El amor romántico no siempre es algo bueno

OPINIÓN | Los gestos, las frases, los cumplidos, todo eso es aceptable, pero no cuando se convierten en una forma de violencia en las relaciones de pareja.

|
24 Agosto 2017, 2:35pm

Ilustración: Logan Spector | BROADLY

Esta columna es parte de la alianza de contenidos entre VICE Colombia y Corpovisionarios. Vea más aquí.

Hace unos días, caminaba por la calle sorteando la irregularidad de los andenes bogotanos, mientras en mis audífonos sonaba "Detalles", un clásico salsero del cantante venezolano Oscar D'León. La letra de la canción cuenta cómo Oscar —bacán, como siempre, brillando desde la cima de su calva legendaria— le ofrece un consejo a algún amigo sobre el trato que se le debe dar una esposa.

La canción es una bomba, eso es innegable. Puedo dar fe de que nunca falta en las fiestas de los salseros más exigentes porque, además del vozarrón de oro que tiene D'León, también suma la cadencia, el tumbao y todo el veneno rítmico que cargan esos temas salseros que se vuelven sagrados.

He escuchado "Detalles" decenas o cientos de veces en mis 33 años. De hecho, me sé la letra de principio a fin y nunca había reparado mucho en ella. Pero esa tarde, mientras andaba con los audífonos puestos, de repente paré en seco en la mitad del andén, como si se me hubiera atravesado un bolardo, y pensé "Diablos, hay algo que no me cuadra en la letra de esta canción".

Sin dudar de las buenas intenciones que pudo tener el autor al escribir esos versos, aquel día noté que casi todas las frases en "Detalles" refuerzan un concepto de amor que hace siglos nos está causando problemas como personas y como sociedad: la idea del amor romántico. Pero —y aquí le robo una frase al gran Raymond Carver—, ¿de qué hablo cuando hablo de amor romántico?

Justamente es el tipo de amor que a simple vista parece normal y encantador, ese que usualmente nos derrite y nos hace soñar con promesas que duran toda la vida, pero que en realidad está compuesto de unas creencias que resultan bastante problemáticas.

Por ejemplo, en "Detalles", Oscar D'León le dice a su amigo: "Sácala, llévala al cine, cómprale un ramo e' flores, báñate junto con ella, llévale la comida a la cama…". En pocas palabras le aconseja que nunca olvide tener detalles con su mujer porque ella merece ser bien tratada. Podría pensarse que todo está bien con eso, y de hecho lo está: recibir un detalle, por pequeño que sea, de parte del amorcito corazón, pone contento a cualquiera.

Pero luego dan ganas de agarrar el teléfono y llamar al buen Oscar para recordarle que una pareja sensata se encarga primero de cuidar las cosas importantes, como el mutuo respeto, el trabajo en equipo, la igualdad de cargas, la libertad de cada uno, la confianza entre los dos, el no control de la pareja ¡y después sí se fija en los detalles!

Tal vez D'León lo sabía y simplemente quería escribir una canción sobre cómo los baños compartidos y las idas a cine pueden ayudar a darle aire a una relación. Eso es bello y válido, pero no es una buena referencia para las parejas que se fijan en las cosas pequeñas y olvidan las grandes, las esenciales. No lo es, porque encargarse de los detalles antes que de los cimientos puede hacer que una relación amorosa se convierta en una torre bella y llena de colores, pero frágil y con una altísima probabilidad de venirse abajo.

Es el caso de los hombres que regalan flores a su mujer, pero también le prohiben salir con sus amigas, o ver a su familia. Es el caso de las mujeres que se entregan en cuerpo y alma, pero viven revisándole el celular al marido cada vez que entra al baño porque no confían en él.

Son los hombres que no creen a sus esposas capaces de administrar la plata. Son las mujeres que aplican la violencia psicológica a sus maridos. Son los hombres que no se encargan de las labores del hogar y que, aún así, dicen ser los jefes de la familia y son las mujeres que justifican la violencia de sus esposos porque "el amor aguanta todo".

Ése es el problema del pretender sostener una relación solo con amor romántico. Es decir, de muy poco sirve una invitación a bailar si la noche termina con un show de celos descontrolados y con alguno de los dos golpeado, o asesinado, en el peor de los casos.

Entre otras cosas, D'León podría haberle aconsejado a su amigo que, para conservar el amor de su esposa, antes de pensar en llenarla de chocolates y rosas, tendría que hacerla brillar, apoyarla en todos su proyectos personales, creer en su talento, permitir su libertad, respetar su espacio personal, confiar en su criterio, evitar controlarla o corregirla como si fuera una niña ingenua, dejar de pensar que los dos son uno solo, o que su mujer es su propiedad y formar un gran equipo junto a ella.

