El futuro de la protesta según VICE

A menudo escuchamos que los teléfonos, aplicaciones y redes sociales tienen el potencial de cambiar al mundo, pero los movimientos de protesta social tienen mucho más éxito cuando recurren a las técnicas de la antigua protesta de carne y hueso.

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ene. 20 2015, 3:36pm

De la columna 'El futuro según Vice'

Una de las concentraciones durante las protestas de Occupy Hong Kong del año pasado. Foto via Flickr: johnlsl

En octubre de 2011, cuando una multitud de manifestantes ocupó buena parte del corazón financiero de Manhattan, muchos reporteros nos sentimos fascinados por el improvisado centro de medios que los activistas organizaron en medio de la ocupación. Se trataba de una colmena de computadores portátiles y generadores rodeados por un anillo de bicicletas. Yo mismo pasé mucho tiempo ahí. Algunos meses antes, la Plaza de Tahrir en Egipto había sido bautizada como el corazón de la "Revolución de Facebook", así que este parecía el lugar para encontrar "La Historia". Era el lugar desde el cual se estaban acuñando los hashtags y desde el cual se estaban subiendo los videos virales. Desde #OccupyWallStreet hasta el reciente #BlackLivesMatter, se ha vuelto costumbre bautizar nuestros movimientos de acuerdo a los hashtags que usamos y agradecer a nuestros teléfonos y computadores por habernos unido y llevado a las calles.

Mientras Occupy Wall Street explotaba a mi alrededor y yo intentaba descifrar qué escribir al respecto, tuve la fortuna de contar con la asesoría de Mary Elizabeth King, quien trabajó para el Comité de coordinación estudiantil para acciones no violentas durante los años 50 y 60 y llegó a convertirse en una eminencia en movimientos sociales alrededor del mundo. Por esos días yo estaba editando una columna escrita por ella, lo cual nos dio una excusa para conversar regularmente.

"Las redes sociales no son la causa" escribía King en su columna por esos días. "Los movimientos no violentos siempre se han apropiado de la tecnología más avanzada que esté a su disposición para difundir el mensaje". Lo que es otra forma de decir: no dejes que te distraiga la tecnología, no es tan importante como todo el mundo cree. Mary Elizabeth King me ayudó a entender que debía escuchar a las personas, sus ideas y decisiones, más que a las redes. Centrarme en la carne y el hueso de la protesta también me ayudaría a entender por qué Occupy Wall Street perdió buena parte de su fuerza cuando la policía destruyó los campamentos de los manifestantes.

A menudo escuchamos, especialmente en boca de aquellos que se lucran con ellas, que las nuevas tecnologías lo cambian todo, que propagan la Democracia como un resultado colateral de su efecto disruptivo. Pero cada vez que una manifestación convocada por Facebook se toma Union Square, pienso en las fotografías del Día del Trabajo de hace más de un siglo, cuando el mismo lugar estaba igual o más lleno de manifestantes vestidos de saco, corbata y sombrero, todos reunidos sin necesidad de Facebook.

Marcha del partido socialista en Union Square, Nueva York. Primero de mayo de 1912. Foto via Wikimedia Commons.

El poder sigue siendo poder, y muchas de las técnicas que han sido usadas en el pasado para obtenerlo y desafiarlo no van a desaparecer, a menos de que nosotros mismos las dejemos en el olvido. Y me preocupa que los aparatos de los cuales dependemos muchos de nosotros nos estén ayudando a olvidar.

Las redes sociales se especializan en difundir ideas a gran velocidad y entre muchas personas, pero por muy poco tiempo. Son excelentes para liberar grandes dosis de adrenalina, pero no para sostener movimientos a largo plazo. Esto no debería ser una sorpresa, ya que los encargados de desarrollar redes sociales las optimizán para lanzar ráfagas de publicidad inmediata. Hace poco tuve la oportunidad de conversar con una líder sindical que lamentaba el hecho de que la mayoría de sus colegas estuvieran usando Instagram, la red social inmediatista por excelencia.

"Hay un límite para lo que se puede hacer compartiendo fotos" decía la sindicalista.

Los problemas que presentan los medios virales no son del todo nuevos. Son similares a lo sucedido en Francia durante 1968, cuando estudiantes y artistas se tomaron París con sus consignas, provocando un levantamiento que casi derroca al Gobierno. Luego intervinieron los sindicatos, que en un principio, apoyaron a los estudiantes pero luego hicieron una negociación paralela con el Gobierno en la que, haciendo uso de su influencia económica, se quedaron con todo el botín de la protesta. Algo similar sucedió en Egipto tras la "Revolución de Facebook": fueron los jóvenes liberales y amantes de las redes quienes en un principio instigaron la revuelta, pero cuando llegó la hora de las elecciones más abiertas en la historia del país, los manifestantes no dieron la talla para enfrentarse a los Hermanos Musulmanes, quienes llevaban décadas organizándose a través de una red de mezquitas y servicios sociales en los barrios. Luego, los Hermanos Musulmanes serían derrotados por el ejército egipcio, financiado por el gobierno de Los Estados Unidos. Los 'facebookeros' liberales aún tienen un largo camino por recorrer.

