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Mi verano con un chamán en Kazajistán

Tuve que apagar mi mente para comprender todo lo que pasaba a mi alrededor.

por Denis Vejas
01 Diciembre 2016, 2:00pm
El sufismo es una rama mística del islam que es muy mal vista en el mundo musulmán. Los sufistas tienen un enfoque poco ortodoxo que gira en torno a los aspectos esotéricos de la vida religiosa y buscan alcanzar experiencias directas y personales con Dios.

Cuando el islam llegó a Kazajistán, el sufismo se combinó con las creencias animistas de las culturas nómadas regionales y las tradiciones chamánicas que se practicaban. Los baksy, curanderos y videntes tradicionales, se convirtieron y siguieron sus prácticas como derviches sufís, hicieron votos de pobreza y austeridad extrema para guiar a otros por los caminos ascéticos hacia Dios.

Muchos creen que Bifatima Dualetova es una de las últimas derviches sufís en Kazajistán. La conocí en septiembre de 2010 durante un viaje por Asia Central. Los habitantes locales con los que me quedé en Almaty me contaron sobre una chamana que vivía en las afueras de un pueblito llamado Ungurtas, cerca de la frontera con Kirguistán. "En la última casa del pueblo, a las faldas de la 'montaña sagrada'", dijeron.

Cuando llegué a buscarla, no estaba en la casa. Pero sus pacientes y devotos, que vienen desde todo lo que era la Unión Soviética, me dijeron que Bifatima se había ido en una peregrinación hacia los lugares sufís sagrados en el sur de Kazajistán. Al escuchar a estas personas, pude ver cómo las leyendas y los rumores rodean la cultura baksy; la gente realmente cree en los poderes de Bifatima y les tiene miedo. Me ofrecieron una cama en una mezquita subterránea para quedarme ahí mientras esperaba su regreso. Una semana después, Bifatima regresó. Pero mi visa estaba a punto de vencerse y sólo pude hablar con ella brevemente.

Dos meses después, iba viajando en mi camioneta desde Lituania a India y esperaba llegar más al sur antes de que empezara a nevar. Pero subestimé el clima y me quedé atorado en Tayikistán, sin poder cruzar las montañas. La camioneta estaba en mal estado y la temperatura por la noche bajaba hasta llegar casi a los -22º C. Si apagaba el motor por más de una hora, el diesel se congelaba en el tanque. Un par de veces, unos camioneros me salvaron de morir congelado. Como no pude seguir con mi viaje, decidí cambiar de planes y visitar a Bifatima una vez más.

Al final, me quedé con ella más de dos meses, desde enero hasta marzo de 2011. En ese tiempo me dediqué a documentar sus rituales y prácticas, a arrear su ganado y a arreglar mi camioneta.

Bifatima afirma que tuvo sus primeras visiones proféticas a los 11 años y que, tras miles de kilómetros a pie, la guiaron a la montaña sagrada en Ungurtas. Según ella, ese lugar posee una energía cósmica muy poderosa que le permite solucionar los problemas kármicos de la gente.

Bifatima practica con frecuencia el qurban, un ritual islámico de ofrenda en el que sacrifica ovejas sobre sus seguidores para liberarlos de los espíritus malignos a cambio de dar un animal a Dios. Cada seguidor debe traer dos ovejas, un macho y una hembra. Después, el seguidor se coloca debajo de la oveja macho mientras Bifatima la sacrifica. (La oveja hembra se une al rebaño de Bifatima). Finalmente, la persona se mete a un arroyo helado donde Bifatima lava sus pecados. Es un proceso similar al del nacimiento: pasas por un canal de parto, quedas cubierto de sangre y luego te limpian con agua.

El ritual es todo un viaje, igual que convivir con todas estas personas tan diferentes que llevan una vida rural y metafísica en lo que se podría considerar una comunidad. Algunos se quedan unos días; otros, que ven a Bifatima como un gurú, se quedan años. Sin embargo, la mayoría de los participantes entran en tres categorías: los que quieren curarse de una enfermedad terminal, los que quieren superar una adicción o los que quieren tener hijos. También es común ver seguidores rusos del movimiento New Age que buscan riqueza espiritual.

En el día, la comunidad entera trabaja en una granja y cada tarea está cargada de un significado simbólico. Bifatima nunca explica mucho y sus seguidores limpian graneros, arrean el rebaño o persiguen gansos porque ella dice que eso es lo que instruyen los espíritus de sus antepasados.

Como fotógrafo y como viajero, siempre me han fascinado las comunidades en la periferia de las culturas mainstream. La mayor parte de mi obra viene de experiencias directas que he tenido durante mis viajes, lo cual me permite contar historias desde su raíz. No soy un observador pasivo.

Hacer esta serie fue un proceso cautivador. La cultura kazaja puede ser impactante para los occidentales, pero en esta parte del mundo, se le trata con un gran respeto.

En el tiempo que estuve con Bifatima, me sentía perdido en sus supuestos milagros. Prácticamente tuve que apagar mi mente para comprender todo lo que pasaba a mi alrededor.