Imagen: Noel Ransome

Qué tan inútil es debatir con un racista

Expertos, incluyendo a un exsupremacista, nos cuentan qué podríamos hacer para cambiar la (terrible) mentalidad de alguien.

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ago. 17 2017, 9:17pm

Imagen: Noel Ransome

Horas después de que su hijo, James Alex Fields, de 20 años, presuntamente embistiera su carro contra una multitud de manifestantes antirracismo el pasado sábado en Charlottesville, Samantha Bloom le dijo a los periodistas que ella había "intentado mantenerse alejada de las opiniones políticas [de su hijo]".

"Realmente no hablo con él sobre su posición política así que no entiendo de qué se trataba la protesta", le dijo a Associated Press, refiriéndose a la marcha Unite the Right de Nazis y nacionalistas blancos. "Mencionó 'all bright'. ¿Qué es eso?".

Cuando el periodista la corrigió y describió el 'alt-right' como una "organización ultra conservadora y de supremacía blanca", Bloom respondió: "No sabía que era supremacía blanca, pensé que tenía que ver con Trump. Trump no es un supremacista".


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Después, los reporteros revelaron que Fields (el del carro) se declaró públicamente admirador de Hitler desde el bachillerato y que las autoridades de la protesta lo señalaron como el presunto asesino de Heather Heyer, una chica de 32 años apasionada por la defensa de las víctimas de desigualdades sociales.

Mientras se develaban todas las consecuencias que dejó la indeseable marcha, el padre de Peter Tefft, uno de los supremacistas blancos fotografiados durante la manifestación, escribió una carta abierta expresando la desaprobación hacia su hijo y confesando el remordimiento por su propio silencio e inacción como padre.

"Hemos permanecido en silencio hasta ahora pero creo que es claro que esto ha sido un error. Fue el silencio de los corderos el que permitió que el nazismo floreciera por primera vez, es nuestro silencio de hoy lo que está permitiendo que reflorezca", escribió Tefft.

Cuando ocurren tragedias como la de Charlottesville, es natural que las personas reflexionen sobre su grado de responsabilidad en el conflicto. Aunque la mayoría de nosotros (ojalá) puede respirar tranquilo sabiendo que no existen personas en nuestras vidas dispuestas a sostener una antorcha gritando "¡Los judíos no nos remplazarán!", todos observamos un racismo cotidiano, casi casual y muy evidente en nuestros círculos sociales e incluso familia, y fracasamos en detenerlo.

Y es que aunque todos hemos atendido al llamado de agrupar a nuestros familiares y amigos racistas, desafiando sus intolerantes posturas, no resulta del todo claro cómo llevar a cabo esta empresa de manera eficiente sin reducirla a un intercambio de insultos y nuevas hostilidades.

Este es un asunto con el que yo misma he luchado. El año pasado rompí relaciones con un buen amigo y un familiar por una gran discusión a propósito de la raza. Mi estilo, dada la naturaleza de mi trabajo y mi personalidad conflictiva, consistió en exhortar agresivamente a los racistas. Y al parecer esto es justamente lo que menos funciona con ellos.


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Un artículo publicado por Vox el año pasado, señaló como era un despropósito llamar racista a un racista, si lo que se pretendía era aclarar su mente. El artículo citó un estudio de Standford/Berkeley sobre la transfobia, y declaró que las conversaciones cortas concebidas para poner al racista o "fóbico" en los zapatos de su población odiada, era más efectivo para generar empatía.

Akwasi Owusu-Bempah, profesor asistente de sociología de la Universidad de Toronto de la sede de Mississauga, tiene este tipo de discusiones toodo el tiempo. Owusu-Bempah le contó a VICE que entre el haber crecido en el seno de una familia mestiza en la campiña de Ontario, y su investigación a propósito de las relaciones raciales, aprendió a poner sus emociones de lado cuando era preciso.

"¿Que si me pongo furiosos por lo que leo y escribo? obviamente", confesó, "pero cuando tengo discusiones sobre raza y desigualdad social, trato de no involucrarme emocionalmente".

"Hemos permanecido en silencio hasta ahora pero creo que es claro que esto ha sido un error. Fue el silencio de los corderos el que permitió que el nazismo floreciera por primera vez, es nuestro silencio de hoy lo que está permitiendo que reflorezca"

Owusu-Bempah reafirmó los hallazgos del estudio mencionado previamente.

"Creo que en este tipo de confrontaciones usar conceptos socialmente negativos solo contribuye a empeorar las cosas. Cuando estamos desafiando ese tipo de creencias de manera beligerante, usualmente los implicados se remiten a sus armas". Ahora, el que existan estrategias para poder entrar efectivamente en la cabeza de un racista no excluye el hecho de que denunciarlas es un deber; por el contrario, exaltar nuestra responsabilidad es muy importante.

"Todavía hay un gran número de personas que considera que tanto en Canadá como en EEUU, el racismo ya no es un problema".


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A pesar de que considera tener la razón, Qwusu-Bempah dijo que en estas discusiones trata de alimentarse con las ideas de aquellos opositores con los que se engancha en diálogos. Porque si bien cree imposible hacer reset a alguien e implantarle nuevas ideas, su meta es mostrarles que es posible "que perciban la realidad de manera completamente diferente".

A lo largo del fin de semana, una crítica y activista en contra del acoso sexual, Julie Lalonde, compartió un trino mostrando su frustración al intentar dialogar con la bola de racistas que se cruza en Ontario, porque estos tipos blancos con ideas supremacistas no son precisamente educados. Lalonde contó a VICE que ella es, de lejos, la persona más educada del escenario rural en Ontario.

