Acoso sexual en la U

UniAtlántico: 'Todavía encuentro a mi acosador en los pasillos'

Un docente habría acosado sexualmente a su colega y podría ser un reincidente. Segunda entrega de nuestro informe 'Acoso sexual en la U'.

por Laura Natalia Cruz
23 Agosto 2017, 1:30am

Ilustración: Sara Agustina | VICE Colombia

Todavía se lo encuentra en reuniones. Todavía debe soportar su presencia en los salones de clase y pasar a su lado cuando camina por los pasillos. Y cuando alguien menciona su nombre, todavía debe aguantar las burlas de sus colegas. Patricia*, una profesora de la Universidad del Atlántico, en Barranquilla, lleva once meses viviendo este tormento por cuenta de un docente de su misma universidad.

La docente le contó a VICE que en septiembre de 2016, cuando asistieron a un evento académico en Cartagena junto a otros dos profesores de la universidad, él la habría acosado sexualmente.

Según su relato, durante ese viaje él habría estado "muy cerca de mí (...) sin que fuéramos cercanos". La situación llegó a tal punto, según la docente, que ella les habría pedido a sus otros colegas alquilar entre todos un apartamento "para que él no me molestara". La noche en que ocurrió la supuesta agresión, los otros dos docentes expresaron su preocupación por la situación de Patricia. A las 3 de la mañana, uno de ellos escribió por WhatsApp: "(...) evitemos que (...) le pase algo".

Tarde en la noche, cuenta Patricia, él "me jaló del brazo para que entrara al cuarto. Le grité '¡No, no quiero dormir contigo!,' y todos mis compañeros escucharon. Salí del cuarto, abrí el sofacama de la sala y me acosté ahí". Y añade: "Cuando eran como las 4 de la mañana, me desperté porque sentí que alguien estaba tocando mis partes íntimas. Me levanté inmediatamente y empecé a gritar: '¿Qué te pasa? ¿Qué es esta falta de respeto?'". Según ella, él, antes de irse, le respondió: "¡Qué falta de respeto, ni qué nada!".

Al día siguiente, Patricia puso una denuncia ante la Fiscalía de Cartagena y, un mes después, hizo lo mismo ante la Fiscalía de Barranquilla y ante su propia universidad. "Yo hablé con la rectora de ese entonces, Rafaela Vos, y con el decano de mi facultad. Ninguno dudó de mi testimonio", cuenta. Las denuncias, sin embargo, no prosperaron como Patricia deseaba, y él, dos meses después del supuesto episodio, la denunció por injuria.

Hasta el día de hoy, el profesor se mantiene activo en la institución.

A Patricia no solo le preocupa que el hombre que supuestamente la habría agredido hoy siga trabajando en la universidad, sino también que pueda ser un reincidente, pues, cuando fue a hacer la denuncia en la Fiscalía de Barranquilla, se enteró de que este profesor tiene otra denuncia en su contra. Se trata de una acusación de violencia sexual hecha en 2013 por una estudiante de Derecho de la Universidad del Norte, donde él trabajó hasta octubre de ese mismo año.

Patricia está convencida de que su fracaso al exigir justicia por la supuesta agresión sexual tiene que ver con que la Universidad del Atlántico falló en atender su caso. "Notifiqué a Bienestar Universitario, y ni me llamaron. Igual pasó con la Oficina de Talento Humano. A ellos les pedí que no quería estar cerca de él en los espacios laborales, pero no hicieron nada al respecto", cuenta.

La docente insiste en que su caso todavía merece una atención prioritaria. Pero, según cuenta, el director de la Oficina de Control Disciplinario le ha dicho que debe apegarse a los tiempos y al procedimiento del Código Disciplinario Único de la Procuraduría, que rige, como funcionarios que son, a los profesores de universidades públicas. Para ella su experiencia con la universidad se resume entonces al "apoyo moral" que le dieron la rectora y el decano, nada más.

"Las dependencias de la universidad me dieron la espalda", asegura.

