la semana del moño

Cada vez es más difícil conseguir marihuana nativa en Colombia

La historia detrás de la escasez de la mata que conocimos como Corinto.

por Sebastián Serrano
17 Abril 2017, 7:17pm

El viernes 11 de noviembre de 2016, en una hacienda ubicada a las afueras de Cali, volvió a mi manos la Corinto, una variedad de marihuana nativa de Colombia que ha tenido un tránsito hasta su casi extinción: fue la regla hace 15 años, predominó hace 10 y hoy es una rareza. 

El hallazgo fue doblemente irónico. Primero, porque el moño opaco y de aroma tierroso de Corinto me encontró en la Copa Farallones, que está dedicada a exaltar las virtudes de variedades coloridas y dulzonas de marihuana que han venido ocupando un lugar en el mercado. Y segundo, porque tuvo que ser un turista ecuatoriano, que había venido hasta Cali porque en su país todavía están "a años luz de una copa de la marihuana", quien, luego de nueve meses de no verla, volviera a poner en mis manos una rama de marihuana nativa colombiana.

—No está muy buena, pero la están vendiendo ahí afuera, en el stand de los indígenas—, me dijo, mientras me pasaba una rama que ocupaba toda mi mano.

Para el ecuatoriano, haber encontrado esta marihuana silvestre (aunque cada vez menos común) en un evento dedicado a las variedades de marihuana más potentes que la humanidad es capaz de cultivar, era poco más que una desilusión. Para mí, en cambio, era la oportunidad de contestar un par de preguntas que hace rato rondaba mi cabeza: ¿qué exactamente es esa marihuana a la que le decimos Corinto? ¿Por qué ya casi no la conseguimos en las ciudades?

Aparentemente, no estaba solo al hacerme estas preguntas. Con autorización escrita de Wilson Conde, gobernador del resguardo, un grupo de indígenas había transportado tres costales de marihuana desde López Adentro, en Caloto, Cauca —a 30 minutos en carro del pueblo llamado Corinto—, hasta Cali, en el departamento del Valle. Su stand era el más visitado en la Copa.

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Olmes Ortiz, 59 años, presidente de la Comunidad Cannábica Colombiana, ejerce sus funciones con un bareto en la mano la mayoría del tiempo. "Esta marihuana es una chimba. Esto era lo que yo fumaba cuando era pelado", me decía Olmes, mientras meneaba un porro grandote —porque, al ser barata y no trabar tanto, la Corinto se fuma en porros grandes— que alguien había pegado con la marihuana que estaban vendiendo los indígenas a pocos metros de ahí.

A pesar de estar de acuerdo en que la marihuana que habían traído los indígenas del resguarado de López Adentro desde el Norte del Cauca era muy parecida al tipo de marihuana que había dominado el mercado negro en Colombia durante mucho tiempo, me costó trabajo ponerme de acuerdo con Olmes en un nombre para esta yerba que yo aseguraba era Corinto.

—No, Corinto, no. En Medellín a esta le decimos regular o pangola—me corrigió Olmes—pero en otras partes le dicen cafuche, mango biche o punto rojo. Esos son nombres que se van pegando. Así como a todas las de ahora les dicen cripas.


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Predeciblemente, los indígenas que viven en la región cercana a Corinto llaman "Nativa" a la marihuana que usted y yo llamamos "Corinto".

Sin embargo, eso no significa que esta planta sea en realidad originaria del Norte del Cauca. Según Wilson Conde, gobernador del resguardo de López Adentro, la marihuana no llegó a sus tierras hasta que hombres del M-19 les llevaron la semilla de lo que hoy llamamos Corinto, por allá a principios de los años ochenta. Y ha sido la descendencia de esa semilla la que históricamente fue cultivada y transportada desde el Norte del Cauca hacia el resto del país ganándose así la denominación "Corinto".

También le pregunté qué entienden por Corinto a los 2.770 miembros de Directorio Latinamericano del Cannabis, un grupo de Facebook que agrupa a conocedores y marihuaneros de varias partes del continente. Ocho personas distintas contestaron mi pregunta.

Todos estuvieron de acuerdo en que Corinto es un nombre que se la daba a la marihuana cultivada a la región cercana al municipio de su nombre, la cual puede tener sabores y aromas particulares debido a su origen, pero no necesariamente es una variedad diferente de las demás plantas de marihuana que se cultivaban en el país hasta el boom de la marihuana de ese color claro, cogollos pegajosos y aroma dulzón que llamamos cripa.

Hasta ahí, como casi toda la información que circula acerca de la marihuana en los círculos recreativos, la historia de la Corinto y las demás variedades nativas que se cultivaban masivamente en Colombia para ser comercializadas en el mercado negro local es casi que exclusivamente oral y anecdótica. Según Kaiki, fundador del Banco de Semillas Español, Cannabiogen, lo que sí está documentado es que la marihuana llegó a estas tierras con los españoles, quienes siempre llevaban semillas de cáñamo en sus viajes ultramarinos. Uno puede encontrarlo, asimismo, en los libros de Chris Conrad y Jack Herer, acerca de la historia del cáñamo. Luego, los esclavos provenientes de Africa traerían consigo sus propias semillas de cannabis.

Es razonable presumir que de los cruces espontáneos entre esas dos genéticas y de los siglos adaptación a nuestra geografía y domesticación de nuestra gente, surgieron esas sativas hemafroditas, voluminosas, de escasa flor y abundante hoja que se cultivan en varias regiones de Colombia, el Norte del Cauca entre ellas. Hoy en día llamamos a estas plantas con un puñado de nombres diferentes como regular, corinto, punto rojo, mango biche, pangola, etcétera, pero podríamos agruparlos bajo el nombre de nativas o, en inglés, landraces.


