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entre líneas

Homosexual, drogadicto y poeta: en memoria de Raúl Gómez Jattin

OPINIÓN | El poeta costeño murió hace veinte años y es el recomendado literario del mes.

por Gloria Susana Esquivel; ilustraciones por Dani Senior
19 Mayo 2017, 9:54pm

Raúl Gómez Jattin nació en 1945 y murió hace veinte años, el 23 de mayo de 1997. No se sabe si su muerte fue un accidente o un suicidio. Terminó bajo un bus en las calles de Cartagena y esto ha alimentado el mito del poeta maldito caribeño: esquizofrénico, homosexual y vagabundo. Más allá de los innumerables artículos de prensa que han intentado revestir la obra del poeta de un halo anacrónico —llamándolo, entre muchos otros ridículos motes, el Rimbaud de Cereté—, la poesía de Gómez Jattin sorprende por la manera sencilla y libre en la que está escrita. Como si descreyera de la rígida tradición de la poesía colombiana o mejor, como si se propusiera crear una tradición propia en donde Barba Jacob, Álvaro Mutis y Jaime Jaramillo Escobar entran en constante diálogo con sus poemas, la obra de Gómez Jattin le habla al lector de un deseo primario pero irrealizable; de una pulsión que se transforma en poema a partir de un lenguaje honesto y sencillo, pero que nunca termina de escribirse. Tal vez porque el Gómez Jattin que escribe y el que vive esa libertad plena que da la marginalidad son absolutamente indisolubles.

Dice Un probable Constantino Cavafis a los 19:

Esta noche asistirá a tres ceremonias peligrosas
El amor entre hombres
Fumar marihuana
Y escribir poemas

Mañana se levantará pasado el mediodía
Tendrá rotos los labios
Rojos los ojos
Y otro papel enemigo

Le dolerán los labios de haber besado tanto
Y le arderán los ojos como colillas encendidas
Y ese poema tampoco expresará su llanto

Homosexual, drogadicto y poeta. Es el mismo Gómez Jattin quien anuncia las ceremonias transgresoras que lo constituyen, que lo separan del deber ser y de cualquier rol social que se espera de él, y elabora el poema a partir del ardor que conlleva el ser partícipe de estos ritos.

Está también De lo que soy

En este cuerpo
en el cual la vida ya anochece
vivo yo
Vientre blando y cabeza calva
Pocos dientes
Y yo adentro
como un condenado
Estoy adentro y estoy enamorado
y estoy viejo
Descifro mi dolor con la poesía
y el resultado es especialmente doloroso
voces que anuncian: ahí vienen tus angustias
Voces quebradas: pasaron ya tus días

La poesía es la única compañera
acostúmbrate a sus cuchillos
que es la única

En donde Gómez Jattin hace un autorretrato de sí mismo, del mendigo, y habla de la poesía como aquella herramienta que le permite acercarse a su dolor —a su enfermedad, a esas voces que escucha dentro de su cabeza— pero no como un exorcismo o un ejercicio de sublimación, sino como una indagación de la cual el dolor es y será el único resultado. La poesía como única compañía posible, como único medio de expresión y de manera de estar en el mundo, con sus fauces filosas e hirientes.

Sin embargo, en momentos, Gómez Jattin desplaza a la poesía como manera de expiación de su propio cuerpo y le abre lugar al Amor. El deseo por otro hombre, casi siempre bello y distante, quien es también compañía en medio de la locura: "No te amo demasiado pero te necesito más que al poema", dice en Príapo en la hamaca, y da algunas pistas frente a ese padecimiento del cuerpo que es para el poeta estar enamorado y que solo puede saciar por medio de polvos con animales, mujeres y hombres que retrata en poemas como "…Donde duerme el doble sexo":

La gallina es el animal que lo tiene más caliente
Será porque el gallo no le mete nada Será
porque es muy sexual y tan ambiciosa que le
cabe un huevo Será porque a ella también le gusta
que uno se lo meta Lo malo es que caga el palo
Pero es el momento más bacano y el orgasmo
es de fiebre ¡Loco! Supersexo para mis seis años

A la paloma no le cabe Pero es lindo excitarla
Y hacerse amigo de ella y hacer de ella La
paloma
o sea del palomo el signo sagrado del Amor
aquel a quien nombro cuando no me duele
en demasía Virgo como un palomo pero penetrable

La pata es imposible La perra no deja
y muerde La cerda sale corriendo La
gata ni pensarlo Chévere la carnera Se
queda quieta La chiva en celo es deliciosa

Se me olvidaba la pava En la alegría sexual
sale a la calle como la perra a putear
De las aves lo más bacano es el pavo
Todos los pavos son maricas Lo aprietan

Claro que la burra es lo máximo del sexo
Femenino pero la mula lo chupa y la yegua
es de lo mejor… Pero

La cocinera hace todo. Se levanta la falda
y lo trepa a uno a su pubis. Te pone las manos
en las nalgas y te culea en esa ciénaga insondable
de su torpe lujuria de ancha boca

El que se ha comido un burro joven sabe
que per angostam viam hay más contacto y placer
De entrar con ternura por donde la naturaleza
aparentemente no lo espera Pero que recibe
en un júbilo que no le conozco a la hembra

Todo ese sexo limpio y puro como el amor
entre el mundo y sí mismo Ese culear con
todo lo hermosamente penetrable Ese metérselo
hasta una mata de plátano Lo hace a uno
gran culeador del universo todo culeado
Recordando a Walt Whitman

Hasta que termina uno por dárselo a otro varón
Por amor Uno que lo tiene más chiquito que el palomo

Que puede leerse como bestiario, inventario, autobiografía de encuentros sexuales pero, ante todo, como un manifiesto en donde el sexo y la poesía se convierten en las únicas maneras de hacer parte del mundo —en palabras de Gómez Jattin, de penetrar en el mundo— para ese marginal, vagabundo, mendigo, loco y poeta que era él.


* Este es un espacio de opinión. No representa la posición de Vice Media Inc.

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