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International Sluts United: hablamos con la activista feminista china Li Maizi

Li Maizi se ha enfrentado a arrestos e interrogatorios, pero esta activista china sigue decidida a luchar por la liberación sexual y los derechos de las mujeres en su país.
28 Marzo 2017, 4:04pm
Todas las fotos fueron tomadas por Tamara Micner

Este artículo fue publicado originalmente en Broadly, nuestra plataforma dedicada a las mujeres.

En la Marcha del Millón de Mujeres organizada este mes de marzo en Londres, durante la cual miles de manifestantes se reunieron para exigir el fin de la violencia de género, una activista extranjera llegó para participar junto a sus amigas y aliadas: la feminista china Li Maizi.

Al mediodía, unas 15 estudiantes, activistas, artistas y aliadas chinas residentes en Londres se reunieron, llevando pancartas pintadas a mano e insignias en las que podía leerse "International Sluts United" (Zorras Internacionales Unidas) y "I want to hear Feminist Voices" ("quiero escuchar voces feministas").

Durante su primera visita al Reino Unido desde Beijing, Li ha ofrecido conferencias en tres universidades británicas para llamar la atención sobre el estado actual del activismo feminista y queer en China, como uno de sus rostros más prominentes a nivel internacional.

Como parte de las Cinco Feministas, Li fue arrestada durante 37 días en 2015 junto a Wang Man, Wei Tingting, Wu Rongrong y Zheng Churan cuando planeaban distribuir stickers en contra del acoso sexual en los sistemas de transporte público de Beijing, Guangzhou y Hangzhou el Día Internacional de la Mujer (el evento coincidió con dos importantes conferencias gubernamentales, que normalmente implican restricciones más estrictas sobre la disidencia pública).

Li tenía 25 años en el momento de su detención, que le implicó 50 interrogatorios y que sus padres tuvieran que mudarse a casa de su tía durante diez días, dejando a su perro solo. En señal de solidaridad, los amigos de Li proporcionaron a sus padres dinero y apoyo emocional.

"Cuando salí en libertad me molesté mucho por lo que le habían hecho a mis padres", afirma.

"Se necesitó mucho tiempo para que apoyaran mi labor", dice acerca de sus padres, ambos antiguos granjeros que pasaron a trabajar en una fábrica de alimentos (su padre actualmente está en el paro).

Li Maizi (derecha) con otras manifestantes chinas en la Marcha del Millón de Mujeres. Todas las fotos de Tamara Micner

Con su corte de pelo asimétrico, Li se muestra tanto alegre como seria con respecto a su activismo. Dirige cánticos durante la protesta a pesar de tener tos, generada por el polen que hay en el aire (aunque la contaminación de Beijing no le afecta), y grita complacida en mandarín y en inglés a través de un micrófono cuando se lo ofrecen las voluntarias. Es muy activa en las redes sociales y utiliza WiFi y zonas de Internet móvil de sus amigas cuando está en el extranjero. Le gusta posar como Rosie la Remachadora en las fotos y el año pasado asistió al desfile del Orgullo Gay en Nueva York desnuda de cintura para arriba.

Durante su arresto, la campaña internacional que obtuvo apoyo de activistas de todo el mundo, desde EE.UU. hasta el Reino Unido y Corea del Sur, le mostró a Li la importancia de la solidaridad, la cual ella ha mostrado a su vez  con la campaña de las activistas irlandesas a favor del derecho al aborto (las activistas pro-elección de ese país hicieron huelga hace poco, inspiradas por las mujeres de Polonia).

"Aunque tenemos contextos diferentes, podemos seguir mostrando nuestra solidaridad", afirma.

Para Li, la violencia de género, los derechos reproductivos y la lucha contra la criminalización de la sexualidad femenina son cuestiones feministas clave en todo el mundo, independientemente de los diferentes contextos nacionales. Al identificarse como lesbiana y como "zorra internacional", Li vincula su lucha contra la criminalización de la sexualidad femenina con la violencia de género, que según ella es "un grave problema" en China.

'Son unas zorras. Te violaron por culpa del vestido que llevas'.

"Tenemos que sacarlo a la luz", afirma. "No podemos revelar esas historias [de violencia] por la criminalización de la sexualidad de las mujeres. Es algo muy grave, en todas partes. 'Son unas zorras. Te violaron por culpa del vestido que llevas'. Y una mierda".

