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Comida

A los periodistas gastronómicos no les gusta tanto lo que postean tus blogueros favoritos

Para muchos chefs y críticos gastronómicos los blogueros no tienen los conocimientos suficientes para rankear sus restaurantes de la manera en la que lo están haciendo. Hablamos con ambas partes para entender la pelea.

por María Rivas Serrano
06 Diciembre 2016, 6:00pm



Hace un par de semanas se desencadenó en las redes sociales una guerra de opiniones en torno a la comida. O mejor: en torno a qué se dice sobre ella y cómo se evalúa en este mundo en el que uno no necesita una revista impresa para dar una opinión sobre algo.
Estaban, por un lado, críticos gastronómicos de medios tradicionales y chefs de diferentes restaurantes de Bogotá; por el otro, los "foodies" o blogueros gastronómicos como Bogotaeats (111.000 seguidores en Instagram), La Pobre Viejecita (25.300) y Salchichitas Cocacola (21.800), entre otros.

El fenómeno es reciente: uno va navegando sus redes sociales y aparece la última actualización de cada uno de ellos acompañada de un plato que se ve bien y luego una pequeña reseña: que sí, que no, que esto está deli, que esto otro combina bien y resalta. Luego un puntaje generalmente sobre 10.

El conflicto empezó por una cena ofrecida en el restaurante de Nicolás López (un chef argentino) y Sergio Meza (uno mexicano), llamado Villanos en Bermudas, un lugar de cocina de autor —los chefs se inventan una tendencia o un estilo propio en la cocina—. La cena, que le fue servida a los integrantes de un blog de comida llamada Eat2Taste, conformada por una chica joven y su novio, Laura y Nicolás respectivamente, terminó supuestamente intoxicándolos. Así quedó registrado en su cuenta de Instagram aunque el comentario fue retirado luego de una paliza en redes que les dieron los chefs.

La historia, como me la contaron los chefs, en realidad es más larga: dicen que estos foodies los llamaron por teléfono; que les dijeron lo del malestar; que ellos, López y Meza, les ofrecieron una cena gratis, que cuando quisieran fueran a reclamarla; que al otro día, después de la supuesta intoxicación, siguen ellos, vieron que postraron la foto de lo que parecía ser una mousse de chocolate. "Si estuvieran intoxicados, estarían sin comer por lo menos por seis días sentados en el trono", me dijo López.

Debido a esa inconformidad, me dicen, y cuando se los encontraron en los Premios de Cocina Semana que tuvieron lugar el pasado lunes 23 de noviembre, Nicolás los enfrentó y todo se convirtió en una bola de nieve que no ha parado de crecer.

Meme creado por los chef de Villanos en Bermudas. Cortesía.

Por su parte, cuando contacté a Laura de Eat2taste me afirmó que pidieron ocho platos distintos en el restaurante, platos que pagaron, y que al día siguiente fueron al médico que, dice, los diagnosticó con intoxicación por comida (a los dos). También me dijo que ellos tienen fotos de diferentes días para alimentar su blog, y no porque hayan publicado algo al día siguiente de la intoxicación, es porque lo hayan comido. "No somos críticos gastronómicos, somos más bien amantes de la comida quienes pagan por sus comidas y califican sus experiencias", me dijo Laura cuando la llamé por teléfono.

Luego de la controversia vinieron Liliana López, editora de Cocina Semana, Margarita Bernal, columnista gastronómica de El Tiempo, Mauricio Silva, de la revista Carrusel. Todos han reaccionado.

Liliana López replicó a través de su cuenta en Facebook lo que había escrito un mes antes del escándalo para su editorial de Cocina Semana: "Está bien que les guste la cocina, que adoren salir a comer y que tengan ese interés acerca de lo que encierra la gastronomía. PERO antes de emitir juicios, calificaciones y recomendaciones, hay que cocinar, visitar mercados, leer, comprar libros, revistas, probar, meterse en las fincas, en el campo, en los viñedos, en las destilerías, en los cultivos, en las fábricas de alimentos, en las cocinas, hablar e indagar sobre la filosofía de los cocineros, bartenders, sommeliers, enólogos, meseros, viajar, abrir la mente, seguir probando y repetir indefinidamente. Y créanme, esto no es de la noche a la mañana, es un aprendizaje continuo".

Entrevisté a Liliana y me resumió su crítica en tres argumentos: el primero es el conocimiento: "ellos no pueden hablar de algo que no saben". El segundo, recae en el puntaje: "es muy peligroso calificar un restaurante con otro que no tiene nada que ver con el mismo criterio de puntaje en todo". Y el tercero, sobre las cenas gratis que buscan quienes hacen esto.

