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Rodrigo D: La historia de la banda sonora del No Futuro

25 años después de la película de culto y a propósito de la reedición del soundtrack en vinilo, retrocedemos la cinta de uno de los discos inmortales del rock subterráneo colombiano.

por VICE Staff
07 Octubre 2015, 9:40pm




En 1990 apareció la banda sonora de ''Rodrigo D. No Futuro', la película en la que el director Víctor Gaviria logró retratar con crudeza el drama de los sicarios en Medellín, quizás uno de los capítulos más tristes de la historia reciente de la violencia en Colombia. Más allá de la controversia que generó entre las bandas de punk y metal de la ciudad, el disco trascendió el escollo y se convirtió en un clásico del rock subterráneo colombiano. Veinticinco años después, el sello español Munster Records –los mismos que nos sorprendieron en 2009 con la publicación de ¡Nadaismo a Go- Go!, el fabuloso recopilado de Los Yetis– vuelve a poner en circulación un disco que se había convertido en una de las gemas preciadas de los coleccionistas obsesivos.

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A mediados de los años ochenta del siglo pasado, en las lomas del barrio Manrique-Guadalupe de Medellín, los jóvenes tenían tres alternativas: buscar y encontrar trabajo como ayudantes de algún tipo de oficio duro; convertirse en sicarios –asesinos a sueldo bien pagados por la mafia del narco; o negarse a las dos anteriores y asumir una postura radical y marginal de la mano del punk y el metal. De esas tres opciones, apenas un puñado optó por la última sin saber que estaba desatando un huracán que transformaría el entramado rockero de la “capital de la montaña” y, de paso, del rock hecho en Colombia.

No era un asunto sencillo ser un punkero o un metalero; cada ‘outsider’ debía librar y ganar sus batallas personales en contra de su familia y su entorno más próximo y hostil que criticaba y castigaba cada peinado raro, el pelo largo y el uso de ropas y zapatos con taches y cuero. Pero el ímpetu y el deseo de marcar diferencia, de asumir una posición en contra de todo lo establecido, eran combustible suficiente para continuar resistiendo y narrando una realidad que ellos mismos hicieron visible de otra manera diferente al tronar de las balas, gracias al ruido de guitarras y tambores hechizos que se amplificaban a través de los bafles de los vetustos equipos de sonido que empezaron a distorsionar y a retumbar en los sótanos, garajes y locales dispuestos para poguear y liberarse; transitando y abriendo, quizás sin saberlo, un sendero iniciado por los fundadores del ‘rock paisa’ 20 años atrás…

Dos décadas atrás en esa misma ciudad, igual de conservadora pero menos poblada y menos asfixiada por la violencia, los jóvenes pioneros del rock de Medellín se daban a la misión, casi kamikaze, de armar guitarras eléctricas con lo que había: armazones de madera fabricados por el carpintero del barrio, micrófonos robados de los teléfonos públicos y bafles o amplificadores prestados, para poder armar una banda de rock and roll que le diera un poco de color y diversión a una sociedad aburrida, católica y provincial.

De ese puñado de grupos de rock and roll paisa surgió Los Yetis, banda esencial del rock colombiano, secundada por el movimiento contracultural y poético conocido como Nadaísmo, un grupo de artistas iconoclastas que encendió todas las alarmas de la sociedad tradicional y religiosa. Pese a su persistencia y una discografía notable, que incluye tres álbumes de larga duración y varios sencillos, Los Yetis y toda la movida rockera de Medellín sufrieron el embate del olvido en la década de los años setenta.

El canto del cisne de la primera etapa del rock colombiano fue también su momento cumbre: el Festival de Ancón, celebrado en julio de 1971 en el municipio La Estrella, Medellín. La sociedad paisa fue testigo escandalizado del derroche hedonista y libertario que reunió a miles de jóvenes colombianos, y de diferentes partes del continente, para celebrar la música en un evento que se reconoció como una suerte de Woodstock criollo. Después, el espíritu del rock se refugiaría en callejones, antros y barrios marginales.

