Cultura

Estigma y prohibición: breve historia de la mariguana en México

Desde el cáñamo novohispano y los revolucionarios mariguanos hasta las últimas decisiones de la Suprema Corte, hacemos un recuento para pachequear con conocimiento.

por Nidia Olvera Hernández
02 Mayo 2016, 3:00pm

Foto vía.

La historia de la mariguana en México es particular: la planta de cannabis ha sufrido bajones, recaídas y ha estado presente en estimulantes acontecimientos del país. Su prohibición y estigmatización parece ser de las más añejas del mundo. Quizás con un breve repaso histórico podamos entender la multiplicidad de prejuicios que giran alrededor de esta calumniada planta y la importancia de cambiar las políticas prohibicionistas que la han viciado en años recientes.

A pesar de que Diego Rivera afirmó que fumando mariguana como los antiguos pueblos prehispánicos se podía alcanzar su excelsitud en las artes plásticas, ya se ha demostrado que esta planta llegó a la Nueva España en tiempos virreinales. Al parecer, en algún momento del siglo 16 el cáñamo cruzó el océano Atlántico para ser cultivado y aprovechado como fibra. Pronto, los pobladores indígenas —quienes ya tenían una ancestral experiencia en el uso de plantas psicoactivas— integraron la el cannabis a sus prácticas religiosas y medicinales. Este tipo de ritos y curaciones fueron prohibidos por el Santo Oficio de la Inquisición, debido a que se consideraron como acciones supersticiosas, hechicerías y que transgredían la santa fe católica.


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Después, en el siglo 18, el naturalista Antonio Alzate relacionó los usos de las semillas de cáñamo a la "superstición de los indios, su ignorancia y malicia", en los que supuestamente intervenía el demonio y dijo que les producía "efectos espantosos: unos manifiestan una alegría ridícula, otros permanecen estúpidos". Algunos años después comenzaría a difundirse la palabra mariguana, que aunque no hay certeza de su etimología, se trata de una aportación de la cultura popular mexicana al lenguaje global de las drogas.

Posteriormente, en el siglo 19 se vendían sin mayor control extractos de cannabis, con fines medicinales en boticas, droguerías y farmacias; junto al láudano, cloruro de cocaína, morfina, entre otros preparados narcóticos. Desde entonces la mariguana se recomendó para tratar las reumas, dolores menstruales, cefalalgia, asma, trastornos estomacales y las hemorroides. Aunque también para afecciones más graves como la blenorragia —hoy mejor conocida como gonorrea—, la galactorrea, las "alucinaciones de los enajenados" y hasta la neurosis.

Al mismo tiempo los médicos comenzaron a discutir los riesgos que podía conllevar el consumo de ciertas drogas, la posibilidad de que generarán algún "vicio" o "manía" y si podían incidir en la comisión de un delito. Además para principios del siglo 20, al vincularse la mariguana con las prácticas indígenas, así como de soldados, presos y otras clases populares, se propiciaron diversas prejuicios y su estigmatización. Por lo cual, para estas mismas, fechas las detenciones de hierberos y de neófitos contrabandistas no tardaron en llegar. Por ejemplo, durante 1906 fueron aprehendidos un par de hermanos a los que les fue hallado cerca de la Alameda un costal con más de un kilo de hierba y una canasta llena de cigarrillos ya "ponchados", por lo que tuvieron que pasar más 6 meses en la Cárcel de Belem, por supuestos ataques a la salubridad pública.

La Revolución Mexicana tampoco estuvo exenta del consumo de enervantes, sino todo lo contrario. Como lo dice el famoso corrido, participaron hordas de soldados pachecos a los que como a "la cucaracha", les faltaba su mariguana para fumar y así combatir con mayor valentía a las fuerzas porfiristas. Pero la criminalización no tardó en llegar, en 1920 se publicaron las Disposiciones sobre el comercio y cultivo de productos que degeneran la raza, en las que se prohibió tanto la venta como el cultivo de cannabis. Esta legislación destaca por su precocidad a nivel mundial, es decir, México fue uno de los primeros países en restringir la producción, comercialización y uso de esta planta. Quizás por el creciente temor que se tenía a que el consumo de drogas fomentará más vicios entre la ya de por si "insalubre" población nacional.

