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Dónde encontré la nueva crema de Chocoramo y todo lo que aprendí de economía mientras la buscaba

La crema de Chocoramo Made in Canadá logró hacer consciente a mi generación de que Colombia es un país que cada vez es menos capaz de hacer sus propios productos porque resulta más barato comprarlos hechos.

Sebastián Serrano

Sebastián Serrano

Este miércoles a las 6 p.m., luego de buscar en decenas de tiendas, mini mercados, mercados y supermercados, logré dar con la dichosa crema con sabor a Chocoramo. Fue un día completo escuchando respuestas del tipo: "Mañana nos llega", "Sí, se la hemos pedido al muchacho de Ramo, pero nada". Un empleado de Carulla me dijo: "Mejor búsquela en una tienda", y el tendero me dijo: "Eso siempre le llega primero a Carulla".

Estaba por rendirme cuando llegué al pasillo 169 de Alkosto. Así se ve el pasillo de los untables en este y todos los demás supermercados: mantequilla de maní, mantequilla de maní, Nutella, Nutella, Nutella y más Nutella (en algunos casos, a su lado, la competencia sacada de una dimensión paralela llamada Nutskao) y finalmente la malquerida Nucita para untar.

"Yo la que quiero probar es la de chocoramo", dijo una niña de unos quince años que, parada detrás mío, parecía poder leer mis pensamientos.

Pero algo era distinto en este estante. Había un espacio vacío, bajo él una etiqueta: crema esparcible de Chocoramo $ 8.600 y sobre él: nada.

"Ah pero aquí ya se acabó toda", agregó la hermana ligeramente mayor de la quinceañera.

No tenía nada de raro que la crema de Chocoramo estuviera agotada. El lanzamiento de este producto, y su respectiva campaña de expectativa, han provocado una montaña rusa en las redes. Primero vivimos una euforia cacao-nacionalista basada en la percepción (errada) de que por primera vez tendríamos una especie de Nutella made in Colombia.

"Excelente decisión de los directivos de Ramo, eso se llama salir a conquistar el mercado y no esperar a que las grandes multinacionales acaparen a los clientes, aquí en Colombia siempre vamos a preferir a Chocoramo y sus hermanos por encima de cualquier extranjero!!", comentó Angelik Paez en la noticia de PyM que anunciaba el lanzamiento.

"Muy bueno para acabar con esos productos gringos que sólo perjudican nuestra salud", comentó María Romero en el mismo foro.

Comentarios equivocados por dos razones:

En primer lugar la competencia criolla de la la Nutella existe hace rato: se llama Nucita, la produce Colombina en Palmira, Valle, nadie le hizo fiesta cuando salió al mercado, cuesta casi la mitad de lo que vale la crema de chocolate y avellanas de Ferrero y no tiene nada que ver con la versión italiana.

Pero no sólo se equivocaban por olvidarse de la Nucita. Tan solo un par de días después de anunciarse el lanzamiento de este producto, alguien filtró el registro sanitario que revelaba una incómoda sorpresa: la nueva crema de Chocoramo no era elaborada en la planta de Mosquera donde Ramo hace la mayoría de sus productos. En realidad, es producida por una empresa española llamada Natra en una planta ubicada en Ontario, Canadá.

La noticia le partió el corazón a más de uno. Entre ellos al columnista Andrés Ospina quien, con un Chocoramo estripado en una mano y una bandera de Colombia en la otra, se fue con toda contra el producto, los ejecutivos de Ramo, el libre mercado, los TLCS, la globalización y las multinacionales.

Así se ve el estante de las cremas de chocolate hoy en tu supermercado promedio./ Foto por: Daniel Senior.

Todo esto desde las páginas de un periódico que pertenece a un grupo sueco que ha exportado su modelo de negocio a 56 países distintos en los últimos 20 años.

De vuelta a Alkosto, yo me empinaba y daba brincos para tratar de ver al fondo del estante. La idea de producto agotado en este mastodóntico supermercado me parecía ridícula. Pude ver una cantidad de frascos anaranjados apilados en lo más profundo de la repisa, lejos del alcance de mi brazo. Mire a lado y lado tratando de buscar alguna caja para apoyarme, alcanzar la codiciada crema y enseñarle a esa quinceañera el verdadero significado de la palabra persistencia.

