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Magia, racismo y el mito de ser negro en Colombia: Jhonny Hendrix habla sobre su última película

El 4 de agosto se estrena "Saudó", la última película del realizador chocoano que reúne los mitos del Pacífico colombiano y reflexiona sobre lo que implica cargar con el legado de una raza maltratada y discriminada.

Jhonny Hendrix —director de Chocó (2012)— llegó al municipio chocoano de Cértegui cuando tenía 11 años. Llegó de la mano de su papá, un certegueño que salió de Chocó cuando Jhonny tenía dos años. Ese viaje fue la primera vez que empezó a escuchar historias sobre brujas, rituales y otro montón de mitos que atraviesan la región: mujeres que se convierten en gallinazos, seres que habitan y protegen la selva, hombres convertidos en animales, ajos para espantar los malos espíritus o rezos para hacerse invisible.

"Cuando fui allá, Cértegui era un cacerío. Había un puente colgante por el que uno tenía que cruzar para llegar al pueblo, que, básicamente, era una isla: estaba bañado por el mismo río, pero por el lado derecho lo llamaban el río Cértegui y por el lado izquierdo lo llamaban Quito. El Cértegui era cristalino, el Quito era sucio, pero era lo mismo. Así lo recuerdo. Para mí era un lugar mágico, todo estaba lleno de misticismo", me contó Hendrix, cuando nos reunimos hace un tiempo en un restaurante del norte de Bogotá.

Hendrix creció en Pereira, una ciudad que no siente suya. Y aunque declara que no se siente de ningún lado, confiesa que sus raíces están ancladas al Chocó, la región que toda su vida habitó entre las historias de sus papás y sus abuelos. Todos los mitos y la cultura chocoana heredada definen ahora su trabajo, y alcanzan su máxima expresión en Saudó, su última película que, a partir de hoy, 4 de agosto, está en las salas de cine.

Todas las fotos son cortesía de Black velvet.

El protagonista de Saudó es Elías, un hombre negro que a los 13 años salió de Saudó, un pueblo fantasma en Chocó, huyéndole a su historia y a su raza. Elías se va a una ciudad, se vuelve doctor, se casa con una mujer blanca y tiene un hijo con quien tiene una relación que se debate entre el odio, los problemas de comunicación y la rivalidad. Cuando su hijo empieza a entrar a la adolescencia, la realidad de la familia de clase alta se vuelve una fantasía de apariciones y brujas convertidas en pájaros. Elías decide que la solución es volver, junto a su hijo, a Saudó, y darle la cara al pasado y la tradición que ha negado por años.


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Los inicios de Saudó, según me contó Hendrix, están en un cuento que escribió cuando tenía 17 años y que, hasta hoy, nadie más aparte de él ha leído. El cuento, algunos años después, se volvió un guion, el primero que escribió, inspirado en las historias y mitos de Chocó que llenaron su vida. "De hecho, empecé a escribir Chocó para descansar de Saudó", me dijo Hendrix sobre su película de 2012 que alcanzó el Festival de Berlín en ese año.

Durante la escritura, dice Hendrix, él y el libreto estuvieron rodeados de eventos tan mágicos e inexplicables como los de la película. "Una vez estaba escribiendo el guion, estaba solo en mi apartamento, y se fue la luz en todo Cali —la ciudad en la que vive por temporadas—. El computador quedó prendido, y yo pensé como 'qué pereza escribir esto así'. Inmediatamente empecé a escuchar unas voces, que cada vez eran más altas. Me tocó irme a una panadería cerca para camuflar los sonidos. Eso me hizo alejarme del guion".

Hendrix es raro: a pesar de todo esto se declara escéptico. Y, a pesar de declarase escéptico, dice que ha visto cosas que no sabe cómo explicar. De este estilo: para la investigación que hizo para Saudó, Hendrix se fue a Chocó donde encontró una bruja que le pidió que le llevara cinco botellas de ron y tres paquetes de tabaco. "En una hora esa señora se fumó las tres pacas y se bebió las cinco botellas. Luego me dijo que Saudó existía, que era un pueblo africano en la mitad de la selva chocoana con un montón de oro enterrado. Se paró frente a mí, torció los ojos y me dijo: usted es el llamado a hacer tres películas sobre nosotros, sobre nuestra gente y nuestra raza. Luego se desmayó. Cuando se paró me imaginé que iba a estar completamente borracha, pero estaba normal, como si nada".

La historia sobre Saudó, el pueblo, del que Hendrix se enteró en ese encuentro, se volvió parte central de su película. Según me contó, la historia se inspira en un mito africano sobre un grupo de esclavos que huyeron de sus amos y que, con ritos y brujería, lograron hacerse invisibles para que no los pudieran volver a encontrar. En Saudó, el director aterriza lo africano en la mitad del Pacífico colombiano.


