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El diablo en la camiseta del América de Cali

La figura del diablo en el escudo del América de Cali ha sido polémico desde la década de los 30.

Felipe González Saavedra

Inquietos por hablar sobre aquel deporte que tanto sacude y hace sudar a muchos en este país, decidimos emprender una nueva conversación con un grupo de chicos que vive y respira fútbol. ​El Escorpión es una revista independiente y bimestral de cultura futbolística en la que se relata y trata con buen pie todos aquellos temas que tienen que ver con el deporte rey. Sus historias, narraciones y balonazos serán publicados periódicamente en nuestra web. Esta es su primera entrega. 



​Todas las fotos tomadas del Diario Occidente (1995) Santiago de Cali: Biblioteca Departamental Jorge Garcés Borrero. (http://hdl.handle.net/10906/66793).

Los inicios de la relación entre el América y la figura del diablo deben rastrearse hasta la década del treinta, mucho antes del inicio del profesionalismo en Colombia, en 1948, y muy poco después de la fundación del equipo, en 1927. Cuentan que originalmente el América nació con uniforme color celeste, en homenaje a los colores de Racing de Avellaneda, referencia que los fundadores del club caleño extrajeron de alguna edición de la revista argentina El Gráfico. El rojo, por su parte, tiñó el uniforme del América en la década del treinta, elección que tuvo como referente un equipo de baloncesto, los Diablos Rojos, quinteto que los futbolistas vieron jugar en Barranquilla durante la célebre gira nacional de 1931, en la que el América se dio a conocer en distintas ciudades del país. 

Por ese entonces, conformado en su mayoría por futbolistas negros uniformados totalmente de rojo, no hizo falta mucho tiempo para que algunos relacionaran a ese equipo sobre el terreno de juego con una cofradía de diablillos inquietos e irreverentes, idólatras de la pelota, que corrían y gambeteaban como poseídos cada vez que saltaban a la cancha. Fue a partir de esa imagen suscitada por los primeros oncenos que los revoltosos futbolistas atezados y vestidos de rojo encendido comenzaron a ser conocidos como los 'Diablos Rojos' del América. 

Como consecuencia de esa identidad arraigada al equipo prácticamente desde su génesis, el símbolo del diablo en el escudo de la camiseta aparece por primera vez entre 1940 y 1943. La representación original, en esencia, es la misma que ha merodeado por el club durante más de 70 años: una figura antropomórfica con rasgos bestiales, un tridente en la mano y una pelota en los pies, representación cuyas características físicas reproducen una estética imaginaria forjada a partir del siglo XI, en la Baja Edad Media, cuando el diablo comienza a aparecer "como monstruo dotado de cola, orejas de animal, barba de cabra, garras, patas y cuernos", según la explicación del italiano Umberto Eco. 

En cuanto a lo futbolístico, durante sus primeros 30 años en el profesionalismo los 'Diablos Rojos' padecieron una y otra vez el suplicio de la derrota, situación que consolidó en el imaginario de la institución y la hinchada la supuesta influencia que ejercía sobre el equipo la maldición de 'Garabato', apodo de Benjamín Urrea, uno de los fundadores del club cuya oposición a la profesionalización del equipo degeneró en roces con otros fundadores, los cuales fueron zanjados con estas maléficas palabras: "Que lo hagan profesional, que hagan del América lo que quieran, pero juro por mi Dios que nunca serán campeones". 

Con esa maldición a cuestas y el diablillo en la camiseta, el América divagó en la década del cincuenta por la mitad de la tabla en las posiciones finales - con tendencia a la parte baja de la clasificación - y por inconvenientes económicos no participó en el certamen de 1953. En el 57, el cuadro 'Escarlata' fue penúltimo a final de año y tanto en el 58 como en el 59 sufrió el martirio del último lugar.  

Vino entonces lo más cercano a las primeras victorias. Dirigido por 'El Maestro' Adolfo Pedernera, América fue subcampeón en 1960, mientras que con Julio Tocker a la cabeza urdió una racha de 22 fechas invicto en 1967. Ya en la década del setenta, los 'Diablos Rojos' siguieron tambaleando por la zona baja de la tabla y las voces supersticiosas comenzaron a levantarse, fustigando al diablo del escudo como cómplice del destino infortunado que martirizaba al equipo desde los tiempos de la brujería de 'Garabato'. Inexorable, el tiempo pasaba llevándose consigo una generación de futbolistas tras otra, pero ese club que se pretendía grande seguía sin conquistar el campeonato. 