Me disponía a buscar las sección de butacos cuando escuché de nuevo esa voz chillona de la adolescente:

- ¡Ayy mírela, ahí está!.

Entonces vi a la quinceañera y a su hermana agachadas frente una pila de un metro y medio de alto de tarros de crema de Chocoramo que estaba ubicada al final del pasillo.

Con el tarro en la mano pude confirmar lo que se venía anunciando: fabricado por: Natra Chocolate América en Toronto, Canadá e importado por Productos Ramo S.A.

En este supermercado la crema está lejos de agotarse.

¿Cómo es posible que una empresa con más de 3.000 empleados como Ramo haya decidido encargar la tarea de crear su producto más novedoso en años a una planta operada por catorce sujetos en Canadá?

Si nos fijamos en el reciente pasado de Ramo, no es ninguna sorpresa.

La compañía fundada hace 64 años tuvo un 2014 traumático. No sólo murió su presidente y fundador Rafael Molano, sino que además reportó pérdidas por 19.000 millones de pesos, esto a pesar de haber aumentado sus ventas en un 12%. Probablemente esta fue la razón que llevó a la compañía a despedir a 320 de sus trabajadores en abril de este año. Tras los despidos, empezaron a correr rumores diciendo que Ramo estaba en bancarrota o, peor aún, a punto de ser vendida.

Imagén vía Facebook: Productos Ramo.

La situación obligó a Germán Martínez, director ejecutivo de Ramo, y a Santiago Molano, director de asuntos corporativos de la empresa (y nieto de Rafael Molano) a salir a desmentir los rumores. A parte de negar la bancarrota, los directivos anunciaron reformas para hacer la empresa más competitiva: entre ellas, una fuente que pidió no ser identificada le dijo a El Espectador, que se implementaría la tercerización, es decir pagarle a otra empresa para que haga algunos de sus productos.

Y cumplieron: semanas después Ramo lanzó al mercado sus donas, las cuales son producidas en Barcelona por una compañía llamada Europastry. Y ahora, la crema de Chocoramo made in Canadá. Ambos países con acuerdos de libre comercio vigentes con Colombia.

La decisión es fácil de criticar, sobre todo si nunca hemos tenido que ver 19 mil de nuestros millones irse por el sifón, ni nos hemos visto obligados a 'invitar' a retirarse a 320 de nuestros empleados.

Le escribí a la gente de Ramo para preguntarles qué los motivó a encargar su nuevo producto estrella a una compañía extranjera y esto fue lo que Santiago Molano me contestó: "Hoy contamos con retos en nuestra capacidad productiva, situación que nos motivó a buscar un aliado internacional para la producción de nuestro nuevo esparcible de Chocoramo".

Lo que yo leo entre líneas es: por plata.

De hecho, Ramo no es la primera empresa que llega a la conclusión de que es más barato elaborar sus productos en el exterior e importarlos a Colombia, que producirlos en el país. Mondelez, la empresa que hace los Chiclets Adams, cerró en mayo de este año su planta en Cali, dejando sin trabajo a 480 personas. La razón: es más rentable traer los chicles desde México. Kraft, Michelin, Bayer y Mazda son otras cuatro compañías que, tras muchos años de hacer sus productos en Colombia, han cerrado sus fábricas en los últimos cuatro años. Ninguna de ellas piensa dejar de vender sus productos en el país, sólo prefieren importarlos.

Old School./ Imagen vía Flickr: Centella.

Según los expertos el problema radica en que los impuestos hacen que las industrias colombianas compiten en desventaja frente a las de afuera. En una entrevista, el exdirector de la DIAN, Santiago Pardo, explicó la razón por la cual en Colombia estamos importando hasta el Chocoramo:

"En Colombia, comprar una máquina implica pagar IVA del 16 por ciento, impuesto al patrimonio de 1,5 por ciento durante 10 años, renta presuntiva de 1 por ciento por otro tanto y, al final, cuando uno suma todas esas partidas, eso puede dar el 40 por ciento del valor de la máquina. Entonces: usted compra una máquina de 100 pesos en Colombia, que le vale 140; en los Estados Unidos, la misma máquina le vale 100 pesos (...) Por eso usted encuentra cantidad de empresas grandes que empezaron a trasladar su producción a Estados Unidos, a México... Hoy en día, muchas de ellas atienden el mercado internacional, pero, sobre todo, el mercado nacional con producción hecha afuera".

