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¿Podrá el chavismo sobrevivir sin Chávez?

Fuera del hospital militar de Caracas, donde Chávez pasó sus últimas dos semanas, se reunieron cientos de seguidores. Muchos lloraban, perdidos sin su Comandante.

por Girish Gupta, Fotos: Girish Gupta y Santi Donaire
07 Marzo 2013, 4:00pm

Horas después de que el vicepresidente venezolano Nicolás Maduro anunciara la muerte de Hugo Chávez, se pudo sentir la pasión venezolana por su fallecido líder. Fuera del hospital militar de Caracas, donde Chávez pasó sus últimas dos semanas, se reunieron cientos de seguidores. Muchos lloraban, perdidos sin su Comandante. En la emblemática Plaza Bolívar, así denominada en honor al gran libertador latinoamericano e ídolo de Chávez Simón Bolívar, más personas se reunían para compartir su dolor.

Conforme la noche avanzaba, ese silencio y tono sombrío empezó a salirse de control; se soltaron disparos al aire, algunos fotógrafos fuero golpeados (indicio de una buena fiesta) y una serie de tiendas de campaña instaladas por la oposición fueron incendiadas. Los culpables gritaban: “Ahora está muerto, ¿ya están felices?”

En las partes más adineradas de la ciudad, todos los restaurantes cerraron y las calles se vaciaron por temor a que la violencia se esparciera. Aquí, algunos residentes admitían de forma abierta haber destapado la champaña para celebrar la muerte del presidente socialista.

La cruda para ambos bandos se vio interrumpida por los disparos, el saludo militar, a las 8AM del día siguiente.

Esa mañana, decenas de miles se dieron cita en la ruta que va del hospital militar a la academia militar, donde descansaría el cuerpo del presidente. Aquellos reunidos se veían sorpresivamente joviales; los letreros decían: “Ahora más que nunca, estamos con Chávez”, y las canciones de campaña y eventos oficiales se podían escuchar entre la multitud.

“Yo soy Chávez”, decía Grisen Andrade, una peluquera vestida con una playera roja de Chávez y una banda en la cabeza que repetía esa frase: “Es un hombre del pueblo. Él es al que amamos. Él es el corazón de los pobres”, me dijo.

Nicolás Maduro y el heredero designado por Chávez, nominado justo antes de la cuarta cirugía del presidente en diciembre. Según la constitución, debe haber elecciones a los 30 días de que el presidente se determina incapacitado para gobernar. No cabe duda de que Maduro ganará, bendecido con el toque de Midas chavista. Parado junto a Andrade estaba Manuel Guillermo, quien me dijo: “Apoyaré a Maduro porque ese fue el último de seo de Chávez”.

La pregunta es si Maduro, un ex camionero con un grueso bigote y una cuestionable tolerancia hacia los homosexuales, puede mantener a Venezuela unidad. Chávez siempre culpaba a sus ministros por uno de los índices más altos de homicidio en el mundo, una explosiva inflación y una constante escasez. Y, como uno de esos ministros, Maduro tendrá que encontrar alguien más a quien culpar; no podrá esconder esos problemas detrás de su carisma y personalidad tan fácilmente como Chávez.

Un ejemplo perfecto de eso fue un mitin reciente liderado por Maduro. Un grupo de seguidores apáticos se reunieron detrás de una pequeña multitud, y parecían más interesados en los zapatos del otro y sus planes para cenar que en lo que el vicepresidente tuviera que decir. Al contrastar eso con la retórica amigable y cautivadora de Chávez es fácil ver por donde empezarán los problemas para Maduro en su intento por mantener al chavismo con vida sin Hugo Chávez.

La Revolución Bolivariana de Chávez (nombrada así una vez más en honor al héroe de independencia) ha, para bien o para mal, puesto a Venezuela de cabeza. Las políticas domésticas del gran hombre, tales como sus numerosas nacionalizaciones, llevó su socialismo directamente al pueblo. Por ejemplo, se supone que la riqueza del petróleo era canalizada directamente a los pobres (aunque muchos acusan una desviación de recursos por parte del gobierno).

Otro símbolo chavista eran sus duros ataques contra Estados Unidos (entre las descripciones de George Bush estaban, "el diablo", "Sr Peligro", "un burro" y "un alcohólico, un borracho y un mentiroso”) así como hacer amistad con los parias de Mahmoud Ahmadinejad, Muammar Gaddafi y Bashar al-Asad.

Pero a pesar de todos esos amigos asesinos y esa retórica incendiaria, había una sensación de diversión que lo acercaba a sus seguidores. “Creo que estamos sufriendo de impotencia política”, dijo alguna vez. “Necesitamos un viagra político".

Chávez era el último de los líderes globales en necesitar un afrodisiaco político. Vivía de la polarización que había creado, y recurría a ella para ampliar su base. Pero a un sucesor como Maduro, quien carece de ese impresionante culto a su personalidad que gozaba Chávez, le será mucho más difícil mantener al pueblo de su lado.

El cuerpo de Chávez permanecerá expuesto hasta mañana, cuando se llevará a cabo su funeral. Aunque hay un gran odio hacia el hombre en algunos círculos, principalmente estadunidenses (“Maldigo a este dictador”, escupió el representantes estadunidense Ed Royce, Director de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes) se espera que su funeral esté a la par del de Eva Perón en 1952, al que se presentaron tres millones de personas.

El presidente boliviano Evo Morales, compañero en la alianza latinoamericana de izquierda, dijo esta semana que Chávez estaba “más vivo ahora que nunca”. Ahora depende de Maduro asegurarse de que el chavismo, cuando menos, continúe con vida.

Sigue a Girish en Twitter: @jammastergirish

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