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"Ni que hubiera quemado un rosario en plena Edad Media": el estudiante que pintó sobre el Che de la Nacional

La deliciosa ironía de recurrir a las vías de hecho para cuestionar un símbolo guerrillero.

por Sebastián Serrano
11 Octubre 2016, 1:32am

A pesar de estar desprovista de autor y fecha, la imagen del Che Guevara que está pintada en la pared occidental del auditorio Leon de Greiff, en el campus de la sede de Bogotá de la Universidad Nacional, es una de las piezas gráficas de mayor significado en el país. La imagen del revolucionario argentino ha estado pintada sobre la plaza más grande de la Universidad desde los años ochenta, y desde entonces no sólo logró que se rebautizara este espacio como Plaza Ché (antes se llamaba Plaza Santander y estaba decorada con una estatua del fundador del Partido Liberal), sino que se ha convertido en símbolo de la rebeldía y el espíritu crítico de los estudiantes de la universidad más grande del país.

Pero algunos estudiantes de la Nacional han comenzado a tener dudas acerca de qué tan relevante y pertinente resulta la imagen de un líder guerrillero en un país que, a los tropiezos, busca la paz. Este es el caso de Juan Carlos Rubiano, un estudiante de Ciencia Política que ha intentado sacar al Che de su muro en varias ocasiones. La primera vez fue en 2014, cuando a través de un derecho de petición le pidió al rector de la Universidad que borrara la imagen. En marzo de este año, junto con otros 100 estudiantes, solicitó al rector que conovocara a profesores y estudiantes a decidir acerca de la permanencia del Che a través de una consulta. Por último, el domingo pasado, llegó al campus de la universidad a las 10:00 a.m. y, con otras seis personas, cubrió (parcialmente) con dos manchones de pintura gris la cara del Che y la del cura guerrillero Camilo Torres, que estaba pintado en la pared opuesta.

Hoy estuve conversando con Juan Carlos acerca de sus motivos para borrar la imagen y de la deliciosa ironía de recurrir a las vías de hecho para protestar en contra de un símbolo guerrillero.

VICE: Juan Carlos, cuénteme exactamente que sucedió ayer en la Plaza Che.
Juan Carlos Rubiano:
Ayer en la mañana ingresé a la Universidad y, en compañía de otras seis personas cuyo nombre no voy a revelar, comenzamos a pintar sobre las imágenes del Che y de Camilo Torres. El problema es que no alcanzamos a terminar el trabajo. Hacia las 10:00 a.m. una moto se acercó al lugar en el que estábamos pintando y la persona que iba manejando se quedó mirándonos mal un rato. Como la moto no se parecía en nada a las que usa el personal de seguridad, nos asustamos. Dejamos todas las cosas ahí y subimos a la parte alta de uno de los edificios que rodean la plaza. Desde ahí vimos cómo un grupo de personas llegó hasta el lugar en el que estábamos pintando, regó la pintura y rompió los rodillos. En ese momento tomé una foto de cómo quedó la pared, la subí a mi perfil de Facebook atribuyéndome el hecho y les dije a mis compañeros que era hora de irnos.

¿Y cuál era el trabajo completo?
La idea era cubrir las dos imágenes con una capa de gris, luego con una de negro, luego con otra de blanco y escribir sobre ese fondo un mensaje. Algo así como: "¿Cómo quieres pintar tu universidad?" o ¿Cómo te piensas para la paz?". La verdad no lo habíamos decidido cuando tuvimos que parar.

Por la polémica que se ha despertado supongo que usted no consultó a los demás estudiantes ni a la Universidad para pintar esa pared...
No. Pero de hecho le cuento una cosa: el jueves anterior un grupo de estudiantes había retocado ese mismo mural y no tenía permiso para hacerlo. Tenía permiso para pintar una pared en otro edificio, el de la facultad de Artes.

Otra gente ha criticado la manera unilateral y poco democrática en la que decidí pintar sobre el Che, pero olvidan que esa figura no fue puesta ahí de forma democrática: en esa plaza había una estatua de Santander que fue decapitada por un grupo de personas que luego pintó al Che en su lugar.


