la semana del moño

¿Hay razones para humillar a las mamás que fuman yerba y amamantan a sus hijos?

El mayor experto en drogas seguras para las madres lactantes afirma que las mujeres deberían evitar trabarse mientras están dando teta. Otros argumentan que su investigación se sustenta en una base poco sólida y que estigmatiza a ciertas mujeres.

por Tobias Coughlin-Bogue
20 Abril 2017, 9:44pm

Ilustración de Katherine Killeffer

Este artículo fue publicado originalmente en Broadly, nuestra plataforma dedicada a las mujeres.

Sobre la cuestión de si las drogas son seguras para las madres lactantes, muy pocos médicos se consideran tan autorizados para opinar como Thomas W. Hale, farmacólogo clínico en la Universidad Tecnológica de Texas, especializado en el riesgo de consumir drogas durante el embarazo y la lactancia. Es el autor de Medications and Mothers' Milk (Medicamentos y leche materna), la guía definitiva sobre la seguridad de determinadas drogas durante el período de lactancia y también el texto en el que se basa InfantRisk, un sitio web dedicado a este tema.

Al igual que la Organización Mundial de la Salud, que recomienda que las madres den el pecho exclusivamente durante los primeros seis meses después del nacimiento de su bebé, Hale es un ferviente defensor de la lactancia materna y su obra tiene una misión fundamental: mejorar las tasas de lactancia mediante la desmitificación de la interacción entre varios fármacos que se prescriben comúnmente y la leche materna.

"Diversos estudios sugieren que la toma de medicamentos es uno de los principales motivos por los que las mujeres interrumpen la lactancia de forma prematura", dice el sitio web de Medications and Mothers' Milk. "Interrumpir la lactancia es a menudo una decisión incorrecta y la mayoría de madres podrían continuar fácilmente dando el pecho a sus hijos y tomar sus medicamentos sin riesgo para el bebé".

El libro, así como el sitio web InfantRisk, está repleto de información práctica para los médicos —como cuánta oxicodona puede tomar una madre de forma segura mientras está dando el pecho o si el Adderall es seguro durante la lactancia, que sí lo es—. En lo que respecta al cannabis, sin embargo, Hale está decididamente en contra. El cannabis se incluye en la categoría L5, que en su libro incluye las sustancias "contraindicadas", que presentan el riesgo más alto. Además, incluye la siguiente advertencia:

Diversos estudios realizados en madres lactantes han demostrado que existe un riesgo significativo y documentado para el niño basado en la experiencia humana: se trata de un medicamento o droga que presenta un riesgo elevado de provocar daños significativos al bebé. El riesgo de usar esta droga por parte de las madres lactantes pesa mucho más que cualquier posible beneficio de la lactancia. Este fármaco o droga está contraindicado en las mujeres que están amamantando.

Dicho de otra forma, la mayor autoridad en lo que respecta a qué es seguro y qué no para las mujeres embarazadas o las madres lactantes cree que es mejor no dar el pecho que fumar yerba mientras se hace. Para él no es negociable y lo que escribe se convierte en una política de facto.

Joelle Puccio, enfermera perinatal en un hospital maternal situado a las afueras de Seattle, se enteró de esto a las malas. En enero del año pasado se unió a un comité que trabajaba para diseñar una nueva política sobre drogas y fármacos para el hospital. El hospital no contaba con ninguna política previa sobre la exposición a diversas sustancias durante la lactancia, de modo que Puccio, también una acérrima defensora de la lactancia y miembro activa del grupo para la reforma de las políticas sobre drogas People's Harm Reduction Alliance, se ofreció voluntaria para redactar una.

"Inicialmente, incluí algunas explicaciones para desbancar algunos mitos", afirmó. Además de aclarar suposiciones erróneas acerca de la hepatitis C ―es seguro dar el pecho si padeces esta enfermedad, siempre y cuando tus pezones no estén agrietados o presenten hemorragias—, la política de Puccio iba a incluir una recomendación diciendo que el uso de cannabis no era una contraindicación para la lactancia. Sus propias investigaciones sobre el tema habían revelado muy poca evidencia de riesgo pero, sin duda, no la suficiente para desaconsejar a las consumidoras ocasionales de marihuana que dieran pecho si lo deseaban, ya que ofrece enormes beneficios tanto para los bebés como para las madres. Sin embargo, cuando llegó el momento de la revisión final por parte del comité, Puccio se sintió consternada al descubrir que, a pesar de su extensa investigación, era la única que apoyaba esta recomendación en particular.

