Comimos facturas anarquistas

"vigilantes", "bolas de fraile", “esperanza de monjas”, "sacramentos", “jesuitas”, "cañoncitos" ¿de dónde vienen estos nombres tan particulares?

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14 septiembre 2018, 3:00pm

Fotos por Paloma Navarro

Artículo publicado por VICE Argentina

Así como la carne, el chorizo, las milanesas y el helado son especialidades en Argentina, las facturas, a pesar de tener origen Europeo, tienen también un lugar predilecto a la hora de ser elegidas por cada habitante del país. Masas dulces, llenas de azúcar y dulce de leche nos esperan a la vuelta de la esquina para desayunar y acompañar unos ricos mates.

La masa recién horneada surge de una mezcla entre harina, levadura y manteca, pintadas con dulce de leche, crema pastelera, membrillo o azúcar cuentan con millones de calorías de placer que los argentinos compramos a diario. Sabemos que la factura viene de Europa, que acá le agregamos nuestro tinte local —como todo lo que tocamos— salado, dulce y anarquista. El término “factura”, proviene del latín, significa creación, resultado de un trabajo. Fue a finales del siglo XIX y comienzos del XX que el movimiento anarquista seguía los ideales de Ernico Malatesta, un italiano que llegó a nuestro país junto a Errico Ferrer, y juntos organizaron la primera huelga del sindicato de panaderos de la Argentina, duró 10 días consecutivos y permitió organizar varias asociaciones sindicales.

El anarquismo con ideas humanistas, defiende una sociedad sin gobierno y prioriza la actividad sindical, oponiéndose, por supuesto, a los partidos políticos. Ven en la religión un enemigo que justifica el poder terrenal de la burguesía, pioneros en la defensa del voto femenino, a favor de la legalización del divorcio y del aumento del presupuesto educativo, son algunas de las bases de este discurso donde proponen una sociedad de libertades individuales, sin poder político partidario, basado en la ayuda mutua y cooperación voluntaria.

La mayoría de los panaderos eran de tendencia anarquista, el trabajo nocturno facilitaba el horario para sus reuniones y actividades secretas. Malatesta vivió en Argentina entre 1885 y 1889, fue en 1887 cuando se creó en Buenos Aires una organización laboral: la “Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos”, teniendo de enemigos históricos: la iglesia, el ejército y la policía, y es en ese momento donde surge a modo de chiste los nombres de las facturas dentro de las panaderías: "vigilantes", "bolas de fraile", “esperanza de monjas”, "sacramentos", “jesuitas”; "cañoncitos". Agregando también la clásica "media luna", que tiene un origen más antiguo y representa una blasfemia gastronómica contra el Islam. Durante ese periodo también se editó por varias décadas el periódico “El Obrero Panadero”. Malatesta regresó a Italia recibiendo arresto domiciliario por Mussolini pero el sindicato de panaderos en Argentina continuó sin él y fue conducido por dirigentes anarquistas durante varias décadas.

Actualmente en Buenos Aires existe una panadería que funciona como cooperativa y sobrevive a la crisis haciendo malabares —u otras comidas— para sostener a 23 familias que luchan contra el sistema capitalista. La cooperativa La Argentina se fundó luego de la profunda crisis del 2001. Anteriormente se llamaba La Americana, tenía 72 trabajadores y en el 2002 empezó el vaciamiento de la empresa. Los dueños abandonaron el lugar en el 2003, muchos trabajadores fueron renunciando mientras se acumulaban sueldos adeudados, pagos a proveedores y servicios.

Mali tiene al rededor de 50 años, es una de las que lleva adelante el sitio y nos contó que tuvieron sacar algunos carteles por problemas vecinales. Debido a la crisis, 23 familias decidieron juntarse y “con la ayuda de Empresas Recuperadas pudieron formarse como cooperativa y salir adelante. El problema es que con pan y facturas ya no alcanza, entonces agregamos empanadas, después sandwiches, y ahora platos del día”.

La cooperativa La Argentina funciona actualmente con las familias que ponen dinero de sus bolsillos para los insumos y materias primas. Actualmente cocinan y venden a precios súper accesibles en pleno centro porteño. Una milanesa napolitana con puré a 70 pesos, una docena de medialunas a 70 pesos y un café con leche con facturas a 40. Esperan que la crisis económica pase de largo y no los afecte tanto como para tener que cerrar el local. “Empezamos como panadería y confitería, hoy somos una mezcla de varias cosas para sobrevivir” contó Mali. Cómo el anarquismo, apuestan por una organización horizontal.

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