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Lo que realmente le importa al país sobre la denuncia contra Gustavo Rugeles

Con este caso volvemos a lo mismo. Los episodios no suenan por sí mismos, ni siquiera la sevicia es suficiente de merecer un titular.

Nathalia Guerrero Duque

Nathalia Guerrero Duque

vía Youtube

Si se les había olvidado el nombre Gustavo Rugeles, esta es una buena semana para recordarlo. O mejor, para conocer a Marcela González Olaya, su actual novia de 22 años, quien el pasado 27 de diciembre realizó una denuncia en Medicina Legal contra el director del controversial portal noticioso El Expediente por maltrato.

En su denuncia Marcela afirma que no era la primera vez que Rugeles llegaba tomado a pegarle. Dice asimismo que es muy celoso y que le tiene hackeadas las cuentas de sus redes sociales y su celular. Marcela, que ya lleva cuatro meses viviendo con él, no solo mostró las huellas del maltrato en su cuerpo, sino que aportó unos audios que se hicieron virales, en los que Rugeles la trataba de “cínica de puta mierda” para arriba.

“Pienso que ya llegué al límite y que no aguanto más”, dijo Marcela en la denuncia, publicada por varios medios. “Quiero devolverme a mi ciudad y olvidar todo esto”.

Sin embargo, en vez de olvidarlo, y a pesar de que Medicina Legal recomendó medidas de protección, Marcela salió a los pocos días en un video al lado de Rugeles, el mismo día que se cumplía su incapacidad por las heridas que este mismo le habría causado. En el video ambos dicen que los demás, los medios, el público en general, están “tergiversando” lo sucedido para dañar la carrera profesional de Rugeles, y que la denuncia es un “tema” que van a solucionar de manera privada.

Por fortuna para Marcela, quien afirmó en la denuncia que dependía económicamente de Rugeles y quien, para especialistas como Alejandra Coll de Ruta Pacífica de las Mujeres y Olga Sánchez de Casa de la Mujer tiene un riesgo latente de ser víctima de un feminicidio, las denuncias por violencia de género dejaron de ser algo privado. Es decir, no pueden retractarse. La Fiscalía, por tanto, tiene que investigar sí o sí, una vez se denuncia, como lo recalcó ayer Catalina Ruiz Navarro en su última columna sobre el tema.

Ahora la pregunta generalizada está apuntándole a por qué Marcela en este momento está con Rugeles. Algunos afirman que está bajo amenaza, que se le ve muy tensa en el video y muchos otros afirman que es el comportamiento normal de una mujer maltratada por su pareja: que usualmente el maltratador la compensa con un viaje y ella vuelve a él por voluntad propia, ilusionada con que las cosas van a cambiar.

Pero las cosas no van a cambiar. Y menos con Gustavo Rugeles, uno de los fundadores del portal Las 2 Orillas y un periodista más mediático por su prontuario que por su trabajo. Vinculado en el pasado con el grupo nacional socialista Tercera Fuerza, con nexos en el uribismo y con abogados como Abelardo de la Espriella, no es la primera vez que Rugeles se las ve con la ley por maltratar a su pareja. En 2015 también lo hizo con Johana Fuentes, una periodista a la que, según Catalina Ruiz Navarro, intentó ahorcar y hasta terminó demandando por el mismo delito por el que ella lo denunció, logrando acallarla con ayuda de Abelardo de la Espriella como su abogado.

Y en medio de su desgracia, Marcela cuenta con otra fortuna: su caso sigue importándole al país dos semanas después porque su agresor es mediático, polémico, ya sea por razones más incorrectas que correctas. Esa no fue la suerte de Diana Patricia Jojoa, en el Huila, cuando su expareja intentó regresar con ella y al negarse, la apuñaló y le regó veneno en las heridas, convirtiéndola en la primera cifra que empezó a alimentar la estadística de feminicidios en Colombia de este año. Tampoco fue la suerte de las otras seis mujeres asesinadas en los primeros cuatro días de este 2018, un año que pinta trascendental para las colombianas: o luchamos, o nos matan. Así de simple. ¿Cuántas Marcelas y Johanas terminaron muertas el año pasado? ¿Cuántas más va a haber este año?

Con este caso volvemos a lo mismo. Los episodios no suenan por sí mismos, ni siquiera la sevicia es suficiente de merecer un titular. Acá el foco sigue encima del agresor. Nos importa si es periodista, si es mediático, si es rico, si es egresado de Los Andes, si es político, si es poderoso.

Las mujeres agredidas, las mujeres asesinadas, las que ya no están, terminan convirtiéndose en un número que engorda la cifra de feminicidios en este país, que este año ya empezó a rodar, y bien temprano.

Siete mujeres en cuatro días. No se les olvide esa cifra.

A la Fiscalía y a Marcela: todavía hay tiempo.