Identidad

Los 15 años de la Santa Muerte de Tepito y el fin de la misa de media noche

Después del asesinato de Raymundo Romero la familia que colocó el altar hizo un luto permanente y canceló todos los rosarios a partir del julio de 2016.

por Eliana Gilet
01 Noviembre 2016, 4:04pm

Fotos por Ernesto Álvarez

En Tepito, una niña mira detrás de la imagen de la Santa Muerte, el 1 de febrero 2016 en el altar de Enriqueta Romero, en la calle de Alfarería. Durante 15 años, allí se le rindió culto por medio de una misa para "invocar a la Niña Blanca". El último rosario fue el 1 de junio, ya que siete días después, asesinaron a Raymundo Romero, esposo de Enriqueta. La familia Romero entró en luto y cancelo los rosarios. Los fieles siguen acudiendo a cumplir mandas, pedir favores o agradecer por el año que pasó.

Su fiesta de 15 años no fue lo que sus fieles podrían haber imaginado. A todos les extrañó la falta de gente, que en otros años poblaba cada rincón de la calle Alfarería, para brindar sus respetos y saludar a la Niña Blanca, inmóvil, tras su vitrina en la casa del número 12. Es que este año su familia está de luto.

Raymundo Romero o "Rey", como lo llamaban en Tepito, fue asesinado el 7 de junio en las puertas del altar, que es también el frente de su casa. Su esposa, Enriqueta, "Doña Queta" es el alma máter del principal altar dedicado a la Santa Muerte en la Ciudad de México y fue quien decidió que desde entonces se suspenderían todas las actividades. El 1 de junio fue la última misa que se ofreció en este lugar de culto popular, aunque el altar permanece abierto.


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Queta es una mujer de 72 años que hace 15 sacó la muestra de su fe al público. Nadie recuerda bien si había un altar así de concurrido antes, o cómo fue, en qué momento, que la Santa Muerte arrasó con la fe de los mexicanos.

Un albino acude al rosario dedicado a la Santa Muerte de cada mes en la Calle de Alfarería, en el Barrio de Tepito. La familia Romero, dueña del altar, está de luto permanente desde el 7 de junio del 2016 por lo que canceló todos los rosarios. La gente sigue visitando el lugar pero ya no se quedan a festejar.

"La muerte ha existido siempre" dice Queta, con aire de aburrida de contestar las mismas preguntas recurrentes. ¿Tiene la Santa algún vínculo con otros cultos como la santería o con la religión católica? "Cada uno tiene su rama. Para nosotros, primero Dios, luego la virgencita de Guadalupe, San Juditas Tadeo y mi Niña Blanca: toda la corte celestial."

Queta decidió que se suspendiera la principal actividad de la misa: el rosario. "A ti que no crees en mí te escribo esta carta, para que no me insultes ni me juzgues puesto que soy una obra más de tu creador. Yo no soy culpable que me digan Santa Muerte si es que eso te molesta", comienza diciendo la oración más popular.

Antes, mientras esas palabras eran pronunciadas por un altavoz y repetidas por los fieles, Queta vigilaba cómo la multitud coreaba la oración como si fuera una sacerdotisa. No era ella la que oficiaba la misa, pero es ella a quien todos presentan los respetos con el lugar. Doña Queta tiene un menchón blanco en el medio de la caballera oscura, las cejas son dos líneas casi rectas que le surcan la frente y la lengua afilada del hablar callejero. "¡Chicles Bomba!", le respondió a un vecino que le hace el favor de devolverle unos candados perdidos, como muestra de lo dicho.

Un hombre purifica con humo de marihuana el tótem de otro de los fieles que llega arrodillado al altar de la calle Alfarería, en Tepito.

El problema es "la rata", dice Doña Queta. ¿No le causa conflictos no hacer la fiesta? "No. Yo tengo mi altar y no me duele la fiesta, a mí me duele mi marido. Uno tiene que cuidar a su pueblo. No quiero que les pase nada a los que vienen por eso, que lleguen, saluden y se vayan. Que entreguen sus tributos y sigan".

La víspera del 1 de noviembre es especial porque es cuando la Santa puede volver entre los suyos, porque entre los vivos está siempre. "No sabíamos del luto, por eso estamos aquí, pero lo vamos a respetar. Hoy es el día que llega y que está entre nosotros hasta el 2 a la medianoche", explicó uno de los presentes.


