El monumento franquista en medio del Ebro que divide a una ciudad entera

Hoy sábado 28 de mayo, la localidad catalana de Tortosa, en la provincia de Tarragona, celebra un referéndum para retirar —o no— el monolito inaugurado por el dictador Francisco Franco para honorar ‘los caídos en Guerra Civil y la Batalla del Ebro’.

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27 Mayo 2016, 7:50am

Imagen por Oriol Gracià

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El verano de 1938 el agua del río Ebro se tiñó del color de la sangre. Los números no son claros. Seguramente nunca lo serán, pero según los cálculos del historiador británico Paul Preston, en la contienda murieron más de 7.000 soldados. 'Rojos' republicanos y franquistas. Casi ochenta años después de la Batalla del Ebro, una de la más sangrientas de la Guerra Civil española (1936-39), el recuerdo de aquellas hazañas bélicas continua clavado en el río. Con él, las heridas y la polémica.

En Tortosa, la ciudad situada al sur de la provincia de Tarragona que quedó arrasada en el conflicto, se conserva un monumento de 45 metros de altura ubicado justo encima del antiguo pilar del puente de Nuestra Señora de la Cinta, destruido precisamente durante la guerra.

Se trata de una estructura metálica puntiaguda, con orificios de metralla que se van transformando en cruces; una pirámide estilizada coronada por un soldado y decorada con un águila imperial oxidada y decrépita. Es el monumento franquista más grande de Cataluña inaugurado por el mismo Caudillo el 21 de junio 1966, coincidiendo con la celebración de los "25 años de paz" —veinticinco años del final de la Guerra Civil— para honorar a "los caídos" franquistas, claro.

El monumento vio caer la dictadura y nacer la democracia sin muchos sobresaltos. La presión que ejercieron los familiares de los represaliados franquistas para su retirada nunca prosperó. Y aunque des del principio de los años 80presentaron mociones al pleno del ayuntamiento de Tortosa, nunca recibieron el apoyo necesario, ni en los períodos de gobierno de derechas, ni en la época de los gobiernos de izquierdas.

Sí que se consiguió retirar El Víctor —el símbolo de la victoria, emblema propio del dictador de Francisco Franco— y la inscripción conmemorativa de los '25 años de paz', pero han sido necesarios 50 años para que las autoridades locales se plantearan seriamente la idoneidad, o no, de mantener esa estructura con tanta carga ideológica en medio de la ciudad.

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El monumento franquista situado en medio del río Ebro a su paso por Tortosa. (Imagen por Oriol Gracià)

Por primera vez, la decisión está en manos de los ciudadanos: hoy sábado 28 de mayo se celebra una consulta popular entre los tortosinos mayores de 16 años para que sean ellos quienes decidan el futuro del monumento.

Hay dos opciones encima de la mesa. Primera: reinterpretar y mantener el monumento en medio del río como símbolo de la paz. Segunda: retirarlo y ubicarlo en un museo.

Pero son muchos los interrogantes que se derivan de la consulta. ¿Basta con maquillarlo para convertirlo en un monumento de la paz? ¿Se garantiza el respeto por la memoria de las personas asesinadas y represaliadas por Franco o las muertas en la Batalla del Ebro y la Guerra Civil? A esas dudas también se suman cuestiones de tipo legal, administrativo y burocrático. ¿Cuáles son los límites de la autonomía local en la gestión de la memoria histórica?

Rafael Ribó, el Síndic de Greuges de Catalunya [el Defensor del Pueblo] ya ha advertido en varias ocasiones al Ayuntamiento de Tortosa por el incumplimiento de la "Ley de Memoria Histórica" aprobada por el gobierno español en 2007 y en la que se insta a la retirada de todos los elementos de simbología franquista bajo tutela de alguna administración pública.

Una advertencia, la del Defensor del Pueblo, respaldada per el parlamento de Cataluña, cámara legislativa en la cual a instancias de la CUP —partido independentista y anticapitalista— se aprobó una moción en la que se pedía "retirar inmediatamente y sin ningún tipo de consulta o dilación" el monumento franquista situado en el puente de la Cinta para su posterior museización en un espacio de memoria, tal y como indica el protocolo elaborado por el Memorial Democrático.

