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Una radio ambulante con historias para incomodar

El proyecto de historias radiales de Daniel Alarcón es una vacuna contra la monotonía que padecen las emisoras en América Latina. Conversamos con él para aprender sobre su experiencia en los extramuros del periodismo radial.

Hay momentos en los que escuchar radio en Colombia resulta insoportable. La feria de la declaración, la complejidad resumida en 20 segundos, los chistes malos y verdes de los periodistas veteranos en las "mesas de trabajo", los formatos de programas calcaldos a lo largo del dial, y esa manía muy colombiana de convertir los espacios radiales en una suerte de espectáculo de lapidación pública, me hacen sentir muchas veces que escuchar radio es como tomar jarabe contra la tos: sabe mal, pero toca. 

Que hay excepciones las hay, pero si hay algo que echo de menos en nuestro espectro radial, son las buenas historias. Esas que, lejos de tanta opinadera, convierten la experiencia humana en hipnóticos relatos que revelan nuestras paradojas y demonios. 

Mi frustración con el periodismo radial en español se estaba volviendo crónica, hasta que el año pasado un amigo cercano me inoculó con Radio Ambulante. Y qué bien que me hizo. El proyecto, creado en San Francisco, California, por el escritor Daniel Alarcón, salió al aire en mayo de 2012, como una plataforma de reportajes y crónicas sonoras vía Soundcloud. Daniel, nacido en Lima pero criado en los Estados Unidos, ha logrado producir, junto a su esposa, la colombiana Carolina Guerrero, decenas de historias radiales de largo aliento que me he ido devorando vía streaming en mi celular, durante los trancones y largos trayectos de viaje a los que estamos sometidos los bogotanos. 

El año pasado, el proyecto se ganó el Premio de Periodismo Simón Bolívar a mejor pieza radial, con N.N., de Nadja Drost, una historia alucinante, sensible y cruda sobre la forma en la que los habitantes de Puerto Berrío convierten a los muertos sin nombre en espíritus de compañía y amuletos de la suerte. 

La semana pasada le escribí a Daniel para conversar con él sobre Radio Ambulante. Como pretexto, decidí felicitarlo por sus dos años "al aire". 

Los periodistas andamos inventándonos excusas para hablar de lo que nos gusta y como hace poco descubrí que Radio Ambulante comenzó a subir notas radiales hace dos años, quiero aprovechar el cumpleaños para que hablemos sobre este proyecto…

Verdad, ¿no? Tienes razón, ¡no había caído en cuenta!

Pues ya ves, quedas notificado, llegaste vivo a tu segundo aniversario. ¿Qué has aprendido sobre la radio y su relación con internet durante esto dos años?

Cuando arrancamos, yo tenía varias ideas e intuiciones. Entre ellas, que había una audiencia continental y que una historia en un país de América Latina podía rebotar fuera de ese país. Muchos me decían lo contrario, pero mi intuición me decía que la gente que yo conozco está cada vez más conectada entre países, y que cada vez con más frecuencia te integras a sus conversaciones. Radio Ambulante fue una manera de comprobar eso. Me ha sorprendido gratamente descubrir una audiencia regional.

Ustedes tienen más de 600 mil suscriptores en Soundcloud, pero en alguna nota que leí supe que buena parte de su audiencia proviene de Estados Unidos. ¿América Latina sí les está parando oreja?

Si sumamos los followers de Soundcloud, y quienes nos escuchan a través de BBC Mundo, estamos recibiendo 100 mil visitantes al mes. Esto sin contar a quienes nos escuchan a través de Radio Nacional de Colombia, emisoras argentinas y mexicanas y la Red de Radio Bilingüe de Estados Unidos. Yo creo que los latinoamericanos sí están escuchando, aunque la mitad de nuestra audiencia sea estadounidense, que no es lo mismo que gringa. ¿Cómo lo he comprobado? Nos están escuchando en universidades, en clases de periodismo, en blogs… Hoy mucha gente me conoce más por Radio Ambulante que por mis novelas. Por ejemplo, hace poco viajé a Lima para hablar de mi último libro, pero terminaron preguntándome mucho por La concursante, mi última historia. 

