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¡Paren todo, aquí está por fin el nuevo disco de Residente!

El boricua nos ha entregado un trabajo supremamente ambicioso y un punto de encuentro entre los cuatro puntos cardinales.

por Sebastián Narváez Núñez
31 Marzo 2017, 10:02pm

Han pasado casi dos años desde el anunciado descanso, por no decir separación, de Calle 13, la dupla puertorriqueña integrada por René Pérez (Residente) y Eduardo Cabra (Visitante) y una gran cantidad de músicos brutales. Desde ese entonces, René se embarcaría en un viaje sumamente ambicioso del que apenas atinó a adelantar que se trataría de una búsqueda personal de su ADN y su raíz. Un viaje que lo llevó a recorrer países alrededor del mundo como: Rusia, Armenia, Georgia, China, Burkina Faso, Ghana, Níger, Serbia, España, Inglaterra, Nueva York y Puerto Rico, cada uno con una historia que quedó documentada en pequeños clips alojados en una página donde la ubicación geográfica hace parte de una narrativa y por supuesto el grueso del disco que finalmente hoy salió a la luz, y que lleva el nombre homónimo del proyecto solitario de Residente.

Luego de varios meses de trabajo, el boricua nos empezó a tirar pruebitas de lo que se vendría en enero de este año con el lanzamiento de su primer sencillo "Somos anormales", canción que vendría acompañada de un video en el que básicamente se celebraba la diversidad de la raza humana al tiempo que se metaforizaba sobre el origen de la misma, con sus guerras entre bandos y sus diferencias.

Finalmente hoy, 31 de marzo, Residente nos hizo entrega de este primer experimento en solitario, un trabajo de 54 minutos repartidos en 13 canciones y creado en cerca de 14 países. Su disco homónimo es, en pocas palabras, un punto de encuentro de músicas e historias de varios rincones del mundo, una búsqueda personal que resultó en canciones que miran hacia el pasado como "Somos anormales" con su descripción de los individuos que habitamos este planeta o "Intro ADN/DNA" que habla de la descendencia, de las conexiones y la historia de individuos distintos con un punto en común.

Pero también se aprovecha para abordar temas anacrónicos como la guerra, sus secuelas y el hecho de que como sociedad se nos ha obligado a sobrevivir constantemente en vez de vivir simplemente, esto en su canción "Guerra"; y por otro lado, en "Dagombas en Tamale", se celebra la recursividad con la que nos enfrentamos a diario pese a las dificultades de vivir al borde de la escasez, e incluso inmersos en la misma. Es, a su vez, una invitación a pensar cómo ambos temas son transversales a muchas personas alrededor del mundo y no simplemente el mensaje va dirigido a una comunidad latinoamericana.

Dentro de todo esto hay que destacar, además, la cantidad de detalles, la colcha de retazos musicales con los que se creó este disco que más que una unión diversa de folclores globales es un diálogo abierto a explorar otros sonidos, algunos incluso de carácter ancestral o que simplemente han estado presentes en lugares tan distantes que simplemente obviamos y se ve en todas las canciones, pero especialmente en los interludios donde los cantos diafónicos convierten en protagonista a la voz y su capacidad visceral de desahogo.

Por otro lado este es un disco que aunque no es completamente panfletario y político, si tiene intrínsecos mensajes que son reflejo y crítica de la sociedad, incluso cuando se hace referencia a futuros distópicos como en "Apocalíptico" o "El futuro es nuestro". Aunque por momentos también se aleja de todo y simplemente se dedica a lo contemplativo: una oda a la sombra en la canción que lleva ese mismo título, un tema como "Milo" dedicado a su hijo en el cual, en forma de arrullo, le describe todo lo que le espera y lo que le rodea en este mundo terrenal, o "Desencuentro" una canción en la que colaboró la artista francesa Soko y que habla entrelíneas de la nostalgia, la distancia y los destinos inoportunos y finalmente "Hijos del cañaveral", la canción con la que cierra el álbum y que es una invitación a aceptarnos como hermanos, hijos de la misma tierra, con las mismas costumbres.

En fin, es un trabajo musicalmente absurdo, con una cantidad de detalles incontable y a veces indescriptible, con una intención de unificar un lenguaje, unas historias y unos sonidos distantes, pero que en la raíz tienen algo en común, algo que Residente se preocupó por buscar, celebrar y contar.

Escúchenlo completo aquí abajo:

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