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francia

Chao fascismo, por ahora

Con una amplia mayoría, los franceses eligieron a Emmanuel Macron como su nuevo presidente. Su adversaria Marine Le Pen deberá poner por un tiempo en el cajón su discurso en contra de la inmigración.

por VICE Colombia
07 Mayo 2017, 9:18pm

Este artículo fue publicado originalmente en VICE News, nuestra plataforma de noticias.

Este domingo los franceses dieron la espalda a la extrema derecha y eligieron a Emmanuel Macron, de 39 años, como su próximo presidente, con lo que se convertirá en el mandatario más joven en la historia del país.

El candidato centrista y proeuropeo llegará a la presidencia con entre el 65 y 66 por ciento de los sufragios y reemplazará al socialista François Hollande que renunció a presentarse por falta de apoyo popular.

Macron del nuevo partido En Marche! y exministro de Economía declaró a medios franceses que la noche de las elecciones se abría "una nueva página de nuestra larga historia. Quiero que sea la de la esperanza y la de la confianza recuperadas".

Aunque Marine Le Pen, de 48 años, perdió por amplio margen, no es una derrota en toda regla, ya que su partido -el Frente Nacional (FN)- logró convencer a entre el 34 y el 35 por ciento del electorado con promesas en contra de la inmigración y el euro. No sólo eso, sino que se ha hecho un hueco entre las principales fuerzas políticas del panorama nacional.

Emmanuel Macron se presenta ya como presidente electo. Imagen vía Lionel Bonaventure/EPA.

"Estaré al frente del combate" de las elecciones legislativas de junio, donde espera superar con creces los dos diputados actuales con una campaña contra la UE, la globalización, los inmigrantes y las "élites" en un país corroído por el desempleo y enlutado por una ola de atentados yihadistas.

Emmanuel Macron parecía destinado a un ascenso constante en las filas del poder establecido francés cuando decidió aplicar sus habilidades como banquero de inversiones al mundo de la política.

Pero desde que decidió hacer las cosas por su cuenta después de sólo dos años como ministro, ha transmitido un fuerte mensaje contra el poder establecido, que le ayudó a erigirse como favorito para ganar la elección presidencial, una de las más inciertas del país.

Macron era un desconocido para la mayoría de la gente hace tres años, y muchos atribuyen su asombroso ascenso a un profundo deseo de una cara nueva, que coincidió con el inesperado desplome de muchos oponentes tradicionales. Pero también tiene que ver su agudo sentido táctico.

Aprovechando el desencanto del pueblo con el "status quo", Macron prometió sacudir el poder establecido, a pesar de haber estudiado en prestigiosas escuelas francesas, de hacer una fortuna por intermediar en una operación de 10.000 millones de dólares para Rothschild y de formar parte de un Gobierno socialista bajo el mando del presidente François Hollande.

"Francia está bloqueada por las tendencias de su élite de servirse a sí misma", dijo ante simpatizantes en un mitin en Pau, ciudad del sur de Francia, antes de bajar la voz y añadir: "Y les contaré un pequeño secreto: lo sé porque fui parte de ella".

Después de Rothschild, se unió al equipo de Hollande en el Elíseo en 2012 y no pasó mucho tiempo antes de convertirse en ministro de Economía.

Allí criticó a vacas sagradas del "modelo social", como la semana laboral de 35 horas, la protección blindada del empleo y empleos de por vida en servicio público.

Esos mensajes lo han convertido en uno de los políticos más populares de Francia, lo que es un gran logro para un ex banquero en un país en el que muchos desprecian a los altos círculos financieros, aunque mucha gente de la izquierda tradicional sigue desconfiando de él.

Macron asegura que su ambición es cerrar la brecha entre izquierda y derecha que divide desde hace mucho tiempo a la política francesa.

Cuando dimitió como ministro de Economía en agosto de 2016 para montar desde la nada el movimiento político En Marche!, muchos críticos lo consideraron, en el mejor de los casos, como una estrella fugaz con los días contados.

Sin embargo, el caos del partido socialista y el escándalo financiero en el que se sumió el candidato de centroderecha, François Fillon, propició que Macron se perfilara como uno de los favoritos.

Esta carrera, aunque meteórica, le ha permitió eliminar de las presidencia, a Marine Le Pen, la líder de extrema derecha del Frente Nacional; al menos de momento.

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