Ojo, mucho ojo: Vicente Paredes

"PonyCongo" es un fotolibro que evidencia la desigualdad a través del contraste de realidades.

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ene. 14 2016, 4:00pm

Todas las imágenes son cortesía de Vicente Paredes

A finales del 2015 recibí un email de Cristina de Middel, a quién entrevisté para esta columna a mediados de 2015, en su correo me comentaba que había editado a través de su casa editorial This book is true, PonyCongo, el libro más reciente del fotógrafo español Vicente Paredes, el correo venía acompañado de cuatro dípticos compuestos de retratos de niños blancos vestidos de jockey enfrentados con niños negros. El mensaje es más que claro y conciso: no hay igualdad. Si bien el sistema creado por los gobiernos y medios (entre otros) han querido vender la idea de que la sociedad ha evolucionado, internet nos ha dejado claro con videos y fotografías que se viralizan día con día que seguimos igual o peor en términos de repartición de riqueza. Vicente utiliza el formato del fotolibro para hablar de esta disparidad en el mundo con tal simpleza y gracia que nos deja sin palabras. Ese mismo día me puse en contacto con él para hablar sobre su proyecto.

VICE: ¿Cómo surge PonyCongo?
Vicente Paredes: Al principio no tenía idea, nunca había pensado en enfrentar esos dos mundos, las carreras de ponis españolas y los niños trabajadores del Congo, pero un amigo me habló de las carreras y me contó que los niños lloraban porque perdían, que a los padres los estresaban un montón, vamos, que ya desde pequeñitos les ponen mucha presión, así que decidí ir por curiosidad. Fui al primer campeonato hace como tres años y aluciné. Justo ese verano ya tenía planeado ir al Congo. No sé por qué me dio por hacer esas típicas fotos que nunca haría un fotógrafo cuando va de viaje: fotos de niños sonriendo, retratos que yo nunca haría. Entonces un día, ya en España, me puse a ver las fotos de los niños y de los ponis y me puse a hacer dípticos y me gustó por que surgía un mensaje muy fuerte.

Me causó conflicto porque estoy siendo duro con los niños de los ponis, y mi intención tampoco era cuestionarlos. En el fondo yo hablo de la desigualdad y escogí a estos niños como pude haber escogido a otros que juegan futbol, evidentemente para montar en poni tienes que tener mucho dinero. Este fue el inicio, ya que vi que funcionaba me metí más en materia y comencé a hacer fotos para el proyecto.

¿Pero en principio eran proyectos separados?
No, no eran proyectos, ya sabes que cuando te cuentan de algo que es raro o curiosos simplemente te acercas a hacer algunas fotos, ninguno de los dos llegó a ser proyecto por separado. Hice las fotos y luego me di cuenta de que funcionaban juntas.

¿Quiénes son los niños que fotografiaste, tienes alguna relación con ellos?
En el caso de los ponis no hay ningún tipo de contacto, yo estaba como en la peli Miedo y asco en Las Vegas cuando van a la convención de policías, me sentía igual, en un mundo ajeno a mí, yo llevaba un pase de prensa y estaba ahí haciendo fotos, si alguien me preguntaba les decía que era para un proyecto personal, porque tampoco me gusta engañar a la gente. Así que mi relación con los niños de los ponis fue cero, cuando ganaban un premio lo levantaban, yo les sacaba una foto, me miraban y sonreían, no interactué con ellos, sobre todo cuando vi que iba a mezclar estos temas, me parecía muy hipócrita empezar a hablar con ellos.

En el caso del Congo fue parecido, cerca del Matadi tienes que hablar con el chief local del pueblo y pedirle permiso para poder hacer fotos. Tampoco interactué con los niños que trabajaban.

