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Cómo es ser un acompañante para personas con capacidades diferentes

Conoce a Pedro: un trabajador sexual especializado en capacidades diferentes.

por Felippe Canale; traducido por Laura Castro
28 Junio 2019, 12:00am

Artículo publicado originalmente por VICE Australia.

No es un gran secreto que las personas con capacidades distintas tienen el mismo deseo de intimidad, compañía y sexo que cualquier otra persona. Solo que debido a una serie de prejuicios sociales, estas personas a veces pueden enfrentar dificultades para tener sexo. En Melbourne, esto le ha brindado a un acompañante argentino llamado Pedro Amigo una oportunidad de negocio única.

Encontré a Pedro en Rent.Men, ahí su perfil explica que le da la bienvenida a "hombres homosexuales con discapacidades". La curiosidad me llevó a contactar a Pedro, quien me explicó que se especializa en hospedar a hombres en su casa, la cual está adaptada para las sillas de ruedas. "He visto a todo tipo de personas a lo largo de los años", me dijo a través de WhatsApp. “Amputados, personas con problemas de visión o audición, personas con autismo severo, personas con alteraciones de la columna vertebral. Todo el mundo necesita sentirse amado y que lo toquen".

Los acompañantes de género masculino que atienden a clientes con capacidades diferentes son escasos, y en especial en Australia, donde todavía tenemos un grado de aversión ante las discapacidades y el sexo. Así que me puse en contacto con Pedro para averiguar cómo consiguió este empleo de nicho, y también para preguntar el porqué. Al final, lo visité en su casa para descubrir que su trabajo no es solo compasivo, sino también lucrativo.

Aquí Pedro explica su historia, con sus propias palabras.

Soy el menor de seis hermanos y me mudé a Australia con toda mi familia cuando era adolescente, hace más de 25 años. Nací en Argentina y eso explica mi alias, Pedro Amigo. Después de la universidad, comencé a trabajar en un banco y al principio me estaba yendo bastante bien, pero desafortunadamente, la crisis financiera mundial me golpeó de manera devastadora en 2008. Luego, una noche, mientras lloraba, le dije a una de mis mejores amigas que estaba a punto de perder mi trabajo y declararme en bancarrota, y recuerdo que ella tomó mi mano, me miró a los ojos y dijo dramáticamente: "Presta atención, tengo algo que decirte. ¿Cómo crees que he logrado criar a mis dos hijos y mantener el mismo nivel de vida desde que mi esposo me dejó?". Me dijo que había estado trabajando como acompañante durante los últimos dos años, y no como secretaria como le había dicho a todos nuestros amigos.

Al principio estaba sorprendido, casi en shock, pero esa noche fue el inicio de la creación de Pedro Amigo. El dinero y el estilo de vida me parecieron bastante tentadores y rentables. Es decir, soy el Latin lover estereotípico: apasionado por el sexo, y tengo la vitalidad que se requiere para tener sexo una y otra vez cuando es necesario. Así que aquí estoy, y llevo trabajando como acompañante de medio tiempo más de 10 años. Sí, es un trabajo de medio tiempo, ya que he mantenido mi carrera en servicios financieros. Esto de ser acompañante se supone que solo sería un trabajo temporal, pero, a medida que pasan los años, uno termina por hacer malabares entre sus dos vidas.

Como Pedro Amigo, mi lista de clientes incluye hombres homosexuales, bisexuales y bicuriosos de todas las edades, así como caballeros con capacidades especiales como esquizofrenia, autismo severo, alteraciones de la columna vertebral, síndrome de down, ceguera, sordera, amputados, parapléjicos, cuadripléjicos y personas que viven con obesidad mórbida. Una vez tuve un cliente que pesaba casi 180 kilogramos y fue un desafío encontrar la posición correcta para penetrarlo. Me dijo que, como había ganado tanto peso, sus parejas anteriores no tenían la paciencia suficientemente para tener sexo con él. Creo que todos quieren atención y afecto, y yo puedo proporcionárselos de manera compasiva.

Por supuesto, cobro por mis servicios y reconozco que las personas con este tipo de necesidades pueden requerir más tiempo y paciencia. Mis servicios pueden costar hasta $250 dólares por hora, y alguien con este tipo de capacidades distintas generalmente reserva dos horas de mi tiempo. Por otro lado, algunos clientes prefieren solo un servicio rápido de 30 minutos. Así que puedes imaginar cuán variables pueden ser mis ingresos; no obstante, mi otro empleo me ha permitido ganar mucho dinero.

Probablemente tengas curiosidad por saber cómo me metí en esto del trabajo sexual especializado en personas con capacidades distintas: oportunidades como esta a veces simplemente aparecen en tu puerta, literalmente. Mi primer cliente de este tipo fue un hombre al que le amputaron una de las extremidades tiempo después de que lo conocí. Es decir, él era uno de mis mejores clientes, un hombre heterosexual casado en sus cincuentas que venía a verme regularmente, y luego un día simplemente dejó de venir. Dos años después, llamó y dijo: "Hola, Pedro, soy yo. ¿Recuerdas que uno de mis pasatiempos era escalar montañas?". Básicamente, dijo que había sufrido un accidente en el que su brazo quedó aplastado y, después de un par de cirugías, se preguntaba si podía volver a verme.

