Entrevistas

Hablamos con Rodrigo Desde el No Futuro

Después del concierto de homenaje a Rodrigo D. en el Altavoz, Ramiro Meneses reflexiona sobre el punk, el destino y el barrio. Filosofía marginal desde el corazón rebelde de Medallo.

por Nicolás Vallejo-Cano
23 Noviembre 2016, 10:22pm

Foto por Julián Gallo.

Hace cinco o seis años no pogueaba.

Pero esta vez, la ocasión lo ameritaba.

El pasado 6 de noviembre en el Aeroparque Juan Pablo II, el Altavoz de Medellín rindió un justo homenaje a algunos de sus padres espirituales, miembros ilustres de aquella vieja escuela que algunos bautizaron "Punk Medallo" y participantes originales de la mítica banda sonora de Rodrigo D. No Futuro, la cinta de culto de Víctor Gaviria.

Entre alaridos desafinados, un ensamble medio chueco pero afirmado en el estómago por los tres firmes y furiosos acordes de guitarra, las canciones hicieron lo suyo y trajeron el efecto deseado a nuestros cuerpos. Erizaron los pelos de la nuca. Subieron la tensión y dilataron las pupilas. Nos pusieron la vida misma en la garganta. Allí, en el ojo del huracán, vivimos el concierto entre miles de paisas fervientes que pusieron la tierra a temblar mientras bailaban en círculos a ritmo de su propio y rebelde cancionero. En el cielo tronaron clásicos como "Dinero", "Sin reacción" y "No más clases". Éxtasis tribal.  

Y allí, en aquel escenario atiborrado por miembros de Pestes, PE-NE, Agressor, Fértil Miseria y su banda, Mutantex, se veía al pequeño gran protagonista de la cinta, el punk original del gueto paisa que luego se convertiría en uno de los cómicos favoritos de la televisión colombiana. Como un Napoleón de la barriada, fue Meneses quien emitió los gritos de batalla más sentidos.

Después del concierto lo encontramos ahí en su camerino, con la adrenalina aún bombéandole la sangre.

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¿Qué acabamos de celebrar?

Fue una oda a la música. Un respeto a los pensamientos individuales.

Hablemos de "Sin reacción", la famosa canción de Mutantex que cantas en Rodrigo D que dice "¿Cómo me calmo yo?". En esa escena, a través tuyo se estaba expresando una rabia y una frustración vital que ha trascendido fronteras y generaciones. La pregunta es: ¿te logró calmar algo?

No, eso nunca se calma, pero por lo menos uno lo grita, lo dice, lo transmite... entonces eso te da un alivio, porque todos sentimos la misma necesidad de independencia, de decir algo, de rascarnos.

¿Qué te daba rabia en ese momento?

La desigualdad.

¿Qué más?

El poder.

¿Qué más?

La represión.

¿Eres de origen muy humilde?

Claro.

¿De dónde vienes?

Del barrio Manrique, un barrio obrero donde la desigualdad se sentía muchísimo.

Haciendo un ejercicio retrospectivo, encontrándote en esa situación de ser un punk en la barriada de la Medallo de los 80, ¿cuál era la energía que te movía?

Es la misma que me mueve hoy día y es esa incomprensión del universo que uno habita, que sigue siendo una cosa incomprensible. Pero por más que uno hoy tenga cierta comodidad con respecto al medio ambiente que lo rodea, siempre hay una necesidad de cambiar de lado para no aburrirse. Es decir, si la felicidad fuera la respuesta seríamos muy aburridos, porque no hay nada más aburrido que la felicidad. ¡Y no! Necesitamos el conflicto, pero el conflicto tiene que ser una cosa que, por lo menos al manifestarte en contra, te alivie.

¿Cuál fue tu primer encuentro con el punk?

En la época del heavy metal aparecieron por ahí unos tipos a los que todo el mundo les huía porque se escupían a sí mismos y entre compinches. Era un acto de lealtad lo que se hacía en ese núcleo. Ese fue mi primer encuentro con el punk.

¿Y quiénes eran?

Era un combo al que se le llamaba "punks" porque nadie quería estar con ellos, porque eso era escupirse o tragarse la escupa de los demás.

¿Pero quiénes eran?

Se sabía muy poco de ellos porque era un grupo muy cerrado… y no todo el mundo quería tragarse el gargajo del otro.

Hablando de ese tipo de rituales, ¿cómo eran los de tu parche de ese entonces?

Las fiestas, en los barrios, cuartos muy pequeños, sin luz y con mucha música. 60, 70 personas.  

¿Qué metían?

Marihuana y "Cocol".

¿Qué es "Cocol"?

Una mezcla de alcohol con Coca-Cola.

¿Cuál era tu soundtrack por excelencia en ese entonces?

Muchas bandas, Anti Nowhere League, Effigies, muchas… sobre todo las que tenían esa  coloración de "estamos muy intranquilos con lo que está pasando y tenemos que manifestarlo".

¿Eras un punk de pinta, de cresta, de uniforme?

Yo siempre me he rebelado contra la religión, el fútbol, la política y cualquier cosa que reúna a más de cinco personas alrededor de una idea... incluyendo a los punkeros.

Creciste en un contexto difícil, imagino que alguna vez te tocó decir: "Mierda, ¿cómo me la voy a guerrear?". ¿Viste el camino del delito frente a ti?

Sí, pero la música no me lo permitió. La música en ningún momento me permitió delinquir.

¿Qué significa el punk en tu vida?

Para mí, no es la música. Es la manera de expresar algo. No puede ser de una manera desapercibida, sin observación, sin cuestionamiento. Para mí el punk es digerir, preguntar y cuestionar, y a partir de eso hacer lo que te da la gana, con la aceptación o no de los demás. Puede sonar a alta traición, pero es defender al individuo, no al colectivo.

¿Qué hubiera sido de ese parche de amigos tuyos en los 80 sin el punk?

A los que no cobijó el punk terminaron muertos.

¿Qué los mató?

La ambición.

¿Pero tenían otra opción?

Sí, siempre ha habido opciones… pero la opción es individual.

Hubo muchos Rodrigos como tú para los que no hubo futuro. Aún los hay. Tú, ¿sentías que tenías futuro?

No… y no lo sigo teniendo.

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A Nicolás le gusta el pun. Lea más de sus entregas por aquí .