¿No tienes nombres de ninguno?
No, porque en el fondo yo estaba hablando de estereotipos, quería hablar del contraste de los niños ricos de los ponis y los niños pobres del Congo, en el fondo he usado dos realidades estereotipadas por mí. Un niño rico vestido de jockey montando un caballito y un niño pobre de África, un niño en edad escolar trabajando. No quería contar las historias particulares sino enfrentar las dos realidades para crear un significado diferente, para hablar de la desigualdad. Hay gente que tiene mucho y gente que tiene nada, esto es un poco panfletario pero es verdad, mientras no se resuelva eso no vamos a conseguir avanzar, por eso pasa lo que pasa ahora, las guerras, el capitalismo, las religiones, todas esas patrañas que te venden para intentar seguir manteniendo esa desigualdad.

En las fotos de los niños españoles hay adultos y en las del Congo no.
En principio quería hablar de cómo los padres adoctrinan a sus niños en el espíritu competitivo, algo que no pasa en El Congo.

¿En todas las fotos del proyecto utilizas flash directo, hay alguna razón conceptual o es un recurso técnico?
En este caso estoy usando luz polarizada, que es un técnica que se usa para la reproducción de obras de arte y lo que hace es que elimina todo los brillos de la superficie, la uso para dotarlas de más irrealidad; los negros quedan marrones, no hay ningún brillo en los retratos, todo queda muy mate, y me gustaba porque es algo que no existe, como un cuento. Ademas el libro va en dos papeles, para los españoles hemos utilizado papel couché, brillante, como de las revistas de alta sociedad y para las fotos de niños del Congo hemos utilizado papel mate, más crudo, con un tipo de textura.

¿Dirías que este trabajo tiene relación con tu trabajo publicitario?
Sí, hay una sinergia, en mi trabajo (publicitario) siempre hay que crear estereotipos para que la gente compre, en el fondo yo estoy aliado con el puto demonio, porque lo que más hago es publicidad, ¡soy el más vendido de todos! Está relacionado sobre todo por los estereotipos que he intentado buscar a la hora de mostrar el mensaje de la desigualdad.

¿Y cómo llegas de la publicidad a un proyecto como este?
Es casi como una vía de escape, me ayuda a limpiar mi consciencia, estoy aquí alimentando el capital, alimentado al enemigo, entonces voy a hacer como una bula papal con este trabajo a ver si me salvo.

¿Porqué razón cubres los ojos de lo jockeys y no los de los niños del Congo?
Es un requisito legal que hay en España, según el cual no puedes mostrar la imagen de un menor y he intentado dotarlo de significado, utilizar este recurso para hablar sobre los derechos, es decir, los niños en España están sobreprotegidos, tienen un montón de derechos, mientras que los niños del Congo no tienen ninguno.

¿Te ha traído consecuencias con los padres o familiares de los niños en España?
Legalmente no porque yo estoy conservando la privacidad de los niños con esa franja negra en los ojos. Ningún padre me ha dicho nada, pero igual no lo han visto.

¿Y en el Congo?
El libro se lo he mandado a un amigo que vive ahí pero no ha llegado a los niños, lo que sí es que en el segundo viaje que he hecho al Congo yo llevaba un iPad, así que cuando iba a los sitios donde había hecho las fotos yo les enseñaba ya el proyecto, donde había fotos de ellos enfrentados con los de España, pero no lo he mostrado terminado, me gustaría hacer una exposición en Matadi.

¿En general has encontrado alguna crítica sobre el proyecto?
Sí, sobre todo de gente progre a quienes les ha parecido burdo, no suficientemente sofisticado a la hora de transmitir el mensaje. Esta reacción me ha gustado porque demuestra que a la gente, incluso a la gente progre de España, no le gusta que se les pongan las cosas directamente. He recurrido a los estereotipos, poner una foto de un niño pobre al lado de una de un niño rico, y eso parece tan simple que ofende, pero es la realidad. Creo que lo que ofende a la gente es que no tengo que hacer un discurso filosófico para luego llegar al resultado, es muy simple.

