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Cultura

Los ginecólogos que suben fotos tomadas durante el parto a Instagram

El verdadero problema no lo constituyen las imágenes en sí. Estas son simples jeroglíficos que ilustran el maltrato al que se somete a las mujeres durante el parto y, en general, a lo largo de su ciclo reproductivo.

por Rebecca Schiller
15 Julio 2015, 8:35pm

Médicos realizando una cesárea. Foto vía Flickr.

"Señora, yo le puedo atender el parto, but first let me take a selfie", decía el estudiante de obstetricia venezolano Daniel Sánchez en su página de Instagram la semana pasada. En la imagen que acompaña al texto, Sánchez aparece mirando a la cámara mientras que, a sus espaldas, una mujer desnuda de cintura para abajo está dando a luz. La foto muestra a otro obstetra con los dedos alrededor de la vagina de la paciente.

En el mensaje, Sánchez (que ha configurado su cuenta de Instagram como privada) presume que los miembros de su equipo "traen carajitos al mundo y reconstruyen cucas" con tanta pericia que las mujeres quedan "como nuevas, casi 0 kilómetros". A 31 personas les pareció espléndida la foto. No opinan lo mismo las más de 4.000 personas que han firmado una petición para que se tomen medidas disciplinarias contra Sánchez.

En un e-mail a la creadora de la petición (Jesusa Ricoy, de La Revolución de las Rosas, un movimiento mundial contra la violencia obstétrica), Sánchez pidió disculpas a quien se sintiera ofendido y negó haber sido el autor de la foto. A continuación se justifica asegurando que en todo momento se respetó a la paciente, ya que "no se le ven los genitales ni la cara", y que ella había dado su consentimiento. Asimismo, subraya que se considera uno de los estudiantes más empáticos del equipo y que las mujeres suelen pedir que sea él quien les haga los exámenes vaginales diciendo: "Doctor, hágame el tacto usted, que es más delicado".

Aunque Sánchez contara con el consentimiento de la mujer para hacer público un momento tan intensamente privado y vulnerable, está claro que perdió de vista sus prioridades. La paciente estaba centrada en tratar de sacar a un pequeño ser humano de su cuerpo. Yo misma me he visto en esa situación un par de veces y estoy convencida que posar para la foto no estaba entre las prioridades de esa mujer.

Pero ese es sólo un aspecto del problema. Para mí lo más chocante es la dinámica de poder que se aprecia en la imagen. La mujer está rodeada, tumbada boca arriba, a punto de dar a luz, momento en que no podría moverse aunque quisiera. Los médicos están de pie, uniformados, en contraste con la desnudez de la paciente. Ellos tienen rostros, sentimientos y capacidad de actuación. Ella ha quedado reducida a un torso, un mero canal reproductivo.

Jesusa Ricoy decidió iniciar la protesta contra la imagen para "plantar cara a la cultura que permite y acepta este tipo de cosas". El movimiento surgió como respuesta a una serie de viñetas publicadas en el diario de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, en las que se ridiculizaba a las mujeres y se las reducía a objetos sexuales; en una de ellas aparece una mujer con las piernas abiertas sobre los estribos, y en otra, una mujer está corriendo con un prolapso vaginal que arrastra por el suelo para deleite de unos perros que la persiguen. Los dibujos dejan clara la percepción que estos médicos tienen de las mujeres que se supone deben atender. Pese a las protestas, la Sociedad no se ha disculpado por las viñetas.

Una vagina borrosa y llena de sangre sirve como fondo para la instantánea en la que se ve la cabeza bien enfocada de la persona que atiende a la mujer.

Pero la foto de Sánchez no es el único ejemplo. Esta imagen de una mujer desnuda, aparentemente inconsciente tras una cesárea fue publicada en internet por médicos. El fin de semana pasado, Ricoy encontró el perfil de otro profesional que se dedica a publicar fotografías de partos muy cuestionables. El enfermero Francisco Salgado ha eliminado una imagen en la que mostraba un perineo cosido con puntos después del parto. Una vagina borrosa y llena de sangre sirve como fondo para la instantánea en la que se ve la cabeza bien enfocada de la persona que atiende a la mujer. Salgado había añadido un pie de foto que decía: "Alguien estará eternamente en deuda conmigo #puntodelmaridoagradecido". El "punto del marido agradecido" hace referencia a la dolorosa práctica de suturar la abertura vaginal de la mujer para hacerla más estrecha que antes del parto.

Es claro que el verdadero problema no lo constituyen las imágenes en sí. Estas son simples jeroglíficos que ilustran el maltrato al que se somete a las mujeres durante el parto y, en general, a lo largo de su ciclo reproductivo. Al margen de la realidad filtrada de Instagram, el poder sigue estando en el lugar equivocado.

Venezuela ha sido el primer país en reconocer jurídicamente el término "violencia obstétrica". La ley prohíbe las prácticas abusivas y todo lo que implique una "pérdida de la autonomía de la mujer y de su capacidad de decidir libremente sobre su cuerpo y su sexualidad, o que afecte negativamente a su calidad de vida". Pese a que este avance arroja algo de esperanza, la realidad es mucho más cruda en muchos hospitales venezolanos.

El año pasado, la policía brasileña se llevó a la fuerza a Adelir Carmen Lemos de Góes para someterla a una cesárea porque los médicos no estaban de acuerdo con sus preferencias para dar a luz. Según el reciente estudio Nacimientos en Brasil, el parto vaginal en este país suele ser un infierno de dolor: a las mujeres se les niega la posibilidad de estar acompañadas, cualquier método para aliviar el dolor o moverse libremente durante el trabajo de parto. La tasa de cesáreas no corresponde con las preferencias expresadas por las mujeres, tal como muestra un estudio reciente, que indica que, si bien el 73 por ciento de las mujeres opta por el parto vaginal, el 50-80 por ciento de ellas acaba pariendo por cesárea.

El problema no es exclusivo de Sur América. De hecho, es tan endémico que la OMS (Organización Mundial de Salud) ha lanzado una campaña para informar que "muchas mujeres de todo el mundo reciben un trato irrespetuoso, abusivo o negligente durante el parto en las instalaciones hospitalarias. Estas prácticas pueden constituir una violación de los derechos de las mujeres, impedir que las mujeres busquen y hagan uso de los servicios de asistencia sanitaria maternal y tener implicaciones para su salud y bienestar".

La humanidad es la clave para acabar con la aceptación de unas prácticas que no solo humillan, aprisionan y ponen en peligro a las mujeres, sino que también atentan contra sus derechos más elementales. La magnitud del problema en Sur América ha provocado la aparición de una solución revolucionaria. El movimiento de humanización del nacimiento lucha por una asistencia de calidad y con garantías, centrada en la mujer y con un enfoque respetuoso. Se aprecia una voluntad general de restaurar la dignidad durante el parto y de invertir la balanza del poder.

Quizá las cesáreas forzadas, la violencia obstétrica y la asistencia deshumanizada puedan parecer muy ajenos a un joven médico interino con un palo de selfie, pero es algo que ocurre cada día. Aunque sus rostros no aparezcan en las fotos, estas mujeres se han reducido a vaginas sin identidad, a la espera de ser rescatadas o saqueadas; la balanza del poder está inclinada en la dirección equivocada. Son las mujeres, no los médicos, las que traen niños al mundo. Así deberían empezar todos los libros de obstetricia.

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