El caso de Patricia, a cuya documentación completa VICE tuvo acceso, es emblemático de cómo el intento de denunciar un posible episodio de acoso sexual en una universidad de Colombia puede terminar asfixiado por la indiferencia, la ineficacia, la inoperancia y muchas veces la falta de voluntad institucional y de protocolos específicos para enfrentar la violencia de género.

Solo un juez podrá decidir si el docente, en efecto, acosó sexualmente a Patricia esa noche en Cartagena. Pero esta decisión no resuelve la pregunta de por qué la universidad dejó el asunto prácticamente intacto, de por qué la dejó a ella sola con su queja y a él activo en su cargo. ¿No debería una denuncia de acoso sexual desatar un terremoto en una institución de educación superior? ¿No debería el aparato burocrático del plantel moverse rápidamente para aclarar el asunto y tomar las medidas necesarias? ¿Por qué debe ella hoy, casi un año después, acercarse a pedir ayuda a un medio de comunicación?

* * *

En los días que siguieron al episodio en Cartagena el pasado septiembre, y tras hablar con la rectora de la Universidad del Atlántico, Patricia se acercó a la oficina de Talento Humano. Preguntó por el estado de su denuncia, y le dijeron, según recuerda, que habían pedido información sobre eventuales antecedentes judiciales del docente en la Universidad Sergio Arboleda, en la Universidad del Magdalena y en la Universidad de la Costa, donde había trabajado. (La petición, por cierto, permanece hasta hoy sin respuesta.) Y le advirtieron, según cuenta, que "si no hay pruebas que lo incriminen, una universidad no puede discriminar a una persona por los chismes que se digan de ella. Por eso ahora él es profesor acá".

¿Pero debería esto ser así?

VICE le hizo esta pregunta a Rafaela Vos, rectora de la institución en ese entonces. Vos considera que la universidad ha ayudado a Patricia. "Abrió un proceso disciplinario y ha hecho una investigación que se ha apegado a los tiempos que dice la ley", dice. "Otra cosa es que la burocracia impida que la justicia actúe de manera rápida, pero eso sucede así en todas las universidades públicas del país, no solo aquí".

Vos sostiene haber conocido rumores sobre el docente, rumores relacionados con un pasquín supuestamente escrito por "un grupo de docentes de diferentes facultades de la Universidad del Atlántico", que circuló en los pasillos de la universidad cuando él ganó el concurso para enseñar ahí y que hacía graves señalamientos relacionados con su pasado en otras universidades. La rectora, sin embargo, dice que nunca recibió una nota formal de otra universidad que confirmara lo que era un rumor creciente en la institución. "Como rectora no podía apegarme solo a los rumores", dice.

Pero Vos tiene también una posición crítica. Para ella, las universidades "tienen su cuota de responsabilidad en estos casos. Si los rumores son ciertos, pero las instituciones guardan silencio, es como si fueran cómplices", dice. E insiste en que las instituciones deben revisar sus reglamentos estudiantiles y promover una cultura administrativa donde el acoso sexual sea visto como una violación a los derechos humanos.

La de la exrectora no es la única voz crítica dentro de la Universidad del Atlántico. VICE habló con Ligia Cantillo, una representante del grupo de investigación Mujer, Género y Cultura y docente de la facultad de Ciencias Humanas, que adelanta un protocolo contra el acoso en esa institución y que cuestiona "el silencio" de las universidades en relación con la violencia sexual.

"Nosotros, como profesores, no podemos seguir con esa actitud pasiva de que mi colega es un acosador, abusa sexualmente de estudiantes y no pasa nada", dice. "En las relaciones de poder en las universidades están en juego la posibilidad de muchos jóvenes de profesionalizarse y el futuro laboral de docentes y personal administrativo. Para triunfar en este ámbito algunos optan por hacerles el juego a esas relaciones de poder, y eso no puede ser así".