La entrevista es de diciembre de 2014. Es probable que en ese mismo momento se estuvieran probando los primeros prototipos de crema de Chocoramo en un laboratorio de Canadá.

La noticia de la crema de Chocoramo made in Canadá logró lo que no lograron miles de empleos perdidos en los últimos años: hacer consciente a mi generación, personas nacidas entre 1985 y 1997 (todos los demás paila), de que Colombia es un país que cada vez es menos capaz de hacer sus propios productos porque resulta más barato comprarlos hechos. Quizá se deba a que Ramo es una empresa colombiana, o a que el Chocoramo es un producto que asociamos con la lonchera, el recreo y el monchis o, simplemente, es que el chocolate está más cerca de nuestro corazón que las llantas del carro.

La cosa va más allá de las loncheras. Sergio Clavijo, presidente de la Asociación Nacional Instituciones Financiera (ANIF) afirma que mientras en la década de los ochenta todas las industrias aportaban el 24% del producto interno bruto, en los noventa la cifra bajó a 15% y hoy en día está entre el 9 y el 12%. La Encuesta de Opinión de Industrial Conjunta (EOIC) de abril de 2015, encontró una industria con signos débiles y un panorama de incertidumbre que no logra despejarse (...) bajos crecimientos en producción y ventas; una utilización de la capacidad instalada inferior al promedio histórico y cerca de 15 puntos por debajo del nivel que los empresarios califican como óptimo.

No todo son siglas grises y cifras aburridas en el mundo de la economía. Para contrarrestar la mala hora el Gobierno lanzó dos planes para impulso de la productividad y el empleo, mejor conocidos como PIPE y PIPE 2.0.

Recorrí todas las tiendas del centro y el oriente de Bogotá buscando el célebre tarro anaranjado, porque antes que generar en mí una profunda indignación, la noticia de una crema de Chocoramo producida en Canadá me llenó de intriga: ¿Qué tan bien pueden imitar los canadienses una receta tan colombiana como la del Chocoramo?

Según me contó Santiago Molano,director de asuntos corporativos de Ramo, la gente de su empresa pasó un año completo colaborando con sus colegas de Natra, para dar con el sabor correcto. Pero el sitio web de Natra presenta sus productos de chocolate como mercancía terminada en la que el cliente sólo decide el diseño de la etiqueta, por lo que me mantuve escéptico hasta el momento de probarla.

En el camino a casa, compré mil pesos de pan blandito (una de las pocas cosas que se mantienen made in Colombia) y unté una cucharada de crema antes de dar el primer bocado. En mi opinión, canadienses y colombianos han dado en el clavo. La crema da exactamente lo que promete: sabor a chocolate de Chocoramo. Prueben y lloren.

El hecho de que sea producido en otro país no es una razón para declararle la guerra al nuevo producto de una empresa tan querida como Ramo. Pueda ser que las ganancias obtenidas con la crema de Chocoramo permitan recuperar los 320 empleos perdidos en abril, o al menos evitar que se pierdan otros 300 puestos. Según Molano, es posible que en un futuro la producción de la crema de la discordia pase a las fábricas de Ramo en Colombia, aunque la tendencia parece indicar todo lo contrario.

Si vamos a darle espalda a la nueva crema de Chocoramo, tendríamos que darle la espalda también a íconos como James Rodríguez y Shakira. Ya que ellos también son marcas colombianas cuya manufactura ha sido tercerizada a compañías extranjeras como Sony Music y el Banfield Club de Argentina. De paso tendríamos que despedirnos de nuestros sueños de estudiar en el exterior para luego regresar al país a ganar billetes de mayor denominación.

Para bien o para mal, la apertura económica es una realidad que lleva más de veinte años sucediendo en Colombia. Y ya sea por acción o por omisión, la mayoría de nosotros hemos sido cómplices de ella. Lo deberíamos saber quienes hemos comprado ropa de pasarela a precio de huevo en Zara, también quienes ya arman de memoria su sándwich en Subway y seguro que deberíamos entenderlo los periodistas que como, yo o Andrés Ospina, publicamos y cobramos en gigantes mediáticos que hacen presencia en decenas de países alrededor del planeta.

Este es el mundo en el que vivimos y ya va siendo hora de asumirlo.