"Está bien, por supuesto, siempre eres bienvenido", le dije. Pero inmediatamente después de colgar, pensé: "Dios mío, ¿cómo voy a hacer eso? ¿Es mejor mirar con naturalidad lo que queda de su brazo o es mejor solo ignorarlo? ¿Tengo que tocarlo? Y, si lo toco, ¿debería preguntarle primero?".

La cosa es que, tan pronto como entró a mi departamento, me di cuenta de que, con o sin brazo, era la misma persona. La misma voz, la misma energía positiva, la misma manera de mirarme a los ojos... bueno, quizás un poco más inseguro, pero era el mismo ser humano, que es a lo que me refiero. Así que me permití sentir deseo sexual hacia él y luego el sexo ocurrió de manera natural.

Para ser honesto, esa experiencia abrió mi mente y me di cuenta de que mis padres, la escuela, los medios de comunicación o la sociedad nunca me habían enseñado cómo acercarme o cómo relacionarme con las personas discapacitadas. Aunque solo ofrezco servicios como activo, conozco a tipos parapléjicos que pueden tener erecciones, cogerse a sus parejas e incluso venirse. Además de eso, incluso en los casos en que no tienen sensibilidad rectal, aún pueden sentir placer al ver a alguien cogiéndoselos, o con el simple hecho de ver las expresiones faciales de sus parejas, o al escuchar sus gemidos, al besar, oler, hacer contacto visual o incluso al usar la imaginación para crear placer.

Una vez recibí la llamada de una mujer que quería que le proporcionara mis servicios a su hijo. Me dijo que él tenía 19 años, que era educado, extremadamente inteligente y cuadripléjico. "¿Crees que puedas pasar un poco de tiempo con él?", me preguntó.

Por supuesto, la primera vez que recibes la llamada de una madre que está tratando de contratarte como acompañante para su hijo, puedes pensar que la situación es un poco incómoda, pero toda madre quiere lo mejor para sus hijos y el sexo es parte de una vida normal y sana. Algunas personas prefieren evitar pensar en eso, pero las personas con capacidades distintas tienen deseos, fantasías e impulsos sexuales como todos los demás. De cualquier forma, como su hijo tenía movilidad limitada —estaba completamente paralizado del cuello para abajo—, acordamos que sería mejor que yo visitara su casa. "Estaré en un piso distinto de la casa, para que no tengas que preocuparte por mí", dijo. "Por favor, siéntete cómodo y haz que mi hijo también se sienta cómodo".

Cuando llegué, entré en su habitación y pasamos unos minutos solo platicando. Me dijo que nunca había tenido un novio, por lo que estaba buscando intimidad y afecto. También dijo que estaría bien si decidía rendirme, pues el primer acompañante que su madre contrató se asustó y salió corriendo, dejándolo solo en su habitación. Le dije que no lo dejaría y luego me recosté desnudo junto a él. Comencé a besar su cuello, porque era la parte de su cuerpo donde tenía más sensibilidad, y luego tuvimos sexo suave hasta que él se vino.

Uno de mis clientes favoritos es ciego y una vez me pidió que me tapara los ojos con una corbata porque quería que experimentara cómo es el sexo para él. Dije que sí y, ¡guau! Fue una experiencia mágica. El sexo con él puede ser bastante intenso y sensual: te escanea con sus dedos, sus manos, de hecho, con todo su cuerpo.

Por supuesto, no todos los días tienen un final así de feliz. Recuerdo que una vez un cliente tuvo convulsiones en mi cama durante el sexo. Afortunadamente tengo un certificado en primeros auxilios, pero nunca imaginé que necesitaría usar esas habilidades en tales circunstancias. En otra ocasión, tuve que calmar a un cliente con autismo que se asustó cuando lo invité a darse un baño conmigo. Repitió una y otra vez: "No quiero darme un baño, no quiero darme un baño, no quiero darme un baño...", cada vez más fuerte, durante los 10 minutos más largos de mi vida. Cuando finalmente se relajó, me dijo que ya no quería tener sexo y se fue. Pero después de cinco minutos, volvió a llamarme y dijo: "Oye, cambié de opinión y ahora quiero darme un baño. ¿Puedo volver a tu casa para tener sexo?".

Confieso que siento mariposas en el estómago cada vez que voy a conocer a un nuevo cliente. Intento romper el hielo desde el momento en que abro la puerta hasta el primer beso. Sí, me encanta besar, y para mí es esencial para poder sentir una conexión con el cliente. Y creo que estos últimos años he estado aprendiendo cosas que me hacen no solo un mejor amante, sino tal vez un ser humano más consciente.

¿Alguna vez has pensado en la cantidad de planificación extra que tiene que llevar a cabo una persona con capacidades diferentes para trasladarse incluso solo a ver a un acompañante? Por ejemplo, no todo el transporte público o los taxis están acondicionados para la gente con capacidades distintas. Una vez, un cliente con síndrome de down me dijo que nunca saldría ni tendría sexo con alguien como él, porque prefiere a alguien "normal". Entonces, le dije que, en mi opinión, él era hermoso. Y no mentí. Solo le hice saber lo que estaba en mi mente. Me abrazó y lloró mientras repetía que era hermoso.

Como sociedad, nos han enseñado a sentir únicamente lástima por las personas con capacidades diferentes, y eso no es lo que ellos quieren ni lo que merecen. Debo decir que tengo dos vidas distintas: una como un empleado regular y otra como Pedro Amigo, un "especialista en discapacidades". Y ambas coexisten en armonía.

Tal como Pedro Amigo se lo contó a Felippe Canale. Síguelo en Instagram.