Entrevista

Una charla de gente divertida con Carlos Damián Rodríguez de Boom Boom Kid

Una inocente entrevista con el vocalista de estos dos increíbles proyectos acerca de su niñez en Campana, provincia de Buenos Aires, Argentina.

por Javier Ibarra
05 Mayo 2017, 9:03pm

Foto: Felipe Miguel

Carlos Damián Rodríguez, antes de que fácilmente se le identificara por sus dreads en tono rubio, y más aún por la historia que ha fabricado desde 1989 al bautizar su primera banda como Anesthesia —antes del lanzamiento del álbum debut de Fun People en 1995 con el mismo nombre, disco emblemático del punk latino de toda la vida—, fue un pequeño e inocente ser que creció al noreste de la provincia de Buenos Aires, en una ciudad industrial llamada Campana.

En uno de sus brazos tiene tatuado al personaje del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry: Le petit prince A.K.A. El principito. Es algo que recuerdo a la perfección. Ocurrió en uno de los primeros grandes shows de hardcore punk a los que asistí. Años 2001-2002, en La Tumba, bar ubicado en el Barrio Antiguo de Monterrey, Nuevo León. Me acerqué a la mesa donde Carlos Damián Rodríguez —junto a los demás integrantes de Fun People o Boom Boom Kid, no tengo el dato exacto de a quién presencié en vivo— vendía su mercancía, la cual saca bajo el nombre de Ugly Records. Y ahí, en ese instante, fue donde vi ese sencillo tatuaje, ese dibujo que jamás se borrará de mi mente y menos de su brazo. De esa noche en adelante, después que su concierto inició con "Animo" y "Estoy (a tu lado)", Carlos Damián Rodríguez me pareció un adulto atrapado en el alma —con mucha energía— de cualquier niño, mientras reclamaba a gritos y pasos de baile de otra galaxia por los derechos humanos de toda la humanidad que habitan este planeta, el vegetarianismo, el amor, la naturaleza, la liberación.

Esa fue la primera impresión que tuve del líder de las leyendas —del Hazlo tú mismo argentino— Fun People, del creador de Boom Boom Kid (agrupación todavía más feliz que la gente divertida), y del petiso cantante de boleros románticos, Il Carlo.

Carlos Damián Rodríguez puede ser llamado: Nekro, Boom Boom Kid, Miss Muerte, Il Carlo, Voom Vaan Kinder, El Principito Hardcore; sin embargo por siempre será ese artista multidisciplinario que escribe y canta sus canciones, edita fanzines o libros, dibuja, pincha y colecciona discos, creó su propio sello discográfico, sostiene que "madurar no es crecer" y en vivo, entre sudor y brío, como también en gran parte de lo que transmiten sus videos musicales, mantiene la porción necesaria para seguir siendo pequeño, débil y sin saber qué son los problemas.

Charlé con él acerca de la mejor época que existe en nuestras vidas: la infancia.

Noisey: Todo el mundo suele recordarse de pequeño, lo encuentro como una especie de sanación ¿Cómo fue la infancia de Carlos Damián Rodríguez?
Carlos Damián Rodríguez: Mi infancia fue muy linda, dulce, llena de libertad.

¿Dónde creciste?
Crecí al lado de un campo de lino [en Campana]. Una vez al año se teñía de violeta y se llenaba de arañas de color plateado. Era muy bello contemplar eso cuando el sol calentaba las mañanas.

Siempre hay recuerdos más profundos que otros, ya sea por las primeras travesuras, asombros, descubrimientos, viajes… ¿Qué es lo que más recuerdas del pequeño Carlos?
Las aventuras en pandilla, arriba de un bote en el río Paraná de las Palmas. Perderme en las colinas de Otamendi sin reloj, sin brújula; solo el sol me avisaba apagándose cuándo era el momento de volver a mi hogar. En general era muy lindo. Había mucha música.

