Testimonios

'La República merece un mejor líder': once exempleados del diario económico denuncian supuesto acoso laboral

El director del periódico, Fernando Quijano, responde a las acusaciones.

por VICE Colombia
03 Agosto 2017, 11:49pm

Imagen: VICE Colombia

No es común en Colombia que un medio hable de otro medio. Esto es así por una vieja regla que le inculcan desde el comienzo de su carrera a cualquier periodista y que dice: entre colegas no nos pisamos las mangueras. Sin embargo, los medios, al ser un poder que influye en la sociedad, también están expuestos al escrutinio público. Por esta razón, VICE Colombia pone hoy el foco sobre La República, uno de los diarios económicos más influyentes del país, y sobre su director editorial, Fernando Quijano.

El pasado mes de junio, un periodista de La República, se puso en contacto con VICE Colombia. Lo hizo motivado por una publicación hecha en nuestro portal el pasado 23 de febrero, en la que la publicista Oriana Castro hablaba de un presunto caso de acoso sexual en la agencia Leo Burnett.

El periodista que nos contactó quería ahora hacer su propia denuncia y publicar en nuestro portal una carta sin firma con el fin de señalar lo que él consideraba una serie de supuestos episodios de acoso laboral contra él y algunos compañeros de trabajo, de los cuales, según él, sería responsable el director Quijano.

Ese día escuchamos al periodista, pero tomamos la decisión de no publicar su carta.

Estábamos convencidos de que, si lo que él contaba era verdad, entonces debía haber más casos. Le pedimos paciencia, y nos dimos a buscar a más personas que quisieran hablar sobre experiencias similares durante su paso por La República.

Hoy, varias semanas después de ese primer contacto, VICE Colombia publica los testimonios de un total de once personas que accedieron a referirse a su tiempo de trabajo en La República bajo la dirección de Quijano.

Ya ninguno es empleado del periódico, pero todos trabajaron allí en algún punto entre 2009 y principios de 2017. Cada testimonio tiene particularidades y matices, pero los caracteriza un denominador común: las once personas con que hablamos sostienen que el director general los habría supuestamente acosado laboralmente o habrían sido testigos de episodios de supuesto acoso laboral contra sus compañeros.

La ley 1010 de 2006 considera acoso laboral "la ocurrencia repetida y pública", en el contexto de una relación laboral privada o pública, de "actos de agresión física", "expresiones injuriosas y ultrajantes", "comentarios hostiles y humillantes de descalificación profesional expresados en presencia de los compañeros de trabajo" o la "descalificación humillante (...) de las propuestas y opiniones de trabajo".

Los testimonios que presentamos a continuación provienen de personas jóvenes, casi todas menores de 30 años, con las que hablamos extensamente. La mayoría se mostró precavida y temerosa al referirse a sus días de trabajo en el equipo de Quijano y al reconstruir las experiencias de supuesto acoso. Ninguno quiso que mencionáramos su nombre en este artículo.

El temor a exponerse personalmente y, por ende, a sufrir las consecuencias de hablar de situaciones de estrés es una de las razones por las cuales el acoso suele persistir. Tanto la abogada laboralista Marcela Serrano como el profesor e investigador experto en Recursos Humanos Iñaki Piñuel, a quienes consultamos antes de publicar este artículo, consideran que una de las "particularidades" del acoso laboral es que se da en silencio.

Para Piñuel, la crisis personal que produce el acoso "hace que muchos trabajadores acosados, en lugar de denunciar la situación de maltrato, se resignen a sufrirlo en silencio porque es difícil marcharse". Y, de acuerdo a un estudio de Suzana da Rosa Tolfo, Narbal Silva y Edite Krawulski, de la Universidad Federal de Santa Catarina, como el acoso laboral suele darse en relaciones de poder desiguales, las víctimas y los testigos suelen no hablar porque temen por sus empleos y sus carreras profesionales. Así, según concluye el estudio, casi siempre prefieren quedarse callados: "El mayor problema experimentado por la víctima es que por miedo del desempleo, seguridad social, responsabilidades, ella pasa a sufrir en silencio estas situaciones".

Este es el caso de las personas con que hablamos. De hecho, cinco exempleados más de La República a quienes contactamos admitieron haber tenido o haber sido testigos de experiencias parecidas con Quijano, pero no nos permitieron publicar sus testimonios, según ellos, por miedo a posibles represalias, por la "influencia que él todavía ejerce en el mundo de los medios" y por el miedo que les genera la posibilidad de no volver a conseguir un empleo.

El deber del periodismo y los medios de comunicación es permitir que aquellos temas incómodos de los que solo pocos hablan salgan a la luz pública y pasen a ser debatidos adecuadamente. En el fondo, con este artículo estamos dándole la posibilidad de expresarse a un grupo de personas, supuestamente afectadas de acoso laboral, que hasta hoy no habían encontrado una plataforma para hacerlo.

Los testimonios que reproducimos no han sido editados y corresponden plenamente a las conversaciones que sostuvimos con los supuestos afectados, conversaciones que grabamos. Solo han sido suprimidos los nombres propios, algunas referencias personales y ciertas anécdotas específicas que pudieran revelar la identidad de los supuestos afectados.

VICE contactó vía telefónica y luego por correo electrónico al propio Fernando Quijano para darle la oportunidad de responder a los señalamientos. Al final del artículo reproducimos el mensaje que Quijano nos envió.

VICE también contactó vía telefónica al área de Gestión Humana de La República. Por petición de la persona que contestó enviamos por correo electrónico una solicitud de información y preguntas específicas sobre algunos casos. Hasta la publicación de este artículo, no recibimos una respuesta de parte de esa área de la empresa.

El contenido de los testimonios que reproducimos hoy no implica automáticamente que Quijano sea culpable de lo que lo acusan sus exempleados. Como anota Marcela Serrano, una de las expertas abogadas laboralistas con las que hablamos, "en últimas solo un juez laboral podría determinar si las supuestas conductas que describen los testimonios pueden considerarse como acoso laboral".



"A una secretaria no la bajaba de 'hijueputa bruta'"

Experiodista

"El ambiente era indiscutiblemente malo, complicado. Yo lo que veía es que él se ensañaba sobre todo con los editores, particularmente con los editores, y con algunas de las periodistas. La percepción que yo tengo es que muchas veces se ensañaba con las mujeres, las trataba mal. No las bajaba de brutas. Se lo puedo asegurar, les gritaba. Era un tipo que muchas veces se jactaba de que a él le gustaba que le tuvieran miedo, que a él le gustaba esa vaina. Cuando tenía que regañar a un editor, sobre todo con las editoras, las encerraba en una sala y empezaba a gritarlas. Muchas veces había varias periodistas y varias editoras que no se aguantaban la presión y lloraban. Lloraban ahí en frente al salir de los regaños y de las acusaciones. Era una manera muy indigna de tratar a la gente.