"Discutí durante un rato, pero se acordó que lo mejor era seguir las indicaciones del experto más acreditado", explicó Puccio. "Todos los gerentes acordaron que debíamos regirnos por Hale y no por mis investigaciones, que es exactamente lo que hay que hacer la mayoría de las veces. El problema es que, en este caso, Hale se equivoca".

Frustrada porque sus compañeras ―"enfermeras profesionales e inteligentes"— se negaban a mirar más allá del libro de Hale, Puccio se propuso revisar la obra comparándola con hechos reales. Comenzó repasando su artículo sobre el consumo perinatal de cannabis para InfantRisk.com, que advierte a las madres lactantes de terribles consecuencias para la salud en los bebés expuestos a leche materna cargada de yerba. Termina "recomendando firmemente" a las madres que eviten "cualquier forma de THC" mientras estén embarazadas o dando pecho.

Puccio descubrió lo que ella describe como una clara exageración de los riesgos por parte de Hale. Aunque el artículo cita varios estudios en torno al consumo de cannabis durante el embarazo, solo cita dos sobre el consumo de cannabis durante la lactancia: uno llevado a cabo entre 27 mujeres y otro entre 16 mujeres. Aunque el artículo de InfantRisk señala que "los datos continúan sugiriendo que el cannabis puede producir una reducción a largo plazo (...) de las capaces cognitivas y cambios en el estado de ánimo y el sentido de recompensa", ninguno de esos estudios descubrió muchos indicadores concretos de daños. De hecho, el primer estudio que cita Hale se llevó a cabo con 27 mujeres que consumían cannabis todos los días mientras daban el pecho y en él "no se descubrió ninguna diferencia en el crecimiento y en el desarrollo mental o motriz".

Incluso los estudios con datos reales ―los que hablaban del consumo de yerba durante el embarazo― estaban a menudo obsoletos, se mostraban fuera de contexto o contradecían directamente las conclusiones de Hale, según Puccio. Molesta por lo que ella consideraba como un prejuicio innecesario contra las madres consumidoras de cannabis, Puccio escribió un e-mail educado aunque bastante duro a Hale, rebatiendo las afirmaciones de su artículo una a una.

Empezó con tres estudios sobre la exposición al cannabis in utero, citados por Hale para respaldar su afirmación de que "el THC cruza la placenta fácilmente y existen cada vez más pruebas de que puede incrementar las tasas de retraso en el crecimiento y desarrollo neuronal deficiente tras la exposición prenatal". Puccio no encontraba convincente ninguna de estas investigaciones:

El primer artículo (Day et al) empleado para respaldar esta afirmación no encuentra ningún efecto en la exposición a la marihuana en ninguno de los resultados estudiados. El segundo (Fried et al) descubrió efectos transitorios en el período inmediatamente posterior al nacimiento y a los 4 años. También encontró sutiles posibles efectos a largo plazo, pero fue incapaz de encontrar un vínculo causal, indicando que "la única afirmación concluyente sería que, si existen consecuencias a largo plazo de la exposición prenatal a la marihuana, dichos efectos son muy sutiles". El tercer artículo (Hurd et al) encontró que "había una reducción significativa de 0,08 cm en la longitud y 14,53 gramos en el peso corporal". Esta importancia es de carácter estadístico y no clínico. Estos artículos no respaldan sus afirmaciones.

Los tres estudios que mencionó Puccio forman la base de la revisión de los textos escritos sobre el cannabis y la lactancia que cita Hale como sugerencia de "graves consecuencias neuroconductuales a largo plazo". Cimentándose en esas bases tan precarias y empleando afirmaciones cuidadosamente cualificadas, continúa introduciendo un número de conclusiones innecesariamente inquietantes.

