Opinion

De cómo la filosofía se volvió un sello musical

OPINIÓN// ZZK Records, la nueva música del cono sur y el filósofo Slavoj Zizek.

por Silvie Ojeda*
05 Abril 2017, 2:21am

Bastante hemos escrito y hablado de ese momento coyuntural en el cual Colombia, durante de los años 90, en medio de una triangulación extraña entre el éxito internacional de Totó La Momposina, los Clásicos de la Provincia de Carlos Vives y una generación de músicos sedientos de nuevas influencias folclóricas y rurales, se convirtió en uno de los generadores de tendencia musical más interesantes del planeta. La mezcla de las músicas folclóricas de las costas atlántica y pacífica y la muy interesante sonoridad tropical, junto con la introducción de elementos más contemporáneas que sedujeron a las nuevas generaciones, se tomaron el país. Hoy algunos las llaman nuevas músicas colombianas, otros más avezados se refieren a este fenómeno como Colombian nu-roots, nombres que, de cualquier manera, confirman que estamos frente a un nuevo estilo musical.

La ola se multiplicó y Latinoamérica se cargó de música durante la primera década del tercer milenio y, dentro de este contexto, aunque con algunos años de diferencia, Argentina se volcó en un proceso similar al colombiano. La génesis allá fue la famosa fiesta underground Zizek Club, organizada por tres figuras de la movida musical de la ciudad porteña: Grant C. Dull, un gringo interesado en la cultura Latinoamericana; DJ Nim, un rasta muy particular; y el dj y productor de bastard Bop, Diego Bulacio, más conocido como Villa Diamante.

Esta terna se inspiró en Slavoj Zizek, filósofo esloveno que ha criticado la tan mentada y temida posmodernidad, intentando desmarcarse de ella y, sobretodo, del giro cínico y esteticista despolitizado a la que conlleva. Dentro de su trabajo, en el cual critica el capitalismo sin declararse un detractor de un sistema en abstracto, Zizek también reflexiona sobre las luchas identitarias o de reconocimiento cultural. A estas las ubica dentro de un escenario pospolítico: un espacio social que deja de lado la discusión sobre la acumulación de capital y la política económica. A partir de esto plantea que los debates contemporáneos se han despolitizado y se han naturalizado de tal manera que, temas como como la inmigración, las parejas gay o el calentamiento global, se han convertido en escenarios de posturas sin las condiciones suficientes para incidir en el debate público, al estar desprovistas de tecnicismos o profundidad.

Resulta entonces interesante, o al menos paradójico, que aquella terna de entusiastas musicales que dieron nacimiento a una fiesta de sonidos relacionados con las luchas identitarias se hayan decidido bautizar como Zizek Club, y más tarde fundara Zizek Records. Es así como trazan los linderos de su propuesta musical nacida de la reflexión propia de su rol social frente a la posmodernidad. Y es precisamente tras esa reflexión que deciden habitar ese espacio despolitizado que, si bien el filósofo Zizek critica, en el caso de Zizek Records convierte en realidad el debate público.

Sucedió porque las fiestas se volvieron espacio de showcase y así, haciendo un ejercicio muy zizekiano (permítanme acuñar el término) donde lo contingente se naturaliza y empieza a constituirse en identidad, aparece esa tendencia, movimiento o estructura cultural que hoy propone nuevas sonoridades desde el cono sur del continente americano. La plataforma Zizek Records (ZZK) marca un camino teórico y práctico para crear y sentir la música: lo teórico más contingente que estratégico y lo práctico basado en el ejercicio de reconocer la identidad ancestral e indígena que propone su territorio.

Y es así como, aquello que aparentemente no tenía condiciones para participar en el debate público, se convierte en un pilar para ZZK, pues es allí donde se presenta la concepción indígena y ancestral como una fuente de inspiración, celebración y expresión. O lo mismo sucede con el reconocimiento de la cumbia popular y villera como constituyente de la identidad actual. Y de la mezcla de ambos nace un género en constante construcción que oscila entre el Andes step, la Cumbia digital, el bastard pop y el global bass. El debate está en la pista.

Los nombres ya los conocemos y los disfrutamos: Pedro Canale con su proyecto Chancha Vía Circuito; Gaby Kerpel, conocido productor, cuyo sello músical King Koya nos ha regalado sonoridades increíbles para espacios performáticos como "De la guarda" y "Fuerza Bruta". No podríamos seguir recorriendo este universo sin traer al baile a Tremor, con su fusión que suma instrumentos acústicos tradicionales como el bombo legüero y el charango para mezclar chacareras y huaynos. O al El Remolón, un DJ que viene viajando desde el minimal tecno para terminar combinándolo con cumbias rebajadas y atracar en un puerto down-tempo. O Mati Zundel, Villa Diamante, los Fauna, Mateo Kingman, Nicola Cruz, y muchos más.

De esta lista de artistas me parece muy importante resaltar la representación femenina y las nuevas propuestas que, aunque no necesariamente hagan parte de ZZK, podrían enmarcarse en ese escenario de creación. Empezando por La Yegros, con su propuesta de cumbia, chamamé y otros ritmos del norte, de la Argentina amazónica. Su disco Viene de mí, en palabras de Mariana Yegros, fue un viaje a la Amazonía que permitió que encontrara su timbre, su color, su propia voz. O Paloma del Cerro, con una propuesta mucho más ligada al universo mágico de la ancestralidad indígena, una venia constante a las ceremonias de búsqueda de visión y a la fuerza femenina como gestora principal de la vida. Y Heidy Lewandowsky, Kaleema, que trae al escenario la fuerza del tambor como palpitar de la tierra y nos conecta directamente con una música meditativa donde la voz funciona como mantra para sumergirse en la densidad sonora de los samples electrónicos presentes.

Mientras termino de escribir esto, celebro que la crítica y la filosofía, que son tan necesarias y a veces tan condenadas e injustamente juzgadas, hayan abonado el terreno para que una plataforma de reconocimiento identitario que se expresa a través de la música, nazca. Para así confrontar los preconceptos de la posmodernidad y la sociedad capitalista que nos exige crear, ser únicos y originales. Larga vida a ZZK Records y a Slavoj Zizek, y que sigan regalándonos espacios complejos y ricos para reflexionar, crear, disfrutar y criticar.