"Miembros de mi familia viven en un campamento de remolques y en el mejor de sus casos han recibido educación hasta el bachillerato. Para mi siempre es un tema delicado porque a diferencia del común, me mude y recibí una educación 'refinada'".

En cualquier caso, es rápida en señalar que no permitirá que los "redneck" se desenganchen cuando los confronte, así que no intentará bombardearlos con un leguaje sofisticado que solo logre subírseles a la cabeza y generarles confusión y rabia.

En algunos casos, debes darle a tus interlocutores un ultimatum o resignarte.

"Tienes que barajarlo con calma", dice Lalonde, describiendo que hay un miembro de su familia que es bastante relajado en el 95% de cosas que conciernen a este tipo de asuntos pero es bastante facho con respecto a los indígenas.

Este mismo miembro es particularmente comprensivo y ha apoyado el activismo de Lalonde en relación a las agresiones sexuales. Así que cuando ha discutido con él sobre sus posturas racistas, ha partido de su empatía con las víctimas de acoso sexual diciéndole: "cuando dices mierdas así estás contribuyendo a crear una cultura que no valora a las mujeres, y después te horrorizas cuando aparecen muertas".

Lalonde dice pasar tiempo considerable discutiendo con parte de su familia en los asados que organizan. Por ejemplo ha tenido que desafiar a un tío defensor de la supremacía masculina quien defiende cosas como la brecha salarial, y considera que las mujeres en gran medida fingen o se inventan sus historias de violación.

"Son como tres horas en las que yo estoy debatiendo con el, haciéndole muchas preguntas. Al cabo de un rato, él mismo se enreda en sus propias contradicciones".

En algunos casos, debes darle a tus interlocutores un ultimatum o resignarte.


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Lalonde contó como tuvo que amenazar a un amigo que estaba manejando dosis tóxicas de islamofobia por andar leyendo Breitbart."O dejas esa mierda racista o no serás bienvenido en casa". Desde entonces parece ser que se ha moderado aunque no es claro si se auto-censura delante de ella.

En cualquier caso, cuando se trata de personas adoctrinadas (como de hecho funciona el nazismo) es seguro que un par de discusiones no harán que se re formulen todas sus ideas.

Brad Galloway de 37 años, fue un supremacista blanco. Hizo parte de las filas de Volksfront en sus veintitantos, una organización ya muerta que pretendía una sociedad solo de blancos.

Incluso ahora, después de salir públicamente a condenar el extremismo blanco, se le ve incómodo cuando le preguntan por su oscuro pasado y la ideología racista a la que una vez perteneció.

"No puedes vivir pensando que odias tanto a algo, todo el tiempo".

"Este grupo se fundó sobre la idea de excluirse y conformar una sociedad de blancos. O sea no era tan racista." Pero con algo de presión reconoció que su objetivo podía ser un poco racista porque defendía como ideal una sociedad construida solo por miembros de descendencia europea.

"Bueno, esta bien, fue un poco racista pero no nivel KKK, que justificó el asesinato de personas".

Galloway compartió que ingresó al Volksfront para encontrar amigos pero no acogía las posturas racistas más extremas del grupo. Además reconoció que si bien las charlas intervencionistas pudieron ayudar, su punto de quiebre se dio cuando tuvo un hijo.

"No puedes enseñarle a un niño este tipo de cosas", dijo, anotando que pronto empezó a enfermarle la cantidad de odio que compartían en el grupo. "No puedes vivir pensando que odias tanto a algo, todo el tiempo".

En todo caso, Galloway señaló que toma años procesar y superar ese tipo de pensamiento. Y que para que este cambio ocurra realmente debes desearlo.

Las poblaciones no afectadas, tanto como las de color, deberían esforzarse por construir puentes entre la división existente.

"La persona debe sentir urgencia genuina por cambiar sus posturas y creencias negativas, o la ideología a la que dice pertenecer". Por estos días que se dedica a divulgar a personas jóvenes la experiencia que atravesó como exsupremacista, dice que trata de escucharlos e intenta identificar elementos positivos que puedan engancharlos.

Es importante reconocer que promover esta conversaciones implica mucho trabajo. Cobra peaje por la cantidad de tiempo y de energía mental y emocional invertida. Es por esto que las poblaciones no afectadas, tanto como las de color, deberían esforzarse por construir puentes entre la división existente. Sí. Los blancos deberían entrar en escena.

Lalonde compartió que hay quienes creen que por el hecho de ser blancos, lograrán con mayor facilidad filtrar su pensamiento racista. Asumen que no les importará. Pero ella considera que dejar morir a los negros en esta lucha y actuar imperturbados es "dejar a los oprimidos limpiar el mierdero que viven". Es una lavada de manos brava.

En asuntos de raza parece ser que los racistas blancos escucharán con mayor atención a otro blanco pues consideran que es un discurso desinteresado. (Por esta misma razón los hombres deberían combatir con mayor esfuerzo el sexismo).

Así que por extraño o incomodo que parezca, exhortar a tus familiares y amigos señalado sus comportamientos fachos, puede ser de las pocas oportunidades que generen un impacto real. El hecho de que exista un lazo de confianza hace más fácil y contundente el debate porque los interpelados no necesariamente van a sentirse atacados como personas.

Es claro que este no es un problema que se resuelva con soluciones fáciles o simplistas, pero la idea de una resignación colectiva es demasiado desmoralizante como para aceptarla.

"Es muy deprimente para mí aceptar que las personas no pueden cambiar su mentalidad cuando se trata de racismo, homofobia o misoginia". dice Lalonde. "No habríamos llegado hasta aquí si las personas de hecho fueran incapaces de modificar sus mentalidades".


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