Tendrían que pasar muchos años para que una nueva generación de jóvenes paisas de distintas raigambres volviera a encontrar en el rock una forma de vida y de expresión. Bajo distintas miradas pero en escenarios similares, el heavy metal y el punk encarnaron, desde los tempranos años ochenta, un desencanto juvenil más áspero y tenaz, plasmado en canciones y discos futuros “incunables”que desde la marginalidad y el desprecio, y sin aspirar a nada, se llevaba todo por delante. El germen primigenio que brotó en los jóvenes de los suburbios de Gran Bretaña y Estados Unidos a mediados de los setenta, sería el mismo que haría eclosión, casi una década después, en un montón de jóvenes de los barrios marginales de Medellín que se prendaron del punk y del metal gracias a cada canción que escucharon en casete regrabado que pasó por sus manos.

Decidido a capturar el mundo de la juventud de las comunas más pobres de la ciudad, en su primer largometraje de ficción, el cineasta Víctor Gaviria empezó a entrevistarse con algunos ‘pelados’ del barrio Manrique-Guadalupe; pero sólo hasta que dio con un par de ellos pudo definir el rumbo y el eje vertebral de su película. Los encuentros en las oficinas de la productora Tiempos Modernos con Ramón Correa escritor incipiente que consignaba las vicisitudes de su vida y su barrio en cuadernos de diario y con Ramiro Meneses vocalista y baterista de la banda de punk Mutantex, y futuro actor protagónico del filme que llevará por nombre: Rodrigo D. No futuro– iluminaron a Gaviria, que halló en la música, el pandillaje, la muerte y la desidia, el tesoro al final del arcoiris.

De la mano de Meneses y Correa, Gaviria encontró el sonido y el lenguaje de esas calles empinadas y destapadas y, sobre todo, de esa pulsión incesante de sus protagonistas por enfrentar y combatir la realidad con punk o ‘pun’ atrevido, irónico, contestatario, hilarante y genuino, que echa mano del parlache jerga popular que puede recordar al lunfardo sin ascos, música hecha por ellos y para ellos; y también con ultra metal nihilista, propio, visionario y precursor, de cara a la evolución del género a nivel mundial. Así, músicos de diferentes bandas de punk aparecen en la película tocando sus propias canciones, mientras que las canciones de metal soportan las escenas más introspectivas y oscuras.

El punk y el metal ejercieron como la contraparte de la violencia de la Medellín de esos años, y en Rodrigo D. No futuro, aunque cueste separar las aguas, queda claro que la música es una alternativa, es la vida ganándole a la muerte. Las bandas de punk y de metal que suenan en la película se convirtieron en referentes indiscutibles para el rock de Medellín y de grupos posteriores como I.R.A. y Parabellum, quienes tomaron la bandera de la emancipación y, en últimas, de la diversión.


Portada edición original de la banda sonora de Rodrigo D. No Futuro.


Resulta extraño que en Colombia, a diferencia de la tendencia general, las bandas sonoras no hagan parte integral de las películas: generalmente brillan por ser deslucidos telones de fondo o terminan reducidas al éxito del artista popular de turno. En muchos de los casos, aunque la selección de la música se haya salido de los moldes habituales –como sucedió con El colombian dream (Felipe Aljure, 2006), Perro come perro (Carlos Moreno, 2008) o El rey (Antonio Dorado, 2005)– no se prensaron discos, y los pocos que vieron la luz se destinaron exclusivamente para el uso promocional en algunas emisoras, como sucedió también con Edipo alcalde (Jorge Alí Triana, 1996), cuya música memorable fue compuesta por el compositor antioqueño Blas Emilio Atehortúa.

Con el caso excepcional de La deuda (Manuel José Álvarez y Nicolás Buenaventura, 1997) –con música original del compositor argentino Luis Bacalov–, La vendedora de rosas (Víctor Gaviria, 1998) –con música de Luis Fernando Franco–, 728 ambulancias –que contiene la demencial banda sonora escrita por Edson Velandia para la película La sociedad del semáforo (Rubén Mendoza, 2010)–, Los viajes del viento (Ciro Guerra, 2009) y la edición de El cine colombiano en música (2005) –recopilación en la que el desaparecido investigador Carlos Barreiro Ortiz reúne algunas piezas de corte académico originales de David Feferbaum, Olav Roots y Luis Antonio Escobar– son pocas las bandas sonoras de películas colombianas que han pasado a la posteridad. En muchos de los casos son discos de culto que, infortunadamente, reposan en las manos de coleccionistas y fonotecas estatales.