Otra cosa que yo recuerdo que hacía era que cuando a alguien lo chiviaban, el tipo le lanzaba el periódico a uno. Cogía el periódico de la competencia y se lo tiraba a uno encima del teclado. Por ejemplo, si a mí me chiviaba Portafolio me decía 'Mirá, güevón, te chiviaron' y ¡pum! le tiraba a uno ese periódico encima. No es mentira, de ese calibre era. Muchas veces los editores vivían con esas presiones encima. Los tratos eran bastante fuertes, las presiones muy duras desde arriba.

Recuerdo el caso de una secretaria a la que echaron, a la que el tipo no la bajaba de 'hijueputa bruta'. Yo lo oí. Hasta que la hizo echar. Una muchacha que cometió un error. Y la hizo echar.

El tipo, antes de llegar a La República, era editor general de El Colombiano. Lo que a mí me cuentan es que él llegó allá con su estilo dictatorial en Medellín, y esa gente se le emberracó y se le pararon en la raya. No se dejaron, y se dice que por eso lo mandaron aquí de director de esta vaina.

Es un tipo que ha tenido permanentes conflictos con periodistas y editores. Es una historia bastante complicada. Uno como periodista no está exento de embarrararla. Pero si a uno se le iba un error, por ejemplo, en portada, lo ponía a hacer planas. Digamos, si usted escribía mal la palabra 'inflación', porque se le fue un error de tipeo, cogía al personaje que había cometido ese error y decía: 'Me hace un favor me llena medio cuaderno con la palabra'. Yo me salvé de las planas, a mí afortunadamente no me tocó hacer ninguna. Una cosa dura, la gente no se sentía bien con el trato, las planas, la presión. Pero era un ambiente bien complicado, no era una redacción amena para trabajar.

Recuerdo al tipo ensañándose particularmente con las mujeres. Yo veía eso. No era un regaño en privado, sino en público, en vivo y en directo. Que todos escucharan. A una editora la encerró en una sala a gritarla, encarnizado, insultándola, por haber cometido un error. La vieja lloraba, y él no paraba. También echaba a la gente de los consejos de redacción, los echaba literalmente.

Cogía a las periodistas y les decía que por qué eran tan mal vestidas. El las cogía y les decía: 'Oiga, es que a mí las fuentes me dicen que ustedes se van muy mal vestidas a las entrevistas'. Si alguien llegaba y no le gustaba como estaba vestida, la devolvía también. 'Largate, vestite bien'. Era de ese calibre. Humillar en público. Y su trato hacia las mujeres es de las cosas más tesas que me ha tocado ver".


"Le dijo a una editora: 'Vos tenés que demostrar yo por qué te ascendí, o la gente va a decir que porque sos bonita yo te estoy comiendo'"

Exeditora

"La situación es totalmente lamentable. Llegué a un punto en el que vivía con miedo. Me levantaba llorando, no podía ni siquiera dormir bien, me palpitaba el corazón rapidísimo. Me daba pánico llegar a trabajar. Cuando renuncié, lo hice por él. Mi razón de renuncia fue Fernando Quijano. Es así de simple.

Porque yo amo al periodismo, allá uno aprende mucho. La República es una muy buena escuela, uno viaja mucho, pero la situación es lamentable. Uno llega a la sala de redacción, y el ambiente es tranquilo, está perfecto. Pero baja ese señor, y el miedo es tenaz. Siempre llega de mal genio, y uno no sabe a qué periodista o a qué editor va a regañar, como si todo dependiera de su estado de ánimo. Él llega, y es un maltrato tenaz.

Recuerdo que le decía a una editora: 'No servís para nada'. Y la frase más tenaz que escuché fue cuando le dijo: 'Vos tenés que demostrar yo por qué te ascendí, o la gente va a decir que, porque sos bonita, yo te estoy comiendo'. Esa frase fue tenaz. Fernando Quijano se aprovecha de que el sueldo de La República es muy bueno, que a ningún periodista le pagan lo que se gana allá y a un editor tampoco. Porque los editores cuando ya tienen su posgrado se están ganando 5.800.000.

El sueldo es muy bueno, y él se aprovecha de eso. Siempre le dice a uno: 'Sos ahorita la persona que debería salir. Si yo tuviera que echar a alguien, te echaría a ti, no confío en tu trabajo, tu trabajo me da desconfianza. Cuando cerrás periódico tengo miedo, tiemblo del miedo. Nunca te van a pagar lo que te estamos pagando acá. Te estamos haciendo un favor al pagarte ese sueldo'.

A una compañera le tocó un caso de persecución tenaz. A ella todos los días llegaba y la regañaba. Una vez, que fue muy grave, le dijo que era un gusano. Recuerdo que cuando ella era editora jefe, le salían fuegos del estrés en la cara, era una vaina absurda. Con ella la cogió todos los días. Era impresionante. Todos los días le decía que era la peor, que no servía para nada, que si no tenía dos dedos de frente para poner ese titular.

Él tiene una maña, y es que los editores allá son muy jóvenes. Esa es la otra estrategia: todos somos jóvenes. En este momento la persona de más edad en La República es una editora de 34 años. De resto todos somos de 22, 24, 25, 27. Él tiene una maña que también es terrible y es que, en pleno consejo de redacción, que es a la 1:45, él empieza a gritar al que sea delante de todos. Es escarnio público. Cuando dijo lo de que la gente iba a pensar que estaba comiéndose a la editora lo dijo delante de todo el mundo. Él lo que hace es que en pleno consejo de redacción solo están los editores, pero la sala de redacción es totalmente abierta.

Una vez nos hizo la de '¿Sabés qué? Vos no podés con este cargo', y nombra a un periodista que lo reemplace a uno. 'Vos no servís de editor, tu periodista está haciendo mejor el trabajo'. Y pasa al periodista como editor solo ese día. Es tenaz, son muchas cosas, yo creo que si no hubiera conseguido otro trabajo hubiera salido en medio de un show.

Muchas personas han salido en medio de un show. Que se van al baño a llorar después de que él las ha maltratado horrible. Vuelven, cogen su computador y se van. En tragedia, con los ojos llorosos, con la cara hinchada. Terrible.

Uno que me marcó mucho fue el de una editora que ya no está, que lamentablemente se fue, editora de economía, muy buena, y estaba cumpliendo años. Ese día estaba cumpliendo años y ese día se murió Chespirito. Fernando tiene castigos inhumanos: repetir turno dos veces a la semana. Cuando uno es editor jefe entra a trabajar básicamente a las 6 de la mañana y sale a las 9 de la noche. Imagínate dos semanas así, más lo que implica cerrar periódico, en ese estrés, en esa presión laboral.