"Han pasado tantos años des de su construcción que el monumento ya forma parte de la imagen de la fachada fluvial de la ciudad. Para muchos tortosinos ha perdido su connotación política y forma parte de su paisaje cotidiano. Con sacar los símbolos explícitamente franquistas que puedan quedar y contextualizar su historia ya bastaría", asegura Ramon Gallard, un vecino de Tortosa.

Esa es también la opinión del alcalde Ferran Bel, de Covergència Democràtica de Catalunya, partido catalán de centroderecha. Bel asegura a VICE News que "mantener y contextualizar" el monumento franquista significa "explicar cómo se hizo, narrar su inauguración hace 50 años e incluir una descripción del momento que vivía Tortosa". "No se trata en ningún caso de rendir homenaje a Franco y sus seguidores, sino de un reconocimiento a la memoria histórica para dedicarlo a la paz", subraya.

"Nos ven como una ciudad anclada en el pasado. Atribuir valores de paz o, incluso, antifranquistas al monumento mediante un tuneado de los símbolos que conserva perpetuará esa imagen anacrónica que proyecta Tortosa", asegura el politólogo tortosino Jordi Arrufat preguntado por VICE News. Precisamente, los partidarios de la retirada del monumento se reúnen bajo el paraguas de la Comisión por la retirada de la simbología franquista creada hace seis años.

Pero hay sectores de la sociedad tortosina con posturas aún más críticas. La semana pasada el partido de extrema izquierda de la CUP celebró un acto en Tortosa para exigir la retirada inmediata del monumento.

Participaron un centenar de personas que se reunieron para escuchar el exdiputado del parlamento catalán David Fernández quien denunció "la falta de valentía política" de los dirigentes de la ciudad en haber organizado una consulta que banaliza el fascismo y minimiza lo que fue el franquismo". Fernández lamentó también la ausencia de un debate real entre la población. Por eso su formación ha decido no participar en la consulta popular de mañana, por considerarla una "alteración perversa" de la democracia.

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(Imagen por Oriol Gracià)

Para contrarrestar ese tipo de argumentos, a principios de marzo se creó la Plataforma Tortosins pel Monument (Tortosinos por el monumento). Uno de sus fundadores, Jaume Solé — que además es unos de los principales dirigentes del Partido Popular en la ciudad — asegura que el monumento es "una obra artística que se puede convertir en un elemento didáctico sin necesidad de sacarlo de su ubicación actual".

En ese debate todavía se puede reblar un poco más el clavo. Albert Curto, director de Archivo Histórico Comarcal del Bajo Ebro, asegura que "el significado político del monumento es repulsivo, pero no su valor histórico, que es innegable. Sacar la estructura del medio del río significaría borrar parte de la memoria histórica local del siglo pasado".

Aunque el sábado gane la opción de la retirada del monumento, su ejecución puede ser complicada. ¿Qué administración tiene que asumir el coste de los trabajos para remover la estructura ubicada en medio del río? Ni si quiera hay certeza sobre la titularidad del monumento. ¿Se trata del gobierno español, de la diputación de Tarragona o del ayuntamiento?

No hay documentos que lo aclaren y en consecuencia nadie ha previsto alguna partida presupuestaria. "Si se tiene que sacar del Ebro para ubicarlo en otro sitio el coste será superlativo. Además se tendría que trocear porque no tendría mucho sentido montarlo entero en un otro sitio que no ha estado pensado para el monumento", asegura Ferran Bel, alcalde de Tortosa.

Fuentes consultadas por el semanario local L'Ebre sitúan el coste entre 400.000 y 500.000 euros. Todo apunta pues, que independientemente del resultado de la consulta, queda monumento para rato.

No será el único: el Censo de Simbología Franquista del Memorial Democrático elaborado en 2010 identifica 3.647 elementos de ese tipo —aunque de tamaño bastante más pequeño que el de Tortosa— sólo en Cataluña. De momento, pues, la banderilla franquista continuará clavada en el Ebro, a su paso por Tortosa.

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