De todas ellas, es Rodrigo D No Futuro la banda sonora que goza de mayor recordación en la historia del cine colombiano. Ya sea porque mediáticamente tuvo repercusión global al estar ligada a la primera película colombiana escogida para la selección oficial de Cannes en 1990, o por la crudeza de la cinta, lo cierto es que la música incluida allí reveló el sentimiento desengañado de una generación sentenciada a la fatalidad. Entre el drama de los sicarios y una ciudad sitiada por el narcotráfico y la violencia, Gaviria logró mimetizar esa sensación desolada con una banda sonora oscura y brutal que removió de alguna manera la blanda moral de la pacata sociedad colombiana.

Aunque el gesto del director supuso el riesgo de estigmatizar tanto a punks como metaleros –inevitablemente fueron relacionados directamente con el sicariato–, a la luz de los años su metáfora ha de ser entendida como el grito ahogado de unos jóvenes atrapados en medio de una barbarie que ellos no premeditaron y no como una postal de la porno miseria del tercer mundo. Hoy, afortunadamente, esas canciones han transgredido todas las fronteras generacionales y, por lo menos para los colombianos que crecimos en las décadas de los ochenta y los noventa, son himnos que nos recuerdan el terror pero, por muy disparatado que parezca, nos llenan de vitalidad. En este punto, sin meditarlo, esta banda sonora es un conjuro contra el olvido y de forma crucial, también expone la prehistoria del punk y del metal en Colombia.


Portada edición original de la banda sonora de Rodrigo D. No Futuro.


Unos años antes de que fuese lanzada oficialmente la banda sonora de la película Rodrigo D No Futuro, varias de las bandas que allí participaron ya habían sido recopiladas en colecciones artesanales que circulaban en los circuitos más subterráneos del rock en Medellín. Fue el caso de Con las uñas (1986), El cartel punk de Medellín (1986), Ruido de cloacas (1986) y Metal Medallo (1987), donde aparecieron Agressor, Ekrion, Pestes, P-NE, Mutantex y Dexkoncierto, bandas que finalmente harían parte del disco en cuestión. Asimismo, llama la atención que el mismo año del estreno de la banda sonora, haya aparecido La ciudad podrida Vol. I (1990), otro recopilado que mostró la faceta más punk de una ciudad en la que, habitualmente, se escuchaba salsa, tango, rumba criolla, boleros, porros y cumbia.

Pese a que muchas de estas agrupaciones gozaron de vida efímera, quedaron inmortalizadas en los surcos de Rodrigo D No Futuro y La ciudad podrida Vol I, dos recopilados que lograron visibilizar una escena musical fervorosa y con estética propia. De todas maneras, fue la que patrocinó Víctor Gaviria la que logró escapar del ostracismo y se convirtió, rápidamente, en un referente del rock en Colombia.

Grabada en Medellín en junio de 1988, Rodrigo D No Futuro se realizó en el estudio Chava Bluss, el mismo donde, en 1989, fue registrado Barkizidio, el primer disco de I.R.A, la legendaria agrupación colombiana de punk. Editada por Producciones JJ Mundo y Tiempos Modernos (la productora del director), contó con la asesoría musical de dos figuras importantes en el ámbito musical de la ciudad: Carlos Mario Pérez “La Bruja” –guitarrista fundador de Parabellum– y Mauricio “Bullmetal” Montoya, controvertido y oscuro personaje que, además de integrar bandas como Amén, Typhon, Agressor y la mítica Masacre, es el padre del black metal en Colombia. Dicho sea de paso, Montoya fue famoso, también, por su amistad epistolar con el malogrado Euronymous – cabeza de Mayhem–, por fundar el sello Warmaster Records, por su secta satánica Lobos en Contra de Cristo y por dirigir con éxito “La cortina de hiero”, el primer programa especializado en metal que se transmitió a través de la radio comercial en Colombia.


Mauricio "Bullmetal" Montoya (QEPD), personaje mitológico del rock subterráneo local.


