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Opinion

Claudia Morales: aplaudo su denuncia, con todo y silencios

OPINIÓN | Mientras el mundo da debates grandes en torno al género, acá en Colombia le damos la espalda a la víctima y la acusamos de algo.

por Laura Galindo M.
24 Enero 2018, 8:52pm

La periodista Claudia Morales. Foto: Gustavo Torrijos | Tomada en virtud de nuestra alianza con El Espectador. 

Parece un chiste.

Las víctimas tienen la culpa y lo hacen todo mal. Las víctimas son víctimas porque seguro lo permitieron, es más: lo provocaron. Son víctimas porque se quedaron calladas y dejaron que volviera a pasar. Porque no entendieron, porque exageraron. Las víctimas son víctimas porque cuando hablaron no supieron hablar.

Parece un chiste. En serio parece un chiste.

Justo cuando creíamos ir para adelante, cuando pensábamos haber dado un primer paso, cuando las mujeres parecían estar venciendo sus miedos y armándose de valor para denunciar, agarramos todo a patadas y les decimos que lo están haciendo mal. Justo cuando el mundo entero habla de reivindicar sus derechos y en Estados Unidos las calles se tiñen con arengas rosa en contra del machismo de Donald Trump, nosotros, los colombianos, le decimos a la periodista Claudia Morales que escribir “Él me violó” en su última columna para El Espectador y no señalarlo con nombre propio es cobarde, perverso, inaudito, cómplice.

Que así no nos sirve. Que por favor.

¿Cómo esperamos que una mujer denuncie a su violador si no tenemos suficientes garantías institucionales para respaldarla? ¿Si todavía se le achacan responsabilidades en su propia violación? ¿Si las leyes, aunque existen, son laxas y facilistas? Y, sobre todo, ¿si en nuestra justicia existen los intocables?


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De verdad que parece un chiste.

Las mujeres no denuncian por una razón obvia: duele. Revivirlo, aceptarlo, decirlo en voz alta. Pero, además, las mujeres no denuncian por miedo, porque se sienten expuestas, vulnerables, amenazadas. Porque viven en una sociedad que no sabe cómo protegerlas y que se ha acostumbrado a desquitarse con ellas. No denuncian porque cuando lo hacen no pasa nada. O bueno, sí pasa: las juzgan.

Y es por eso que antes de hablar se lo piensan dos veces. Y es por eso que muchas deciden no hacerlo. Y es por eso que quienes lo hacen prefieren que sea bajo sus propias condiciones. No es culpa de Claudia Morales que no tengamos en tinta el nombre de su violador. Es culpa nuestra. Del cinismo con el que queremos obligarla a escribirlo. La misma historia del niño que se rompe la cara contra el pavimento y lo agarran a golpes porque se ensució el vestido. Claudia no denuncia porque se siente insegura y nosotros la bañamos en reproches para darle seguridad.

Que ya sabemos quién fue. Que en la columna hay pistas. Que el caso lo tiene la Unidad de Delitos Sexuales porque la Fiscalía comenzó una investigación de fuentes abiertas. Que “Él”, como le dice Claudia, es un hombre poderoso y por eso inmune. Alguien relevante en la historia de este país y al que muchos le tienen miedo. Alguien que, sugiere Jorge Gómez Pinilla en su columna Claudia Morales, su violador y el hilo de Ariadna, tuvimos como presidente y es Álvaro Uribe Vélez. Pero que no lo digamos tan alto, que mejor lo insinuemos, que así se entiende:

"Si de tentaciones se trata, confieso que he tenido la de conminar a Claudia a que responda SÍ o NO si su violador fue el mismo que tuvo de jefe en 2003 y con quien dejó de trabajar al año siguiente”, dice Pinilla en su columna de El Espectador. “¿Vamos a permitir que nos siga hablando, todos los días, por los próximos años?, ¿que nos siga mandando mensajes desde su púlpito sagrado?, ¿que nos siga diciendo qué hacer, qué pensar, qué sentir y hasta por quién votar?”, dice Paola Ochoa en la suya de El Tiempo. “Yo también he sido violada por hombres muy poderosos”, dice una mujer que representa la justicia en una caricatura de Matador.

No es culpa de Claudia Morales que no tengamos en tinta el nombre de su violador. Es culpa nuestra. Del cinismo con el que queremos obligarla a escribirlo.

¿Por qué hablar? ¿Por qué revolver la opinión pública? ¿Por qué arriesgarse contando a medias si iba arriesgarse de todas formas? La respuesta es fácil: porque callarse también duele. Porque decir “Me violaron” es hacer real un problema que para muchos no existe. Porque un periodista es, entre otras cosas, un megáfono. Porque es inevitable. Porque hablar de feminismo sigue siendo impopular y más aún cuando los hombres poderosos aparecen como victimarios. Porque al final del día, no decirlo tampoco es callarse.

Hablar es una necesidad. Elegir hasta dónde hacerlo es un derecho. ¿Pero acaso no se trata de eso? ¿De proteger los derechos de las mujeres? ¿Por qué nos estamos haciendo autogoles en esta lucha? Y digo “nos estamos” por pura cortesía. Yo, Claudia, aplaudo de pie su denuncia. Con todo y silencios.


Laura Galindo está en Twitter por acá.

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