¿Qué tipo de música?
Todo lo que se encontraba en casa: yé-yé, jazz, rock & roll, rumba, tango…

Algo que siempre he creído es bastante admirable de las cosas que realizas, es que todo el tiempo lo has hecho por ti mismo. Comentabas que tuviste una infancia libre, ¿a qué se debía tanta independencia?
Mi mamá y papá siempre estaban muy ocupados trabajando. Jamás sobró un peso en casa. Luego mi mamá se enfermó y terminó separándose de mi papá. Mi hermano siempre fue un extraño. Jamás nos faltó para comer en casa pero en lo demás me dejaron a la buena del viento. Mis abuelos tomaron el control. Tenían raíces ácratas por parte de mi mamá. Y mi abuela de parte de mi papá era una tipa muy grossa [muy buena], tanguera de las de ley. Quizá ellos sí me dejaron ser siempre autónomo porque eran sabios, claro, mientras no les faltaba a la escuela, cosa que no hacía porque mis mejores amigos estaban ahí. Los recreos eran muy divertidos.

En el presente, con tanta tecnología y distintas maneras que tienen las niñas y niños para divertirse; por ejemplo videojuegos, tablets, etcétera… ¿Carlos Damián Rodríguez, el niño, podría divertirse así?
Me tocó la tele a color y también ya existían videojuegos. Mis amigos tenían pero a mí no me gustaba lo de quedarme encerrado. Eso me contaba mi madre, porque siempre le costó mantenerme con la ropa limpia y arreglada. Llegaba a un cumpleaños y a los cinco minutos tenía los pantalones rotos de las rodillas por gatear en el patio. Me ensuciaba fácil. Me revolcaba como los perros y gatos (risas).

¿Sino eran videojuegos tenías un pasatiempo parecido y agradable? ¿O siempre preferías salir de aventura?
Todo lo que era de terror o espacial me encantaba. Siempre dibujaba cómics y le pedía a mi padre que me relatara historias de terror, pero enseguida salía con lo de Los Hombres de Negro… Y que se entienda estoy hablando de unos quince años antes de la película de Hollywood o algo así. Mi viejo manejaba mucha data de eso. ¡Hurgar en su pequeña pero interesante biblioteca era lo más! Cuando vi, creo a los 10-11 años The Warriors me agarró ganas de ir a la ciudad. Mucho tiempo después mi juego favorito fue Ghost 'N Goblins y todos los pinballs de horror; como el de Elvira and the party monsters. O simplemente quedarme al lado de los que tenían voces espaciales era genial. Me gustó la música de Giorgio Moroder aún sin saber quién era. Me fascinaba el vocoder [analizador y sintetizador de voz] que era como del espacio. Eran épocas donde creía que los integrantes de Kiss eran de otro planeta (risas).

He tenido la oportunidad de presenciar en vivo conciertos de Boom Boom Kid. Frecuentemente recuerdo el comentario de un buen amigo, quien dijo que un show de Boom Boom Kid lo transportaba a su infancia ¿Qué puedes opinar al respecto?
Uff… ¡Guau! ¡Qué viaje! Ojalá lo lleve a un lugar bien bonito.

Hace bastantes años leí en una entrevista donde decías: "Así como Peter Pan tiene Neverland, yo tengo a Chapanoland", en referencia al disco que lanzaste en 2005 bajo el nombre de Smiles from Chapanoland. Lo recuerdo mucho ¿Te sigues sintiendo ahí?
Siempre. Y más aún en los días oscuros, que es cuando recurro a mi pequeño mundo de miel donde tengo a todos mis sueños intactos.

Sabemos que eres un artista multifacético que canta, escribe, dibuja, etcétera… ¿Dónde te sientes más como un niño?
No es que añore mi niñez, porque jamás dejé de decirle sí a todo lo que me gusta. Aún tengo mucha curiosidad por lo que no conozco. A mis 45 años puedo decir que soy aún más libre, feliz y con más autonomía de vuelo. No quiero ir al pasado. Yo ya lo viví. Lo conozco. Quiero ir al futuro.

Por último, teniendo en cuenta que las personas cambian, comienzan a pensar distinto, a crecer… ¿Sientes que Carlos Damián Rodríguez ha madurado?
Yo me siento a punto caramelo [en el mejor momento de la vida]. ¿Vos?

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(Foto principal de Felipe Miguel. Boom Boom Kid en Brasil, 2007; vía).