Ella llevaba dos semanas de editora en jefe y cerraba tarde. En La República se cierra a las 5:30. Si no se cierra a esa hora, es una tragedia. Quijano dijo que ese día quería hacer una separata especial, con dos dobles. El caso es que se cerró tarde. Fernando bajó loco. Como si se transformara ese señor, bajó a gritar. Empezó a regañarla a ella, a decirle groserías. Que por qué cerraba tarde. Ella se puso a llorar, y él le dijo: '¿Sabes qué? Vos vas a volver a ser editora jefe la otra semana'. Ella no aguantó más, dijo 'No puedo más', se fue llorando al baño. Eso fue en pleno cierre. Ella entró al baño y se demoró una hora y media. Salió con la cara vuelta nada de haber llorado, cogió su computador y se fue. Jamás la volví a ver.

Otro periodista hombre cometió una vez un error con el dólar, y Quijano le dijo: 'Vos sos un hijueputa animal'. El man le dijo: 'Qué le pasa, yo no soy ningún animal', y le renunció. Son muchos casos.

Uno trabaja allá con miedo. Uno siempre está esperando a que le salga algo mejor. Yo renuncié como a mi séptimo grito grave, pero otras personas han aguantado mucho, porque tienen alguna responsabilidad.

Otra cosa también. La vez pasada fue increíble. Él es súper hincha de Nacional. Una vez le puso un castigo a un periodista porque para poder entrar al estadio a ver el partido se puso una camiseta de Millos. Le puso turno al periodista por eso.

Los castigos de turno son graves. Uno en La República normalmente hace un turno de fin de semana cada mes, o cada dos meses, como periodista. Cubrir para la página web lo que pasa el fin de semana. Y entre semana hay un turno de 7 a 8 de la mañana, por si algo pasa en esas horas. Y, por la tarde, hay otro de 5:30 a 9:30 de la noche. Por si después del cierre pasa algo a ver si alcanzamos a hacer un cambio en el impreso al otro día o para la página web. Claro, eso está asignado, todos los periodistas tenemos que hacer eso y normal tener turnos cada mes o mes y medio. Pero él, siempre que alguien la embarra o pone una cifra mal o algo así o pasa mucho que la gente lo llama y le dice. La gente le dice 'Tal error, tal error' y él llega y le dice al periodista: 'Vas a hacer el turno de por la mañana y por la noche, esta y la otra semana'. Absurdo. Esos son los castigos de él, poner más turnos, aparte de la humillación pública. Porque eso le fascina a él".


"Me insultaba delante de todos, me decía que no servía para nada, que una persona del aseo podría hacer mejor mi trabajo"

Exredactora

"Es un acoso generalizado, porque no es que él se haya fijado en determinadas personas, sino que él es un acosador de tiempo completo. Pero sí hay periodos en los que coge a determinadas personas. Mi último año fue terrible. Desde turnos que no me tocaban hasta desestabilizarme completamente.

Insultarme delante de todos, decirme que no servía para nada, que una persona del aseo podría hacer mejor mi trabajo que yo. Llamarme durante una entrevista a continuar con sus insultos por términos supuestamente del cierre. Pero era su manera de hostigarme todo el tiempo. Turnos en Semana Santa que no me tocaban, pero que ponía a su criterio, por gusto, sin seguir la secuencia.

Que haya visto: desde periodicazos en la cara a algunos periodistas, específicamente por una mala publicación en Agronegocios, hasta insultos a una persona cuyo papá acababa de fallecer, a la que le dijo: 'Esto no es un centro de beneficencia', que no le importaba.

Yo salí y duré medicándome cuatro meses para poder dormir. No podía. Todavía me emociona un montón.

Fue una muy mala experiencia, creo que no he sido la única persona. Sino que esto es un tema muy sistemático".


"Me bastó con ir dos horas a la oficina de Bogotá para darme cuenta de lo terrible que es ese ambiente laboral. Es una psicología del miedo"

Excorresponsal regional

"Solamente me bastó con ir dos horas a la oficina de Bogotá; el ambiente laboral allá es terrible. Es como una psicología del miedo que imponen allá. Por así decirlo, todas las personas se contaminan con eso.

Está la cabeza, Fernando, y están los editores y después vienen los periodistas, diagramadores, etcétera, en la cadena. Directamente no tuve un trato con Fernando porque no era mi jefe inmediato. Pero los que vienen después de Fernando, que son lo editores, no llevaban ni una semana de editores y ya empezaban a manejar la filosofía del miedo que se maneja allá.

Nosotros como periodistas obviamente tenemos que saber trabajar bajo presión, eso lo sabemos. Pero hay unas presiones que son innecesarias. Yo trabajé antes cuatro años en otro periódico y nunca sentí ese ambiente, [en La República] siempre te están recalcando que, si no terminas o no entregas y eso, te van a echar. Cuando renuncié, yo envié una carta a Recursos Humanos con capturas de pantalla de conversaciones con mi jefa inmediata en las que, por ejemplo, ella nos trataba de: 'Ustedes son tontos', 'Miren, si no hacen esto, ¿quieren que los despida?'. O conversaciones como: 'Tienen plazo hasta las 12 de la noche para entregar'. Y recalcaba el hecho de que ella nos daba la oportunidad de entregar tarde. Por ejemplo, yo tenía jornadas en las que me levantaba a las 4 de la mañana, y eran las 12 de la noche, 1 de la mañana y no había parado. Incluso sin comer.

Antes de renunciar, estaba en un evento, y tenía un doble página, tenía que cumplir, pero tenía que rendir para las dos y tres y cuatro y cinco cosas. Tenía que estar pendiente de todo al mismo tiempo, con la presión innecesaria. La razón por la que renuncié fue porque me estaban sobrecargando demasiado, y ese acoso y ese estrés no es propio de uno. Uno quiere un ambiente donde pueda trabajar a gusto y tranquilo, aún con todas las responsabilidades que tengan. Porque el problema no son las responsabilidades sino como se manejan. Tenía jornadas de más de 20 horas trabajando de corrido, a veces sin comer, etcétera, para cumplir. A uno le exigían cumplir, pero mi jefa inmediata no cumplía, nos obligaba a entregar por puro capricho.

Una nota que le entregué un viernes a las 7 de la mañana después de haber trasnochado la revisó el martes de la semana siguiente. Eso era constante.

Siempre con esa filosofía de 'Si no terminas, te vamos a echar' o 'Hay otras personas que quieren trabajar aquí'.

El día que fui allá fue una experiencia que no quise repetir. Me habían comentado la posibilidad de irme a Bogotá, pero la verdad no lo vi viable, no me gustaba el ambiente que manejaba allá. Todo el mundo está a la expectativa de si va a regañar, si va putear a alguien. Hicieron una reunión, hizo una pregunta y nadie le dio la respuesta que él quiso. Les dijo: 'Ustedes son unas pobres bestiecillas, no saben nada de la vida. Son unos ignorantes'.

Todo eso se transmite a los editores. Ellos empiezan a manejar esa filosofía cuando ascienden. Porque hay buenas oportunidad de ascender. Cumpliendo ciertos requisitos, los periodistas rasos pueden pasar a editores. Pero como el 95 por ciento adopta esa filosofía que por Fernando se maneja.

Básicamente era reiterativo el hecho del maltrato y que todo el tiempo te están acosando con que si no haces esto te van a echar".