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Esa noche Queta seguía recostada sobre el pequeño mostrador del puesto que atiende junto al altar, en donde vende imágenes, velas y lo que ocupe para la ofrenda. Hay algo en su actitud, entre pendenciera y sagaz, que la vuelve una mujer particular, algo única. Logra conjurar la fiesta a su alrededor, aun cuando no la promueva. No sería difícil que hayan sido esas características las que muchas veces le valieron el mote de bruja, como a las mujeres quemadas en la Edad Media. La presencia arrolladora de una mujer potente y con varios años de experiencia encima que no han pasado en vano. "La muerte es una calavera y unas manos, el resto es comercio. Pero lo clave es la fe. ¿Tú tienes fe? Entonces nunca nos vas a entender".

En Alfarería, frente al altar de la Santa Muerte en Tepito, uno de los fieles limpia cualquier "maldición" que la dueña de la imagen pueda cargar, soplándole humo de puro.

La Fiesta

No serán más de cien personas a las doce de la noche. Ya pasaron los mariachis. Hace dos años, cuenta Luis, taxista, que él y su mujer le contrataron una hora a la Santa y no pudieron siquiera tener chance de cantarle, por la cantidad de gente que también había mandado sus serenatas al altar. Cómo se construyó la popularidad de este culto y la preferencia por este altar en particular es parte de la historia velada por el misterio. La mayoría de los que están simplemente dice que el de Queta fue el primer altar al que rindieron culto y por eso se fidelizaron a él.


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Hay una lectura que indica que la Santa se popularizó en la década del dos mil, como un rasgo más de la narco-cultura que copó el país una vez que se desató la guerra ídem. El periodista Diego Osorno indica en su libro La Guerra de los Zetas que unos de los primeros altares dedicados a la Santa Muerte en el norte del país se encontró en la casa de un capo del Cártel del Golfo, Gilberto García Mena, "el June", cuando fue detenido en un pueblito llamado Guardados de Abajo, en Tamaulipas, en el año 2002. También detalló que decenas de altares dedicados a la Santa Muerte a lo largo de la Ribereña —200 kilómetros de carretera que se extienden paralelos a la frontera con Estados Unidos— fueron destruidos como parte de la estrategia de Felipe Calderón contra el narco. Ellos fortalecieron el vínculo entre la Santa y el crimen organizado.

Fieles de la Santa Muerte llegan al altar de Tepito arrodillados sobre la calle Alfarería, inundada por la lluvia.

En Tepito, la realidad es mucho más mundana. Hay una familia completa que reparte chocolate caliente y churros para todos. David tiene 30 años y viene a pagar los favores recibidos. En realidad es Gabriela, su madre, una mujer de 53 años y rasgos suaves que está manejando el cucharón con el chocolate, quien lo jaló.

"Al principio me daba temor, por el símbolo. Uno puede pensar que lo que le pidas te lo va a cobrar con un familiar, pero no es así. No sabría decir qué fue lo que me hizo creer, pero ella te llama. Tuvimos un accidente muy fuerte en un coche que se nos dio vuelta con mis 4 hijas. Yo no sabía que veneraban a la Santa hasta que ese día, en el accidente, se me hizo presente", explica Gabriela. "No es que tú la escoges a ella, ella te escoge a ti." Gabriela lleva diez años rindiéndole culto.


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Jessica tiene 38 años y también está con toda su familia. Vienen de Naucalpan, en el Estado de México. Viene a pagar un pedido que hizo, cuando alguien de su familia debió enfrentar la cárcel. Su madre tenía en su casa una imagen de la Santa y ante el momento de desesperación, ella le rezó y le cumplió. Hace 22 años que le es fiel.

En la calle Alfarería en Tepito, después de tocar el vidrio del altar y persignarse, una de las creyentes prende una veladora para que los rezos lleguen a la Santa Muerte.

"Cambian los ciclos de la vida de la gente, que a veces tiene miedo. El mismo gobierno nos quita la fe, los fraudes y las mentiras, que también nos alejan de los santos de la iglesia. Con ella me siento a gusto, no le ofrendamos la vida ni los hijos, le ofrendamos trabajo". Para Jessica, y para una de sus hijas que dice que empezó a creer una vez que su madre se salvó de una pancreatitis, lo que acerca a los fieles son situaciones límites de las que no saben cómo van a salir.

