Conocí al Niño Fidencio, el santo que utiliza lodo para curar a los enfermos

El culto a un santo no reconocido por la Iglesia Católica es lo que da vida al pueblo de Espinazo, en Nuevo León.

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21 Julio 2016, 12:00am


David Donado, materia del Niño Fidencio, recibe en su casa a los fidencistas provenientes de distintas partes del país. Fotos por Alejandro Mendoza.

Este texto fue publicado originalmente en octubre de 2014. Ve el documental del Niño Fidencio en nuestra página de Youtube: VICE en Español.

El Niño Fidencio poseyó, de alguna manera, a David Donado, quien se encontraba con la cara cubierta por una toalla, sentado en la silla que perteneció en vida al Niño mismo. En la habitación, donde está el pequeño altar a este santo popular de Nuevo León y las paredes se encuentran cubiertas por imágenes religiosas y retratos del Niño, los discípulos del Movimiento Fidencista Independiente miraban atentos a su mentor.

David, vestido completamente de blanco, se movió sutilmente y suspiró. Uno de sus discípulos, de pie a su derecha retiró la toalla de su cabeza. "¿Cómo están?", preguntó David con los ojos cerrados y un tono de voz más agudo. "Muy bien, Ñiñito Santo, lo estábamos esperando", contestaron. Ahora hablaba el Niño Fidencio a través de David, su "materia".


Niño Fidencio.

José de Jesús El Niño Fidencio Constantino Síntora fue un hombre que ganó un gran número de seguidores durante la Revolución gracias a su don para curar a las personas. Aunque muchos piensan que su apodo era por su voz aguda, ser lampiño y casto, otros creen que simplemente está relacionado con su inocencia, similar a la de un infante. Él nació en Irámuco, Guanajuato, pero vivió gran parte de su vida en Espinazo, Nuevo León, donde llevó a cabo sus curaciones poco convencionales y ahora es considerado un santo por sus seguidores, aunque no es reconocido por la Iglesia Católica.

"Hacía cirugías sin ningún tipo de equipo médico, utilizando sólo un vidrio. Rompía una botella y escogía un pedazo filoso. Lo ponía a hervir y con ese vidrio operaba a las personas sin que ellas sintieran dolor, ya que la anestesia era mental. Después tomaba un puñado de tierra y lo ponía sobre la herida. Eso era todo", me contó David en el patio de su casa. También hizo que algunas personas minusválidas volvieran a caminar. "Él los subía a su columpio y comenzaba a mecerlos. Después los aventaba fuerte y las personas caían paradas", continuó.


Una materia en la réplica del columpio que usó el Niño Fidencio en sus curaciones.

Nunca cobró por las curaciones, lo que aumentó su popularidad por el norte del país y el sur de Estados Unidos. Mucha gente viajó a Espinazo para ser atendidos por el Niño Fidencio. Fue tanta su fama, que los fidencistas cuentan con orgullo que Plutarco Elías Calles, presidente de México de 1924 a 1928, viajó hasta el pequeño pueblo para que el Niño Fidencio lo atendiera. Aunque no se sabe exactamente cuál fue el malestar del presidente, muchas personas aseguran que era lepra. "El niño le untó miel de abeja y lo dejó en un cuarto. El presidente, incrédulo, le dijo que había viajado desde muy lejos como para que sólo le pusiera miel, pero después de unas horas ya estaba curado", me platicó David antes de que el Niño se manifestara a través de su cuerpo y recibiera a cientos de peregrinos que buscan saludarlo y recibir su bendición.

Espinazo es un pueblo pequeño, con cerca de cuatrocientos habitantes, ubicado justo en la frontera entre Nuevo León y Coahuila. Llegué el jueves 16 de octubre, un día antes del nacimiento espiritual del Niño Fidencio, junto a casi cuarenta mil peregrinos fidencistas, haciendo de estas visitas el único ingreso económico del pueblo. Los autobuses turísticos rentados por los distintos grupos de creyentes se estacionaron a las afueras del pueblo y las personas comenzaron a montar campamentos para pasar los próximos cuatro días ahí.