"Me decía: 'Eso solamente lo hace un retrasado mental'"

Experiodista

"Él siempre estuvo presente. Tengo entendido que él hacía parte de la Junta Directiva de El Colombiano. Los dueños de La República eran también accionistas de El Colombiano. Había como una participación ahí. Tengo entendido que él tenía algún papel editorial en El Colombiano y hacía parte de la Junta Directiva de El Colombiano. Por tener esa participación y conocimientos sobre economía, él tenía incidencia en La República. Él venía cada, di tú, dos meses viajaba a Bogotá y hacía presencia en el periódico. No era el director, era un personaje que todo el mundo, desde antes, decía que era una porquería. Los que tenían referencias de él decían que era lo peor.

Cuando él venía hacía su mala cara, su mala actitud, miraba a todo el mundo por encima del hombro.

En esa época el jefe de redacción era Vespasiano Jaramillo. Era un tipo muy querido, normal, que ejercía su trabajo, que vivía bajo una gran presión. Si lo cogías de buenas, era un tipo muy querido. Quijano llegaba y lo insultaba delante de todo el mundo, cuando ni siquiera era nada de La República, cuando hacía presencia y ya. Lo insultaba, lo callaba delante de todo el mundo. Aunque él, en esa época, no era directivo como tal, él ejercía cierto poder, podía mandar. Iba uno o dos días y hacía y deshacía lo que quería.

Empezó todo el tema de la transición, y a Vespasiano lo sacaron. Al director de ese momento también lo sacaron. Eso fue como en el 2009 o 2010. Sacaron al director y al jefe de redacción y posesionaron a Quijano como director del periódico. Desde ahí eliminaron la figura de jefe de redacción, y ese es el modelo que funciona hoy. La gente tuvo mucha más carga de trabajo y empezó todo el proceso de rediseño del periódico. Pasó del tamaño universal al tabloide europeo. Hubo muchos cambios que sí fueron buenos para el periódico. Hizo el rediseño de la marca, buscó otro enfoque sin perder su criterio económico, lanzó el nuevo logo.

Desde el punto de vista general, puso muchas normas. 'Usted llega aquí a las 8 de la mañana y se tiene que ir a las 5 de la tarde, punto. Si usted a las 5:15 está aquí le mando memorando porque usted tiene que ser capaz de hacer sus funciones en el horario establecido. Necesito que vaya, salga a las 5 de la tarde, vaya al gimnasio, vaya a cine, vaya al centro comercial'. Ese tipo de cosas uno decía: oiga, eso está bien. Obviamente es algo bueno. Él estableció muchas cosas que la gente dijo: oiga, sí, está bien. ¿Pero es lo que tú haces con la mano lo borras con el codo?

El tema personal a él lo afecta mucho. Él lleva los temas al plano personal. Si cometes un error en el periódico, él ya se lo toma como personal. Entonces te dice las cosas para ofenderte. Él empieza a decir: 'Y usted, ¿de qué universidad fue que salió?' o '¿Usted cuántos años de experiencia es que tiene?' o 'Eso solamente lo hace un retrasado mental'. Eso me lo dijo a mí muchas veces, o '¿Usted cuántos años es que tiene? ¿De qué universidad es que salió? Eso solo lo hace un bruto'.

Por ejemplo, en las reuniones es algo generalizado que él empezaba a insultar a todo el mundo a grito herido. Empezó a decir: 'Es que si ustedes se van, no van a conseguir otro trabajo igual'. Según él, el mejor trabajo de la faz de la tierra es trabajar en La República. Porque tienes un horario establecido y porque te pagan bien. Son muy buenos salarios. Difícilmente uno consigue ese salario en otro medio. Pero las condiciones pueden ser totalmente diferentes.

Por ejemplo, teníamos una compañera que es negra. Ella llevaba como 20 años en el periódico. Ella tenía un sueldo de periodista, aunque ejercía funciones de editora. Alguna vez Quijano le dijo a la editora: 'Necesito que usted me saque a esta vieja'. Y la editora le dijo: '¿Por qué la voy a sacar?'. Y él: 'Pues porque es negra'. Uno dice, ¿me está hablando en serio? ¿Que haya que sacar a una persona no porque sea mala o porque no haya cumplido sino porque es negra? Eso no tiene ninguna presentación. Mucho menos en este momento.

Lleva todos los temas al plano personal. No es que la embarró, pero mañana es otro día. No, él se queda ahí. Te lo sigue repitiendo durante quince días. La redacción es todo un piso del edificio, un gran salón, y todos están ahí repartidos en la redacción. Los editores están ahí revueltos con los diseñadores, fotógrafos, periodistas. Él iba llegando y abría la puerta de entrada y le empezaba a gritar a la gente, que podía estar del otro lado de la redacción. 'Oiga, usted: ¡Por qué sacó esta mierda en el periódico!', y les tiraba el periódico a las personas.

Muchas veces les pegaba con el periódico a las personas. Uno sentado en el computador, uno ahí dándole porque solo es moler y moler allá, y le tiraba el periódico encima del teclado, obviamente le cascaba a uno las manos. '¡Es que yo a usted le dije...!'. Lo que más le enfurecía es que saliera algo publicado y la fuente lo llamara a él. Porque obviamente la fuente no lo llama a uno sino al director. Él se encendía con el periodista y cogía ese sonsonete toda la semana. Muy berraco. Uno ya no sabía qué hacer. Terminaba con uno y empezaba con otro. Le encontraba un error y joda y joda hasta que lo sacaba a uno.

Así son las cosas allá, él critica mucho la capacidad de uno. Yo, cuando salí de allá, le decía a mi novio que yo era mala. Pero él me decía que no, no es posible, que yo era de las mejores. Yo incluso salía de mi casa antes del pico y placa porque La República me quedaba lejos, al lado del aeropuerto, y salía a las 10, 11 de la noche. Porque tenía que coordinar una publicación especial de 20 páginas. Hasta los viernes me quedaba hasta tarde haciendo los cierres. Y me acuerdo de que él le reiteraba a uno tantas veces que uno era malo, que uno era un flojo, que uno era un perezoso, que uno era un retrasado mental, ese tipo de términos, que me lo terminé creyendo. Les decía a mis papás y a mi novio que yo era mala. Pero conseguí otro trabajo y no, sí soy buena, conseguí otro trabajo en el que, gracias a Dios, gano más.

Más allá de lo que te diga, día a día eso lo va afectando a uno psicológicamente. Una compañera tuvo una crisis nerviosa, estuvo de psiquiatra. Alguien que parecía que no se quebraba por nada, pero mira que sí: durante su trabajo en el periódico tuvo una crisis nerviosa en la que la tuvieron que incapacitar como dos meses, por causa de ese trato.

