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Identidad

Con el aumento de las rentas, muchas mujeres confesaron soportar relaciones abusivas para sobrevivir

La dependencia financiera es un factor decisivo que mantiene a muchas mujeres sometidas a relaciones que no desean.

por Helen Nianias; traducido por Laura Castro
04 Diciembre 2019, 5:00pm

Ilustración de TULLY MILLS

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

Mudarte con alguien es probablemente una de las decisiones más importantes que tomarás en tu vida. Estarán las pequeñas disputas que acompañan el comienzo de una relación entre dos personas que comparten sus vidas —desde

el horror ante que un miembro de la pareja no refrigere la mantequilla hasta las ideas ampliamente contradictorias sobre lo que realmente significa un dormitorio "ordenado"—, y luego surgirán cosas mucho más importantes. Cosas como el alquiler, el pago de servicios, los impuestos. Las cosas que marcan la diferencia entre poder dormir cómodamente por la noche o caminar bajo la nieve cubriéndote con una manta para pedirle a tus amigos que te dejen dormir en su sofá.

Son estos problemas, los de tipo completamente financiero, los que pueden transformarse en una forma de abuso y control en una relación. Estos escenarios pueden ir desde algo como "no estamos enamorados, pero supongo que esto funcionará hasta que reciba mi próximo cheque de pago" hasta situaciones mucho más aterradoras como vivir con una pareja abusiva y no tener la solvencia económica para poder mudarte.

Un portavoz de la Línea Nacional de Violencia Doméstica en Estados Unidos define a esta dinámica como "abuso económico o financiero". Los ejemplos de esto pueden incluir darle una cantidad de dinero a una persona y vigilar de cerca cómo la gasta o exigirle recibos de sus compras, o depositar el cheque de su pago en tu cuenta bancaria y negarle el acceso.

Una organización benéfica para personas sin hogar en el Reino Unido, Ziffit, encuestó a 2.040 personas en ese país y descubrió que el 28 % de los participantes en la encuesta que estaban en una relación actual admitió que la seguridad financiera era un factor clave para mantener la relación con su pareja.

Crisis, otra organización benéfica para personas sin hogar, también del Reino Unido, publicó un informe que muestra que el 27 % de los usuarios de servicios para personas sin hogar afirmaron haber incurrido en una relación de tipo sexual no deseada con alguien por no tener dónde vivir, y esta fue una medida a la que las mujeres recurrieron con significativamente más frecuencia que los hombres.

De las 2.040 personas encuestadas, el 28 por ciento de los participantes en la encuesta que estaban en una relación en ese momento admitió que la seguridad financiera era un factor clave para mantener la relación con su pareja.

En cualquier parte del mundo que te encuentres, el gran costo de la vida es una preocupación, especialmente cuando muchos de los trabajos mejor pagos se encuentran en las principales áreas metropolitanas. De hecho, la proximidad de las viviendas a esos centros de trabajo bien remunerados es parte de lo que aumenta los costos del alquiler. Por ejemplo, el costo de un departamento en Manhattan alcanzó una cifra récord el año pasado. En 2015, Los Ángeles tenía solo 3.3 % de vacantes de alquiler en una ciudad de 3.9 millones de personas. En el Reino Unido, según un estudio de Shelter, 352,000 inquilinos fueron amenazados con ser desalojados en 2015.

Muchos jóvenes están a merced absoluta de sus caseros o sus parejas. Luego, si a eso le sumamos el factor de la brecha salarial mundial de género, no es de extrañar que las mujeres se encuentren en posiciones difíciles una y otra vez.

Melinda*, una empleada administrativa de 25 años en Londres, conoce muy bien este sentimiento. Después de ser despedida de su trabajo como ama de llaves y niñera en la casa donde vivía, fue lanzada a la calle con muy poco dinero.

"Estuve quedándome a dormir en los sofás de diferentes personas por aproximadamente un mes, lo cual estuvo bien al principio, hasta que comenzó a hacer frio", dice Melinda. Ella logró obtener una pasantía en Kent y, a través de amigos, conoció a un hombre que le ofreció alojarla en su casa en Kent. "Me gustaba, pero nunca quise que fuera algo a largo plazo", nos dice.