Tú arrancaste escribiendo ficciones a partir de testimonios reales. Radio Ciudad Perdida, tu primer trabajo, se basaba en entrevistas con muchas personas que vivieron la guerra en Perú… ¿cuándo acudes a la ficción y cuándo al relato periodístico? 

Para mí las herramientas de la crónica y de la ficción son bastante similares: observación aguda y preocupación por cómo revelar información mientras le sacas todo el provecho a la tensión que existe dentro de la historia. En otras palabras,  es un juego de estructura. Ahora, durante estos dos años me he dado cuenta de que el poder de la inmediatez es impresionante.  Me tomó siete años escribir mi última novela y otros siete en escribir la anterior. ¡Siete años huevón! Uno se pregunta: ¿cuánta gente va a leer este libro? Dado los costos de producción, el analfabetismo ¿a cuánta gente vas a llegar? Entre tanto, La Concursante, una investigación a la que le puse todo el rigor que le pondría a un cuento o a una obra escrita, le llegó a 20.000 personas en dos semanas.

¿Descubir esto no te tienta a dejar la literatura a un lado?

No. Todavía me fascinan las novelas; sentarte a leer y crear el contenido con el autor es casi milagroso. Pero no te puedo mentir: me atrae mucho la llegada de Radio Ambulante. En cierto modo se puede decir que radio y literatura se complementan, porque ambos tienen esa cosa muy íntima, muy privada, en la que alguien te está susurrando en el oído un secreto.

Estuve escuchando uno de sus últimos trabajos, En otro país, y caí en cuenta de que muchas de las historias de Radio Ambulante, aunque muy poderosas, se basan en un solo testimonio. ¿Qué tanto te preocupa llegar a la verdad de lo que realmente ocurrió cuando cuentas una historia? ¿No te da miedo armar un relato narrativamente atractivo, pero que no sea fiel a la realidad?

Es un buen punto. Nosotros tratamos de hacer fact checking, estamos aprendiendo y trabajando de manera cada vez más seria. Pero hay relatos que escuchamos en los que simplemente hay cosas que no podemos verificar, por ejemplo, en En otro país hay detalles de la conversación en el café entre el policía y Alejandra, como aquel en el que el tombo le propone que se acueste con ella, que no se pueden verificar.

Y en esos casos, ¿dudas en salir al aire, o el poder de contar una buena historia se impone?

Daniel se silencia unos segundos

Eso me causa dudas filosóficas. Tenemos historias que cuentan con un rigor periodístico duro, clásico y convencional, como La Concursante o Nohemí. Nos estamos moviendo en esa dirección. Pero hay otras historias en las que se nota por el tono que no son investigaciones, son construcciones narrativas con base en un testimonio. Yo pondría a En otro país en ese marco. No estamos haciendo un exposé de la corrupción en el Aeropuerto Ezeiza de Buenos Aires, sino mostrando la perspectiva de una persona que estuvo metida ahí. Es una línea demasiado fina; te puede parecer muy conveniente y te entiendo, pero la verdad es que somos un equipo súper pequeño y no damos abasto, así que tenemos que producir tanto historias ambiciosas como simples.

¿Qué historias buscas, Daniel? ¿Cuáles son tus obsesiones como productor?

Yo busco siempre historias complejas, sorprendentes, que me hacen dudar de lo que yo pensaba que sabía. Historias que a veces son incómodas, que te hacen revaluar una situación que pensabas que ya entendías. La de Nohemí habla sobre algo que todos sabemos que existe: el abuso sexual y sicológico a las empleadas domésticas, algo que existe no solo en Colombia sino en toda Latinoamérica. También me gustan las historias donde algo muy específico revela algo muy universal. Por ejemplo, estamos terminando una trabajo sobre la escena metalera en La Habana en los 80 y 90. No es una investigación, pero sí es la historia oral de una subcultura que me ha hecho revaluar la idea pintoresca que yo tenía de La Habana en los ochenta, lejos del malecón y los Chevrolet y la guayabera. Eso me parece de puta madre… Con este tipo de temas, lo que te brinda la radio es impresionante: la voz, los acentos, las pausas, los silencios, la risa, la jerga, todo eso es fenomenal.  Y cuando escuchas, no solo la historia del metal en La Habana, sino la historia contada por los freakies mismos, pues huevón, es chistosísimo, impresionante, todo lo que dicen los cubanos es fascinante. Su manera de hablar es muy divertida. 

