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Hablamos con el tipo que organizó fiestas ‘swinger’ durante la dictadura en Pakistán

En medio de su fe musulmana y la tiranía de Zia Ul-Haq, Chunni Babu organizó eventos que se rebelaban de manera cruda contra el régimen moral y sexual de su país.

por Mahmood Fazal
10 Febrero 2017, 5:23pm

Chunni Babu vive en el adinerado suburbio de Brighton en Melbourne, Australia. Ahora es un magnate de bienes raíces, pero en los años ochenta vivía una vida completamente diferente. En medio de la dictadura de Zia Ul-Haq, Chunni organizaba fiestas exclusivas que atraían a las altas esferas de la sociedad pakistaní. Tuvieron un éxito arrollador durante muchos años, pero de un momento a otro, todo colapsó.

Conozco a Chunni desde hace mucho, pero nunca había escuchado la historia completa. Así que lo visité hace poco para fumar narguile en su balcón y hacerle las grandes preguntas de cómo comenzaron sus fiestas, cuándo se acabaron y cómo conciliaba el swinging con su fe musulmana.

VICE: Comencemos hablando de Pakistán a finales de los setenta. ¿Cuál era el ambiente político cuando comenzaste estas fiestas?
Chunni Babu: Era pesado. El país en verdad se descarriló bajo la dictadura militar de Zia Ul-Haq [dictador de Pakistán entre 1978 y 1988]. Zia Ul-Haq había impuesto sus ideas como un tirano y le había dado la vuelta a todos los ideales progresivos socialistas del gobierno anterior. Yo trabajaba como promotor inmobiliario. Mi familia comenzó a transformar los antiguos mercados tradicionales en modernos centros comerciales y los puso en arriendo. Sin embargo, mi esposa y yo pasábamos mucho tiempo en casa. Era nuestro propio Pakistán, remoto y alejado del alboroto de exterior.

Háblame de cómo comenzaron las fiestas.
Bueno, nuestros círculos sociales eran bastante pequeños. Siempre estábamos con las mismas personas casi todos los fines de semana, así que nos llegamos a conocer muy bien. Una noche, dos parejas que estaban de visita se nos insinuaron. Estábamos bastante trabados, escuchando las baladas de Rafi, entonces pensamos: ¿por qué no?

¿Cómo es que una noche se convirtió en muchas?
Bueno, yo me ofrecí para ser el anfitrión de otra fiesta porque era más o menos virgen en la escena swinger. Pero tenía curiosidad y contactos confiables que ponían los músicos y las bailarinas. Hicimos una lista de correos y comenzamos a enviar unas hermosas invitaciones escritas a mano con bordes dorados hechas por un artista de Peshawar que se especializaba en caligrafía árabe. Las primeras eran pequeñas y se enviaban solo a nuestros amigos; pero —como todo en Pakistán— el rumor se regó, la burocracia empezó a tomar el control y los invitados de las altas esferas comenzaron a traer a todo el que les diera la gana. Mis pobres guardias de seguridad sufrieron muchas palizas por parte de políticos y algunos brutos a los que no podíamos rechazar.

Entonces, ¿la gente simplemente empezó a llegar a tu casa?
Sí, pero yo quería que se sintieran libres, que experimentaran y estuvieran satisfechos en el corto tiempo que tenemos en este planeta. La liberación sexual es una vieja idea que hemos dejado atrás conforme nos volvemos más "civilizados" (lo que sea que eso signifique).

He escuchado de prácticas que ocurren en la clandestinidad y en las partes ricas del mundo árabe.
Sí, aparentemente las llamaban "las noches de Ifada", donde se apagaban las velas y el destino te dejaba deleitarte en cualquier acto que ocurriera con los que estaban a tu alrededor.

