Cultura

Siquiatría sicodélica: el doctor Roquet y los experimentos con peyote en México

A pesar de su prohibición este cacto continuó siendo empleado por varios grupos indígenas y no dejó de causar fascinación en todo el mundo.

por Nidia Olvera Hernández
13 Agosto 2016, 12:00pm

Peyote, foto por la autora.

Hace ya casi 100 años que Louis Lewin publicó una de los principales textos de psicofarmacología, el cual además contiene una de las primeras taxonomías de las drogas. Este libro fue titulado Phantastica, en alusión al tipo de sustancias que tienen la capacidad de producir visiones, alucinaciones visuales y auditivas y otros cambios en la percepción; entre estos psicoactivos clasificó al peyote o Lophophora williamsi, cactácea endémica de México.

Este famoso farmacólogo alemán fue uno de los primeros en estudiar los alcaloides de esta planta desde una perspectiva científica, a la que incluso había bautizado con su propio apellido, como Anhalonium Lewinii. Según Lewin el peyote producía las modificaciones en las funciones del cerebro más maravillosas que jamás había probado, en las que el consumidor se transportaba a un mundo nuevo de sensibilidad e inteligencia. Por lo cual no le resultó extraño que tuviera un importante uso ancestral entre diversas poblaciones del continente americano.


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En efecto, desde que los europeos llegaron a América dieron cuenta del empleo de especias psicoactivas por los antiguos habitantes prehispánicos, entre las que destacó el peyote. Religiosos como Fray Bernardino de Sahagún lo llamaron "manjar de los chichimecas" y mencionó que: "provoca espantosas visiones, también da fuerza, quita la sed y el hambre". Por su parte el médico Francisco Hernández desde el siglo 16 registró el uso del "peyotl zacatecano" como planta útil para curar el dolor de las articulaciones y para la adivinación, ya que "quienes la comen presienten y predicen todas las cosas". Pero estas prácticas de carácter ritual y religioso también propiciaron su prohibición por la Santa Inquisición, que durante 1620 promulgó un Edicto en el que se condeno su uso:

"Por cuanto el uso de la hierba o raíz llamada peyote, para el efecto que en estas provincias se ha introducido para descubrir hurtos, y adivinar otros sucesos, y futuros contingentes ocultos, es acción supersticiosa y reprobada. Opuesta a la pureza y sinceridad de nuestra Santa Fe Católica. Siendo así, que la dicha hierba, ni otra alguna puede tener virtud y eficacia natural, ni para causar imágenes, fantasmas y representaciones en que se fundan las adivinaciones, y que en ellas se ve notoriamente la sugestión y asistencia del demonio".

A pesar de su prohibición y satanización este cacto continuó siendo empleado por varios grupos indígenas y no dejó de causar fascinación en todo el mundo. Desde etnógrafos como el noruego Carl Lumholtz, quien describió su uso entre huicholes y tarahumaras; el ya mencionado farmacólogo Louis Lewin; artistas como Henri Michaux y Aldous Huxley, surrealistas como Antonin Artaud y hasta escritores de la generación beat como Jack Kerouac y William Burroughs se interesaron, describieron o se inspiraron en los fantásticos efectos producidos por el peyote.

Los médicos nacionales también investigaron y experimentaron con esta planta. Desde finales del siglo 19, el doctor Francisco Altamirano señaló en la Gaceta Médica de México que a diversas especies de cactáceas, que crecían en la zona norte del país, se les daba el nombre de peyote. Después de experimentar con animales, constató que la ingestión o el suministro por vía oral de altas dosis de mescalina podía provocar los siguientes efectos: nauseas, vómito, aumento de la energía cardíaca, hipertensión, aumento de los reflejos, "excitación cerebral, locuacidad, embriaguez, midriasis, embotamiento de la sensibilidad cutánea, abundante flujo de ideas, debilidad de atención, alucinaciones sensoriales y sensibilidad indescriptible de doble existencia, pero conservándose la inteligencia en su estado normal". Además, Altamirano recetó el uso de la peyotina como un hipnótico y el de la mescalina para curar a los alcohólicos.

Posteriormente, durante 1914 en la misma revista se publicaron los resultados de las investigaciones que se habían realizado en el Instituto Médico Nacional. En éstas se concluyó que las principales propiedades terapéuticas del peyote eran sobre el sistema circulatorio y sólo se constataron alucinaciones en dos ocasiones, a quienes se les suministraron las dosis más altas. Unos años más tarde, otro médico llamado José Mazzotti escribió la tesis titulada Breves consideraciones como contribución al estudio del peyote en la cual, corroboró las diversas aplicaciones terapéuticas después de experimentar con especímenes que logró conseguir en Fresnillo y Sombrerete, Zacatecas.

Peyotes de Zacatecas usado por Mazzotti para su tesis, en José Mazzotti, Breves consideraciones como contribución al estudio del peyote, tesis que para el examen profesional de medico cirujano, Facultad de Medicina, Universidad Nacional, México, 1926.