Para la temporada de 1979, Gabriel Ochoa Uribe, 'El Médico', quien por ese entonces ya había sido campeón cinco veces dirigiendo a Millonarios y una a Santa Fe, asumió el cargo de entrenador 'Escarlata' con una exigencia de agorero: el diablo debía salir de la camiseta si el América quería ser campeón por primera vez. Para él, como para buena parte del público en la ciudad de Cali, la imagen demoníaca del Maligno, encarnación del mal y enemigo de Cristo, debía ser desterrada de la casaca, pues semejante herejía impedía para el América el favor de Dios, sin el cual parecía imposible que algún día llegaran a levantar el trofeo de campeones. Tres décadas de penurias estaban del lado de 'El Médico', quien por ese entonces llevaba un año y medio alejado del fútbol y dedicado a su consultorio en la Clínica Marly de Bogotá. 

Los dirigentes aceptaron. El escudo, que en 1977 cambió temporalmente a un círculo con dos laureles y una leyenda que conmemoraba los 50 años de fundación del club, fue suprimido. El tradicional diablillo desapareció de la camiseta y fue reemplazado por la palabra América atravesada en el pecho, diseño austero y puritano que por superstición le dio la espalda a la historia del club y a su símbolo más representativo. Y a pesar de eso, la decisión no fue un vano. 

Según dirían aquellos cuyas creencias y dogmatismos sobrepasan a la razón y al entendimiento, el augurio de Ochoa Uribe se hizo realidad en el mismo año de 1979, el año de su llegada y de su petición, en el que por primera vez en la historia América gritó campeón y capturó su primera estrella del Fútbol Profesional Colombiano. Por una parte, fue el final de la maldición de 'Garabato'. Por otra, fue la confirmación de que el diablo del escudo quedaba condenado y proscrito. Al parecer sí era él el culpable de todo. Fue un momento sublime. 

A partir de ese año y durante la década del ochenta, como si de una intervención divina se tratase, el escudo del América se convirtió en un glorioso panteón de estrellas, cargado orgullosamente por los futbolistas de un equipo que fue conquistando los campeonatos que hasta ese momento le habían sido esquivos y lejanos. Durante esa década triunfante, el cuadro 'Escarlata' impuso su fútbol y guiado por las maquinaciones de Ochoa Uribe y una combinación ideal entre futbolistas extranjeros y locales fue campeón cinco veces consecutivas, entre 1982 y 1986. Sin el demonio en la camiseta, a pesar de haber sufrido los golpes de perder las finales de la Copa Libertadores de 1985, 1986 y 1987, el club vivía sus años más bienaventurados a nivel nacional e internacional. Algunos hablaron de un milagro. 

A pesar de todo esto, tras la partida de 'El Médico' Ochoa Uribe luego de la temporada de 1990, en la que el América le colgó la séptima estrella a su insignia de consagraciones, el escudo original con el símbolo del diablo volvió como divisa de los 'Diablos Rojos' y desplazó el recuerdo rutilante y celestial de los títulos conseguidos. Fueron poco más de diez años de ausencia del diablo, en los que el equipo caleño capturó siete campeonatos y alcanzó tres finales a nivel continental. 

Anthony De Ávila: ídolo e idólatra 

El samario Anthony De Ávila había debutado como futbolista profesional con el América en 1982, a sus 19 años, de la mano de Ochoa Uribe. Integrante de una familia beisbolera, cristiano fervoroso y delantero excepcional, De Ávila deslumbró en el fútbol colombiano con su astucia para moverse en el ataque, con su gambeta endemoniada, con su pique infernal y con una técnica depurada que contribuía a su enorme capacidad goleadora.  

Poco después de su aparición en el primer equipo, el delantero de 1.59 metros de estatura se consolidó como titular indiscutible en el ataque de los 'Diablos Rojos' y fue cada vez más importante en los títulos conseguidos durante la década del ochenta y en las campañas por el continente sudamericano. En 1987 viajó a Argentina para jugar a préstamo con Unión de Santa Fe, club con el que estuvo un solo año y en el que anotó 17 goles en 37 partidos. Para 1988, 'El Pipa' o 'El Pitufo', como es célebremente conocido, ya estaba de vuelta en casa. 

Tras su regreso, el diminuto atacante fue el goleador de la temporada de 1990, en la que firmó 25 goles que contribuyeron al título del América. En el 92, entrenado por Diego Edison Umaña, el equipo fue campeón por primera vez en su historia con el tradicional escudo del diablo en la camiseta y De Ávila aportó 16 anotaciones para la octava estrella. 