Así que el año pasado, cuando la víctima de la violación de Stanford declaró en público durante el juicio, Li expresó su solidaridad con las víctimas estadounidenses.

"Ellas pueden hablar, hacer un llamado, pero nosotras no", explica.

En China, dice, "la gente prefiere ocultar sus historias y superarlas en soledad". Sin embargo, cree que poco a poco las víctimas se sienten cada vez más seguras compartiendo sus historias.

Li Maizi se identifica como lesbiana y como "zorra internacional"

Li también señala que, para las activistas chinas, es más seguro criticar las políticas de otros países que las del suyo propio. Por ejemplo, el gobierno chino ha criticado la violencia de género en la India (incluyendo la violación en grupo sucedida en Nueva Delhi en 2012), aunque existe una situación similar en China.

"En la India muchas mujeres cuentan sus historias en público, pero en China no puedes hablar", afirma.

En lo que respecta al aborto, China cuenta con su propio conjunto de restricciones. A pesar de que está disponible hasta bien avanzado el embarazo, se fomenta en el caso de mujeres solteras (que no pueden obtener un registro oficial de vivienda para los niños nacidos fuera del matrimonio) y, con la política de dos hijos del país, también se requiere en el caso de las mujeres que ya han sido madres dos veces.

Li se hizo activista en 2012, mientras estudiaba administración pública en la Universidad Chang'an, en Xi'an. Sus destacadas acciones incluyen ocupar un lavabo de hombres en la universidad y las protestas de las " Novias de Sangre" de 2012. Inspiradas por las feministas turcas, ella y otras dos jóvenes llevaron vestidos de novia manchados de rojo y desfilaron por la calle Qianmen (cercana a la plaza de Tiananmen) durante 20 minutos para llamar la atención sobre el abuso doméstico, sosteniendo pancartas que decían "El amor no es una excusa para la violencia".

Tras su liberación en 2015, consideró abandonar el activismo, pero decidió continuar, algo que ella considera "una difícil decisión".

"No tengo elección", indica. "Si no haces nada te sientes indefensa".

Como mujer joven homosexual que ha sido detenida y no quiere trabajar en el sector privado, ella ―junto con muchas otras en su comunidad― está planteándose cómo ganarse la vida como activista.

"Es un auténtico problema", afirma. "Existen muchos principios en torno a cómo ser feminista y practicar el feminismo en tu vida, pero hay otra cuestión: cómo ganarse la vida. Así que tengo que pensarlo".

En la marcha de cuatro horas de duración ―que atraviesa tanto Chinatown como el Soho (el corazón de la escena queer de Londres)―, el grupo grita en mandarín y en inglés, atrayendo miradas de sorpresa de las manifestantes cercanas y de los peatones que hablan chino. Entre cánticos que exigen calles más seguras y el fin de la violencia de género, Li y las demás gritan "Solidaridad, poder", "¡Zorras chinas!" y "Mujeres de China: ¡poder, poder, poder!".

La visita de Li a Inglaterra ha sido de lo más oportuna, después de que el gobierno chino clausurara el sitio web alternativo de noticias Feminist Voices, que posee 100.000 seguidores en Weibo (un sitio web de microblogs parecido a Twitter). Lleva casi un mes cerrada y Li espera que se reabra la cuenta cuando finalice el congreso anual del gobierno de este fin de semana.

Afirma que, desde su detención en 2015, un signo de progreso es que las mujeres han estado construyendo comunidades en Weibo y siendo más conscientes de que la discriminación y la violencia por motivos de género están mal.

Aunque China aprobó una ley contra la violencia doméstica el año pasado, después de 20 años de lucha liderada por la Federación de Mujeres de China, las denuncias de casos de violencia son muy escasas. Li indica que todavía está por ver cómo se implementará la ley.

Después de su primera visita al Reino Unido, espera poder regresar el año que viene para ayudar a organizar una exposición de arte feminista contemporáneo en China. Está trabajando con Jiemei ("hermanas", en mandarín), un nuevo colectivo de activistas, artistas y académicas feministas con sede en el Reino Unido, para conseguir que se haga realidad.

A medida que la marcha llega a Trafalgar Square y finaliza, el grupo se sienta por primera vez esa tarde, para picar algo, fumar y tomar algunas fotos. En su último acto organizativo del día, Li se asegura de hacer una reserva para comer todas juntas esa noche.