El documental que se grabó en el pueblo fantasma de La Calera

Gerrit Stollbrock e Iván Sierra crearon un documental sobre los frágiles recuerdos de los extrabajadores de la Cementera Samper, llamado La Siberia.

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sep. 15 2015, 7:50pm

Se dice que La Siberia en el municipio de La Calera es un pueblo fantasma donde la escuela conserva sus pupitres malgastados, la iglesia tiene sus paredes débiles y sus calles se encuentran desoladas. Se dice también que los recovecos del pueblo esconden ecos y sonidos de los fantasmas que rondan la zona y que, de hecho, se trata de las voces de las personas que alguna vez trabajaron en la antigua y abandonada planta de Cemento Samper. En los alrededores se pueden distinguir unas pequeñas casas que albergan a los trabajadores que continúan viviendo allí, donde empezaron su estilo de vida por más de medio siglo.

La planta, que refugió a más de 200 trabajadores que la convirtieron en su segundo hogar desde la adolescencia, cerró sin previo aviso en los años 90 y dejó a muchos sin sustento. Gracias a sus espacios poco convencionales, solitarios y oscuros, La Siberia se ha convertido en el espacio preferido para los amantes del terror y los artistas que se adentran en las paredes casi caídas con el fin de grabar sus películas, crear sus obras de arte y tomar diferentes sesiones fotográficas.


Todas las fotografías son cortesía de Gerrit Stollbrock e Iván Sierra.



Esta fue una de las motivaciones por las cuales Gerrit Stollbrock e Iván Sierra decidieron adentrarse en las entrañas de La Calera para trabajar en un documental sobre lo que ellos pensaban que iba a ser únicamente el recuerdo de una fábrica de cemento. Más allá de un simple lugar desolado y encantado existían personas que se relacionaban con la fábrica de tal manera que toda su vida giraba en torno a ella: sus compañeros, hijos, tíos, primos y todos a su alrededor tenían algo que ver con la Fábrica de Cemento Samper.

Familia de La Siberia.

"Empezamos el proceso del documental al revés: grabamos primero e investigábamos simultáneamente. Todo esto duró aproximadamente 5 años", afirma Gerrit acerca del inicio del documental. Con la ayuda y el patrocinio de Cemex, una de las empresas de cemento más influyentes de Colombia, la cual es propietaria del terreno donde se encuentra el vestigio de la fábrica, Gerrit e Iván consiguieron el permiso que necesitaban para grabar y utilizar el espacio desolado para el contenido visual del documental.

Su producción les permitió conocer a los protagonistas de la planta y las historias que a ellos los rodeaban. "Entrevistamos a 48 de ellos, nos contaron sus relatos, sus recuerdos y nos explicaron cómo no tuvieron nunca una especie de cierre con el espacio que tanto tiempo los acogió", dice Iván. "Por eso, con este proyecto quisimos darle vida a lo que se derrumbó un día de la nada y convirtió a la Siberia en un pueblo fantasma".


"Anatolio Alméciga, el trabajador más viejo de La Siberia, fue un gran cazador del páramo, desde que sus tíos lo pusieron a cuidar ganado allá cuando tenía apenas 12 años. Entraría a trabajar como guardián y guía del páramo donde quedaba la mina de Palacio, hoy parte del Parque Nacional Chingaza. Guió a los ingenieros alemanes por entre la densa niebla y los vientos torrenciales del páramo cuando se estaba montando el cable que bajaba la materia prima desde Palacio hasta la planta para que no se perdieran, porque La Siberia en algunos momentos se asemejaba mucho al lugar homónimo en Rusia; según cuentan, hasta nevaba".


"Álvaro Triviño. Estuvo en La Siberia desde niño, porque su mamá trabajaba en la casa de los ingenieros extranjeros como cocinera. Por eso estudió en la emblemática escuela de La Siberia y luego entró como tornero al inmenso taller de mecánica. Compositor de bambucos y otros ritmos del altiplano, era de los músicos que animaban las fiestas familiares de La Siberia, un pueblo muy fiestero, y durante el rodaje del documental compuso la única música que hace parte de la banda sonora: la canción "Mamá Samper" ".

"Yo me vinculé a la Cementera Samper a los 10, 12 años de edad", me cuenta Álvaro Triviño, extrabajador de la cementera y habitante del pueblo La Siberia. Afirma que pasó toda su vida en diferentes cargos, desde acompañar a su madre en la casa de ingenieros extranjeros hasta ser un experto en Mecánica Industrial en la planta. "Éramos una comunidad, todos nos conocíamos con todos pues teníamos casas que se construyeron para facilitarnos el trabajo en la planta", afirma, "llegamos a ser 1.200 trabajadores que conformaban una gran familia". Para él, el trabajo que han hecho Gerrit e Iván lo ayudó a recordar y a revivir 25 años de su historia: "pude mostrar mi taller, donde trabajaba todos los días, los laboratorios y los lugares donde se fabricaba el cemento, me dio mucha satisfacción además porque lo que se sabe de La Siberia es muy poco".