David Donado canalizando al Niño Fidencio.

Cada año se reúnen miles de fidencistas en Espinazo para celebrar el 17 de octubre, el nacimiento espiritual del niño —cuando Dios le otorgó sus dones curativos— y guardar luto el 19 de octubre por su muerte física. De acuerdo con las creencias del fidencismo, el Niño murió sólo físicamente, pero no espiritualmente. Horas después de su muerte se manifestó a través de una persona, como lo hizo con David. Estas personas son conocidos como "cajitas" o "materias" y canalizan al espíritu del Niño, lo que significa que sirven como cuerpo físico para que el Niño Fidencio siga curando a través de ellos.

Durante estas fechas, cientos de materias — que pueden ser de cualquier estado del país o cualquier edad— acuden a Espinazo acompañados de sus seguidores. Realizan curaciones y visitan los puntos importantes en la historia del Niño, como el pirul, el charquito o su tumba. Lo que significa que el Niño Fidencio está presente en el pueblo a través de cientos de materias —hombres y mujeres— curando y conviviendo con la gente por las calles del pueblo. David es una de las materias más conocidas de Espinazo y justo canalizó al Niño para recibir a cientos de peregrinos que buscan pasar a su casa a mostrarle sus respetos, llevándole flores y esperando una bendición de su parte.


El Niño Fidencio, a través de David, cura a un niño que no escuchaba bien.

"Cuando el Niño baja a mi cuerpo, yo no sé lo que pasa. No me acuerdo de nada de lo que hace él, sólo sé lo que me cuentan las personas. Ya me acostumbré a esto y es una bendición. Ahora, con tu permiso, ya se me está haciendo tarde y la gente ya viene", dijo y caminamos hacia el pequeño altar que tiene en una habitación.

David se paró de la silla, poseído de alguna manera por el Niño Fidencio. Afuera en el patio estaba llegando el primer grupo de peregrinos, bailando y cantando, con flores para el Niñito, como le dicen de cariño. Los sonidos de los tambores retumbaban en la habitación en la que estábamos nosotros y el Niño sonrió a través del cuerpo de David. "Es una persona que quiere conocerlo, Niñito", dijo uno de sus discipulos refiriéndose a mí. El Niño se me acercó, tomando mi mano firmemente y dijo: "Mucho gusto, ahora ya me conoces" y caminó hacia el patio, donde la gente lo estaba esperando.

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Altar al Niño Fidencio en la entrada de Espinazo, Nuevo León.


El Niño Fidencio se subía a las ramas del pirulito, ubicado en la plaza principal de Espinazo, y lanzaba frutas a las personas reunidas a su alrededor. Los que recibían un frutazo eran curados. A su llegada, los peregrinos acostumbran dar tres vueltas al pirulito antes de seguir su camino a la iglesia del pueblo.


Los fidencistas le piden milagros al Niño Fidencio y le prometen una penitencia a cambio. Si el Niño les cumple, ellos pagan subiendo por la calle principal —del pirulito hacia la iglesia— de rodillas, rodando o arrastránose de espaldas.


La Iglesia Fidencista Cristiana está ubicada en la calle principal del pueblo, donde fue la casa del Niño Fidencio. A su muerte, su cuerpo fue enterrado en este lugar. Después de rodear el pirul y subir por la calle principal, los fidencistas llegan a la tumba del Niño.


Después de visitar la tumba, los peregrinos presencian una misa en el foro de la Iglesia Fidencista Cristiana, liderada por la señora Fabiola López de la Fuente, quien conoció en persona al Niño Fidencio.


Agradecimientos que deja la gente en la iglesia por los milagros hechos por el Niño.


Muletas que algunas personas han dejado de usar gracias al Niño Fidencio.


El Charquito, ubicado a espaldas de la iglesia de Espinazo, es frecuentado por los visitantes debido a las propiedades curativas del lodo que usaba el Niño Fidencio.


Distintas materias, canalizando al Niño Fidencio, sumergen a los peregrinos en el lodo del Charquito para eliminar males.