Safaris africanos y el negocio de los trofeos de caza en España

España es el segundo país del mundo en importaciones de trofeos de caza y existen, al menos, 40 agencias que ofertan safaris de caza en África, destino predilecto de los aficionados que pueden costearse paquetes de viaje de hasta 80.000 euros.

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20 junio 2016, 7:11am

Imagen vía Flickr/Thomas Quine

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"Se venden cabezas disecadas, embalsamadas y variadas cornamentas africanas", anuncia un particular en la pagina de la web milanuncios.com. En el mismo portal otro interesado oferta varias cabezas de jabalíes nacionales disecadas y "listas para colgar" y diversos taxidermistas pujan por la adquisición de piezas para restaurar.

Como esta, decenas de páginas webs como todocoleccion.net y Ebay, comercializan un amplio abanico de trofeos de caza, un negocio que sigue teniendo su mercado en España, donde más de un millón de personas cuentan con licencia de caza y donde existen unas 7.000 asociaciones federadas, casi tantas como pueblos hay en el país, de acuerdo con la Real Federación Española de Caza (Fecaza).

Pero los españoles son cazadores no sólo dentro, sino también fuera de casa. Así, mientras la caza realizada en territorio nacional genera unos 3.600 millones de euros al año, según la misma Fecaza, España es el segundo país del mundo en importaciones de trofeos de caza [como cabezas, cuernos y pieles de animales] de acuerdo con un informe recientemente publicado por la International Fund for Animal Welfare (IFAW). La mayoría, un 70 por ciento, proceden de África.

"Existen más de 40 empresas españolas dedicadas a los safaris de caza en África", asegura a VICE News Laura Duarte, portavoz del partido animalista PACMA, que ha elaborado un listado donde aparecen los nombres de todas las agencias que ofrecen este tipo de paquetes vacacionales.

Estos safaris, que suelen incluir las cacerías y dos semanas de alojamiento, pueden costar desde 2.000 hasta 80.000 euros en función de los animales abatidos y los destinos elegidos: antílopes, elefantes, hipopótamos y leones, pero también papiones o leopardos. "El público de un safari de estas características poco tiene que ver con el perfil del cazador medio en España, son viajes solo para bolsillos más bien privilegiados", aseguran a VICE News fuentes de la Real Federación Española de Caza.

Lo sabe bien el cómico del dúo Los Morancos César Cadaval, que exhibió su mejor sonrisa en una foto en la que posaba junto al cadáver de un leopardo, gracias a los servicios de la agencia española Mebenca Safaris o Hristo Stoichkov, cuyas fotos junto a diversos animales como una cebra, una jirafa, un cocodrilo, un antílope y un búfalo muertos durante una cacería organizada por la extranjera Take Aim Safaris también levantaron mucha polvareda.

César Cadaval con un felino abatido.

Aunque la imagen que más revuelo ocasionó fue, sin duda, la del exmonarca Juan Carlos I, junto al cadáver de un elefante. Esa cacería, organizada por Rann Safaris, motivó, en 2012, la salida del entonces rey de España como presidente honorífico de la organización en defensa de la biodiversidad WWF.

WWF trabaja para la protección de especies vulnerables, entre las que se encuentra, precisamente, el elefante africano, asediado por la destrucción de su hábitat y la caza furtiva.

Guardabosques de un parque sudafricano habrían matado 500 cazadores furtivos en 5 años. Leer más aquí.

El 12 por ciento de los trofeo de caza comercializados son de especies en extinción

De acuerdo con el citado estudio de la fundación internacional, casi el 12 por ciento de los 1,7 millones de trofeos comercializados en el mundo entre 2004 y 2014, período en el que centra el informe, correspondían a especies en peligro de extinción.

"Cada país tiene su propia legislación, establece que es lo que se puede cazar, donde y como debe hacerse y fija las tasas de abate [lo que se tiene que pagar por cada animal cazado]; luego, para llevarse el trofeo del animal, se aplica la ley del país donde se realiza la importación", explican las fuentes de Fecaza consultadas.

Con la ley en la mano, Zimbabue, Sudáfrica, Namibia y Tanzania permiten la organización de safaris para matar, salvo si se trata de animales que se encuentran en peligro de extinción o que forman parte de estudios sobre su comportamiento y población. Otros, como Kenia y Botsuana, lo han prohibido.

De poco le sirvió, sin embargo, al tristemente célebre león Cecil. Este emblemático mamífero, que vivía en la reserva del Parque Nacional Hwange de Zimbabue y llevaba un collar de seguimiento al formar parte de un proyecto de investigación de la Universidad de Oxford, fue abatido por un dentista estadounidense que pagó 50.000 euros por la presa. Con un cebo, le atrajeron fuera de la reserva del Parque Nacional Hwange, donde sí está prohibida la caza.

En España, la importación de estas piezas está regulada por el convenio CITES, de comercio de especies protegidas que, según la federación de caza, es una legislación muy estricta y que prohíbe, salvo en contadas excepciones, la importación los trofeos de animales que están en peligro de extinción.

Para Fecaza "las cacerías en estos países generan mucha riqueza y representan un tanto por ciento del PIB de sus economías. Dan trabajo a conductores, vigilantes, cocineras...". Un argumentario que PACMA rechaza radicalmente al considerar que existen alternativas a un negocio que se basan en "el placer de matar" como las empresas y las agencias de viajes que ofertan safaris fotográficos y de observación en el continente africano.

"No hay nada más terrible que colgar la cabeza de un animal en el salón, cosificando a un ser vivo, considerándolo como un objeto", sostiene Duarte.

Sudáfrica, Botsuana, Namibia y Tanzania son algunos de los destinos más populares entre los españoles aunque países como Rumanía e Hungría en Europa del este; Argentina, en el continente americano o las ex repúblicas soviéticas de Uzbekistán o Tayikistán, registran, cada vez, más demanda.

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