Sin embargo, algo tendría intranquilo al goleador, cuyas celebraciones comenzaron a escasear en los siguientes torneos. Sumido en algunas sequías goleadores, los primeros síntomas concretos del motivo de su inconformidad comenzaron a manifestarse en la temporada de 1995: desde esa época, De Ávila se reveló contra la imagen del diablillo y emprendió su cruzada personal contra la representación del Maligno en el escudo, símbolo maléfico que por jugar en el club de sus amores debía cargar sobre el pecho, justo encima del corazón oprimido. Su solución desesperada fue tapar para los partidos la imagen en su camiseta y su pantaloneta con un pedazo de esparadrapo, esperanzado de que eso ahuyentara de sí mismo una posible influencia de Satanás.

Curiosamente, ese mismo año de 1995 llegó al América Marco Antonio Etcheverry, apodado 'El Diablo', el mejor futbolista boliviano de todos los tiempos. 'El Diablo' arribó a Cali algunos meses después de su experiencia infernal en el Mundial de Estados Unidos 1994, del que se despidió expulsado en su debut, apenas tres minutos después de haber ingresado en el partido contra Alemania por un empujón contra Löthar Mätthaus. Fueron algo así como 180 segundos mundialistas para el futbolista más talentoso que haya nacido en el país andino. 

Desde su llegada, no podía ser de otra forma, Etcheverry fue interrogado por su apodo. "En 1988 me gané el remoquete. Un muchacho que hacía caricaturas en el periódico El Día acerca de cada juego, hizo varios dibujos en que me pintaba como un diablo en la cancha. Tomó fuerza y me dejaron así. En realidad, no me gusta para nada, pero tampoco me molesta. Yo soy conocido así a nivel mundial", le confesó a la Revista del América antes de su debut. 

La pregunta, por supuesto, no era solamente de rutina. Era coyuntural. Después de todo, cuando al crack boliviano aterrizó en la ciudad, De Ávila ya difundía entre los miembros del plantel su inquietud personal a propósito de lo que para él era un escudo demoniaco. De hecho, por aquel entonces, el agüero del esparadrapo comenzó a ser replicado por varios compañeros.

En la misma revista de 1995, 'El Pipa', quien siempre celebró sus goles con los brazos en alto como señal de alabanza y con los ojos devotamente cerrados apuntando al cielo, suplicaba de acuerdo a su fervor religioso: "Creo en Dios y siempre porto la imagen de La Milagrosa y el Divino Niño. El diablo debe salir de nuestro escudo. Yo ahora estoy orando constantemente y en mi camiseta no voy a tener una imagen satánica. El doctor Ochoa en su momento lo sacó. Quiero que entiendan que yo lo tomo como algo espiritual, independientemente del concepto de mis compañeros". 

No era él el único que predicaba. "Antes de los partidos leo la Biblia... El Diablo como escudo no es bueno, aunque el club siempre lo ha tenido. Yo lo tapo con esparadrapo, como lo hacemos varios del equipo", decía el lateral Wilson Pérez, síntoma de una complicidad y de una camaradería que también fue expresada por Giovannis Casianni, con el siguiente razonamiento: "Yo apoyo al grupo. Si nosotros hacemos alabanzas y glorificamos a Dios, no entiendo por qué tendríamos que portar un escudo con el diablo".

En esa misma línea, Alex Escobar, 'El pibe de Barrio Obrero', dueño de una zurda prodigiosa, ídolo del club en el que llevaba más de una década y por ese entonces capitán del equipo, también respaldó a De Ávila, uno de sus mejores amigos desde que dieron sus primeros pasos en el profesionalismo y debutaron a comienzos de los ochenta. "Recuerdo que el doctor Ochoa lo hizo quitar por principios religiosos. Como creyente también comparto lo de cambiar el escudo. No es correcto entrar a un templo con el diablo en el pecho cuando la casa de Dios es para respetarla", dijo Escobar.

Por su parte, Diego Edison Umaña, entrenador del equipo por ese entonces, reprodujo la superstición de 'El Médico' Ochoa, quizá con el ánimo encubierto de que ese pequeño y maléfico detalle no atentara contra su objetivo de seguir sumando trofeos para las vitrinas del club. "No me gusta el diablo en el escudo del equipo. Quiero mejor ver las estrellas ganadas en su uniforme que otra cosa. Apoyo el pensamiento de los jugadores", sentenció sin rodeos.

Producto de ese acuerdo informal, en las fotografías de la temporada de 1995 se puede encontrar a varios futbolistas del plantel solidarizados con la causa de 'El Pitufo', escondiendo con esparadrapo el máximo símbolo de la institución. En una de ellas, tomada en el estadio Pascual Guerrero de Cali, 'El Diablo' Etcheverry, Jorge Bermúdez, Leonel Álvarez, Giovanni Hernández, Ricardo 'El Gato' Pérez, Wilson Pérez y James 'Guama' Cardona aparecen con el escudo tapado, mientras que las camisetas del guardameta Eduardo Niño, de Giovannis Cassiani y del propio De Ávila ni siquiera tienen escudo. Del once titular en la fotografía, el argentino Néstor Villareal es el único cuya camiseta exhibe el diablo de la institución. 