¿Por qué la Santa Muerte está tan vinculada al mundo del delito? Porque para muchos de los que caen en un sistema penal que fagocita a quien no puede pagar la salida de su picadora, la fe es el único elemento al que pueden echar mano para apelar a la justicia. "¿Qué puede hacer uno cuando te dicen que le van a dar a alguien que quieres más de 30 años cárcel? Sólo se puede rezar", explica Jessica.

Viéndola de cerca puede constatarse cómo la devoción por la muerte se conjuga en femenino, ya que las mujeres juegan un papel importante en la práctica y la transmisión de la fe al resto de la familia; también que la Santa Muerte es, en la práctica, el acceso más directo que tiene una buena parte de la población que le rinde culto, a la justicia. Por eso a la Santa Muerte se le entrega algo más valioso que el dinero: se le entrega la devoción.

Uno de los hijos de Enriqueta Romero, la dueña del altar, durante la última misa de medianoche que se ha dado en el altar a la Santa Muerte en Tepito, el 1 de noviembre de 2015. Después del 7 de junio de 2016 la familia Romero entró en luto permanente y canceló todos los rosarios, tras la muerte de Raymundo Romero.

Nunca como esta noche, el autoproclamado barrio bravo de Tepito, guardó una comunión pacífica y discreta en torno a la Muerte, que vestía de blanco. "Como sea, aquí estamos", dijo uno de los fieles, abriendo una olla con los tamales que llevó para compartir en la fiesta. A pesar de que ya no haya misa, ellos no pueden obviar el festejo, que tiene el tono de un año que termina, en que se agradece y se comparte y se devuelve al resto de la comunidad algo de los favores obtenidos por la Santa.

Joel limpia la figura de su altar con el humo de un puro de tabaco durante la última misa anual de medianoche, el 1 de noviembre de 2015, en que se festeja el santo de la Muerte. Después del asesinato de Raymundo Romero la familia que colocó el altar hizo un luto permanente y canceló todos los rosarios a partir del julio de 2016.

Una mujer vestida de Catrina escucha la última misa anual en el barrio de Tepito dedicada a la Santa Muerte, durante el 1 de noviembre de 2015.

Un niño duerme durante la madrugada del 1 de noviembre del 2015 al terminar el último rosario dedicado a la Santa Muerte en esa fecha, en el altar de Tepito.

Uno de los fieles durante la última misa que se dio en el año 2016. Después de 15 años de festejo mensual a la Santa Muerte en el barrio de Tepito, el 1 de junio fue la última misa que se realizó en el altar de la Niña Blanca sobre la Calle Alfarería, seis días después asesinaron al esposo de Enriqueta Romero.

Dos mujeres colocan su altar durante la última misa dedicada a la Santa Muerte en el Barrio de Tepito.

13. Uno de los fieles a la Santa Muerte posa para foto en la última misa en el altar de Alfarería en Tepito.

Los fieles rezan durante la misa del 1 de junio, después de 15 años seguidos, es la última que se dará, antes de que la familia Romero cancele todos los rosarios por el luto de Raymundo Romero.

Un hombre posa para foto durante la última misa que se dará dedicada a la Santa Muerte en el altar de la calle Alfarería.

Niño espera mientras sus padres rezan durante la última misa dedicada a la Santa Muerte en el altar de la calle Alfarería.

Enriqueta Romero reza en su altar.

Un altar dedicado a Raymundo Romero, quien fue asesinado la madrugada del 7 de junio del 2016.

Una figura de la Santa Muerte el 1 de noviembre del 2016 a la medianoche. Este día se cumplen 15 años del altar en la Calle Alfarería en el Barrio de Tepito, pero no se festejó nada por el luto de la familia Romero; aún así la gente le fue a rezar y cantar.

Fieles rezan en el altar a la Santa Muerte de la calle Alfarería en el barrio de Tepito el 1 de noviembre del 2016. Aunque la misa no se dio, la gente le festejó a la imagen con comida y mariachis.

Una familia regaló una olla de tamales en el altar de la Santa Muerte en la calle Alfarería en el Barrio de Tepito el 1 de noviembre del 2016, aunque no hubo misa ni rosario.

Un hombre regaló café de olla el 1 de noviembre del 2016 frente al altar de la Santa Muerte en la Calle Alfarería.