Si un colapso viral y revolucionario sucediera hoy en los Estados Unidos, ¿quién estaría en condiciones de aprovecharlo? ¿Walmart? ¿Los militares? Dudo que sean los autócratas radicales que se encuentran vagamente organizados por todo el país. Siempre que asisto a una reunión de anarquistas y los escucho hablar acerca de cómo podrían fortalecerse creando una red de guarderías comunitarias, pienso en todas esas mega iglesias evangélicas que ya lo están haciendo y lo están haciendo en grande.

Manifestantes en la plaza Tahrir de El Cairo en 2011. Foto via Flickr: Ramy Raoof.

El éxito de los movimientos de resistencia depende de redes que sean flexibles, duraderas y que puedan adaptarse fácilmente a nuevas condiciones a través del tiempo. Deben apoyar efectivamente a sus miembros y potenciales miembros, personas que quieren abandonar las instituciones que componen el sistema existente. También necesitan desarrollar instituciones alternativas que serán las encargadas de crear un mundo nuevo en el caparazón del viejo. Ninguna de estas son cosas en las que Facebook, Instagram o Twitter destaquen (aunque, en principio, podrían hacerlo).

DemocracyOS, creada por activistas argentinos y Loomio, desarrollada por veteranos de Occupy Wall Street en Nueva Zelanda, son herramientas de código abierto que facilitan la toma colectiva de decisiones; ambas están siendo utilizadas por una nueva generación de partidos políticos basados en internet. CoBudget, un nuevo plug-in para Loomio, ayuda a grupos en la tarea de distribuir recursos cooperativamente. Diaspora —otro proyecto de código abierto— es una red estilo Facebook que permite que los usuarios controlen su información en lugar de confiarla a una corporación (funciona tan bién que el Estado Islamico ha recurrido a ella). CoWorker.org es una plataforma que ayuda a los trabajadores a conectarse entre sí y emprender campañas para mejorar sus condiciones laborales. Sin embargo, plataformas orientadas a movimientos sociales como estas tienden a ser mucho menos exitosas en el mercado que su competencia y no atraen la misma cantidad de inversionistas.

Mientras tanto, los teléfonos inteligentes hacen que documentar y difundir los abusos de autoridad sea más fácil que nunca. Organizaciones como Witness ya están capacitando a los activistas para que sean aún más sofisticados al utilizar sus dispositivos móviles para una buena causa. Pero usar estos teléfonos también implica una vigilancia perpetua de fuerzas de policía cada vez más militarizadas; en ocasiones es mejor dejarlos en casa.

Discurso de Alexander Berkman en Union Square. Primero de mayo, 1914. Foto via Wikimedia Commons.

Al ver más allá de los dispositivos y aplicaciones hay muchas razones para sentirse optimista acerca del futuro de la protesta y el activismo. Nunca antes habíamos tenido tanto conocimiento acerca de lo que hace que una protesta sea efectiva ni tantas oportunidades para estar preparados. Investigadores como Erica Chenoweth y Maria Stephan han estado filtrando datos acerca de movimientos del pasado para determinar cuáles fueron sus aciertos y cuáles sus falencias. Mientras tanto, los historiadores están redescubriendo las historias olvidadas de los levantamientos populares que moldearon nuestro mundo. El hecho de que el primer programa universitario enfocado en resistencia civil haya sido inaugurado recientemente en la universidad de Amherst en Massachusets da pie para pensar que algún día las escuelas que enseñan a empoderar a la población sean más que las que enseñan a hacer la guerra.

Una de las cosas que me sorprendió repetidamente durante mi estancia en los campamentos de Occupy Wall Street fue la amnesia. El grado de familiaridad de los jóvenes activistas con movimientos de protesta de tan solo una o dos décadas atrás era escaso; casi nulo al compararlo con sus conocimientos en materia de celebridades, guerras e imperios. Tal vez esta sea la razón por la cual muchos de los participantes sucumbieron ante la desesperación cuando el movimiento no alcanzó las metas espectaculares que se había propuesto tan sólo unos meses atrás. Quizás esto también explique por qué muchos perdieron toda fe en la Primavera Árabe tras los horrores del régimen militar en Egipto y del Estado Islámico. Se nos olvida que tras la Revolución Francesa vinieron horrores similares durante el Régimen del Terror y el ascenso de Napoleón; paradójicamente, fue a través de las conquistas autocráticas de Napoleón que se propagaron los ideales democráticos. Quienes se opusieron a Occupy Wall Street en los Estados Unidos, critican al movimiento por no haberse involucrado en asuntos electorales (cosa que sí ha hecho el Tea Party), sin embargo, pasan por alto la manera en la que el movimiento potenció las carreras de políticos progresistas como Bill de Blasio y Elizabeth Warren.

Puede que las protestas se hayan terminado pero el movimiento no. Espero que quienes hoy protestan contra el racismo en el sistema judicial estadounidense tengan una mayor proyección a largo plazo que los 'Ocupas' de Wall Street.

Si algo me ha enseñado cubrir protestas, es no confiar en las predicciones de nadie, incluyendo las mías. Los movimientos siempre nos sorprenderán. Pero creo que ya sabemos lo suficiente como para no andar esperando que alguna super aplicación venga a cambiar el mundo por nosotros. Esa es nuestra tarea.

Nathan Schneider es el autor de los libros: God in Proof and Thank You, Anarchy. Su página web es TheRowBoat.com, y puedes ver sus tweets aquí.

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