Ahora, no era esa la única manera en la que el Anthony expresaba su fervor religioso. Según el recuerdo de Jersson González, otro ídolo del América cuya etapa más esplendorosa tuvo lugar a finales de los noventa y comienzos de la década siguiente, De Ávila también practicaba algunos rituales por fuera de la cancha y lo del esparadrapo no solo ocurrió dentro de ella. En cuanto a esto último, en la memoria de González se ilumina un viaje en bus desde Cali con rumbo a Tuluá, en el que el equipo se detuvo en Buga para visitar y elevar una plegaria al Señor de los Milagros. Antes de llegar, los futbolistas se pasaron recortes de esparadrapo para ocultar el diablillo, pues nada más profano que presentarse ante los ojos de Dios con esa imagen saltando en el pecho. La mayoría de los futbolistas, incluyendo a González, tapó el escudo. 

Fuera de la cancha, la historia narrada por Jersson habla prácticamente del mismo ritual descrito alguna vez por Giovanni Hernández, testigo de una escena similar junto a 'El Pipa' en alguna ocasión durante el tiempo de ambos en el América. Sucedió en un hotel en Brasil, en donde los 'Diablos Rojos' se hospedaban previo a un encuentro por Copa Libertadores. En esa ocasión, Jersson compartió habitación con De Ávila. 

"Me acuerdo que yo estaba acostado en la habitación cuando vi que Anthony va sacando del maletín una espada", del tamaño de una daga según la descripción que con las manos hace González. "Comenzó a moverla en el aire y yo me quedé así como pálido, asustado. Él agarraba esa espada y hacía una cruz en la cama, algún tipo de ritual porque él no sabía quién se había acostado allí", dice Jersson, por ese entonces un joven que admiraba a un ídolo y que espantado le contó la historia a sus compañeros durante la comida de esa noche. El tema, absolutamente respetado por los compañeros del plantel, quedó en risas de todos por el susto del 'pelao'. 

Paulatinamente, los futbolistas del América dejaron de tapar el escudo, con excepción de 'El Pitufo', quien siguió con esa costumbre hasta sus últimos días en el club en 1996, antes de partir en agosto rumbo al Metro Stars de la MLS. Incluso, tanto en la ida como en la vuelta de la final de la Copa Libertadores de ese año entre América y River Plate, De Ávila jugó con el diablo del escudo tapado, anotando un gol antológico en Cali para el triunfo 1-0. Sin embargo, el equipo caleño sucumbió por 2-0 en Buenos Aires y una vez más el club se quedó a un paso de esa consagración. Fue la tercera final de Libertadores perdida por el legendario atacante samario y la cuarta perdida por la institución. 

El símbolo del diablo hizo ruido de nuevo en 1997. Ese año, en el que el club celebraba sus 70 años de existencia, sobre la camiseta se levantó una sombra oscura que invadió el estómago de los 'Diablos Rojos'. Se trataba de una especie de marca de agua con la imagen del diablo del escudo, camiseta que no fue bien recibida por algunos sectores de la afición a pesar de que se tratase de una simple maquinación de mercadeo. En realidad, el diseño de Topper, el fabricante argentino que hizo la camiseta, era muy similar al utilizado ese año por Independiente de Avellaneda, club cuya indumentaria era confeccionada y diseñada por la misma empresa, que hábilmente explotó la sombra del diablillo estampándola en ambas camisetas con algunas diferencias. 

Más de 15 años después, en 2013, cuando las polémicas a propósito del símbolo prácticamente se habían extinguido en los círculos del América, apareció de nuevo el diablo acaparando el espacio de una camiseta, que aparecía sin ningún patrocinio como consecuencia del infame lugar ocupado por el club en la Lista Clinton. Los 'Diablos Rojos' habían caído a la segunda división en 2011 y desde entonces no han encontrado la forma de escapar al averno de la B. "La reaparición de la representación simbólica del diablo del América en semejante dimensión invocó los miedos de tiempos pasados y al final de la campaña de 2013 los propios directivos comenzaron a hablar de desterrar de nuevo al diablo, culpándolo de ser el anatema responsable de haber arrastrado al 'Rojo' hacia la debacle económica y deportiva. Toda una aberración. Porque lo cierto es que ni antes ni ahora el diablo del escudo ha jugado fútbol".