Lo que digo es: él hizo cosas buenas por el periódico, como lo de los horarios, el rediseño, muchas reglas. Y estoy convencida de que él es de los que dice que la letra con sangre entra. Uno se vuelve bueno para escribir y para reportear, te vuelves demasiado rápido. Uno le va cogiendo el ritmo. Eso es bueno para un recién salido, eso es positivo. Pero, ya desde el punto de vista personal, profesional, no sé hasta qué punto sea bueno tener que lidiar con esta clase de personas. Sé que también hay otros directores, otra gente que también es una porquería, groseros y lo demás. Antes había tenido que lidiar con cosas así, pero nunca, nunca, al nivel de él. Él se mete con tus aspectos personales. Te afecta desde el punto de vista personal. Uno termina convenciéndose de que uno es malo, que uno es bruto, que uno no merece estar ahí.

Ponía castigos también. Él ponía planas. Tuve que hacer dos veces planas. No le gustaban, por ejemplo, las siglas en los títulos. Pero como por el diseño de la publicación no puede haber títulos tan largos, una vez escribí algo como FMI en vez de Fondo Monetario Internacional. Vio las siglas, ni siquiera era un error sino una sigla, y me puso a repetirlo. A mano. Me dijo: 'Anote ahí: no se dice FMI, sino Fondo Monetario Internacional, hágalo 400 veces". Me tocó hacer una plana, a mano, en un bloc. Tocaba entregárselas a las personas de Gestión Humana para que adjuntaran eso al archivo de uno. Así más de uno. Las primeras las hice. Después me salió otro error en un título. Pero pues, no escribo perfecto, uno tiene errores, más en un impreso, en el que sea. En La República solo un filtro: el de uno y uno del editor. Y eso se manda así. Salió un error en un título y me puso a hacer otra plana. 'No se dice así, sino así'. La cagué a la mitad de la plana y me tocó volverla a hacer para entregarla a Gestión Humana. Y además tenía que entregar las notas, corriendo, haciendo planas.

Ya suficiente tengo con que me insulte y me regañe como para que me ponga a hacer planas. Todos somos adultos, acá no está lidiando con niños de Primero o de Segundo, somos todos adultos de 25, 26 años. Ese es el asunto".


"A muchos les dijo: '¿Ustedes qué van a hacer? Si no están acá, no van a conseguir trabajo, se van a morir de hambre'"

Experiodista

"Me empecé a dar cuenta al principio de que Quijano tiene una estrategia de intimidar a la gente de entrada. Con los gritos y humillaciones, que sea muy público, que todo el mundo se entere de qué está pasando. No lo llama al lado, a él le encanta el show. Si uno entra, ve gritos y eso. El primer reflejo que usted tiene es el miedo. Él arranca con eso: demostrando que él es el que manda. Y, de la nada, arranca con los nuevos con unas preguntas a quemarropa. '¿Quién es el Procurador, quién es el superintendente de tal, quién es el alcalde de tal lugar?'. Peor que un quiz de la universidad, delante de todo el mundo, solo para que usted quede mal. Y al final le pregunta: '¿Usted sí ha aprendido algo acá o no?'. Así, despectivamente. Atacar a la gente en su 'ignorancia', entre comillas, porque había unas que hacía también súper chistosas que, estoy seguro, iba y miraba en el computador antes de un consejo de redacción y bajaba y preguntaba exactamente eso. Para hacer quedarlos mal a todos y decirles: 'Sí ven, es que ustedes no leen, no van a cine'.

Una vez estaba escribiendo un artículo bien difícil de hacer, y me llamó en un consejo de redacción, a la 1:45, en un círculo central que todo el mundo puede ver. Viendo en el monitor la portada del periódico, preguntó que quién estaba haciendo una nota. Me llamó y empezó a decir: 'Vení, ¿a vos te parece que esto es periodismo? Con vos estamos perdiendo la plata, contratamos periodistas mediocres'.

Todo el mundo se autojustifica por el hecho de que dan unos salarios más o menos decentes: 2.700.000, 2.800.000 para los periodistas y como entre 4 y 6 millones para los editores. Él utiliza esa estrategia de coger gente joven, nueva, para pordebajearlos, con un sueldo que a un recién egresado no le van a dar. Y empieza a jugar con eso para atacar a la gente. A muchos les dijo: '¿Ustedes qué van a hacer? Si no están acá, no van a conseguir trabajo, se van a morir de hambre. Lo que les estamos ofreciendo aquí es una oportunidad de oro'. Está bien que busque su propia forma de motivar a la gente, pero estoy seguro de que esa gritería y humillación no se la haría alguien experimentado, a alguien de más de treinta y pico años.

Por eso ellos, cuando llaman a entrevistas de trabajo, dicen que no más de 27 años. Él sabe que si están más allá de esa edad se le pueden rebotar muy fácilmente.

Otro día me pusieron a hacer una noticia económica a las 12. A las 12:10 bajó a preguntar que quién tenía esa noticia. El editor jefe dijo que yo. Me puteó porque ya otros medios ya tenían la noticia. Yo le iba a responder que me habían dado eso apenas hace diez minutos y me dice: '¡Callate, güevón! ¡Callate!'. Ahí sentí que era súper injusto. Y le dijo al editor jefe: 'Ponele memorando a este güevón'. Quedé súper humillado porque además a comienzos de este año empezó una campaña del memorando. Cualquier cosa que pasaba, memorando. Por estupideces absurdas.

Un amigo se puso la camiseta de Millonarios para ir a cubrir un partido de Millos-Nacional. Al siguiente día alguien le mostró por joder la foto al tipo. Y, como él es hincha de Nacional, lo llamó y le dijo: 'Vení, güevón, turno'. Cuando le preguntaron por qué, él solo dijo: "Qué es esa mierda de ponerse esa camiseta de Millonarios, turno'. El periodista decía: qué es esta mierda de que me pongan turno por esto.

También cambió a un periodista de fuente porque no le caía bien. 'Es que vos no te mandás solo', por puro capricho. 'A ver, mostrame qué estás haciendo', tratando de hacerlo quedar mal al frente de todo el mundo, y no lo lograba. Era absurdo. Y yo le preguntaba a ese periodista cómo aguantaba a ese señor y dijo: 'Es como si alguien estuviera tirándole platos todo el tiempo y a usted le tocara esquivarlos. Pero nunca responder'. Vi también que cuando se puteaba con alguien, él se le reía en la cara a la otra persona.

Pero él fue súper hipócrita. Cuando llegaban altos empresarios, empezaba a hablar y a decir: 'Mi equipo de periodistas, mejor dicho, les dan sopa y seco a los de Portafolio, son los mejores muchachos y estudiantes de todas las universidades. Mi grupo se lleva a cualquiera por delante'. Pero cuando nos reunía a todos nos decía: 'A ustedes qué les pasa, están siguiendo agendas de las agencias de comunicación, son unos ineptos, unos brutos'. Hasta vi cómo le decía 'gusano' a una vieja.

Lo único que le importa es que no lo puteen sus amigos empresarios y gerentes.