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¿El hecho de que la imagen del Che hubiera sido retocada el jueves pasado tuvo algo que ver con su decisión de ir a pintar sobre ella el domingo?
Para nada, esto era algo que se venía planeando un mes atrás. Tampoco tuvo nada que ver que ese mismo día se celebrara el aniversario de la muerte del Che. Esas fueron casualidades. Mi idea no era ofender a la gente ni a la figura del Che. De hecho, yo me molesto cuando escucho a compañeros decir que el Che era guerrerista, homófobo y racista. Yo no creo eso. Considero que el Che fue una figura que, en su momento, defendió a un país oprimido por dos imperialismos: el estadounidense y el soviético. Creo que cumplió una labor muy importante en torno a los países no alineados y creo que también fue un símbolo de la paz que vale la pena rescatar.

¿Entonces qué buscaba usted al pintar sobre la imagen?
Lo que creo es que la Universidad debe repleantear su relación frente la imagen del Che. Es una imagen que fue pintada en la época del Frente Nacional y ya no estamos en el Frente Nacional, donde sí estaba justificada una lucha rebelde. Creo que deberíamos refrescar nuestro imaginario y ese era el mensaje que queríamos dejar en esa pared. Mi propuesta, y hasta ahora sólo es una propuesta, es pintar ahí un mural alusivo a las víctimas y a la paz para que las nuevas generaciones que estudien acá crezcan con la idea de que en Colombia no puede volver a haber una guerra.

Usted y esa imagen del Che tienen una historia que viene de antes. De todos los problemas que hay en la Universidad Nacional, ¿por qué eligió concentrarse en este?
Es verdad. En 2014 pasé un derecho de petición a la universidad para que removieran la imagen pero este fue rechazado porque ellos consideraron que borrar al Che a petición de un estudiante sería antidemocrático. En marzo de este año, yo y otros 108 estudiantes enviamos otro derecho pidiendo que la Universidad organizara una consulta virtual para que fueran los estudiantes quienes decidieran acerca de la permanencia del Che. Ese segundo derecho fue contestado con evasivas.

Yo creo que cambiar la imagen del Che sería un gesto simbólico que podría acabar con este estigma del estudiante de universidad pública que es "capucho" y tira piedras. Este gesto podría acercar la Universidad a la sociedad y al Gobierno. Y creo que para solucionar sus problemas la Universidad tiene que acercarse y dialogar con el Gobierno.


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¿Usted aprecia la ironía de recurrir a las vías de hecho para cuestionar la figura de un guerrillero?
(Risas). Sí, es algo paradójico. La historia y la política están llenas de paradojas difíciles. Pero yo le tengo una peor: en Colombia la izquierda ha sido perseguida, oprimida y asesinada. Eso es muy cierto. Pero la izquierda aquí, al interior de la Universidad, persigue a todo el que no sea de izquierda. Y eso que yo me considero de izquierda.

Este caso ameritaba la paradójica vía de hecho.

¿Y funcionó?
Al menos se abrió el debate, el debate garantista. En Materias y electivas fáciles [un grupo de Facebook de más de 56.000 miembros creado por estudiantes de la Nacional], se abrió una consulta para preguntarle a la gente acerca de la permanencia de la imagen del Che, en la que sólo podían participar las personas ingresando su correo de la Nacional. La última vez que miré iban ganando los que quieren quitarlo con más del 70%, unos 2.000 votos. Eso no es representativo de ninguna manera (aunque Sara Abril, la representante de los estudiantes en el Consejo Superior Universitario, fue elegida con 4.000 votos), pero ya marca una tendencia.

Pero no. Faltó haber terminado el trabajo porque ahora la gente cree que yo quería dejar eso gris o blanco. Yo no considero que las paredes de la Universidad deban estar en blanco, la Universidad debería estar hablando y por eso la propuesta del mural.

No se pudo terminar y uno de los efectos es que ahora se me acusa de polarizar la Universidad. Como si en la Universidad existiera un consenso en torno al Che... nunca ha existido. Mucha gente me ha escrito para acusarme de eso e incluso alguien me dijo: "aténgase a las consecuencias". Hay que acabar con ese dogmatismo, ni que hubiera quemado un rosario en plena Edad Media. Más allá de que la acción que hice sí polarizó a los estudiantes, mi objetivo no era polarizar. Hay efectos en política que usted no puede controlar, pero debe tratar de ser responsable de ello.

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