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Anecdotario

Orgullo Dance: el origen gay de la música electrónica

¿Vale la pena ver a la música dance a través de un lente gay en la actualidad o es simplemente un ejercicio de nostalgia inexperta?

por Joshua Glazer
09 Junio 2017, 10:06pm

El 11 de mayo de 2014, Red Bull Music Academy organizó un evento al aire libre en el Hudson Square en Lower Manhattan para celebrar la vida de Larry Levan, uno de los creadores de la música house. Esta fiesta de alto perfil fue parte de un esfuerzo más amplio para renombrar la sección de King Street, en donde se llevó a cabo, como Larry Levan Way, en honor al famoso DJ y el igualmente legendario club, el Paradise Garage, que en algún momento estuvo ubicado en la misma cuadra.

Cientos de fiesteros llegaron a King Street esa tarde, mientras que miles más sintonizaron en línea el stream en vivo de los bailarines moviéndose y bailando bajo el sol al ritmo del disco underground tocado por los discípulos de Levan: François Kevorkian, David DePino y Joey Llanos. Haya sido una experiencia personal o virtual, algo rápidamente se hizo evidente en el Larry Levan Street Party, este no era el típico público de música dance.

Con una edad promedio superior a los 30 (si no de los 40), esta claramente era una fiesta para adultos. Y si dabas un segundo vistazo notabas que la composición multirracial del público no solo se limitaba a incluir a personas de color y latinos, sino que estaba conformada casi exclusivamente de minorías—y no sólo raciales. Un porcentaje considerable de los asistentes en el Larry Levan Street Party eran gays. Era, visto a través del nublado filtro de la historia, una imagen clara de las raíces de la música dance como nunca se había visto. Una subcultura que, conforme los primeros rayos de los derechos de la comunidad LGBT empezaron a salir del closet, dio a luz a la cultura de música dance que ahora conocemos alrededor del mundo.

La profundidad a la que uno puede llegar escarbando en la historia de la música dance gay es limitada sólo por cuán profundo desee uno cavar. El autor Luis Manuel-Garcia llegó a una nueva profundidad con el artículo que publicó en Resident Advisor, An Alternate History of Sexuality in Club Culture, que sorprendentemente se convirtió en una de las piezas más leídas del portal de techno internacional.

"Nadie realmente niega que el disco salió de la vida nocturna gay," Manuel-Garcia aclara vía e-mail. "Pero conforme el house se convierte en acid-house, se convierte en techno y en todos los demás sub-géneros, de alguna manera la gente gay se escapa de la narrativa establecida y desaparece".

David Mancuso y su famosa fiesta Loft son reconocidos por casi todos los autores, incluyendo a Manuel-Garcia, como la zona cero de gestación del disco (gay o hétero). Estos primeros afters privados de principios de los setenta eran organizados amorosamente por Mancuso, junto con una red de bailarines de la comunidad gay neoyorquina, incluyendo a Levan y a Frankie Knuckles (el "padrino de la música house," quien desafortunadamente murió semanas antes de la Larry Levan Street Party). Levan y Knuckles tomaron su pasión musical del Loft de Mancuso y empezaron a tocar en Continental Baths, una casa de saunas gay que, famosamente, sirvió como la plataforma de lanzamiento de la carrera de Bette Midler.

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Knuckles se mudó a Chicago, en donde tomó una residencia como DJ en The Warehouse, y en el proceso le dio a la música house su nombre. Levan permaneció en Nueva York, en donde su propia residencia en el Paradise Garage fue otro catalizador clave para la cultura DJ como la conocemos hoy en día.

Tanto The Warehouse como Paradise Garage ofrecieron una valiente versión underground de la fiebre disco que arrasó a un país completo de mediados a finales de los setenta. Fue un fenómeno cultural famosamente encapsulado en el esplendor del Studio 54, pero retratado con más precisión en la contradicción del chico malo/bailarín interpretado por John Travolta en Fiebre de Sábado Por La Noche. Esta disonancia cognitiva de las masas del mainstream eventualmente sufriría un colapso con "disco sucks" convirtiéndose rápidamente en el grito de guerra anti-dance y anti-gay por asociación, (el lema mismo era un insulto homofóbico disfrazado).

Lejos del núcleo de la hostilidad que consumía al disco mainstream, los clubes gay urbanos continuaron nutriendo el sonido disco que se transformaría en música house y techno a principios de los ochenta. En clubes gays como el Music Box de Ron Hardy en Chicago y Heaven de Ken Collier en Nueva York, intercambios culturales entre los creadores de ambos sonidos (gay y hétero) se llevaban a cabo. En Nueva York, The Saint marcaría el comienzo de una nueva era de sonidos electrónicos (muchos de orígenes de Italo-disco) y deslumbrantes shows de luces que podrían ser los antecedentes de la estética rave, y eventualmente de los llamativos excesos del "EDM" actual.