Él utiliza la estrategia de decirle: 'Usted tiene que estudiar esto'. Uno piensa que puede ser, pero él dice: 'Ustedes tienen que estudiar Economía'. Pero es más para lo que necesita la empresa, que usted pague, se endeude y luego lo exploten ahí. Le meten el cuento que economía, que economía. Pero lo irónico es que él está haciendo un doctorado en Ciencia Política.

Pero el ritmo es muy fuerte, trabajar y estudiar en un diario. Según él, esos horarios supuestamente son relajados para tener la flexibilidad. Pero vi el caso de una editora que se metió a estudiar y trabajar, pero la puteaba porque supuestamente el periódico estaba quedando mal. Le dice que estudie, pero cuando el ritmo está muy pesado y usted prefiere el trabajo que la universidad, le cae encima. Es una serie de incongruencias que es absurdo.

Siempre nos dijeron que la época que estábamos viviendo era la 'época más tranquila de Fernando'. Nos decían que antes eran groserías de grueso calibre, que le pegaba a la gente con periódicos.

Todos pensaban que eso iba a cambiar cuando llegaran los Ardila Lülle, pero mentira, no. Pusieron a un gerente, Sergio Quijano, pero es absurdo porque él baja, es un paisa de esos queridos, bajaba y preguntaba '¿Cómo van muchachos?', y nadie era capaz de decirle que nos estaban tratando mal por puro miedo. Es absurdo que el gerente fuera tan buena gente y Fernando Quijano no.

Y eso que en las empresas de los Ardila Lülle dicen que el clima laboral suele ser muy bueno, los empleados están cómodos y felices. Cuando le contaba a mi papá sobre esto, mi papá decía: 'Es absurdo que los Ardila Lülle no sepan lo que está pasando con una de sus empresas'.

La República es una cantera muy brava, nos dejó cosas buenas: el ritmo de diario, los viajes, porque los viajes eran por concursos de conocimientos, desde el recién entrado hasta el editor, había una sensación de democracia con los viajes. Podía llegar Taiwán, Vietnam, Camboya, y lo podía mandar a usted porque hizo un buen trabajo. Pero el asunto es ese, que usted se autojustifica. Buen sueldo y viajes, versus maltrato, estrés y explotadera.

A todos nos dan cosas por el estrés. Vi gente que se enfermó, que les empiezan cosquilleos en las manos, cara paralizada por el estrés. Uno empieza a comer mal. La salud, sin duda, se ve perjudicada sí o sí. Los editores se lo aguantan psicológicamente por el sueldo. Si allá pagaran la mitad de lo que pagan, ya se hubiera ido la mayoría, estoy seguro".


"Me empezó a decir que yo no era bueno, que no tenía talento, que yo lo había decepcionado, que era un lagarto"

Experiodista

"Por Quijano no necesariamente me sentí maltratado porque yo no lo permití. Pero la razón más importante por la que renuncié fue él. En La República es muy común que, si esta persona llega de mal genio o no le gusta algo, la coge contra la gente que hace las cosas diferente a como él espera que se hagan. Empieza a decirles que no sirve, que es bruto. Cosas así que son cotidianas allá. Nadie les ve problema. Terminan diciendo: 'No importa, solo deje que se le pase y ya'. Pero yo dije: yo no puedo permitir que eso se vuelva normal para mí. Si para todos es normal, para mí no lo es.

Rara vez no pasan situaciones entre él y los periodistas. No me gusta hablar mal de nadie. Pero a mi parecer, Fernando Quijano tiene un carácter específico. Yo siento a veces que la forma de él de enseñarle a las personas y empujar a las personas es haciéndoles pensar que su trabajo no está bien para que la gente vaya más allá y logre cosas más grandes. Posiblemente le ha funcionado de alguna manera, el periódico está bien. Pero, sin duda, sí es cierto que el nivel de rotación en La República es altísimo. Una de las principales razones es el ritmo de trabajo, que es bastante pesado, pero en mi situación no fue el ritmo de trabajo, porque el ritmo de trabajo uno lo mantiene cuando está contento. Mi situación fue que cuando se me iba a renovar el contrato, Fernando se reunió conmigo y me empezó a decir que yo no era bueno, que no tenía talento, que yo lo había decepcionado, que era lagarto, que no escribía cosas buenas. Me empezó a decir un montón de cosas hasta que me dijo: 'No sé si debo renovarte el contrato'. Y le dije: 'Si tiene esa duda, no me lo pregunte a mí y tome una decisión y no me lo renueve'.

Cuando uno pasa inadvertido es porque no está ni muy bien, ni muy mal. Son personas que pasan, y ya. Pasan inadvertidas. El problema está cuando una persona empieza a sobresalir de alguna manera o está un poquito por debajo, ahí es cuando Fernando empieza a mirarla, como a sacarle, como a buscarle el punto de quiebre, como a buscar como llegarle. No creo que sea porque él sea malo, sino porque esa es su forma de enseñar. Pero yo no comulgo con eso en absoluto.

Vi personas que tuvieron que hacer turnos por la mañana y turno por la noche, en la misma semana, lo que significa turno de 7:00 de la mañana a 9:30 de la noche. En la misma semana. Son situaciones que dependen del genio de él y del caso de la persona. Cuando era una persona con la que él en ese momento no estaba mal, no tomaba represalias o lo contrario. Igualmente cuando uno está bien, él lo beneficia a uno. Pero es ese tema de bonificación y castigo que me parece medio medieval. Yo prefiero que me traten bien constantemente y no que me den una cosa cuando estoy bien y que me quiten todo y me traten mal cuando estoy mal.

Conmigo tuvo apenas dos enfrentamientos. Cuando yo vi que él empezó a tratarme mal, empezó a decirme que no tenía talento, que no era bueno, que no estaba haciendo las cosas bien, yo dije: Si permito que haga eso conmigo en este momento, entonces va a empezar a hacerlo durante todo mi proceso en La República. Y por eso no solo pasé yo. Posiblemente todos los periodistas no han pasado por eso, pero, sin duda, todos los editores han pasado por eso. Porque son las personas que normalmente más tiempo llevan en La República, y el editor es la persona que ha pasado por ese proceso de aprendizaje con Fernando.

No es un ritmo que se lleve en todos los medios, porque es un diario y éramos relativamente pocas las personas que hacíamos ese periódico. Contando a vuelo de pájaro éramos 15, 16 personas. Por supuesto el ritmo de trabajo es más fuerte. El horario es de 8 a 5:30 de la tarde. Pero realmente las notas las tenemos que entregar tipo 3:30, 4. Entonces el ritmo de trabajo es muy fuerte. Pero a mí eso no me generó problema porque me gustaba lo que estaba haciendo y la paga no es mala, es muy buena en comparación con otros medios.

Yo estaba recién graduado y entré a ganar 2.500.000. Lo subieron este año a 2.700.000. Si bien no es bueno para alguien que lleva cinco años o más, para un recién graduado eso es buenísimo. Lo feo del ritmo de trabajo no es la carga que le ponen a uno sino la presión que se ejerce sobre la persona para que haga eso que se le pone a hacer.