Hoy el caso de Patricia ha terminado perjudicado justamente por esas "relaciones de poder" que menciona Cantillo. VICE contactó a algunos profesores de la institución para pedirles información sobre el supuesto maltrato y sobre la situación del docente. Pero todos rehusaron hablar, según ellos, "por temor a las consecuencias laborales". Poco antes de la publicación de este artículo, la propia Patricia recibió reclamos de la universidad por haber hablado con nosotros.

El silencio que se autoimpone la comunidad universitaria no es algo exclusivo del profesorado, y las encuestas realizadas por Cantillo lo demuestran. "Diecisiete por ciento de la comunidad educativa manifiesta haber sufrido acoso sexual", dice. "Los casos más frecuentes son el acoso de profesores hacia estudiantes, y también hay un caso de un docente que acosó a una empleada del área administrativa". Según Cantillo, la Vicerrectoría de Bienestar Universitario conoce hasta el momento cinco denuncias por acoso sexual puestas por estudiantes. "Yo personalmente conozco además tres casos de acoso sexual contra estudiantes de la comunidad LGBTI", añade.

Junto a la lucha de Cantillo se encuentra la de Nevys Niño, una estudiante de la maestría en Estudios de Género y Violencia Intrafamiliar de la universidad, que investiga la violencia de género dentro de la institución como parte de su tesis de grado. "Uno de los elementos que encontramos es (...) el poder que ejerce el docente a través del conocimiento, el cual se ve reflejado en la nota", dijo Niño en conversación con VICE. "Muchas chicas, especialmente en los primeros semestres, se encuentran con profesores que ya tienen una tradición de manipularlas para poder seguir cursando su carrera. Eso ha llevado a que algunas se retiren y a que otras continúen sin poder denunciar por miedo. Hay también otras que logran denunciar, pero no saben cómo hacerlo porque no hay una ruta".

En efecto, la Universidad del Atlántico no tiene un protocolo específico para atender casos de violencia sexual. Y, como en el caso de buena parte de las universidades del país, las conductas no aparecen mencionadas entre las faltas disciplinarias del reglamento estudiantil.

* * *

El pasado 5 de junio, la Oficina de Control Disciplinario le dijo a Patricia que la "etapa de investigación" había terminado. Más de un mes después de eso, el 19 de julio, la Oficina de Talento Humano la citó con el fin de evaluar el riesgo psicosocial de su lugar de trabajo. La sesión, según cuenta la docente, consistió en que un psicólogo le explicó la ley de acoso laboral y le dijo que fuera a su EPS si se sentía mal. El psicólogo también le preguntó si quería cambiarse de dependencia. "Pero yo no estoy de acuerdo, no tengo que ser yo a quien muevan de departamento", dice Patricia.

El pasado 15 de junio, VICE se reunió con la entonces vicerrectora de Bienestar Universitario de la Universidad del Atlántico, Marta Ligia Ospina. Cuando le preguntamos por el caso de Patricia, nos dijo que no pensaba pronunciarse al respecto, puesto que los hechos habían sucedido fuera de la universidad y el caso ya estaba en la justicia ordinaria.

Poco más de un mes después, el 18 de julio, recibimos una respuesta a un derecho de petición que hicimos pidiendo información sobre las estrategia que tiene la universidad contra la violencia de género. El escrito resalta que la universidad cuenta con una consejería psicológica, pero que no está habilitada para "atender casos relacionados con algún tipo de violencia sexual".

Por su parte, en conversación con VICE, el docente acusado no quiso referirse al tema. Nos dijo que la primera denuncia en su contra, la que proviene de la universidad donde antes trabajaba, era producto "del arrebato de una niña caprichosa". Sobre la denuncia de Patricia dice que se "la devolvió", acusándola ahora de injuria y falsa denuncia.

Poco antes de la publicación de este artículo, casi un año después de lo ocurrido, la universidad finalmente emitió un documento con el pliego de cargos contra el profesor.

* Por petición de la docente presuntamente maltratada, cambiamos su nombre por uno ficticio.

* VICE Colombia realizó este reportaje en alianza con CONNECTAS y en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas del International Center for Journalists (ICFJ).


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