"Recientes estudios han sugerido una reducción en la recuperación y retención de la memoria a largo y corto plazo en niños expuestos al cannabis en la etapa prenatal", escribe. "Esos niños también presentaban carencias en sus capacidades de planificación, integración y juicio". Pero no ofrece referencia alguna.

"Tanto los estudios en humanos como los estudios en animales sugieren claramente que la exposición al cannabis no es beneficiosa y que la exposición al cannabis durante la etapa prenatal puede producir cambios a largo plazo en el comportamiento y la salud mental". Tampoco ofrece referencias.

"El consumo crónico de cannabis puede provocar depresión, ansiedad y trastorno bipolar en los adolescentes y los adultos". Y no solo no ofrece ninguna referencia, sino que no tiene nada que ver con el tema que se trata.

Hale también sugiere cierto vínculo entre la exposición prenatal al cannabis y la leucemia infantil, citando un estudio de 1989 que se publicó en el diario Cancer. No obstante, convenientemente no menciona que ese mismo estudio fue repetido unos 15 años más tarde por el mismo autor con un grupo de población mucho más amplio. En el segundo intento, el autor de hecho encontró una asociación ligeramente negativa entre el cannabis y la leucemia.

Cuando recibió el e-mail de Puccio, Hale lo reenvió a uno de sus empleados del centro InfantRisk, el Dr. James Abbey. En un principio, Abbey se mostró receptivo ante las quejas de Puccio, indicando que fue una de las primeras cosas que propuso para su revisión cuando entró a trabajar en InfantRisk.

"En mi opinión, [el artículo] exagera los riesgos y representa erróneamente el nivel de evidencias empleadas para respaldar sus conclusiones", respondió Abbey a Puccio, "pero todavía no he tenido tiempo de profundizar en este tema". Abbey retiró el artículo de la página web para revisarlo.

Foto de Blai Baules vía Stocksy

Sin embargo, unos días más tarde Puccio encontró el artículo original publicado de nuevo sin ningún cambio. Volvió a ponerse en contacto con Abbey, pero él había cambiado su tono, justificando la inclusión del cannabis en la categoría L5 como algo necesario a la vista de que no se dispone de suficientes estudios sobre el tema. Tras aquel intercambio, Puccio no recibió más noticias. Cuando le pidió que le comentara el artículo, Abbey no respondió. Hale también declinó hablar con ella.

La descripción que ofrece Abbey del cannabis encaja con la categoría L3 de Hale ―"moderadamente seguro"― a la perfección. Las sustancias incluidas en la clasificación L3, según Medications and Mothers' Milk, son sustancias para las que "no existen estudios controlados en mujeres lactantes; sin embargo, el riesgo de efectos adversos en un bebé lactante son posibles. O bien los estudios controlados muestran únicamente efectos adversos mínimos y no amenazantes. Estas sustancias solo deberían consumirse si el beneficio potencial justifica el riesgo potencial para el niño".

En su subsiguiente conversación con Abbey, Puccio instó a Abbey a rebajar el cannabis hasta la categoría L3. Abbey, menospreciando el daño que puede suponer mantener el cannabis en el nivel L5, sugirió que cualquier buen médico llevaría a cabo una concienzuda revisión de toda la información disponible, no solo el libro de Hale, y llegaría a la misma conclusión. Puccio le contestó que eso no era sino una fantasía y una negación intencionada de cómo se supone que funciona el libro de Hale.

"La enfermera profesional o el neonatólogo medios recurren siempre a ese libro, lo abren, miran la categoría L5, lo cierran y dicen a sus pacientes que no pueden dar el pecho [si fuman hierba]", explicó Puccio. "Eso es lo que sucede en la vida real".

Cambiar el cannabis a la categoría L3, según Puccio, al menos conseguiría informar a los profesionales de la salud de que la situación no está tan clara y les instaría a llevar a cabo esa investigación que sugería Abbey, en lugar de descartar la lactancia completamente.