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Con el objetivo de aclarar ese proceso de varios siglos de cruces y domesticación, Rob Desalle, curador y genetista del Museo Americano de Historia Natural (y otra docena de científicos gringos), llevan construyendo desde 2014 algo llamado la Phylos Galaxy. Básicamente, reciben muestras de marihuana de todas partes del mundo, hacen un perfil genético de ellas y, basados en esa información las ubican en punto del espacio tridimensional que muestra cuáles son sus parientes más cercanos en el universo de la marihuana.

En toda la galaxia, que ya tiene información miles de muestras, hay cinco que alegan ser variedades colombianas: Mango Biche Colombia, Gold Colombian, Columbian Pelo Naranja, Red Colombian, Colombian Sabanira. Según sus perfiles genéticos, todas estas muestras están compuestas en un 80% o más por genes nativos, son únicas en la galaxias y están emparentadas entre sí.

También están emparentadas con una muestra enviada el pasado 8 noviembre por una compañía de semillas californiana Coastal Seed Co, que según su cuenta de Instagram se dedica a rescatar genéticas nativas de todo el mundo. La muestra fue enviada bajo el nombre "Red Corrento", que no es otra cosa sino la forma en la que un gringo deletraría el sonido que hacemos los colombianos al decir: "Corinto".

La familia de algo llamado "Red Corrento". /Captura de pantalla tomada de Phylos Galaxy.

Según Kaiki, que ha trabajado con marihuana colombiana desde 1978, el hecho de que todas las variedades colombianas de cannabis que han sido estudiadas hasta el día de hoy por la galaxia estén emparentadas entre sí, nos permite hablar de un linaje de marihuana colombiana de la cual se desprenden unas cuantas variedades locales. Este linaje comparte un ancestro común que es el cañamón o cannabis sativa y por ello todas las variedades locales comparten algunos rasgos, como ser plantas altas, frondosas, hemafroditas, con poca flor y abundante materia vegetal (es decir poco moño, mucho palo, hoja y semilla).

Estas características también fueron enumeradas por David Ponce, psicólogo de Comunidad Cannabica Colombiana, para describir a la regular o pangola que venden, aunque cada vez menos, en Medellín.

Para Kaiki hacen falta muchas más muestras en la galaxia para ir armando el rompecabezas de las nativas colombianas y su relación con las nativas de otras regiones como México o Africa.

Esto es lo que podemos decir por ahora.

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La pregunta "¿por qué dejamos de conseguir Corinto en las ciudades?" es mucho más fácil de contestar. Siempre es la misma respuesta: por calidad y rentabilidad.

Minutos después de explicarme cómo los hombres del M-19 le presentaron a su gente la planta de marihuana que cultivarían durante décadas y terminaría por tomar el nombre de su región, Wilson Conde, el gobernador del resguardo de López Adentro, me contó cómo en los últimos cinco años otros hombres —los herederos del negocio— han invitado a los habitantes de la región a abandonar el cultivo de la vieja planta para dedicarse a trabajar con una nueva variedad. Según Conde, la nueva es más difícil de trabajar porque necesita de iluminación nocturna e invernaderos, pero la cosecha se demora la mitad del tiempo y "ellos" la pagan mejor.

Lo que Conde narra es el coletazo de un cambio paulatino en el mercado negro de la marihuana en Colombia.

Según David Ponce, mientras en Medellín una libra de regular vale entre 50 y 60 mil pesos, la de cripa va de 200 para arriba, según la variedad. Esto hace que la cripa sea más atractiva como negocio.

También es más atractiva para el consumidor: la cripa no solo es más potente (según Julián Quintero de Acción Técnica Social, la cripa que se consigue en Bogotá suele tener concentraciones de hasta un 22% de THC frente al 7% de un buen Corinto) sino que además tiene mejor pinta y olor. Por si eso fuera poco, la cripa rara vez trae esos palos y semillas que detestamos los marihuaneros.

Al ser hemafroditas —me explicaba Kaiki— las sativas colombianas son una pesadilla para los cultivadores de marihuana ya que se fertilizan a sí mismas, llenándose de semillas y ramas antes de llegar de dar flores (también llamadas moños) que son la parte de la planta dónde se concentra el THC.

Sin embargo, el experto criador de marihuana español también me explicó que aun cuando las marihuanas nativas hayan dejado de llegar a la grandes ciudades por una cuestión de economía del negocio, esto no significa que su linaje esté muerto. Según Kaiki, la mayoría de cripas que circulan en el mercado negro colombiano hoy en día son híbridos entre las nativas y plantas criadas por dueños de bancos de semillas como el suyo al otro lado del Atlántico.

"Puede que desde un punto de vista económico ya no tenga sentido cultivar estas Nativas", aseguró Kaiki, "pero si entendemos que el cannabis es medicinal, entre más variedad genética tengamos más variedades de medicinas podremos obtener de la planta".

Luego de explicarme que, a diferencia de la coca, la marihuana no tiene ningún lugar en su cosmología, el gobernador del resguardo de López Adentro confesó (en caso de que el costal lleno de Corinto, Regular Pangola que estaba frente a nosotros no bastara) que algunos indígenas siguen cultivando la vieja planta de marihuana en sus huertas: "esa planta no era nuestra, no era de aquí, pero la gente aprendió a usarla para echarse en la piel cuando tiene dolores. Eso ya no es negocio porque casi nadie la compra. Pero nosotros la seguimos cultivando porque esa planta es buena".


Si tiene alguna pieza importante en el rompecabezas de las nativas colombianas escríbale a Sebastián a sebastian.serrano@vice.com