Muchas veces pasa con alguna nota que Fernando quiere que una persona diga una cosa específica del tema. Uno habla con esa persona y no le dice eso. Entonces uno tiene buscar de donde sea para que esa persona diga lo que Fernando quiere que diga. Eso es lo que más presión genera. Uno tiene que encontrar lo inencontrable a veces. Muchas veces se lleva al capricho de lo que él quiere que se diga".


"A una compañera le dijo: 'Esa cabeza suya solo sirve para tener el pelo'"

Exdiseñador

"Yo no tuve ninguna situación concreta con Quijano, pero sí fui víctima de la tensión de 'En cualquier momento me van a sacar', 'En cualquier momento pasa algo', 'Mi trabajo no está bien reconocido'. No en términos económicos, sino a nivel profesional, el de ningún diseñador. Hay un elitismo raro, porque el hecho de ser periodistas allá implica más que ser periodista en cualquier otro lugar.

La filosofía es: 'Soy un periodista económico, entonces soy un putas, soy un dios'. Los diseñadores no somos nada, solo producimos, y ya. No nos tienen en cuenta.

Es como una filosofía la que instaura Fernando. Y es la de la presión. En tanto todos se sientan presionados, todo va a funcionar. Entonces la gente no trabaja a conciencia sino para que a él le guste. Así vaya en contra de sus propios criterios como periodistas.

Igual con los diseñadores. Siempre está el límite, y la presión de Fernando. Hay cosas que no puede hacer como periodista: no puede estar mal vestido, por ejemplo. Es normal que haya políticas de vestimenta, pero no que se haga con la presión psicológica de decir, como escuché alguna vez: 'Ve, estás horrible' o '¿Qué le pasó por la cabeza para venir así?'. Esa no es la manera.

Es más esa presión psicológica de hacer la cosas bien para concederle algo a alguien.

Los diseñadores en esa empresa no somos nada. Para él nosotros somos una partida de ignorantes que no saben nada, que no leen. Entonces no nos van a tener en cuenta.

Y para mí es inconcebible que una persona lo trate a uno así sin conocerlo a uno. Me daba cuenta de que a muchos periodistas los trataba muy mal, les decía descerebrados, que no servían para nada.

O a personas que les decía, por su condición o lo que fuera: 'Yo lo tengo a usted acá es por pesar'. ¿Cómo le vas a decir eso a alguien?

Tenía a una amiga que era muy resistente. Pero Fernando la trataba mal porque le caía mal. 'Oiga, párese bien', le decía. O la citaba para algo y la dejaba esperando una o dos horas. Y si ella no lo esperaba, él se emputaba. Y si a él le parecía que estaba mal vestida la trataba peor.

Si usted la cagó con una nota, él man de una lo va a callar y lo va a gritar. Pero, pues también conozco gente que es muy buena periodista, a los que Fernando no se atreve a tocar. Uno se cuestiona: ¿Unos son buenos y por eso los trata así?

En todo caso, no es justificable que ese man imponga ese método. Esa filosofía se les impregna a los editores. Es inevitable con esas exigencias que él instaura.

La gente se vuelve mierda. Yo creo que no debería ser así, como todos son jóvenes, la mente es más manipulable, el ambiente es más manipulable. A los periodistas jóvenes o recién egresados se les mete en la cabeza eso de que están en el periódico en el ámbito económico más importante del país. Pero eso no significa que puedan tratarlo mal. Un periodista de más de treinta años no se deja tratar así.

Una vez me quedó mal una infografía. Él empezó a decir: 'Mi hijo hace mejor el trabajo que tú'. No es necesario llegar a eso, es solo un error. A una compañera le dijo: 'Esa cabeza suya solo sirve para tener el pelo'. Es saber decir las vainas. Una cosa es que te regañe, pero otra es que te insulte y barra el piso contigo. Somos humanos.

Va también por el lado de los jóvenes. Como eres joven tienes demasiado por aprender. Y él se aprovecha de eso. Yo por eso nunca me acerqué a Fernando. Qué horrible que trate a la gente así.

Yo salí de La República cambiadísimo. Yo salí y dije: 'Yo soy una mierda de persona'. Me volví una mierda de persona: súper acelerado, rabón con todo el mundo, maltrataba a la gente. Estaba de mal genio todo el tiempo. Esa presión tiene un efecto directo, psicológico, sobre uno. A todos los de La República los veo como seres vacíos. Están ahí, luche y luche, pero nada".


"Uno se equivocaba con cualquier vaina y lo hacía llenar a uno un tablero"

Experiodista

"La sola presencia de Fernando Quijano generaba temor e intimidación hacia las personas. El trabajo se tornaba incómodo porque uno no sabía cómo podía reaccionar él ante las cosas.

Siempre echaba sus hijueputazos, siempre intentaba hacernos sentir mal con sus comentarios, no de la forma constructiva sino de la forma violenta y grosera, la forma comparativa. Sus comentarios estaban totalmente fuera de lugar, no tenían cabida. Sentía que nos estaba regañando por temas absurdos.

Yo tuve una enfermedad a finales del año antepasado. Empezó en una fiesta de fin de año que hizo La República en La Hamburguesería. Ahí me comenzaron las molestias, tuve que ir al médico. Para hacerle corto el cuento, me tuvieron que incapacitar por mucho tiempo. Al principio, cuando le pedí el favor a Fernando, él se portó bien, no lo puedo negar. El man me dijo en enero que podía teletrabajar en febrero mientras me recuperaba. En febrero no me recuperé porque seguía mal diagnosticado. Y cuando quise volver, él me dijo que paila, que no me podía dejar teletrabajando. 'Si quiere volver, tiene que ser con incapacidad médica o no vuelva'.

Le dije que entendiera, que seguía enfermo. Él me dijo: 'Me importa un pito. Tiene que ser con incapacidad médica o no vuelva acá'. Conseguí que me dieran esa incapacidad en el hospital y, finalmente, me operaron. Era una enfermedad de cirugía. Eso fue en mayo. Yo duré como cuatro o cinco meses incapacitado. Había pedido una licencia no remunerada y no me la dieron, entonces seguí recibiendo el sueldo normal trabajando normal.

Luego me enteré por mis compañeros que el tipo lo que decía en las reuniones era que quién sabe yo con qué cuento estaba saliendo para quedarme en mi casa recibiendo sueldo gratis, que yo ni debía estar enfermo. Cuando salí de todo el proceso, volví al periódico y lo que el tipo hizo fue echarme. Ni siquiera me dio la cara. El día que se me acabó el contrato me hizo ir hasta La República porque supuestamente quería hablar conmigo. Pensé que era para hablar de las condiciones de trabajo, pero cuando llegué nunca me atendió ni me dio la cara. Me hizo ir a donde cualquiera de Recursos Humanos, donde me dijeron que ya no me renovaban el contrato, que hiciera el favor y me fuera de ahí.

