únicamente por la falta de comprensión", dice Salah, "pero es positivo en todos los sentidos, es una música sobre el amor".

"Su papel en la sociedad tunecina es complejo", me dice Richard Jankowsky, profesor colaborador en la Universidad de Etnomusicología en Tufts y autor del único libro sobre stambeli escrito en inglés. "Nunca ha estado completamente cerrado a influencias externas".

En los siglos XVIII y XIX, los bailarines y músicos de stambeli actuaban como artistas autónomos que participaban tanto en eventos íntimos en casas como en conciertos más grandes. Los comerciantes de esclavos árabes demandaban música curativa espiritual, explica Jankosky, y los llamados tunecinos "blancos" empezaron a asistir a las ceremonias. Durante la era otomana los músicos de stambeli tocaban en el palacio del Bey, y recibían una compensación por sus actuaciones.

Con el paso del tiempo, el stambeli fue adoptado por diferentes tunecinos, que no solo eran descendientes de esclavos. Pero Jankowsky apunta que "para la comunidad negra, siguió sirviendo para documentar la esclavitud y las diferentes variedades etnolingüísticas... tenía la función de documentar".

Aunque la mayoría de canciones de stambeli se cantan en árabe, muchas de ellas todavía se cantan en lo que los músicos llaman el "lenguaje africano" (o ya'azni). Este es uno de los aspectos que separa el stambeli del gnawa, otra música de trance que tuvo una trayectoria similar cerca de Marruecos. El gnawa, me dice Salah, es básicamente sufismo pero sin conservar el ya'azni.

Los músicos de stambeli cantan sobre cualquier cosa, desde el amor y la naturaleza hasta la exaltación de los santos y los espíritus, aunque Salah apunta con seriedad: "las letras no se entienden". Se refiere tanto literalmente —pues es un idioma diferente— como de forma figurada. El stambeli es algo que se lleva dentro: o está en tu cultura e historia o no está. Gran parte de la música se pasa de generación a generación. No hay textos escritos o recitados formales, según escribe Jankowsky en su libro: "si no que el panteón del stambeli existe solo a través de su música en vivo".

"El stambeli fue estigmatizado únicamente por la falta de comprensión", dice Salah, "pero es positivo en todos los sentidos, es una música sobre el amor".

Es un aspecto positivo que a menudo resulta incomprendido en la cultura tunecina. Para empezar, no está reconocido como patrimonio por el gobierno de Túnez, una práctica que se remonta a la colonización francesa, cuando el stambeli quedó relegado a favor de una perspectiva más "moderna". Según dice Jankowsky, se consideraba "irracional creer en santos y espíritus".

Cuando Túnez consiguió la independencia, el stambeli continuó viéndose como algo "en contra de las aspiraciones de la nación-estado moderno". Todavía hoy el gobierno sigue haciendo pocos esfuerzos para conservar la música. (El Ministerio de Cultura se negó a hacer alguna declaración para este artículo).

Como resultado, no existe mucha educación sobre el stambeli. Y quizás lo más triste es que algunos tunecinos confunden los espíritus de la música con criaturas sobrenaturales y a menudo demoniacas del Corán que han de evitarse a toda costa. Se ha denunciado que el stambeli, con sus raíces subsaharianas, promueve la brujería o la magia negra, que se consideran haram, o prohibidas, dentro del islam.

Por todo esto, desde una perspectiva religiosa conservadora, el stambeli se considera fuera del islam. Tras la revolución de 2011, cuando la libertad religiosa estaba más relajada, hubo un resurgimiento del salafismo ultraconservador, que acabó con el ataque a varios santuarios de stambeli.

La tienda de Salah también sirve como lugar para aprender sobre el stambeli y en parte funciona como un homenaje a los maestros del stambeli. Señala las fotografías que hay por toda la tienda mientras va nombrando el nombre de los más grandes, algunos de los cuales han sido sus maestros. Ahora están todos muertos; el último que quedaba vivo, Hamadi Bideri, murió el año pasado a los 87 años. En Túnez, solo queda un puñado de maestros de stambeli, y Salah es uno de ellos.

La joven de veintiocho años Sabrine Touti es una de las pocas bailarinas de stambeli de Túnez. Aprendió los bailes de su madre, una arifa con poderes para ver el futuro. Su madre solía bailar con Salah, pero ya murió también.

Con la mayoría de los músicos y bailarines de stambeli ya fallecidos, el creciente rechazo en ciertos sectores de la sociedad y el mediocre apoyo del gobierno, ¿cómo se mantendrá vivo el stambeli?

"Solía sentirme mucho más espiritual cuando tocaba mi música", me dice Salah, "pero ahora no lo siento tanto debido a todos estos problemas". Sin embargo, está haciendo un esfuerzo para conservar la música a su propio modo, enseñando a estudiantes privados, tocando con músicos occidentales para crear temas de fusión y registrándose para tocar instrumentos de stambeli en el conservatorio.

Hay un declive a gran escala, pero sobre todo se nota en los conciertos curativos tradicionales, pues la gente se ha mudado a pisos de apartamentos abarrotados con vecinos cotillas y la gente recurre cada vez más a la medicina moderna para curar sus males. Aun así, todavía se puede escuchar de vez en cuando música stambeli en las emisoras de radio, en pequeños conciertos al aire libre durante el mes del ramadán y en conciertos esporádicos que se organizan por todo el país.

"He aprendido a no ser demasiado pesimista", me dice Jankowsky, "porque las culturas y sobre todo los músicos tienen capacidad de adaptación".

Y puede que la clave del stambeli no sea su conservación, pues es algo tan rico y diferente que no puede quedar clasificado en subvenciones del gobierno y grandes contratos discográficos. Escuchar a un músico de stambeli —viendo cómo su cuerpo se mece sobre el instrumento, con los dedos callosos deslizándose por las cuerdas, y escuchar el canto Sidi Mansour ya baba, Sidi Mansour ya baba— es algo único que tienes que vivir en tu propia carne.

Sabrine, como su madre, puede ver el futuro, aunque no tan claramente, confiesa. Para ella, la música stambeli siempre estará ahí. "¿Cómo puedo explicártelo?", dice parándose a reflexionar. "Es nuestra vida. Es algo que tenemos en la sangre... y del padre viene la sangre".

***

Agradecimientos especiales a Emily Sarsam.

Sarah Souli vive entre Túnez y Berlín. Síguela en Twitter.

Traducido por Rosa Gregori.

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