Durante varios meses se realizaron audiciones, supervisadas por Gaviria, Pérez y Montoya, en las que muchas bandas de punk desistieron de participar por tratarse de una película que abordaba el tema del sicariato. De esas sesiones se escogieron, finalmente, cuatro bandas de punk (Pestes, Mutantex, P- NE y Dexkoncierto) y seis de metal (Amén, Ekrion, Agressor, Profanación, Blasfemia y Mierda). Varios músicos participaron como actores en la película: Olimpo Ordoñez (Mierda), Ramiro Meneses –protagonista principal– y Omar Alonso Arroyave (Mutantex), Freddy El Chino” (N.N), Piedad Castro y Vicky Castro (Crimen Impune y Fértil Miseria), y Cipriano (Parabellum), quien, a propósito, protagoniza uno de los momentos estelares de la película con su interpretación en la voz y la batería de “Cerdo policía”, una de las canciones emblemáticas de la cinta que no apareció en la banda sonora como también sucedió con “Kaos en el sótano” de NO y “Dónde está la libertad” de N.N.. Por razones no documentadas hasta la fecha, se excluyeron del vinilo original “Niebla y calor” (de Ekhymosis, la primera banda de Juanes), “Pobredumbre” de Sacrilegio y “Existencia putrefacta” de Nekromantie. Estas tres últimas salieron a la luz en 2007 en la reedición limitada del disco, producida por el sello Mad Man de Gonzalo Arcila.



Pestes


Harbin David Urrego​, Pestes.

En mayo de 1985 se reunieron Harbin David Urrego (voz), Oswaldo Restrepo Pulido (bajo) y John Geyver Herrán “Ringo” (batería) para conformar Pestes. A ellos se les unió Sergio Correa (guitarra), que pronto fue reemplazado por Jorge Vélez. Junto a P-NE realizaron su primer concierto en el barrio Efe Gómez varios meses después de su conformación. Se disolvieron en 1987 y se volvieron a unir para grabar las canciones que se incluyeron en la banda sonora de Rodrigo D No Futuro. “Dinero”, “Nunca triunfé” y “No, no”, tres canciones desgarradas que hablan del desespero y la insatisfacción, fueron publicadas originalmente en los recopilados Con las uñas y El cartel punk de Medellín, ambos de 1986. En 2011, junto al guitarrista de Mutantex Omar Arroyave, regresaron a las tarimas bajo el nombre Peste Mutantex y, dos años después, se presentaron triunfalmente en el monumental festival Rock al Parque. Actualmente Harbin es abogado, Oswaldo tecnólogo en instrumentación y Ringo ingeniero forestal.

Mutantex

A principios de la década de los ochenta, en el popular barrio Manrique de Medellín, Ramiro Meneses fue convencido por el guitarrista Omar Alfonso Arroyave de tocar una vieja batería que un grupo de música tropical había dejado abandonada en su casa. Ese fue el origen de Mutantex, dueto que antes de su bautizo definitivo, probó con nombres llamativos como Abortos, Fetos de Puta o Fornicar LTDA. De su corta vida se recuerdan toques para pequeños parches de amigos y uno grande en la iglesia del Barrio Buenos Aires que terminó en gresca y tres días en la cárcel. Al igual que Pestes, se disolvieron en 1987 pero retornaron brevemente para registrar las cuatro canciones que aparecieron en la banda sonora de la película. “Ramera del barrio” –cuyo título original era “PY”– se incluyó originalmente en el recopilado
El cartel punk de Medellín (1986), “Estúpidas miradas” hizo parte de Con las uñas (1986), mientras que la lánguida y desesperanzada “No te desanimes, mátate” fue grabada para la película.

Capítulo aparte se merece “Sin reacción”, versión de la parodia que Sid Vicious hiciera de uno de los números más populares de Frank Sinatra. Escrita por el francés Claude François, “Comme d'habitude” (como se llamó originalmente) mutó al inglés gracias a la traducción que Paul Anka hizo pensando en Sinatra. De Nina Hagen hasta Richie Ray & Bobby Cruz, de Nina Simone y Vicente Fernández hasta Los Pirañas, esta canción contiene en sí misma una de las genealogías más extravagantes de la historia de la música: difícil explicar que una sofisticada balada francesa de la década de los sesenta termine convertida en el himno de varias generaciones de punks colombianos que aún entonan con furia y delirio estas líneas desoladas: “Como me calmo yo/ todo rechazo/ ya no, consigo más, satisfacción/ Ya ni con drogas, ni con alcohol/ ya no consigo ninguna reacción/ No no no”.