Malos tratos en cuestión de errores normales. En el periodismo uno no es perfecto. A uno se le van cosas, una coma de más, una letra menos. Pero su estilo de intimidación y acoso era permanente. Uno no lo veía de frente, pero hacía llorar a las viejas allá. Era tenaz el trato de él hacia las personas.

Sus castigos eran o turnos nocturnos o una época en la que se volvía loco y lo ponía a hacer planas. Uno se equivocaba con cualquier vaina y lo hacía llenar a uno un tablero. Uno llenaba el tablero de la palabra o la frase con la que la había cagado, un tablero lleno de planas".


"Mi editor tenía un trato hacia mí de güevón, de idiota, de estúpido"

Experiodista

"Yo con él tuve una relación normal, nunca le di papaya para que me jodiera. Pero sí me tocó ver gritos, insultos y muchas otras cosas.

El ambiente laboral no es el mejor. Hay una política en la empresa para que los periodistas se vuelvan muy competitivos entre ellos. En medio de todo no está mal, pero al mismo tiempo se genera un ambiente laboral muy gris, muy tenso. Los editores ya asimilaron esa filosofía. Algunos editores son una porquería de personas, mala gente, mala clase, lo regañan por todo, lo gritan, lo insultan.

Mi editor tenía un trato hacia mí de 'güevón', de 'idiota', de 'estúpido'. Lo que suelen hacer en La República es que si un editor hace algo mal, la caga, lo quitan del cargo y asignan a un periodista. Lo ponen a que no sea editor una semana o un día. Ese editor la había estado pasando mal porque tuvo tres días pesados con Fernando y lo bajaron.

Hacían quedar hasta tarde a personas que no debían quedarse hasta tarde. Todo había estado un poco apaciguado hasta cuando RCN compró el periódico [nota de VICE: no fue precisamente RCN sino el Grupo Ardila Lülle, que en 2016 compró el periódico]. Según me cuentan mis compañeros, ahí Fernando volvió a sus estrategias de intimidación. 'Ese día despertaron al kraken', me dijeron.

En otros medios hay un periodismo más libre. Pero ahí era muy difícil salirse de lo que los editores y Fernando quieren".


"La República sí merece mejores líderes"

Experiodista

(Este último testimonio es la carta abierta que el primer periodista que nos contactó quiso publicar hace varias semanas en VICE Colombia.)

"'Vos salís de acá y te morís de hambre. Lo que te estamos pagando acá nadie te lo va a pagar'. 'Los que salen de acá salen frustrados y nunca más vuelven a hacer periodismo'. Por estas, dos de sus frases más suaves, lo recuerdo, señor Quijano. Tal y como lo hacen algunos de mis colegas, a quienes hizo salir por la puerta de atrás debido a su constante maltrato.

Debería usted entender que mediante gritos, humillaciones y groserías la productividad de sus periodistas no va a mejorar. No sé de qué escuela proviene su estrategia de intimidación al creer que un buen líder y jefe es el que somete por medio de palabras de grueso calibre a su equipo periodístico.

Claro está que usted es muy sagaz para identificar recién graduados o jóvenes periodistas al hacerlos sentir insignificantes. No me lo imagino haciendo esta escena delante de un periodista con más experiencia y curtido en los medios.

Es cierto que el mercado laboral está complicado, pero definitivamente usted abusa de ese argumento. Lo triste es que los mismos periodistas terminamos autojustificando ese maltrato por el sueldo, y no hay nada más triste que trabajar solamente por plata y no por la pasión que nos genera el periodismo.

Pude observar cómo en algunas ocasiones su estrategia rayaba con la hipocresía. Recuerdo visitas de otros reconocidos periodistas colombianos a la sala de redacción y la manera en que usted sacaba pecho de su joven grupo de periodistas delante de sus invitados, pero cuando ya no estaban presentes retomaba su rutina de humillaciones, que ni siquiera tienen que ver con contenido editorial sino con cosas personales. 'Vos tenés que demostrar por qué te ascendí, sino la gente va a pensar que te estoy comiendo', le dijo usted alguna vez a una periodista. Y recientemente, a una editora que está embarazada, le dijo con tono amenazante: 'Agradecé que estás embarazada'.

¿Se ha preguntado alguna vez por qué hay tanta rotación en su sala de redacción?

Si bien el ritmo de diario es bastante exigente, usted le suma estrés adicional que no es necesario para ejecutar un buen periodismo. Algunas veces Sergio Quijano, gerente del diario, baja a la sala de redacción a preguntar cómo va todo. Sin embargo, por miedo a perder sus trabajos y tenerlo a usted de enemigo, ningún periodista se atreve a contarle sobre su acoso laboral. Y los que lo han enfrentado reciben una persecución de su parte que se convierte en un infierno para cualquiera.

He visto cosas tan absurdas como que un periodista se negó a ser ascendido al cargo de editor, y luego usted quiso hacerlo quedar mal delante de la sala de redacción, pero nunca lo logró. Luego vi cómo usted decidió humillar día tras día a una editora. 'Hay que tener dos dedos de frente para poner este titular. Sos una incapaz', le repetía casi a diario durante los consejos de redacción a la 1:45 de la tarde.

Los calificativos de 'periodistas mediocres' son el pan de cada día en la sala de redacción. Y para completar la rutina de intimidación algunos editores buscan secundar con el mismo método a su jefe para no quedar mal con él. 'Vos sos un gusano', 'La plata que te estamos pagando definitivamente la estamos perdiendo con vos' son otras de las frases predilectas de cabecera de usted, señor Quijano.

Su modus operandi es atacar durante el consejo de redacción bien sea ya a los editores o a los periodistas. Allí empieza el show que tanto le gusta de gritos y humillaciones a los periodistas, algo así como la guillotina pública de la Revolución Francesa para que todos sientan el escarnio público.

Esto que sucede en la sala de redacción del diario La República es un secreto a voces en el medio periodístico. Cuando viajé con colegas de otros medios todos sabían perfectamente su rutina de intimidación. Incluso, mediante esta carta creo que algunos experiodistas de La República se sentirán identificados con lo descrito. Espero que toda esa estrategia de acoso laboral llegue a su fin porque La República sí merece mejores líderes que sepan trabajar en un clima de respeto".


Este es el correo que Fernando Quijano le mandó a VICE antes de la publicación de este artículo:

"Como le escribí ayer tengo el principio de no responder acusaciones anónimas, máxime cuando vienen de personas que han sido retiradas de una sala de redacción exigente y muy competitiva como la nuestra, que debe protegerse de los periodistas negociantes, que fallan en las cifras, en los nombres, en la ortografía, que no estudian, en general, que no dieron la talla para ser formadores de opinión económica, empresarial o financiera.

Todos los días tratan de llegar al periodismo económico personas que solo ven en este oficio viajes, cocteles, becas, comidas e invitaciones, todo a cambio de noticias falseadas o tendenciosas; defecto que combinan con mala preparación, poco estudio y mala escritura. Son las lacras profesionales con las que debemos luchar frecuentemente.

Gracias nuevamente por su interés".