Después de vivir dos meses con él, el plan dejó de ser atractivo. El hombre vivía a una hora de sus amigos, lo que hacía que Melinda se sintiera aislada. Además, él se volvió extremadamente posesivo. "Pronto me di cuenta de que quería irme, pero no tenía a dónde ir, así que soporté la situación. Era una casa agradable y él me preparaba la cena todas las noches; pero lo extraño era que por eso, actuaba como si yo fuera de su propiedad".

Después de vivir seis meses en ese extraño aislamiento, Melinda ahorró suficiente dinero para irse. "Un mes después de que me fui, aún me enviaba mensajes de texto todo el tiempo e incluso me ofreció una cantidad de dinero mensual para que volviera con él. Dijo estar 'preocupado' por mí, cuando lo que realmente hacía era un intento desesperado por ejercer control".

Kaylin, de 23 años, sufrió terribles lesiones físicas de parte de su novio controlador, de quien se volvió emocional y económicamente dependiente después de perder su trabajo.

Al principio, Kaylin recuerda que su novio era encantador y enigmático: "ya sabes, como en las películas en las que te enamoras del chico malo que nadie más comprende", pero resultó ser increíblemente abusivo. "Empezamos a salir hace unos años en el mes de octubre, me mudé con él en noviembre o diciembre, y comenzó a ser violento en febrero".

Él vivía con ayuda gubernamental y en viviendas subsidiadas. Kaylin trabajaba como camarera y no era necesario que pagara alquiler; pero terminó pagando todo lo demás, como los servicios, la comida y otros gastos relacionados con el consumo de drogas de su novio y la falta de un automóvil. "No es culpa de nadie más que mía", dice Kaylin. "Solíamos terminar envueltos en una gran discusión o en un estallido de violencia. Yo era demasiado débil para hacer algo". Una de esas peleas dejó a Kaylin herida e incapacitada para ir a trabajar. Fue despedida.

"Solo lo tenía como mi red de apoyo", dice Kaylin. "Ahora, tengo una buena relación con mi familia, pero no la tenía en ese entonces. Entraba y salía de sus vidas y ellos me decían: 'si quieres esta vida, no nos involucraremos'". Ella intentó dejarlo en 8 ocasiones aproximadamente, y a veces dormía en su automóvil durante algunos días o semanas.

El momento crítico llegó un mes de julio, cuando lo dejó para siempre. La confrontación fue violenta y los golpes que Kaylin sufrió le causaron una contusión cerebral. Sin lugar a donde ir, Kaylin se dirigió a una biblioteca y ahí la ayudaron a llegar al hospital. "Él golpeó mi cabeza contra las puertas, los pisos y las paredes, también me golpeó con un bong. Sufrí graves daños en los tejidos blandos de la mano derecha al cubrirme con ella, y tenía un hematoma en el lado izquierdo de la cadera y en un costado de mi rodilla derecha ", dice ella. "Entonces llamé a mi madre y ella llegó de inmediato". Kaylin ahora es asistente domiciliaria y realiza campañas para las víctimas de violencia doméstica con la organización benéfica Refuge.

Clare Prendergast, consejera de Relate, dice que existen diferentes estrategias que puedes seguir cuando necesitas salirte de una relación financieramente abusiva o de dependencia.

"Para algunas mujeres, sobre todo aquellas que sufren una forma sutil de control, puede ser que lo que las salve no sea un plan de un día para otro —las que sufren abuso físico deberían irse de inmediato—, sino un plan de cinco años. Puede ser una situación en la que necesites hablar con alguien para que te ayude a recuperar tu salud mental y luego a elaborar un plan para cambiar las cosas. El plan podría ser volver a la escuela, conseguir un trabajo, abrir una cuenta de ahorros secreta. Sin importar el plan, el solo hecho de saber que tienes un plan de salida podría ser suficiente para ayudarte a recobrar fuerzas y valor antes de poder irte".

Si estás en una relación poco sana o abusiva, busca ayuda.

*Algunos nombres han sido cambiados

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