Los Yakuza, la infame pandilla japonesa, odia que le tomen fotos
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Los Yakuza, la infame pandilla japonesa, odia que le tomen fotos

Hablamos con el fotógrafo Jesse Lizotte sobre cómo es intentar retratar a los Yakuza, y sobre cómo su cultura y sus tradiciones están cambiando con la nueva generación.
12 Noviembre 2015, 6:30pm

Todas las fotos por Jesse Lizotte

Como era de esperarse, los Yakuza no son muy abiertos con los desconocidos. En especial si son desconocidos extranjeros que traen una cámara al hombro dispuestos a sacarles una imagen. Sin embargo, el fotógrafo australiano Jesse Lizotte convenció a la infame pandilla japonesa de que se dejara retratar para Born Too Late, su serie fotográfica más reciente.

Jesse tiene experiencia convenciendo a la gente para que haga cosas que normalmente no haría. Ya antes había retratado la vida de las pandillas de Chicago y Los Ángeles en un proyecto llamado Lowrider. Aún para él fue un proyecto muy intimidante, pues tuvo que convencer a los miembros de las pandillas que se volvieran protagonistas de sus fotos y que lo dejaran fotografiar sus dedos mutilados y sus tatuajes con los nombres de las personas que asesinaron.

Nos reunimos a hablar con Jesse sobre la forma en que las dos pandillas influyen una en la otra a pesar de la distancia y cómo la cultura Yakuza está cambiando con la nueva generación.

VICE: Hola, Jesse. Los sujetos que retrataste en Born Too Late son muy extremos. Cuéntame cómo es el bajo mundo en Japón.

Jesse Lizotte: La verdad es que son la gente que ha sido más difícil fotografiar como extranjero. Son del tipo de personas que odian que les tomen fotos. Su mentalidad es totalmente diferente. Les cuesta trabajo comprender esa actitud cool de presumir los tatuajes y que son gánsters. Los Yakuza son muy directos, la forma en que actúan demuestra que nada les importa. Han vivido muchas cosas y han sufrido mucha discriminación social. Su comportamiento no es lo que se esperaría de un japonés.

¿Hubo algún momento en el que sentiste que estabas en peligro?
Sí, obvio. Una vez mi intérprete me llevó a retratar a un hombre al que no le agradaba mucho mi presencia. Me quedé ahí parado en silencio durante casi una hora hasta que por fin me dijo que estaba listo. Se quitó toda la ropa y estaba cubierto de tatuajes. Le faltaban cuatro dedos. No le gustaba la idea de que fotografiara su rostro y yo no me iba a poner a discutirle eso. En el pecho tenía tatuado el símbolo del clan pero lo cubrió con su mano porque eso no lo podía registrar. En su estómago tenía tatuados los nombres de algunas personas que había asesinado. Revisó todas las fotos de mi cámara y al final solo aprobó dos, una de espalda y una de frente.

¿Cómo es que Born Too Late le da continuación a Lowrider, tu último proyecto?
En realidad nunca planeé meterme en esta mierda. Salir y retratar a los criminales más peligrosos no es mi objetivo, sólo pasó. Born Too Late empezó cuando estaba en casa de uno de mis modelos en Los Ángeles y vi que la pared de su casa estaba llena de fotos de hombres encarcelados. Justo en la mitad había una foto de un japonés que destacaba del resto. Conseguí su correo y me puse en contacto con él. Después de un tiempo, me respondió con una sola línea: "Este es mi número. Llámame cuando llegues a Tokio". Eso fue todo.

¿Después de trabajar con estos grupos, notaste alguna influencia occidental en el bajo mundo del Japón?
Claro. Los más jóvenes se la pasan alardeando en las calles de Tokio. Van en sus Lamborghinis como diciendo de forma descarada "Véanme, soy Yakuza". Los miembros mayores son mucho más discretos.

¿Hay diferencias generacionales notorias en los Yakuza?
La nueva generación tiene una apariencia muy distinta y se nota mucho la influencia occidental. Escuchan música occidental y conducen carros occidentales. Supongo que se identifican más con la imagen del gángster intrépido. Los Yakuza más viejos siguen siendo muy tradicionales. Me contaron que antes, cuando la cagaban, tenían que cortarse un dedo. Pero ese ritual ya se perdió. Ahora, si la cagan, sólo tienen que pagar una suma exorbitante de dinero.

Todavía respetan mucho la jerarquía. Los más jóvenes le tienen mucho respeto a los mayores. Los jóvenes comen afuera y deben esperar hasta que los mayores den su autorización para empezar a comer. También les abren la puerta y les sirven el sake.

Con los retratos de este tipo de personas, que son muy respetadas pero también son responsables de tanta violencia, ¿tratas de transmitir algún mensaje? ¿o el objetivo es meramente documental?
Me pareció importante retratar a estos personajes porque su cultura está a punto de morir. Mi intención no era ser amarillista ni nada por el estilo. Ni siquiera quería utilizar la palabra Yakuza porque todo el mundo la conoce. Quiero que sea mucho más que eso.

Entrevista realizada por Sam Nichols.