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"El Pacífico y África no son distintos. Para mí son lo mismo. Si tú vas al Congo, es muy similar al Pacífico colombiano, en música, en comida, en todo. Claro, tenemos diferencias, pero en la película mezclo los dos mundos porque los dos tienen la misma raíz" y agregó que eso le había quedado clarísimo una vez que en España conoció a un realizador congolés que le confesó que estaba aterrado de lo parecido que él, Hendrix, era a su hermano menor. "Y era impresionante lo parecido que él era a mi abuelo. Hasta en sus gestos".

Parte de esa raíz común, y que Hendrix reconoce en Saudó, es la fuerza de la magia y la santería afro que escuchó en historias y que lo marcaron y fascinaron en su visita a Cértegui. "La mitad del pueblo no tenía energía. Nosotros estábamos en la mitad que sí tenía, y mi tía, para que yo no saliera en las noches y no me fuera hacia ese lado, me decía 'allá no vaya que allá rezan gigantes'. Eso es muy fuerte para un niño. Yo iba y me paraba allá, en la frontera, a mirar la oscuridad. Era un miedo impresionante".

Pero la misma magia con la que se cuentan las historias que evitan que los niños vayan solos a la oscuridad, o al río, se usa para contar y somatizar el sentimiento de pérdida que azota a una región que, desde hace siglos, ha sido explotada hasta las venas: en la página web oficial de Cértegui, por ejemplo, se cuenta que, según los relatos, el municipio es heredero del Banco de Londres. La historia es que en el siglo XVIII, Matías Tres Palacios —el español que fundó el municipio— acumuló y se llevó a Londres una cantidad de oro sacada del territorio. Según los certegueños, antes de morir, Tres Palacios depositó el oro en el banco de la ciudad con la instrucción de que se lo devolvieran a Cértegui. Por el momento, lo único que circula de ese oro es la historia.

En un reporte del Dane de 2015, Chocó fue el departamento que reportó los peores datos en indicadores de pobreza. La región registró un 65,9% de pobreza monetaria en ese año, un aumento en comparación al 63,1% que registraba en 2013.


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Saudó no habla sólo de la fuerza de los mitos y las historias místicas del Pacífico colombiano, también habla de lo que implica nacer y heredar una cultura marcada por el azote, la violencia, la esclavitud, la explotación y el racismo. Elías, su protagonista, no quiere tener nada que ver con su pasado, se quiere olvidar de que es negro, aun así, su pasado no lo abandona, y lo persigue con una fuerza casi violenta que, a pesar de sus esfuerzos, termina heredando también su hijo. Más que una película sobre mitos e historias del Pacífico, Saudó es una película sobre lo que significa ser negro y cargar con un pasado lleno de sangre, magia y dolor.

"Para mí, ser negro y todo lo que hay detrás de la raza negra es un mito. ¿Cocinan rico? No. ¿Bailan muy bueno? No. Que los brujos más pesados en Colombia están en el Pacífico. Todo lo han convertido en un mito. Lo que hago en Saudó no es desmitificar, sino usar todos eso mitos sociales, que son incogruentes, y plasmarlos en una película que cuenta la historia de una raza aporreada, lastimada, y que no encuentra la manera de huir de eso". Me confesó, además, que no bailaba "muy bueno" y que era alérgico al pescado.

En medio de eso, Hendrix metió "sus dardos personales", como él los llamó: comentarios sobre el racismo latente en Colombia y el desinterés del país por hablar de la raza negra y su historia, algo que además el director ha vivido en carne propia. "Yo viví el racismo de frente en Pereira, donde sólo había dos familias negras. Yo no podía mirar a ninguna niña, nadie se iba a fijar en un negro".


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Y cuando Hendrix se pasó de la producción —con películas como Perro come perro o Anina— a la dirección, con Chocó, el mismo racismo y desinterés se manifestaron entre la gente que menos esperaba, según me contó.

"Cuando iba a hacer Chocó, lo primero que me dijeron los inversionistas, e incluso gente muy cercana a mí, fue que una película de negros no le iba a interesar a nadie. O sea, según eso, yo no le importaba a nadie. Luego hice Chocó y me dijeron 'Usted es muy buen director, pero ya, no se pegue tanto del cuento de los negros'".

Y aunque aún no sabe si va a seguir o no con la trilogía de películas que la bruja que visitó le dijo que iba a terminar haciendo, lo que sí tiene claro Hendrix es que va a seguir hablando del Pacífico y de la raza negra: "todo lo que me han dicho me ha servido para hacer justamente lo contrario. Desde ese momento me juré que todas mis películas, cualquiera que fuese el tema, siempre iban a tener al menos un personaje negro".

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Tania ve películas, reseña películas y habla con directores de películas. ¿Recomendaciones? Por acá.