Retrato del Dr. Leopoldo Salazar Viniegra, en Gaceta Médica de México, vol. 67, no. 4, 1937, p. 473.

Fue hasta 1937, con la promulgación de la Marihuana Tax Act en Estados Unidos que se consolidó la prohibición global del cannabis. Regulación impulsada por Harry J. Anslinger, el famoso "zar antidrogas" norteamericano, quien relacionó esta planta a los migrantes mexicanos, la perdida de control, la adicción y la comisión de crímenes violentos. Por el contrario, al año siguiente, el mítico doctor Leopoldo Salazar Viniegra publicó su artículo El mito de la marihuana. En esta investigación concluyó que el consumo de "Doña Juanita" no generaba inconciencia, ni impulsos criminales y consideró como excesivas e injustificadas las penas hacía los delitos contra la salud que ya dictaban las leyes mexicanas.

El año de 1940 es recordado con gran regocijo por los mariguanos actuales, ya que por casi 5 meses se legalizaron las drogas en México. Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, basadas en la propuesta de Salazar Viniegra, las autoridades sanitarias establecieron un dispensario en la colonia Juárez en el que los capitalinos hacían fila para recibir sus dosis de heroína, morfina, cocaína y mariguana. Pero esta estimulante decisión no fue del agrado de las autoridades norteamericanas y pronto tuvo que ser erradicada. Es más, para 1947 se decretó que el control de substancias pasaba a manos de la Procuraduría General de la República, además de que se elevaron las penas para los delitos contra la salud. Con esto se consolidó el enfoque de seguridad para combatir los enervantes y, en consecuencia, vendedores y consumidores de cannabis fueron criminalizados.


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En 1950 mientras se intentaba modernizar al país, la prohibición continuó intoxicando las políticas nacionales. Aún así, México comenzaba a destacar por su producción de cannabis, adormidera y otras substancias psicoactivas que se fueron difundiendo a otras partes del mundo. Además para la década de los sesentas la mariguana junto con algunos psicodélicos pasaron a ser un referente de los movimientos contraculturales, con los que hippies y algunos estudiantes pachecos simpatizaron.

Durante las siguientes décadas las campañas militares contra las drogas fueron en aumento. A finales de los años sesentas se llevó a cabo la Operación Pulpo en el Occidente del país y en los setentas la Operación Cóndor en Sinaloa. En estas maniobras castrenses, además de que fueron incineradas cientos de matas de mariguana y amapola, se agravó la violencia, se atentó contra los derechos humanos de los habitantes de esas zonas y también fueron utilizadas para justificar los ataques a movimientos contestatarios. Unos años más tarde se logró el mayor decomiso en la historia de la cannabis en México: durante 1984, el rancho El Búfalo, ubicado al sur del estado Chihuahua y propiedad del afamado sinaloense Rafael Caro Quintero, se nubló con emanaciones cannábicas, después de que el ejército quemó diez mil toneladas de mariguana.

La guerra contra las drogas se intensificó en los dos primeros sexenios del siglo 21, dejando incontables y perniciosas consecuencias para la sociedad mexicana, todo en nombre de la supuesta defensa de la salud pública. Después de casi cien años de enervante prohibición parece que se avecinan nuevos humos. Los debates actuales, los cuestionamientos a las fallidas estrategias para el control de substancias y el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de noviembre de 2015, en el cual se otorgó autorización a cuatro individuos para realizar actividades relacionadas al autoconsumo de cannabis, han objetado el modelo prohibicionista y han abierto las puertas a políticas más prudentes en relación a la mariguana.

Ante las inminentes transformaciones en las estrategias de control de la mariguana, resultará trascendental vigilar que la corrupción no degenere los intentos por implementar políticas de drogas más razonables. Pugnar por que se deje de lado la criminalización de usuarios y se opté por una regulación sensata, en la que en la que se preponderé la salud sobre la violencia, se respete la libertad individual sobre el cuerpo y la conciencia, y así podamos pachequear con tranquilidad, pero sobre todo con información.

@Nidotzin