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Dentro de la casa de un coleccionista compulsivo

El ex vicegobernador y neurocirujano de Nevada, Lonnie Hammargren, ha invertido décadas y millones de dólares en coleccionarlo todo, desde montañas rusas hasta utilería de películas y naves espaciales.

por Justin Caffier
23 Marzo 2017, 3:40pm

El Dr. Lonnie Hammargren es un hombre de una época pasada. Al igual que Teddy Roosevelt, tanto en la disposición como en la apariencia, Hammargren podría parecer cansado del mundo, si no fuera porque su inmensa propiedad —mitad casa de arte, mitad nido de acumulador— es testigo de lo que encuentra infinitamente fascinante. Luego de numerosos trabajos, desde servir en la Guerra de Vietnam hasta ser médico de vuelo de la NASA, cirujano de boxeo en Las Vegas y vicegobernador de Nevada, la historia de vida de Hammargren puede ser lo único más variado y atractivo que los tesoros que guarda en su casa.

Hammargren ha estado recolectando todo tipo de souvenirs y cacharros en su complejo de tres casas en Las Vegas, llamado Castillo del Sol, desde que compró su primer lugar en la propiedad en 1972. En un reciente episodio del programa televisivo Hoarders, de A&E, reveló que su impulso de coleccionar le ha costado más de 10 millones de dólares a lo largo de las décadas y ahora, a sus 79 años y con el peso de la deuda encima, él y su esposa Linda están buscando mudarse de su desordenado castillo a la casa más pequeña de su propiedad. Por lo general, Hammargren solo abre su casa al público en el día de Nevada, pero acordó darme una visita privada del Castillo del Sol antes de que lo "simplifiquen un poco", como él dice.

Lonnie en un piano que perteneció previamente a Liberace.


Comenzamos con la entrada principal de la casa, y pude entender un poco de la dualidad de Hammargren. En apenas unos minutos, Hammargren le gritó a alguien en su teléfono celular, describió a un viejo colega como "un imbécil, no hay otra manera de decirlo", y luego tocó The Johnson Rag para mí en el viejo piano de Liberace.

Las palabras apenas pueden describir qué tan atiborrado está cada rincón de la casa de Hammargren. Las habitaciones y los estantes, repletos de cachivaches, hacen que las atestadas escenas de los antiguos libros de ¿Dónde está Wally? se vean francamente minimalistas. Mientras que un acumulador promedio podría tener periódicos viejos o montañas de ropa apiladas del piso hasta el techo, Hammargren ha llenado su propiedad con utilería de películas, modelos a escala de monumentos y naves espaciales.

El horizonte de Nueva York antes del 11 de septiembre.


Hammargren me condujo por estructuras altas, por diferentes pisos en los que teníamos que subir y bajar escaleras y pasar a través de tablones y pasarelas, todas construidas por él mismo. El lugar es un testimonio de aquella ética de "si quieres que algo se haga, hazlo tú mismo". De hecho, la historia de vida de Hammargren parece haber sido el producto de una serie de metas que él simplemente se fijó y cumplió.

Rápidamente descubrí el sentido del humor político de Hammargren mientras recorríamos la propiedad. Posee decenas (si no es que cientos) de máscaras de látex, puestas sobre maniquíes en toda clase de exhibiciones que se burlan de los políticos (sobre todo de los demócratas). Las escenas que él construyó tenían el carácter satírico de la Revista MAD de los años cincuenta, cuando la publicación aún emulaba el formato del cómic.

Cronología histórica comparativa del catolicismo y los mormones frente a un modelo del Taj Mahal.


Las tendencias políticas de Hammargren podrían ser un poco de derecha, pero están arraigadas en la ciencia y la política, no en la fe. Me mostró la capilla que existe en su propiedad, a pesar de que él no cree "en el cristianismo o en ninguna religión", ya que "todas son igual de falsas". Sin embargo, reconoció que el budismo es muy relajado.

El amor de Hammargren por la ciencia brilla aún más cuando habla sobre el tema del espacio. Además de su trabajo con la NASA, se hizo amigo del cosmonauta Alexey Leonov, construyó un modelo de un transbordador espacial y convenció a Buzz Aldrin para que se sentara en él, y la joya de toda su colección es una cápsula de cohete Saturn legítima. Por alguna razón, llenó este tesoro histórico con un montón de televisiones viejas.

El segundo amor de Hammargren —además del cosmos— son Nevada y Las Vegas. Letreros sobre el apogeo mafioso de Las Vegas están repartidos por toda la casa. Un carrito de montaña rusa, perteneciente a la extinta atracción Stratosphere, está situado en su azotea, lleno de maniquíes, acumulando el polvo del desierto. A él no le interesa esta nueva Las Vegas que le pertenece a los multimillonarios. Prefiere hablar de cuando Evel Kneivel saltó la fuente del Caesar's Palace y de su amistad con el hijo de Evel, Robbie.

Le pregunté cómo fue que adquirió todos estos artículos sin quedar en la quiebra. "Para este punto, usualmente vienen a ofrecerme las cosas", dijo. ¿Y si quiere algo que no le ofrecen de inmediato? "Les digo que les cuesta dinero almacenar la chatarra, así que podrían dármela a mí".

Cada artículo en la casa de Hammargren está tan lleno de anécdotas e historias que hace que la cabeza te dé vueltas. Podría haber pasado fácilmente el resto del año repasando cada pedazo de papel, chuchería y estatua en el Castillo del Sol, catalogando el origen de cada uno. Sin embargo, ya le había quitado suficiente tiempo a Hammargren y tal vez era mejor ver la colección como el hermoso bosque desordenado que la vida única de este hombre había creado, en lugar de concentrarse demasiado en árboles tentadoramente extraños.

Antes de irme, le pregunté a Hammargren si su mudanza inminente significaba que había terminado de coleccionar. "Le dije a mi esposa que dejaría de coleccionar", señaló. "Pero bueno, también digo mentiras".

Una estatua de Elvira, Mistress of the Dark.

Un C-3PO descuidado.


El observatorio.

Un proyecto en progreso.

Un Batmobile original de 1966.

Los carritos de la montaña rusa Stratosphere.

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