Sin embargo, a pesar de estos pocos eventos atípicos, esta época aparentemente fértil para la innovación en la música dance era, de hecho, un período sin explotar dentro de su popularidad. Innegablemente, el SIDA sólo agravó el problema, diezmando a mucha de la generación clubera a través del miedo y su sentencia de muerte transmitida sexualmente.

La música dance no entregaría otra cosecha de beats hasta finales de los ochenta, esta vez en el Reino Unido con el acid house y la revolución rave. Impulsado por los poderes empáticos del éxtasis, esta escena convirtió a tipos buscapleitos en bobos amorosos. A pesar de íconos gays como Tony De Vit y el club londinense Trade, una gran mayoría de la escena acid house practicaba la sexualidad heteronormativa de la cultura mainstream. Lo mismo ciertamente se podría decir al respecto de la escena rave de Estados Unidos que surgiría en los noventa.

Se podría discutir que la gota que derramó el vaso de la era original de música dance gay fue que el ícono de la vida nocturna, Michael Alig, asesinara a Angel Melendez su dealer y compañero queer en medio de un ataque alimentado por las drogas. Fue un doble homicidio, literal y metafórico, que acabó con la vida del joven, al igual que con la extravagante escena de Club Kids en Nueva York, la cual gobernó Alig después de escaparse de sus propias raíces rurales del Medio Oeste de Estados Unidos. Uno podría analizar la ironía de que un hombre blanco del medio oeste gringo matara a un hombre latino de Manhattan, y que simultáneamente acabara con 20 años de innovación de música dance gay en el proceso.

De ese punto en adelante, la música dance de los noventa se definiría por una estética casi asexual, puros pantalones andróginos que eran completamente lo opuesto a las rusas y mayas del disco. En 1997, Palladium, club fundado por los empresarios de Studio 54 Steve Rubell e Ian Schrager y que alguna vez fue la Meca de la vida nocturna gay y verdadera música de DJ en NY, cerró con un set, ahora legendario, de Junior Vasquez. Ese mismo año, The Prodigy cantó "Smack My Bitch Up," y cualquier noción de las raíces gay de la música electrónica fueron prácticamente borrados. El electroclash intentó recuperar la fabulosa moda de la escena, pero se vio atrapado en un afecto agitado a pesar del sincero descaro de Larry Tee y el feminismo queer de Le Tigre.

La otra cara de esa moneda fue impulsada por el redescubrimiento de vieja música dance gay, en su mayoría, gracias a nerds musicales heterosexuales de Brooklyn. Encabezado po personas como James Murphy, junto a The Rapture y Juan Maclean, estos nuevos flautistas de Hamelín de la música dance underground revivieron el disco y el house para una generación de hipsters que habían estado alimentados por una estable dieta de The Strokes y cerveza PBR.

Esto de ninguna manera es para intentar posicionar a las varias generaciones que cultivaron creadores de beats como anti-gay. De hecho, uno podría discutir que este grupo, en particular conformado de casi puros músicos heterosexuales, hizo el trabajo de conservar la historia de música dance gay mejor que la misma comunidad gay, que se volvió completamente obsesionada con divas del dance mainstream como Lady Gaga en el ínterin de las décadas. Pero eso no cambia el hecho de que el interés en la música dance gay vieja era casi académico por naturaleza, a pesar del número de hipsters que se cayeran de lo borrachos en Last Night's Party.

También existe una marcada diferencia entre conservación y creación cultural. Estaría complicado identificar innovaciones reales legítimamente identificados como gay dentro de la música dance en los últimos 20 años. Quizás es demasiado pedir. La cultura gay, al menos una subsección urbana negra y latina, ya ha engendrado una era (de una década) de cultura orientada por los DJs que actualmente eclipsa la popularidad tanto del rock como del hip-hop, 40 años después de su comienzo. Siendo realistas, ningún movimiento puede esperar mantener más que breves rastros de su estado de minoría una vez que llega al mainstream. Simplemente es un juego de números.

Así que, ¿vale la pena ver a la música dance a través de un lente gay en la actualidad? ¿Es simplemente un ejercicio de nostalgia inexperta? Una cosa certera es que una parte de practicar la igualdad es darle igualdad a sucesos históricos que caigan fuera de la experiencia de la mayoría. La música impulsada por DJs puede que hace mucho haya abandonado sus orígenes como minoría, pero sigue siendo esencial que su historia no se pierda.

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