Tu primer novela, publicada en 2007, tiene como punto de partida una emisora de radio donde hay un programa que ayuda a encontrar a los desaparecidos… ¿por qué esa presencia tan fuerte de la radio en tu vida?

Mi familia es una familia de radio. Mi viejo de los 15 a los 20 años fue narrador de partidos de fútbol en Arequipa, en Radio Continental. Yo recuerdo que de chicos hacíamos pequeños programas de radio los domingos y los enviábamos a Lima, adonde mis primos. Mi viejo nos entrevistaba, yo hablaba de lo que estaba aprendiendo en el colegio, mi hermana lanzaba un poema, una canción… era una manera de integrar a una familia geográficamente, en momentos en que no existían Skype ni Whatsapp. Ahora, Radio Ciudad Perdida es una novela que tiene como punto de partida un programa de radio, y a raíz de esa publicación me invitaron a hacer un documental  para la BBC, y ese fue realmente mi ingreso a la radio.

En Radio Ciudad Perdida, el dueño de la emisora le dice a la locutora del programa que ayuda a encontrar desaparecidos. “Yo no soy un hombre de radio, soy un hombre de negocios..." ¿Crees que haya una tensión entre la necesidad de hacer dinero y la narración de buenas historias?

No, espero que no, porque no quiero ser pobre toda la vida. Espero que esto pueda ser medianamente rentable en algún momento, ¿no? La Radio en Perú es extraordinaria en ciertos sentidos. Cuando hubo el terremoto en Ica, hace unos años, llegó antes que el Estado. La radio conecta y comunica y crea lazos en un país donde no existen esas conexiones entre la gente. Lo que pasa es que actualmente tocan música, comentan de política, entrevistan celebridades o figuras públicas, y realizan spots en vivo, “desde el lugar de la noticia", y hay muy poco espacio para trabajos producidos.

Total, asunto que a mí me aburre sobremanera. La mayoría de emisoras son iguales, ¿qué crees que les pase?

Razones obvias: no hay plata, no hay recursos, no hay tiempo… También es cuestión de pereza. Tienen mucha audiencia, y aplican esa gran frase en ingles: “if ain’t broke, why fix it?”. La radio genera ingresos y les va muy bien, cumplen su función social, informan, reciben pauta de propaganda… entonces quizás no es necesario. En Estados Unidos, en cambio, hay otro modelo: las emisoras públicas dependen de su audiencia, se sienten dueños de la emisora, aportan con plata de su bolsillo, así que hay otra relación entre emisora y audiencia. Nosotros estamos tratando de generar esa relación, y lo estamos logrando…

Ustedes arrancaron con US$46.000 recogidos a través de Kickstarter… ¿hoy la operación es sostenible?

Sí, con ajustes y con retos, sin duda. Pero aquí estamos. Tenemos algunos oyentes que aportan. La gente se suscribe porque cree en el proyecto. Además, hemos acudido a fundaciones, donantes privados, tenemos conexión con emisoras que necesitan llegar a una audiencia y nosotros podemos proveer eso. Estamos creando contenido en inglés y utilizando la ganancias para financiar las narraciones en español. Hay que trabajar mucho, pero no tengo dudas de que va a ser, a largo plazo, un proyecto sostenible. De hecho ya somos sostenibles, no hemos cerrado.

Pues me encanta escuchar eso… creo que muchos necesitan saber que sí se puede vivir de contar historias...

Qué bien, entonces no digo nada más. Antes de cagarla, mejor colgamos (risas). 

Juan Camilo anda por Twitter como @donmaldo. A Daniel lo encuentran como @DanielGAlarcon.