Television

Deja que la nueva versión de 'Queer Eye' ablande tu corazón

La serie de 'makeovers' implacablemente optimista y sutilmente política de Netflix es un mecanismo de enfrentamiento perfecto para 2018.

por Katherine Gillespie
23 Febrero 2018, 9:23pm

Foto: Netflix | VICE AU

La leyenda de los productores cínicos de reality show se vislumbra en grande. Gracias en parte al detrás de cámaras satírico de UnREAL, hemos llegado a entender el género más vergonzoso de la televisión como manipulador y humillante, frecuentemente, tanto para el público como para los concursantes. Pero, para mantener su dominio cultural en un mundo donde la televisión es un mecanismo y una distracción cada vez más recurrente, los reality shows han realizado recientemente un esfuerzo más concertado para calmarse. La "realidad" que tienden a representar ahora es a menudo más amable y trabajadora, donde los concursantes compiten para hornear los mejores pasteles o realizar las mejores rutinas drag o encontrar un amor improbable en las islas... O recibir cambios de imagen positivos de un grupo diverso de hombres gays talentosos y carismáticos.

Si el optimismo es el nuevo estándar para el éxito de la televisión que muestra la realidad, Netflix ha identificado esto con el reinicio de Queer Eye en 2018. Este programa es lo menos cínico que disfrutarás este mes y tal vez este año; una serie artísticamente producida, cuidadosamente editada y políticamente hábil que es extremadamente divertida de ver de principio a fin. El servicio de streaming ha sido lento comisionando reality shows originales, pero con Queer Eye, este encuentra sus pies exfoliados y con manicure.

Podría haberse ido por el otro lado. Como es la norma con los reboots, el anuncio de un nuevo Queer Eye el año pasado se encontró con una división de entusiasmo e inquietud, a medida que su fanaticada se reavivó cautelosamente. Los Fab Five originales eran amados en su momento, pero la nostalgia por esa extraña mitad de década en la que la palabra "metrosexual" cayó en el uso común, se consideró problemática en el mejor de los casos. Surgieron preguntas adicionales: ¿debería hacerse un programa sobre la cultura "queer" que solo muestre al grupo más privilegiado de personas que viven bajo la bandera LGBTI? ¿Los hombres heterosexuales necesitan tener más poder del que ya tienen? ¿Debemos seguir considerando a todos los hombres homosexuales como árbitros del gusto? ¿Alguien puede realmente reemplazar al ícono de 2003, Carson Kressley?

Todas estas preocupaciones se anticiparon y se han contrarrestado, principalmente a través de un intercambio de ajustes inteligentes. El reboot deja atrás a Nueva York y se traslada a Georgia, y ya está programada una segunda temporada en el Medio Oeste. Es exactamente lo que parece: una evacuación bien organizada de la burbuja liberal. Algunos de los hombres que se transforman en el programa son cristianos devotos, policías con gorras de Make America Great Again y rednecks confesos. Sus casas están adornadas con banderas gringas y sus carros sonde platón. Estamos transformando una marca de masculinidad muy particular, aquí.

Serías perdonado por asumir que están en Georgia en una misión furtiva para convencer a los hillbillies de votar por demócratas como parte de sus nuevas rutinas diarias de cuidado de la piel, pero aquí es donde las cosas se vuelven muy atractivas: con poco esfuerzo visible, los Fab Five resisten el impulso de predicar. Nadie está obteniendo un cambio de imagen ideológico en el nuevo Queer Eye, aunque todos—gays y heterosexuales— están abiertos a aprender cosas nuevas. Las relaciones formadas entre los Cinco y sus concursantes, las cuales parecen ser totalmente genuinas, se basan en la confianza y la aceptación de las creencias del otro. Como resultado, el programa está lleno de discusiones crudas, a veces desgarradoras, y lo más importante: gentiles, sobre raza, género, religión y sexualidad. Las ideas se intercambian de manera informal, después de la clase. No hay conferencias, y cualquier seriedad ocasional se equilibra con una gran cantidad de pelo, cortesía del peluquero Jonathan, el tipo de Funny or Die de Gay of Thrones. Así como los intentos cariñosos de Antoni, el asesor de alimentos (y totalmente capaz de cocinar, a pesar de los argumentos de la gente que dicen lo contrario) para hacer del aguacate el snack diario del hombre heterosexual.

"Nunca pensé que saldría a plantar vegetales con un hombre gay en mi jardín", dice un padre profundamente religioso de seis niños al experto en diseño, Bobby Berk, en el episodio cinco. Berk comienza a preguntarle cuidadosamente acerca de la religión y la homosexualidad; resulta que él también se crió en un hogar cristiano evangélico. Los dos intercambian anécdotas de la infancia. "Al crecer [me enseñaron] que los homosexuales estaban locos y que estaban equivocados", admite el hombre heterosexual, pero dice que ha notado un contraste entre esa mentalidad y las palabras de la Biblia. "Tal vez piensas que somos críticos. Tal vez piensas que odiamos a los gays. Pero nosotros no somos así. Dios me dijo que amara a mi prójimo".