P-NE

Paranoicos Neuróticos Esquizofrénicos; Plan Nacional de Educación; Proyectos no Existentes o Poder Natural Extremo son las palabras o situaciones a las que alude la sigla con la que se conoció a P-NE, una de las bandas más representativas de la primera generación del llamado “Punk Medallo”. En la escena del hard core- punk de la ciudad se recuerdan himnos como “A la destrucción y la anarquía”, “El puerco”, “Animales”, “Puto gobierno”, “Fronteras”, “Las isla de los caníbales” y “No más clases”, entre otras que, aparte de “A la destrucción…”, fueron editadas por primera vez en Con las uñas de 1986. De todas ellas, “No más clases” fue la que gozó de mayor recordación pues, además de aparecer en la banda sonora de Rodrigo D No Futuro, es un cántico de protesta imperecedero de aquellos jóvenes que no tenían oportunidad de acceder a la educación superior. En el libro Medellín en canciones (Ediciones B, 2014), Giovanny Rendón, bajista de la banda, describe de manera cruda y visceral el ambiente que inspiró la canción: “Lo que pasaba en la ciudad era realmente tenaz, a uno no le importaba la vida, pues Medellín era un desastre. Ese mismo deterioro que tenía la educación era lo que posibilitaba que todo el mundo estuviera buscando dinero de manera fácil. Gente sin educación, con hambre en las casas, sin oportunidades para crecer (…)”. Aunque el grupo se disolvió a finales de la década de los ochenta, volvió a los conciertos en 2011.

Amén

Conformada a principios de 1986, Amén estuvo integrada por Ricardo Ochoa en la voz y el bajo, Julio Vélez y Byron Sánchez en las guitarras y Mauricio “Bullmetal” Montoya en la batería. Influenciados por Metallica, Anthrax y Megadeth tomaron el camino del speed y el thrash metal aunque, años más tarde, desembocaron en el heavy más suave, melódico y con tendencia al rock progresivo. “Sala Negra” es el leitmotiv de algunos momentos de tensión y acción en la película. La vida de Amén fue breve, se presentaron en conciertos junto a Ekhymosis y Ekrion, y desaparecieron sin dejar registro discográfico oficial, salvo su aparición en la banda sonora de la cinta. En la actualidad Julio Vélez se dedica al pop y Byron Sánchez es uno de los abanderados guitarristas del circuito de jazz en Medellín.

Ekrion

Luego de hacer parte de Reencarnación –otra de las bandas emblemáticas del metal en Medellín–, el guitarrista Federico López “Habichuela” fundó Ekrion en 1989 junto a Jorge Ortiz en la guitarra y Germán “El Gato” Villa, un gran baterista recordado no solo por haber sido parte fundamental de Reencarnación, sino también por su aporte musical en Las nuevas aventuras de La Pestilencia (1993), el segundo disco de La Pestilencia, una de las agrupaciones clásicas del rock en Colombia. Siguiendo los pasos experimentales expuestos por Parabellum, Ekrion mostró un estilo de thrash sofisticado que se diferenciaba de la crudeza de las otras bandas. Antes de aparecer con el tema “Violentas arenas” en la banda sonora de la película, contribuyeron con la canción “Ley de confusión” en la recopilación Metal Medallo (1987). Al acabo de los años, Federico López se convirtió en uno de los productores e ingenieros de sonido más reputados de la música en Colombia trabajando al lado de un amplio espectro de bandas como Aterciopelados, Kraken, Masacre, Ekhymosis, La Derecha, Fonseca, Parlantes, Mitú, La Pestilencia, Dexkoncierto, Lucrecia y Planeta Rica, entre muchos otros.

Agressor

En pleno auge de la primera generación de metal en Medellín, Agressor fue una de las protagonistas de la escena al lado de Profanación, Reencarnación, Mierda y Parabellum. Fue fundada en 1986 por Antonio Mosquera Guerrero en la guitarra, Jorge Molina en el bajo y la voz, y Mauricio “Bullmetal” Montoya en la batería. “Poseído”, su contribución a la banda sonora de la película, había sido editado originalmente en un demo de 1987 que contenía, además, “Llamas de muerte”, uno de sus temas más conocidos. Inscritos dentro de la corriente del death metal, los integrantes de Agressor decidieron separarse en 1988. Ese mismo año Montoya y Mosquera se unieron al cantante Alex Oquendo y al guitarrista Juan Gómez, quienes fueron la primera formación de la legendaria banda Masacre. De las agrupaciones que participaron en la banda sonora, Agressor es de las pocas que permanece activa gracias a que Antonio Mosquera la rearmó a principios del siglo pasado.