Gabriel García Márquez decía "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla", y esto fue precisamente lo que personas como Don Abelino, otro trabajador en la fábrica de cemento, hacía cuando se pensionó de la fábrica de La Siberia: "todos los integrantes del archivo documental nos hablaron de ese personaje que los impactó. Don Abelino trabajó en la planta desde los 14 años hasta su jubilación, pero nunca se quiso ir", me cuenta Gerrit sobre el recuerdo de muchos de los ancianos que alguna vez se cruzaron con este personaje.

Don Abelino se sentaba a recordar cómo era su vida trabajando y cómo no pudo dejar ese estilo de vida atrás cuando se tuvo que ir: "se sentaba frente a la planta todos los días con una sillita, esperaba, reflexionaba, almorzaba y, cuando sonaba la campana, se iba a su casa junto con los demás trabajadores", me dice Iván conmovido por su historia.

Ese es precisamente el tipo de relación con el lugar que Gerrit e Iván quisieron revivir con su proyecto. Su idea, mucho más que recordar lo que se hacía en la planta, fue hacer revivir a los protagonistas, su estilo de vida y mostrar cómo un pueblo se construyó por y para la planta. "Fue tal la necesidad de recordar para cada uno de los personajes, que cada vez contábamos con un grupo más y más grande de posibles entrevistados", afirma Gerrit; "en un momento determinado llegamos a tener 140 horas de rodaje, entre entrevistas y proyecciones del lugar".


"El "Ciego" Arévalo. Quedó Ciego antes de entrar a la planta por un accidente cuando era joven. Luego de aprender a escribir en máquina en el colegio para ciegos, entró al taller a escribir vales. Como cuentan en el documental, en los tiempos libres se iba al taller y los compañeros de los tornos le mostraban con las manos cómo se hacía el trabajo, hasta que volvió tornero. Decían por eso en "La Siberia" que era tan fácil trabajar en el taller, que hasta un ciego podía hacerlo".


"Carlos Cortés. El vecino de Gerrit Stollbrock, uno de los co-directores de La Siberia, su historia fue una de las fuentes principales de inspiración del documental. Dejó su trabajo de campesino sin mucho agüero para irse a trabajar La Siberia, aunque le tocaba caminar 7 km de ida y vuelta todos los días. Cuando se estaba cerrando La Siberia, muchos trabajadores se opusieron a pensionarse y, según cuentan, algunos incluso murieron de nostalgia al tener que dejar la planta. Don Carlos cuenta en el documental que él, nuevamente sin agüero, volvió de nuevo a trabajar el campo: "salí como chiva del corral, contento a trabajar de nuevo en mi rancho"".

El documental le rinde homenaje a la memoria. Las historias de los antiguos trabajadores que rodean la planta son vestigios de recuerdos: "para contar una historia necesitamos una estructura narrativa que la haga comprensible, pero así no funciona la memoria: escogemos eventos en nuestro pasado, pequeños recuerdos a veces sin sentido, que después reordenamos en la cabeza", afirma Gerrit. Así, su proyecto es una ofrenda a esos recuerdos, a ese estilo de vida que formó a estos personajes y a revivir la relación que las personas crean con su espacio. "Les dimos el cierre que ellos necesitaban porque para ellos no hay nada más gratificante que poder contar su experiencia de vida", explica Iván. Por eso, para personas como Don Álvaro, Don Anatolio, Don Carlos y el ' Ciego' Arévalo, que de cierta manera se transportaron a esos años de tranquilidad que les daba la planta, este documental reafirmó su presencia en la historia y los encaminó a volver visible lo que ahora es un vestigio en medio de La Calera.

El documental anteriormente presentado en el Museo Efímero del Olvido, en la Universidad Nacional hasta el 5 de septiembre, consistió en recopilar los diferentes testimonios de los entrevistados y exponerlos en diferentes plataformas. Ahora, se enfocaron en el video, el cual presentarán varias veces en Cine Tonalá. "Nuestro objetivo es visibilizar este lugar que unió a pueblo entero y así resucitar la necesidad de recordar el cambio abrupto de un estilo de vida con el documental", concluye Gerrit.

Para asistir a las proyecciones que se llevarán a cabo en la Sala Kubrick de Cine Tonalá en Bogotá, haz click aquí.

Para ver el tráiler del documental, haz click aquí.

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