El experto en moda Tan France generalmente asume el papel de educador cultural gay. En el piloto del programa, declara que mientras la primera versión de Queer Eye estaba luchando por la tolerancia, "[en esta] estamos luchando por la aceptación". Pero el objetivo es en realidad más ambicioso que eso, y la serie lo aclara con el tiempo. "Simplemente no me hagas parecer femenino", solicita un concursante mientras France evalúa su closet. "Quiero mencionar la palabra 'femenino' que acabas de usar", dice France, desmitificando un poco los estereotipos. Otro momento memorable es cuando Bobby y Jonathan con entusiasmo, y sin ofender ni juzgar, disipan la idea errónea de un hombre heterosexual que afirma que los hombres homosexuales casados dividen sus relaciones en roles de marido y mujer.

En un episodio notable de un oficial de policía que respalda a Trump y es un entusiasta de NASCAR, el experto en cultura Karamo trae a la mesa el movimiento Black Lives Matter durante un viaje en carro inicialmente tenso. "Mi hijo no quería obtener su licencia porque tenía miedo de ser detenido y disparado por un policía", le dice Karamo a su pasajero. Vale la pena verlo, así que no diré demasiado: la conversación concluye con concesiones en ambos lados del vehículo, y ambos expresando un sincero deseo de que los policías blancos y los activistas del BLM encuentren la manera de trabajar juntos. También se unen gracias a Wu Tang y Bone Thugs-n-Harmony. "Si todos tuvieran una conversación como la que acabamos de tener, las cosas serían mucho mejores", dice el policía. "Todo el mundo quiere hablar, pero nadie quiere escuchar".

Queer Eye no se trata tanto de dar una voz a los votantes de Trump, sino de reconocer su existencia y buscar, de una manera sorprendentemente matizada y poco condescendiente, entenderla. Hay una diferencia entre estas conversaciones y, por ejemplo, un periódico que publica un artículo de opinión de un neonazi en los supuestos intereses del periodismo equilibrado. Por un lado, no se da tiempo de pantalla al racismo, la homofobia o la misoginia. Por otro lado, los concursantes pueden haber sido nominados por amigos o familiares, pero finalmente están allí por elección personal. Todos ellos han decidido recibir consejos con la mente abierta al estilo de vida de un grupo de hombres gays de la gran ciudad que están más que dispuestos a participar en el intercambio cultural. Nadie es nunca humillado o despreciado, y como era de esperar, esto genera una conversación mucho más productiva.

Así como no todos los sureños votan rojo, no todos los concursantes en Queer Eye son simpatizantes blancos de Trump. El programa también hace un esfuerzo por despegar capas de estereotipos sureños basados en la masculinidad, ya que aplican a los no blancos, y no heterosexuales (hay una razón por la cual el título del espectáculo fue cortado a la mitad) de Atlanta y sus pueblos pequeños a su alrededor. En un episodio destacado, los Cinco ayudan a un homosexual que está en el closet a confesársele a su madre, y logran aceptar con la muerte de su padre, quien nunca conoció su sexualidad.

¿Todo esto es real? Tal vez no. Con seguridad, las fichas están siendo movidas. Pero no sientes que estás siendo manipulado por Queer Eye tanto como podrías: hay sutilezas y áreas grises donde usualmente solo hay historias y guiones cursis, y esa es una sensación rara cuando ves un reality show de televisión estadounidense producido para una audiencia masiva. Los cinco hombres se llevan bien entre sí y por lo tanto, sospechas cómo es el detrás de cámaras. Existe una sensación sincera de que se están divirtiendo haciendo esto, lo cual es algo difícil de fingir.

Y los hombres transformados también parecen felices. En realidad, puedes ver el alivio en los ojos de todos cuando se señalan los temas incómodos. El espectáculo es impulsado por un profundo sentido de la curiosidad, el deseo humano de ser visto, de ser visto como un igual.

Sin lugar a dudas, el reboot de Queer Eye se propuso en los primeros momentos de la presidencia de Trump cuando los medios de comunicación liberales luchaban por comprender qué carajos había salido mal y preguntándose si su propia reportaría insular había tenido la culpa. Su lógica de dejar la burbuja cayó rápidamente en desgracia a medida que los debates entre la izquierda y la derecha (sobre el control de armas, sobre la inmigración, sobre la raza, sobre el derecho a la vida) escalaron y oscurecieron. Aún así, este programa es un caso persuasivo y conmovedor para derribar las barreras en lugar de subirlas. Por amor y comprensión, así como un buen bloqueador solar diario.

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Este artículo fue publicado originalmente en VICE AU.