Aunque esto podría parecer un oscuro subterfugio técnico, no lo es. Las mujeres son criticadas y estigmatizadas por consumir cannabis durante el embarazo o la lactancia, independientemente de si lo consumen de forma responsable o de la frecuencia con que lo hacen (y también se las critica y estigmatiza por casi cualquier decisión que toman en lo referente a la lactancia en general). Aunque sabemos muy poco sobre los efectos reales del consumo de cannabis durante la lactancia, existe la idea extendida de que es extremadamente peligroso y horriblemente irresponsable ingerir THC mientras se está dando el pecho. Existen consecuencias muy reales para las mujeres embarazadas y lactantes cuya orina da positivo en marihuana. Muchas agencias de protección infantil y organizaciones sanitarias estatales siguen considerando que exponer a los niños al THC, independientemente de la cantidad, es abuso o exposición a un peligro.

Bernadette Hoppe, abogada residente en Nueva York que defiende a padres y representa a niños en casos de abuso, lo confirmó: "Desde luego tengo casos en que la única alegación contra la madre es que estaba consumiendo marihuana", explicó. E indicó que, aunque el libro de Hale no puede usarse como prueba en un caso de abuso, podría sin duda servir de información para los expertos que testifiquen.

Pero incluso en el caso de que no haya procedimientos legales aplicables, el estigma asoma su fea cabeza. Un usuario del foro de InfantRisk.com que se identificó como miembro de las autoridades sanitarias indicó que "el libro del Dr. Hale incluye la marihuana en la categoría más peligrosa y, en consecuencia, nuestra División Sanitaria Estatal, basándose en esa información, no ofrece ningún apoyo a las mujeres lactantes que son consumidoras de marihuana". Esta ayuda podría ser en forma de asistencia gubernamental para comprar extractores de leche, por ejemplo. "Conforme voy leyendo textos médicos me doy cuenta de que los efectos conocidos de la marihuana en esta situación quedan ampliamente indefinidos, así que me siento confundido por su categorización", continúa el usuario. "Como funcionario de la salud pública en nuestro país, quiero estar seguro de que apoyamos la lactancia cuando corresponde y, por supuesto, la desaconsejamos cuando podría suponer un riesgo. ¿Cómo puede justificarse la inclusión de la marihuana, en los textos médicos existentes, en la misma categoría que los fármacos para la quimioterapia y los metales pesados?".

En su respuesta a este usuario, Hale desacreditó esa política, afirmando que no está de acuerdo con que "se nieguen a las mujeres servicios de asistencia sanitaria, bombas de extracción de leche y otros apoyos simplemente porque ocasionalmente fumen marihuana o la hayan consumido en el pasado". Sin embargo, parecía no ser consciente o no estaba dispuesto a admitir el papel que él mismo desempeñó a la hora de crear dicha política (indicó que ha "luchado durante años" con la clasificación de la marihuana en la categoría L5).

La leche materna posee todo tipo de beneficios, incluyendo (según un estudio) incrementar el Cociente Intelectual (CI) de las personas. Algunos afirmarán que si beber leche materna con marihuana hace que los niños sean más tontos, bueno, también no beber leche en absoluto tiene el mismo efecto. Como dice el mismísimo Abbey en un post publicado en su foro en 2014, "[Los beneficios de la lactancia] son tangibles y están demostrados, mientras que [los riesgos del consumo de cannabis durante la lactancia] son vagos y alarmantes".

"Los textos publicados sobre este tema no están suficientemente acreditados para ser de ayuda a la hora de hacer generalizaciones útiles", continúa Abbey. "Nuestra opinión es que los beneficios de dar pecho probablemente pesan más que el detrimento provocado por una exposición ocasional o 'casual' al cannabis. Dicho detrimento aumenta con el consumo más frecuente y, llegados a cierto punto, puede superar a los beneficios, aunque no disponemos de suficiente información para determinar dónde se sitúa esa línea divisoria".

Hoppe, que también tiene un máster en salud pública, fue un poco más directa.

"Lo que yo sé por mis estudios en salud pública", indicó, "es que existen muy pocos motivos para no amamantar en absoluto. Ser seropositiva es uno de ellos. Hay un puñado de fármacos —incluyendo los fármacos prescritos por un médico— por los cuales deberías evitar dar pecho si los estás tomando. Pero, aparte de eso, los beneficios de la lactancia son tan potentes y están tan bien documentados que creo que debemos ser extremadamente cuidadosos cuando decimos a las mujeres que no amamanten".