¿Intuías que esto iba a suceder?
Sí, lo hice a consciencia, a mí me gusta dar un puñetazo, que te golpea, pero de una forma no escabrosa, no poniendo un niño famélico y el otro comiendo una chuleta. A la gente con dinero de la alta sociedad era evidente que le iba a molestar, pero cuando la gente de mi edad y de mi entorno super progre se molesta es cuando creo que el objetivo está cumplido. Les molesta la realidad, les gustaría que lo escondiéramos. Martín Caparrós es un escritor argentino que vive en España y él habla de cómo están cambiando las cosas y de cómo al hambre ahora se le llama inseguridad alimentaria, la ONU cambió el nombre, ya no se habla de emergencia de hambruna, sino de la inseguridad alimentaria y así parece que nadie pasa hambre, y aquí sucede lo mismo.

¿Entonces cuál es tu objetivo con el libro?
El objetivo del libro es poner a la gente en evidencia con un mensaje directo y simple, aunque yo sé que no vamos a cambiar nada, pero por lo menos yo me quedo a gusto pegando un grito en el vacío.

¿Qué proyecto sigue?
Me gustaría trabajar con el nacionalismo, porque aquí en el país vasco hay mucha gente nacionalista, todavía hay gente que se cree esas patrañas, pero aún no lo tengo muy articulado.

Semanas después pude charlar con Cristina sobre su papel como editora.

¿Cómo creas la editorial This Book is True?
En parte porque tengo hiperactividad mental a la hora de hacer fotos y libros, y también para no depender siempre de otras editoriales, para ser un poco más independiente. Por otro lado, para dar visibilidad a otros trabajos, digamos, libros que a mí me hubiera encantado hacer.

Se trata de aprovechar la posición que yo tengo ahora mismo en el mundo del fotolibro para dar visibilidad a trabajos a los que tal vez les costaría mucho más llegar al público. Tampoco son muchos, de momento se ha empezado con el libro que hice antes que se llama everything will be ok de Alberto Lizaralde, otro fotógrafo español. La casualidad ha hecho que sean dos chicos españoles cuando me encantaría que fueran mujeres de cualquier otro sitio, pero bueno, los trabajos que han hecho me han parecido muy interesantes.

¿Cómo llegó PonyCongo a tus manos?
Vicente y yo nos conocemos desde hace muchos años y de repente vinieron él, Ricardo Cases y Natalia Troitiño, una diseñadora con la que yo también trabajo. Llegaron con un libro redondo y muy en la línea de los trabajos que me gustan, en este caso una manera distinta de retratar África. El libro de Vicente traspasa un poco los límites de lo digerible dentro del cliché, por eso me interesa, por que es una verdad incómoda. El lenguaje que utiliza hace que impacte más y que sea molesto. Entiendo que sea incómodo pero me gusta, es la única forma de cambiar y avanzar un poquito.

¿Cuál es tu papel como editora a diferencia de como fotógrafa?
Como editora, poner a disposición del autor todos mis contactos y la plataforma que acabo de construir, que es la red y la página de Facebook de la editorial. Digamos que ayudo a dar visibilidad al trabajo para que funcione el libro, no a nivel económico, porque con los libros se sigue sin ganar dinero como para jubilarse, así que el objetivo más bien es que el mensaje llegue, que la mayor cantidad de gente posible vea el libro.

¿Qué esperas del libro?
Espero que se haga mucho más debate, que la gente realmente piense en por qué se están poniendo juntas las típicas fotos que se toman desde el coche cuando vas a Africa (y cuando digo Africa, digo Latinoamérica, etc.) donde están todos sonriendo y luego los niños burbuja que tenemos en España y en otros países desarrollados donde todo está ahí con algodón y esterilizado. Romper el tabú de esta infancia sobreprotegida y compararla con la infancia normal, no habría que hacer distinciones, o todos con la carita tapada o no se hacen más fotos de niños, porque un niño es un niño en todas partes.

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