Todas las imágenes por Ben Thomson

¿Cómo es que te saliste con la tuya con esto en medio de la dictadura?
Le pagábamos a los policías, por supuesto. Y la dictadura lo hacía todo más emocionante. Todos querían saborear algo de libertad y yo soy de los que piensa que cuando impones una ideología que es muy dura, la gente se va a rebelar. Está en nuestra naturaleza. Así que lo que hicimos fue rebelarnos, de la manera más cruda posible.

¿Cruda?
Más sexual, más libertina y, eventualmente, más siniestra. Al principio, yo asumía que eran las influencias de la liberación occidental (con los hippies que constantemente visitaban el norte de India e incluso Afganistán) pero estaba equivocado. Las clases altas, los grupos sociales y las órdenes tienen una mirada de la sexualidad casi ritual que está enraizada en la historia y en la tradición.

¿Qué tan siniestras se ponían estas fiestas?
Nuestra última fiesta tuvo más de cincuenta invitados. Esto fue a mediados de los ochenta y yo había decorado la casa al estilo Mughal. Era una noche cálida pero yo me sentía muy frenético, patrullando la casa para cerciorarme de que todo estuviera yendo bien porque había gente que ni siquiera conocía. Habían llegado con amigos de círculos muy importantes: hijos de políticos y gángsters ricos con vínculos con grupos mafiosos. En Pakistán, estos dos tipos de personas son a veces iguales.

Cuando fui a los cuartos de invitados, uno de los meseros estaba en pánico y sudando, diciendo que había visto algo que nunca debió. Tenía miedo. Mi reacción inicial fue: Bueno, de pronto vio a dos hombres teniendo sexo. Pero estaba equivocado. Aparentemente, uno de los gángsters le había dado heroína a dos de nuestras bailarinas, y una de ellas estaba convulsionando. El culpable se había ido y le había gritado a uno de los meseros que limpiara el desastre. Se me bajaron los tragos y quedé como caminando en una extraña pesadilla. Podía escuchar a la gente cantando gazales abajo, y una pareja inglesa revolcándose en la cocina. Fue extraño y miedoso.

¿Y la bailarina? ¿Se mejoró?
Preferiría no hablar de eso. Pero sí puedo decir que nadie en la fiesta se preocupó siquiera por preguntar cómo estaba. Eso me dio mucha rabia. Todo acabó con ese desastre.

¿Cuánto tiempo llevabas haciendo fiestas?
Las organizamos con mucha frecuencia durante cinco años, normalmente en mi casa. Cuando acabaron, muchos de los invitados se dispersaron y comenzaron sus propios círculos privados. Comenzaron a organizar fiestas secretas de las que nunca se hablaba, solo para mantener a los matones y gángsters por fuera. Estas fiestas llegaron a India, incluso a Londres. Algunos todavía las organizan en privado hoy en día. Cada vez que voy a Bombay, Dubái o Karachi, recibo una llamada de algún viejo conocido que me pregunta si quiero ir a una fiesta como las de los viejos tiempos.

Es interesante… ¿No crees que nada de esto interfiera con tu fe como musulmán?
De pronto sí, pero la gente que te diga eso probablemente está enredada en sus propias inseguridades. Para mí, la religión es un asunto personal, una relación directa con Alá. Creo en lo bueno y lo malo. Nunca le he hecho daño a nadie en mi vida, y creo que si algún día soy juzgado lo bueno le ganará a lo malo. La pasamos muy bien en ese momento y le permitimos a la gente explorar sus propias relaciones y a sí mismos más de lo que creían posible. Era como una probada del cielo y el infierno en un mundo que parece no tener un lugar para nosotros.

¿Todavía te acechan recuerdos de esos días?
Todo el tiempo. Nos divertimos mucho, realmente estábamos ahí explorando, no como la juventud de hoy que está atrapada detrás de las pantallas de sus computadores. Teníamos grandes ideas y el valor para conseguirlas. Entre más me alejo de esa época y de ese lugar, más me acerco al estilo de vida de cuello y corbata, muy sobrio y conservador. Pero de pronto ese es el espíritu de los tiempos en los que vivimos hoy.

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