Profanación

Los orígenes de Profanación se encuentran en la banda llamada Molotov, que estuvo activa entre 1984 y 1985. Allí coincidieron músicos de Astaroth e I.R.A, el vocalista Jorge Arango y el guitarrista Sandro Gómez; estos dos últimos, con la inclusión del baterista Carlos Schlotterbeck, conformaron finalmente Profanación, agrupación que antes de disolverse en 1988 grabó un demo en el que se incluyeron las canciones “Guerra”, “Edad media” y “Profanación”, corte que a la postre fue regrabado profesionalmente para la banda sonora de Rodrigo D No Futuro. Como dato curioso, las dos versiones difieren en las letras y, en la segunda, aparece Carlos Javier Abad, un desaparecido baterista que reemplazó temporalmente a Schlotterbeck.

Dexkoncierto

Aunque intermitente y disoluta, esta es otra de las bandas que se mantienen en pie luego de su participación en la cinta de Víctor Gaviria. Formada en 1986 por iniciativa del guitarrista Mauricio López y el baterista Esteban, Dexkoncierto fue moldeada al estilo de Ekorbuto, The Varukers y Narcosis, la mítica banda peruana. Junto a Sergio en la voz y Volketo en el bajo, Mauricio y Esteban registraron “Futuro es muerte” para la banda sonora de la película. Años antes, esta misma canción había aparecido en la famosa antología El cartel del punk (1986). Luego de que Volketo se convirtió en el cantante principal, Mauricio López, el fundador, tomó otro rumbo creativo haciendo parte en la década de los noventa de bandas como Los Árboles y Los Insectos. Con algunos miembros originales de la primera formación, Dexkoncierto es, en la actualidad, un vestigio vivo de aquellos años convulsionados.

Blasfemia

A finales de 1986, después de la disolución de la emblemática agrupación Parabellum, el guitarrista Ramón Reynaldo Restrepo y el cantante John Jairo Martínez formaron Blasfemia, una de las agrupaciones pioneras del black metal en Medellín. La oscura “Postmortem”, su contribución a la banda sonora de la película, había sido grabada años antes en el EP Guerra total (1988), un objeto de culto entre los coleccionistas que contiene, entre otras, “Más allá de la ignorancia”, otra canción muy recordada de la época. En confusas y violentas circunstancias, el 21 de marzo de 1998 John Jairo Martínez murió en las calles de Medellín. La banda se mantiene activa bajo el liderazgo de Restrepo, quien en 2013 se juntó con viejos amigos y grabó el disco Dioses/ humanos y bestias.

Mierda

A pesar de ser pionera y una de las agrupaciones representativas de los inicios del metal en Medellín, poco se sabe de Mierda salvo que estuvo conformada por Oswaldo Ordoñez Carmona en la voz, Andrés Klaus Runge Peña en la guitarra y Olimpo Ordoñez Carmona en la batería. Estuvo activa entre 1983 y 1988, años entre los que grabaron un demo desaparecido y “Mis sucias entrañas” para la banda sonora de la película. Su sonido sucio y desgarbado es la representación del llamado “ultra-metal”, un sub-género local que se caracterizó por su sonoridad rudimentaria y anti- técnica. En la Plaza de Toros La Macarena, el 25 de marzo de 1985, junto a Danger, Spool, Láser, Excalibur, Kraken y Parabellum, Mierda hizo parte del cartel de la Batalla de Bandas, un concierto mítico que, según el consenso general, partió en dos la historia del rock en la Medellín.

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Coleccionistas y fetichistas del rock subterráneo colombiano: la reedición del vinilo de 'Rodrigo D. No Futuro' se lanzará oficialmente en Colombia en la XVI Feria del Vinilo, a celebrarse en Bogotá este sábado 10 de octubre. Más info del evento por aquí.

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