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Una corta clase sobre el insulto: de Maluma a Carolina Sanín

Opinión // La vida es esa cosa horrible que hace que uno termine defendiendo a Maluma y a Carolina Sanín.



La vida es esa cosa horrible que hace que uno termine defendiendo a Maluma y a Carolina Sanín.

No quiero hablar del muchachito de Cuatro Babys porque, más allá de los mensajes denigrantes, la canción no produce ganas de mover medio centímetro las caderas, ni excita la lujuria de nadie y ni siquiera saca una carcajada, así que es un fracaso dentro de los límites estéticos mismos del reggaetón. Pero creo que Maluma tiene derecho a ser un imbécil mientras solo se haga daño a sí mismo y no por ser un pésimo músico debemos prohibirle expresarse en el único modo que es capaz de hacerlo. No hay que censurar a Maluma, sino dirigir nuestros mejores esfuerzos a que el pelao aprenda a hacer música.

Me gustaría, en cambio, hablar sobre el despido de Carolina Sanín de la Universidad de los Andes, no solo porque me metí sin ser llamado al debate con Chompos y escribí un texto sobre eso, sino porque soy profesor en Los Andes y he sido docente universitario en los últimos 14 años de mi vida.

He sido muy claro acerca de lo que pienso sobre la profesora y, a pesar de que no estoy de acuerdo con su estilo, estoy convencido de que dos de las discusiones que ella ha querido plantear son completamente necesarias y legítimas: la diferencia entre insultar y amenazar y la financiación de las empresas universitarias con dineros públicos. En ambas discusiones, el lenguaje de Sanín le ha quitado contundencia a unos argumentos que son más serios y profundos que la retórica con las que se expresan, pero ella misma ha echado leña para que el fuego no permita ver lo importante.

Como tengo poco espacio, voy a comentar rápidamente la diferencia entre el insulto y la amenaza pues precisamente dedicaba una de las clases que dictaba en Los Andes a este problema. Mis estudiantes conocen bien mi insistencia en discutir sobre el poder de las amenazas, básicamente porque estamos en un país en donde todo el tiempo vivimos bajo amenaza y la violencia ha convertido este recurso retórico en una de sus armas privilegiadas.

Los insultos y las amenazas hacen parte del lenguaje con el que comúnmente nos hacemos daño. Ambos recursos pretenden herir, pero difieren en sus efectos en el tiempo, el tipo de daño que procuran causar y los mecanismos que usan para garantizar su eficacia.


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Mientras el insulto apunta a causar un daño moral en el presente y utiliza para ello un acervo infinito de fórmulas lingüísticas injuriosas con las que contamos en el lenguaje; la amenaza, en cambio, promete realizar un daño que excede el campo del lenguaje, busca doblegar de manera permanente la voluntad del otro y se asegura un campo de poder que dote a la promesa de la posibilidad de ser realizada. Sé que esto puede sonar muy denso, pero estoy seguro que tres sencillos ejemplos bastarán para entender por qué sí hay una diferencia entre insultar y amenazar que hay que defender con las garras, tal y como lo hace la profesora Sanín.

Afirmar que alguien ha sido "parido por el ano" es un insulto. Si es "barriobajero" como diría Nesticor Morales o "chistoso" como diría Sanín, no importa. El caso es que pretende que la persona a la que se dirige se sienta interpelada y tenga que vérselas con si darle un valor de verdad a esa ofensa, sentirse lastimado o, simplemente —y como afortunadamente ocurre muchas veces— no darse por enterado y desvirtuar así la fuerza del agravio. Sanín es una aficionada al insulto y su procacidad, si bien es molesta, no por ello constituye una violencia que merezca ser penalizada.

El meme de Chompos, en cambio, no parece ser solo un insulto, pero tampoco creo que cumpla del todo las condiciones para ser una verdadera amenaza. Justamente este carácter ambiguo del meme es el que me parece interesante y por eso creo que debe debatirse en un entorno académico. La imagen buscaba ofender a Sanín por sus valores feministas y le prometía un daño en razón de defender dichos valores, pero dudo que Chompos tenga asegurado el campo de poder suficiente para, efectivamente, llegar a cumplir su promesa de golpear a Sanín. Es decir, la "amenaza" de Chompos está planteada de tal manera que no puede ser cumplida, porque quienes podrían cumplirla son unos mentecatos cobardes que derivan su influencia del anonimato. Sé que esta última característica puede ser muy polémica. La profesora Sanín sí siente que Chompos podría llevar a cabo su amenaza puesto que antes lo hicieron con algunos estudiantes agraviados, pero en este punto prefiero dejar la discusión abierta.

Lo que sí es clara y contundentemente una amenaza, es la destitución de Sanín por parte del rector Navas. Echar a un profesor por afectar la reputación de la Universidad y por expresar públicamente sus disensos con las políticas académicas de la institución, es una promesa de daño que recae automáticamente sobre todos los profesores: es mejor hablar "correctamente", dentro de los límites de lo que puede ser dicho sin afectar la marca, dentro del lenguaje autorizado por las directivas y, si no lo haces, pues te expones a perder tu trabajo. La amenaza de Navas difiere de los memes insultantes de Chompos por una sencilla razón: él sí está en capacidad de cumplir su amenaza y la cumplió. Así es la vida: quien debía defendernos de Chompos, terminó peor que ellos...


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Pero el problema de fondo no es la gestión de Navas. Él es un síntoma. Hace unos pocos años, algunos consultores convencieron a gran parte de las universidades colombianas de que su "mayor activo" era su "reputación". No sus investigaciones, ni sus docentes, ni su proyección social, sino su "marca" y, por este motivo, toda la gestión universitaria y las comunicaciones debían estar dirigidas a valorizar cada vez más su marca y no a producir conocimiento. Cual McDonald's. Las universidades que compraron esta idea, hoy dedican enormes partidas de su presupuesto a cuantificar los efectos que textos como el que usted acaba de leer tienen en su imagen. Voy a resumir al equipo de Navas, en el único lenguaje que parecen entender, el resultado de su jugada de negocios: les saldrá más caro echar a Sanín que mantenerla en su puesto.

Y bueno... como el despido de Sanín es un aviso para todos los profesores insolentes que se atreven a criticar —como parte de un ejercicio de autonomía y libertad de cátedra supuestamente consagrado en la Constitución— a la Universidad de los Andes y yo dicto una clase allí, me doy por notificado del efecto que esta columna tendrá en la continuidad de mi contrato. Gracias por todo, la pasé rico.