En respuesta, Alejandro Escallón, creador de Bogotaeats, me dijo: "mi blog es una manera de hablar de mis experiencias como una persona del común. Nunca hablo de maridaje de vino, ni del término de un pescado ni de si un sushi es o no auténticamente japonés porque no tengo el criterio para hacerlo. La intención es buena: que las personas conozcan sitios distintos... Finalmente, la dicha de las redes sociales es que quienes quieren seguir a alguien lo hacen; nadie está obligado".

Algunos blogueros, frente a la polémica, decidieron utilizar el hashtag #DeComensalAComensal, con el que rectificaban que su posición no era hablar como personas críticas en gastronomía, sino como comensales que mostraban su experiencia con ciertos platos en diferentes restaurantes.

El hashtag, al cual se juntaron Salchichitas Cocacola y La Pobre Viejecita posteriormente, fue creado por el blog de comida Mateo Mateo (@mateo_y_mateo) junto con otras dos cuentas Kilobites (@kilobites) y Hunting Flavors (@huntingflavors). Aunque su propósito no fue apoyar a los jóvenes de Eat2Taste, sí quisieron mostrar su opinión frente a este debate: "Nuestra intención fue sentar una clara posición de lo que pretendemos con nuestras 3 cuentas y aclarar que tanto los chicos que hicieron el comentario sobre Villanos, como los periodistas y "expertos" como se hacen llamar los que arremetieron contra nosotros tras dicho suceso; estaban totalmente equivocados", afirman Mateo y Mateo.

Hay un tema en el que los blogueros están de acuerdo: los restaurantes no son para expertos. Y las opiniones sobre la comida que sirven en ellos, tampoco. Según las chicas de Salchichitas Cocacola "por más millenial y Black Mirror que suene este SÍ es un trabajo, es un intercambio donde tú pruebas pero también das a conocer lo que te gusta y mueves la industria y le facilitas las cosas a la gente que siente la misma pasión".

A este argumento se suma la Pobre Viejecita: "es verdad que hay que conocer más; siempre hay que probar más y tener más experiencias, pero no por eso toca empezar a escribir cuando uno ya está viejo. Yo estoy acá para compartir mis historias, que es lo que hace cualquier bloguero".

Alejandro Gutiérrez, uno de los chefs de Salvo Patria —restaurante de comida de autor que queda en Chapinero Alto— afirma, por otra parte, que el verdadero problema está en la preparación de quien hace una crítica. Para él, ésta se convierte en algo peligroso con respecto a los restaurantes, porque hay personas que están capacitadas para adquirir las facultades y capacidades que les permitan realizar una critica gastronómica y hay otras que no saben escribir, que tienen mal uso del lenguaje y no tienen ningún tipo de criterio que vienen a hacer reseñas deliberadas e irresponsables de los sitios.

Iván Cadena, el chef de Mesa Franca, me mostró su inconformidad con estos blogueros: "el otro día nos escribió uno que, aprovechando que acabábamos de abrir, nos contó su forma de trabajar: una comida para él y para otras personas, de cortesía, para poder hacer una reseña en sus redes sociales", afirma.

Esta opinión la comparten todos. Margarita Bernal, la columnista de El Tiempo, calificó de "falsa maestría", la que ejercen estos jóvenes "calificando, juzgando y menospreciando sin tener un paladar lo suficientemente entrenado y viajado, [lo que] hace mucho daño a una industria que se ha venido estructurando con esfuerzo y sacrificio, por parte de quienes invierten su vida en ella".

A esto responde La Pobre Viejecita diciendo que las revistas y los periódicos hablan bien de todos los restaurantes y según ella, unos no valen la pena. "¿Por qué solo ellos deberían tener validez? ¿Por qué los chefs y los periodistas buscan nuevas formas de la cocina, ser más arriesgados, y no aceptan las nuevas formas de opinión? No me parece que haya que romper las formas de poder por una parte y mantenerlas por el otro", afirma.

Con tantos comentarios de lado y lado, lo único que ha creado este acontecimiento es una oposición directa sobre quién, y de qué forma, puede opinar sobre comida. Los expertos contra los más seguidos y aclamados. Los que hablan desde una tribuna prestigiosa a los que prefiere el público general.

***Aclaración: este texto fue modificado por la inconformidad de los blogs(@mateo_y_mateo), @kilobites y @huntingflavors al hablar de la autoría del hashtag #deComensalaComensal.

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