El eminente historiador Ricardo Pérez Montfort ha señalado cómo durante las décadas de 1930 y 1940, una serie de artistas e investigadores extranjeros se concentraron en el estudio de esta cactácea y otras especies con efectos alucinógenos. En las siguientes décadas el descubrimiento del LSD por Albert Hofmann y la difusión al mundo Occidental de los efectos de los hongos contenedores de psilocibina, a causa de las exploraciones de Gordon Wasson, propiciaron un boom en las investigaciones de los psicodélicos, aunque también la consolidación de su prohibición mundial con el Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de 1971 de la ONU.

Pero para entonces, el doctor Salvador Roquet ya había comenzado sus tratamientos con alucinógenos en una clínica de la colonia Condesa. Ahí administró más de 6,000 dosis de psicodislépticos entre 1967 y 1974, a personas de diversas edades, nacionalidades, de distintos estratos económicos y culturales y con variadas patologías mentales. Aunque según José Agustín, al parecer Roquet atrajo principalmente a "jipis-al-borde-del-truene, a gente rica y a actrices de moda", con su psiquiatría psicodélica.


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Salvador Roquet fundó el Instituto de Psicosíntesis Robert S. Harman, en el que empleó la ingestión de alucinógenos para así llevar a la mente a su desintegración y a manera de síntesis, con sus elementos esenciales volver a integrarla. Sus terapias de psicosíntesis estuvieron influenciadas por la psicoterapia freudiana, la neurofarmacología, la psicología analítica de Carl Jung, la axiología formal y las prácticas chamánicas indígenas, principalmente de mixes y mazatecos. Además durante su vida este psiquiatra pudo conocer a otros famosos científicos que también hicieron uso de sustancias psicodélicas en sus terapias como Timothy Leary y Stanislav Grof; a etnobotánicos como Richard Evans Schultes y Gordon Wasson; a María Sabina, a Albert Hofmann y a otras personalidades de la escena psicodélica de aquellos años.

El Sr. Enrique Ramos, el Dr. Albert S. Hofmann y el Dr. Salvador Roquet, Laboratorios Sandoz, Basilea, Suiza, 1968, en Salvador Roquet y Pierre Favreau, Los alucinógenos: de la concepción indígena a una nueva psicoterapia, Ediciones Prisma, México, 1971.

Salvador Roquet y María Sabina, Huautla de Jiménez, Oaxaca, en Salvador Roquet y Pierre Favreau, Los alucinógenos: de la concepción indígena a una nueva psicoterapia, Ediciones Prisma, México, 1971.

En las terapias de psicosíntesis, además de gajos de peyote Salvador Roquet empleó distintas variedades de hongos con psilocibina, Salvia divinorum, Datura ceratocaulum, Ayahuasca y ololiuhqui, enredadera que contiene una molécula muy cercana al LSD-25. Esta última sustancia sintética también fue parte de los tratamientos; así como MDA, dipropiltriptamina y ketamina. Una vez al mes los pacientes acudían a sesiones de 22 horas a consumir algún alucinógeno en un ambiente controlado, en el que se hacía uso de proyecciones, música, luces y bilblioterapia; posteriormente acudían a terapia de grupo y a entrevistas individuales. Además Roquet priorizó el registro de las terapias, e incluso proyectaba los dibujos de sus pacientes y les leía sus propios escritos, que redactaban bajo el efecto de algún psicodisléptico:

"Me di cuenta de un hecho insólito, sentía que a pesar de no ser una entidad definitiva y de estar cambiando a cada instante, formaba parte de una energía y de un plan que se había fraguado en algún lugar del universo y esa energía, estaba trabajando en mí, moldeándome, amasándome, convirtiéndome en átomos y moléculas sueltas que se volvían a unir, produciendo diferentes sustancias: agua, gelatina, babas, fuego, tierra, aire, carne, huesos y piel".

Dibujos de los pacientes del Dr. Roquet durante las sesiones de psicosíntesis, en Salvador Roquet y Pierre Favreau, Los alucinógenos: de la concepción indígena a una nueva psicoterapia, Ediciones Prisma, México, 1971.

En 1974, según el mismo Roquet recibió un ataque de la prensa amarillista por el uso que hacía de drogas en sus terapias, y otros médicos argumentaron haber dejado en estado psicótico a algunos de sus pacientes; el Instituto de Psicosíntesis fue clausurado y el psicodélico psiquiatra tuvo que pasar un tiempo en la cárcel. Aun así Salvador Roquet publicó parte de los resultados de sus investigaciones en un libro titulado Los alucinógenos: de la concepción indígena a una nueva psicoterapia, en el cual concluyó que después de atender a más de 800 personas y realizar 720 sesiones con sustancias alucinógenas, pudo constatar que mediante las terapias de psicosíntesis se ejercía una acción sobre la razón, sobre el instinto y la personalidad, además de que estas drogas no generaban adicción ni causaban deterioros en la mente humana.

Actualmente en múltiples investigaciones científicas se ha corroborado la importancia de la mescalina y otras drogas psicodélicas para atender trastornos mentales y patologías como el alcoholismo o el consumo problemático de substancias. Además de que su estudio resulta fundamental para entender la química del cerebro humano. Aun así en la legislación nacional el uso del peyote se encuentra penalmente sancionado y aunque en teoría los indígenas pueden hacer uso de esta planta, debido a que se considera como parte de sus prácticas culturales, sus aplicaciones terapéuticas para otros grupos sociales y la investigación científica con esta fantástica cactácea siguen estando restringidas.

@nidotzin