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Una mirada a 'La ciudad de las moscas' en Madagascar

Al rededor de 3.000 personas viven en un basurero ubicado a las afueras de la capital de Madagascar.

por Riccardo Bonani
24 Mayo 2016, 12:00am

Este artículo hace parte de la edición de junio de VICE.

Aunque la mayoría de pueblos y ciudades de Madagascar ha contenido el brote de una peste que comenzó en el país en agosto de 2015, alrededor de 3.000 personas que viven en un botadero de basura ubicado en las afueras de Antananarivo, la capital, siguen en riesgo de contraer la enfermedad. Los habitantes de "Ralalitra" (La ciudad de las moscas) pasan los días buscando comida entre escombros, ratas y cadáveres. SAMVA, la compañía privada que contrató el Gobierno para que administrara la instalación, niega la existencia de estos asentamientos y ha amenazado a los fotógrafos y periodistas que han intentado documentar la vida en el lugar.

Los más afortunados entre los habitantes del basurero se trasladaron cerca para trabajar en una mina de pórfido. Ahora trabajan diez horas al día y ganan mucho menos que antes, pero la dignidad tiene su precio, nos dijeron. Desde allí todavía pueden ver el humo del basurero (al final del arco iris), un recordatorio que los inspira a trabajar más duro y sin ninguna queja.

Un hombre se protege del humo en un cementerio en Akamasoa, un barrio fundado por personas que trabajaban en el basurero. Un médico que trabaja allí como voluntario informó la existencia de varios casos de peste neumónica en la zona, debido a la niebla tóxica procedente del basurero.

Un fuego de hasta 15 metros de altura arde sin cesar en medio de las colinas de basura. El paisaje natural está constantemente impregnado por una neblina tóxica. En consecuencia, los niños no pueden permanecer por mucho tiempo en esa área ya que podrían perder sus zapatos por el calor del suelo. ​

El núcleo del botadero está lleno de pequeñas tumbas marcando donde yacen los cuerpos de fetos y recién nacidos no deseados. Los que lograron sobrevivir viven de forma permanente en el basurero como una comunidad de niños huérfanos: los mayores cuidan a los más pequeños quienes han sido abandonados recientemente. Aquí, los objetos comienzan una segunda vida adquiriendo un significado muy diferente al que tenían antes.​

Cerca de 3.000 personas trabajan y viven aquí, recolectando plástico (que se vende por $0,05/kg) y metal (a $0,50/kg). Muchos de ellos vinieron a Antananarivo esperando encontrar mejores condiciones de vida, y ahora viven en uno de los lugares de la tierra con más casos no reportados de peste pulmonar, que es la clase más contagiosa de la llamada Peste Negra.