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Furia travesti

Es momento de hablar de plata y de revolución trans

OPINION | La mayoría de organizaciones trans no reciben plata, y muchas de las que sí lo hacen no son lideradas por personas trans.

por Mati González Gil
06 Junio 2017, 9:44pm

Los círculos de exclusión y pobreza a los que se enfrentan las personas trans tienen un efecto en la forma en que activistas y organizaciones trans hacen su trabajo. Varias personas trans trabajan en economías informales o altamente criminalizadas con el fin de sobrevivir: muchas putean de día para poder comer por la noche, pagar las habitaciones donde viven y poder mantener a sus familias. Las personas trans enfrentan serias dificultades para poder organizarse políticamente porque su situación económica funciona como un desincentivo. Ir a una reunión o coordinar cualquier esfuerzo para la movilización social, como una protesta o un plantón, implica gastar tiempo y perder plata. Cuando lo que se gana es todo lo que se tiene para sobrevivir, organizarse políticamente parece un lujo. Aún en estos contextos de escasez de recursos, las personas trans se las han arreglado para organizarse y trabajar por sus derechos.

Un estudio, publicado en 2013 y para el que se entrevistaron a más de 340 organizaciones de personas trans e intersex, concluyó que las organizaciones lideradas por personas trans e intersex tienen pocos recursos. Pero también concluyó que inclusive "en medio de este desafiante contexto de financiación, están haciendo un trabajo notablemente exitoso para promover los derechos y mejorar la vida de sus comunidades". En Colombia, sin un peso, una coalición de organizaciones trans y organizaciones aliadas, logró incidir para que el gobierno expidiera el decreto que permite que las personas corrijan el componente "sexo" en sus documentos de identidad. En otras palabras, el activismo trans ha tenido victorias importantes en contextos donde la financiación ha sido poquita o ninguna.

El mismo estudio también dice que si bien la financiación para grupos LGBT ha incrementado en los últimos diez años, esa plata no ha llegado a las comunidades trans ni intersex porque "los movimientos LGBTI han fallado históricamente en abordar las cuestiones de prioridad para las personas trans e intersex". También explica que muchas veces la T y la I en LGBTI únicamente están incluidas en el nombre pero con poco impacto en las prioridades de las organizaciones. El estudio agrega que aunque algunas organizaciones LGBT hacen esfuerzos genuinos por incluir personas trans e intersex dentro de sus liderazgos, siguen siendo muchas las que no lo hacen e incluso pueden llegar a ser hostiles con ellas.

La investigación demostró que los grupos liderados por personas trans e intersex tienen presupuestos más bajos que aquellos grupos que dicen trabajar con temas trans e intersex, pero que no están dirigidos por personas trans e intersex. Es decir, hay más plata para que hablen por nosotras y menos plata para que nosotras hablemos por nosotras mismas. Además, los grupos trans e intersex enfrentan una situación crítica respecto al personal que trabaja en sus organizaciones: el 55% de los grupos no tienen personal de tiempo completo y el 49% no cuentan con gente contratada. Muchas trabajan gratis y sin sueldo. Los gobiernos tampoco están interesados en financiar la revolución trans o intersex: el 71% de los grupos dijeron que sus gobiernos no tenían interés en financiarles.

La plata tiene un papel fundamental en la autonomía política de las personas trans. La posibilidad de tomar decisiones sobre estrategias, destinación de recursos y esfuerzos está directamente relacionada con la financiación. La mitad de las organizaciones trans e intersex entrevistadas dijeron que no eran organizaciones independientes y que eso limitaba su capacidad para tomar decisiones sobre su trabajo. Muchos grupos respondieron que su trabajo hace parte de organizaciones más grandes a las cuales están subordinadas y con las que tienen que consultar decisiones que son cruciales para su trabajo. Sólo un 26% de estos grupos toman las decisiones sobre sus finanzas, cerca del 32% tiene que compartir con otros grupos u organizaciones los procesos de toma de decisiones financieras y el 42% dijo que tienen poca o ninguna opinión en las decisiones financieras sobre su trabajo.

A veces se puede percibir cierto temor a que las personas trans tomen sus propias decisiones. Hay un miedo a que nos equivoquemos y una idea de que no tenemos las capacidades para determinar el rumbo de nuestras vidas. El efecto de esa desconfianza es la infantilización que, entre otras cosas, nos vuelve dependientes de las decisiones de otros, de lo que creen que es mejor para nosotras y que, muchas veces, son decisiones filtradas por el prejuicio y la ignorancia. Esto desconoce que el derecho a equivocarse hace parte del reconocimiento de nuestra autonomía política porque la autonomía es saber que uno puede tomar decisiones solo, pero que si la caga también debe afrontar las consecuencias de sus actos. No respetar la autonomía del otro es creer que si el otro hace algo con lo que yo no estoy de acuerdo, entonces esa persona no deberían tener el derecho a decidir. Por eso, tener autonomía para tomar decisiones es fundamental para cualquier proceso político. Es imposible desarrollarse de forma autónoma cuando las decisiones las toman por uno.

Mi experiencia con el movimiento LGBT en Colombia ha sido similar, pero hay que reconocer que, últimamente, algunas organizaciones y activistas han demostrado mayor interés por abordar la falta de representación trans en el movimiento LGBT. Por eso, hablar de autonomía política e independencia económica del activismo trans no quiere decir, necesariamente, que tengamos que divorciarnos del movimiento LGBT, pero sí requiere un replanteamiento de los términos de nuestras alianzas.

Las organizaciones y activistas trans buscan formas creativas para poder ser autónomas e independientes para financiar su trabajo y es muy importante apoyarlas. La Red Comunitaria Trans, una organización colombiana fundada por personas trans que ejercen o han ejercido el trabajo sexual, lanzó una campaña de crowdfunding para financiar su trabajo en las cárceles con personas LGBT. Necesitan recoger plata para producir una cartilla que informe a las personas LGBT privadas de la libertad sobre sus derechos y sobre los recursos legales que pueden interponer. Ninguna de las personas que trabajan en la Red recibe sueldo. Si queremos que las personas trans puedan ser autónomas y puedan tomar las decisiones sobre su trabajo, es fundamental apoyar este tipo de proyectos. Si alguna vez se preguntó cómo podría ayudar al movimiento trans, compartir esta campaña o donar dinero es un buen punto de partida. Además, el proyecto está una chimba. Píllelo:

No nos gusta que nos anulen como sujetas políticas y que las decisiones que se toman sobre nuestros derechos se hagan sin nuestra participación. El hecho de que la financiación que hay para temas trans esté concentrado en grupos en donde no hay liderazgos trans es bastante problemático y es hora de cuestionarlo. Este proyecto está liderado por personas trans y fue fundado por una mujer trans que estuvo privada de la libertad. Ella, más que nadie, sabe que necesitan las personas LGBT en la cárcel. Es hora de que nosotras hablemos por nosotras mismas y para hacerlo necesitamos independencia económica y autonomía política.

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Mati es la travesti peligrosa de la que tanto te advirtieron, síguela en su Twitter: @matigonzalezgil


*Esta es una columna de opinión, por tanto no compromete la postura de VICE Media Inc.