Según Alejandra Ariza y Andrea Pérez, psicólogas, investigadoras y creadoras de "Amor no control", un programa de Corpovisionarios para la intervención en violencias afectivas desde el enfoque de Cultura Ciudadana, el amor romántico está compuesto de creencias como "Sin ti no puedo vivir", "tú eres mía", "cuando se ama se sufre", "si me dejas no sé lo que sería capaz de hacer", o "si a uno lo celan es porque lo quieren", que terminan por validar el daño físico y mental que se hace "en nombre del amor". Para Ariza y Pérez, el amor romántico es un imaginario colectivo arraigado en nuestra sociedad y esas creencias que lo componen precisamente permiten que sigamos pensando que el sufrimiento, la dependencia, el control, las agresiones y la posesión son muestras de amor por parte de la pareja. Para comprobarlo, nada más habría que recordar qué tan popular entre nosotros es el dicho "porque te quiero, te aporreo".

Es cierto que tanto hombres como mujeres somos responsables de mantener saludables nuestras relaciones de pareja. A veces las mujeres somos las agresoras, sí, pero las cifras demuestran que los hombres siguen siendo más violentos y tal vez eso tiene mucho que ver con la manera en que ellos construyen su identidad de género desde muy pequeños.

Los estereotipos machistas que existen en sociedades como las latinoamericanas, y que están algo atados a la idea del amor romántico, invitan a los hombres a edificar su masculinidad, en una relación amorosa, como "el macho machote", ese que necesita dominar y controlar a su pareja.

Según el estereotipo, el macho debe ser siempre fuerte, un caballero que salva a la mujer de su horrenda soledad, que carga a cuestas la responsabilidad de hacerla eternamente feliz, de proveer para ella y para sus hijos, de ser un acorazado; es el hombre que no puede hablar sobre su fragilidad en voz alta, ni mostrarse débil ante sus amigos, el mismo que va acumulando frustraciones e inseguridades en su interior, hasta que una noche desafortunada se emborracha hasta los dientes y se quita semejante presión de encima descargándose a golpes contra su pareja.

Casos así aparecen muy a menudo en las noticias, y las cifras hablan de algo similar: en el mundo, el 35% de las mujeres sufre violencia física o sexual, en la mayoría de los casos, por parte de su compañero sentimental y cuatro de cada diez mujeres han vivido violencia psicológica. Además, el 38% de los asesinatos de mujeres son cometidos por la pareja masculina. Tan solo en Colombia, en 2016 se reportaron al menos 210 casos diarios de violencia intrafamiliar acompañados por agresiones físicas de gravedad. Y de nuevo, cuando la vida está en riesgo, ¿los detalles para qué?

Y si los hombres aprenden a ser los machos machotes, ¿qué hay de las mujeres?, ¿cómo construimos nosotras nuestra identidad de género en una relación amorosa? Para entenderlo, simplemente volvamos a "Detalles" y dejemos que el comienzo de la canción lo explique todo: "Ella vive contigo, es tu amiga, es tu mujer, es tu esposa, es tu amante, ella es todo un cuerpo fiel, no le causes angustias, no le hagas padecer, piensa que en algún momento tu madre pudo ser, porque es mujer y merece respeto y a ti te entregó la pureza de su vientre…".

Por siglos, millones de cantantes como el buen Oscar, músicos, escultores, pintores, escritores y otros artistas se han encargado de perpetuar el concepto del amor romántico y todos nosotros, atravesados alguna vez por la flecha bandidita de cupido, hemos caído en esa trampa llena de espinas, rosas y manantiales de aguas dulces. El amor romántico está casi tatuado en nuestra mente porque aprendimos a asociarlo con la felicidad y el placer, y seguimos buscando refugiarnos bajo su cálido rayito de luz, ignorando la inmensa sombra que a veces trae consigo.

Entonces, que vivan los girasoles, los chocolates, los osos de peluche, o las empanadas, la pizza en la cama los domingos, y los calzones negros de encajito. Que no falten los detalles si el amor es sano. Que no falten los cuadros y las flores, siempre y cuando la casa sea sismo-resistente.


* Lina Tono es miembro del equipo de comunicaciones de Corpovisionarios.

** Este es un espacio de opinión. Por tanto, no representa la postura de VICE Media Inc.